mariamthelive Mariam Martinez

Cuando una sola mirada puede dejarte sin respuestas, y todo cambia cuando el latido de tu corazón se acelera cuando la tienes cerca.


Cuento Sólo para mayores de 18.

#cuentounrasgo #Extrovertida #alegre #
Cuento corto
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Con solo un baile

Barcelona un día cualquiera...



Observo a mi compañero de cama, desnudo boca abajo y profundamente dormido, su cuerpo de gimnasio me volvió loca anoche y joder ese culo prieto había que catarlo. Intento recordar su nombre, pero no lo logro.


¿Cómo me dijo anoche que se llamaba?


¿Marcos?, ¿Mateo?, ¿Miguel?


¿Realmente hace falta que lo sepa?


—No...— Susurro levantándome despacio de la cama con la esperanza de no despertarlo.


Pero un pequeño chirrido de la cama hace que él abra un poco sus preciosos ojos verdes.


—Humm... Guapa, ¿dónde vas?


Lo miro atentamente, cada movimiento hasta que por fin está frente a mis ojos su generoso miembro, dándome la bienvenida.


—Tengo que trabajar.


Siento como mi sexo se calienta cuando con una mano se lo acaricia, supongo que será porque aún estoy desnuda.


Joder..., ¿y sí?...


Pero de un plumazo saco la posibilidad de mis cavilaciones, yo no repito y aunque el chico sin nombre es un lobo feroz en la cama siento que es otro más de la lista.


—Oye Maria, no te vayas... Seguro que podemos hacer cosas mejores que en tu trabajo. — Me guiña un ojo y pasea las yemas de sus dedos por mi muslo.


La tentación está ahí, sé que quiero, sé que si repito lo pasaré en grande con él pero...


Miro la hora del reloj de mi muñeca, hoy he quedado con mi mejor amiga Megan, tenemos clase de baile, y si después de tres años sí decido no asistir por un polvo me va a matar. Al ver que solo queda media hora para la hora acordada me levanto muy a mi pesar y empiezo a vestirme con la ropa de la fiesta de anoche.


—Lo siento mi niño, pero si no voy me matarán y el trabajo es muy importante para mí. — Le sonrió con una mezcla de pena y cariño, aunque es más pena que cariño.


— Me gusta eso de mi niño, es un apelativo muy cariñoso.


Lo miro de nuevo, como no hacerlo, pienso en lo que le he dicho, joder debería de acordarme que no estoy en mi tierra y la gente se piensa otra cosa. Paro de vestirme y decido aclararme, aunque la verdad no creo que vuelva a verlo, nunca repito, pero... Bueno nunca se sabe.


—A ver... Primero lo de mi niño es porque soy de Canarias, y allí se dice mi niño, y te lo he dicho a ti porque joder... — Pienso si decirle la verdad, quizá dañe su orgullo, pero mientras lo pienso observo de nuevo la hora y sacando todo lo que pienso porque tengo prisa termino de vestirme y suelto:


— No me acuerdo de tu nombre, lo siento estaba pedo y es lo que hay, si no te gusta lo siento, pero tengo que irme ya.


Su cara es todo un poema, no esperaba que una tía como yo le soltase toda esa parrafada y se quedara tan ancha, la verdad ahora me da un poco de pena, pero los minutos corren y puede que la aya cagado un poco. Cuando he terminado de vestirme vuelvo a mirarlo, joder como no hacerlo si el tío me va a hacer un agujero. Tiene cara de enfadado, pero yo sonrío y corro hasta donde él está.


—Mira no te enfades, seguro que luego me acuerdo de tu nombre, además solo nos hemos acostado — Le doy un beso en los labios que me sabe a gloria por la mañana, y cuando su mirada cambia de nuevo me quedo satisfecha y me voy.



Llegó a la hora justa, diez de la mañana en la cafetería del Starbucks, cómo no, mi amiga Megan está sentada con su marido Marc en nuestra mesa.


— ¡Ya está aquí la alegría de la huerta! — exclamo medio gritando, y todas las mesas se dan la vuelta para mirarme.


Marc sonríe, es un inglés un poco estirado, pero tiene una marcha y una alegría que me desconcierta, ¿cómo un inglés puede ser tan español?, miro a mi mejor amiga y ella no sonríe, no le gusta mucho ser el centro de atención, aunque cuando vamos a las clases de baile no dice que no a un poquito de atención.


—Pensaba que no llegarías a tiempo — Me dice con mirada furibunda.


Pongo los ojos en blanco, joder siempre igual.


—¿A qué te refieres?, ¿acaso suponías que no iba a venir? — Le espeto.


Se encoge de hombros y observo como una pequeña sonrisa aparece en sus labios.


La madre que la parió, siempre me hace lo mismo y yo caigo en sus juegos.


— Hombre ayer te fuiste con un adonis moreno, y parecías muy desesperada por llevártelo al catre.


Comienzo a reírme, y Marc me sigue, la muy cabrona sabe que soy una devora hombres y que no se me escapa ninguno al que le eche el ojo.


—solo puedo decirte un número... — Susurro para que únicamente puedan oírme ellos — Un nueve.


Su cara es de toda una sorpresa, jamás había puesto un número tan alto a ningún hombre, aunque ahora que lo reflexiono yo también lo estoy.


—Pero... ¿Mucho de para arriba o mucho de para abajo? — Susurra dándome un fuerte apretón en la mano.


Lo reflexiono, la verdad es que el chico sin nombre era mucho de para los dos lados, cuerpo esbelto, fuerte, ojos verdes y moreno, y tenía una... Dios santo que tío...


—Estás babeando ¿lo sabes?.


Al oírla cierro de golpe la boca y paso mi mano libre por ella, pero no estaba babeando, la miro sonriendo y contesto:


—Mucho para arriba y para abajo.


Ahora la que está babeando es ella, literalmente. Con mi mano libre le cierro la boca y el pobre Marc también lo hace, le encanta que le cuente estas cosas, no es lo normal por allí que las mujeres seamos tan osadas.


Siempre he sido una persona extrovertida, siento un gran entusiasmo por la vida, soy sociable, disfruto con las reuniones de amigos y me encanta la diversión y las emociones nuevas.


Finalmente, desayunamos contándonos el día, y riéndonos de mi mala pata por no acordarme del nombre del chico perfecto y cuando acabamos decidimos ir a las clases, hoy toca una clase de tango y a mí se me da de fábula.


Cuando llegamos a la clase estoy supercontenta, hoy vamos a bailar con gente nueva de otras academias y a la pareja que mejor baile ganará un premio.


—Esta la tienes ganada María — confiesa Megan cuando terminamos de vestirnos.


Levanto una ceja y sonrío, ella y Marc son buenísimos también bailando, aunque A mí me apasiona el tango, es un baile apasionado y sensual, la mujer domina el baile y Ami me encanta dominar.


—Lo sé — Digo en voz baja y comienzo a reírme cuando ella pone los ojos en blanco.


—No tienes vergüenza María.


—También lo sé — Claudico y cuando ya estoy lista le doy un beso y un abrazo fuerte — Tanto si ganas tú cómo si gano yo u otra, está noche lo vamos a celebrar.


Esta vez es ella la que sonríe, y juntas de la mano salimos hacia la estancia de baile donde ya nos espera su marido Marc.


Cuando estamos todos sentados y algunos estirando la gente de otra academia empiezan a llegar y cuando menos me lo espero aparece, es él joder... es el tío de esta mañana, el Dios moreno sin nombre.


Nuestras miradas se encuentran, como dos imanes, solo que esta vez no repelen sino que no pueden dejar de recibir atracción el uno por el otro, hecho un vistazo a su vestimenta y me pone cardíaca, vestido de pantalón de pinza con una camisa apretada. Joder, ¿pero se puede tener tan mala suerte?


—Bueno, chicos y chicas, vamos a empezar con el concurso, ¡poneros por parejas y a bailar!


Miro la estancia en busca de alguien que esté solo, pero todo el mundo tiene ya su pareja.


—Bueno parece que el destino está hablando, ¿me concedes este baile? — Escucho a mis espaldas y cuando me doy la vuelta hay está, el Dios moreno.


Sonrío, ¿qué otra cosa puedo hacer?, pero lo que menos me esperaba es que él hiciera lo mismo conmigo.


Cojo su mano y siento como una corriente electrizante recorre mi cuerpo, caminamos juntos hasta el hueco de la estancia y cuando la música empieza, con el autocontrol que siempre he tenido comienzo a bailar al ritmo de la música.


Nos miramos.


Nos tentamos.



Sonidos intensos, algo melancólicos y también apasionados. Una pareja que sin palabras, acuerda bailar. Abrazarse, conectar los corazones y danzar, o más bien, quizás, flotar... Se siente como si estuvieras en otra dimensión y con él se siente como si solo fuéramos nosotros dos, la pasión, el erotismo que se siente, las miradas que nos echamos el uno al otro hace que la clase acabé y que por fin elijan a un ganador.


Cuando acabamos cada uno nos dirigimos hasta nuestros sitios y Megan me mira con cara de asombro.


—Tía, pero que baile, que pasión, ¡qué tío, que todo!


Voy a contarle quién es, pero la profesora dice los ganadores y cuando suelta mi nombre y el del él... Adrián, Adrián se llama joder sí hasta el nombre le pega, nos llama a la pista para volver a bailar solo que esta vez nosotros dos solos.



— ¿Un último baile?


Sonrío, no sé si será el último, pero sí que me gustaría volver a tener no uno sino muchos más con él.



Este es un cuento corto, espero que os guste, quizás cuando acabe con soy tu tentación le dé más vida y sea un libro completo 😘😘😘

23 de Enero de 2022 a las 11:39 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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fernanda cerrada fernanda cerrada
me encantoooooooooooo
January 23, 2022, 19:57
~

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