Una rosa es una rosa Seguir historia

roxanab Roxana B. Rodriguez

Cuentos cortos autoconclusivos de mi novela 'Si perdemos el control'. No tienen relación alguna con estas, son historias adicionales de casi todos los personajes.


Cuento Todo público.

#Humor negro #Magia #Viaje en el tiempo #Crimen #Paranormal #Misterio #Romance
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Una rosa es una rosa

Odiaba que hiciera eso. Pero desde que lo conocía era igual de impuntual: lo bueno se hace esperar, era su excusa de siempre. Aunque no le podía echar la culpa a él totalmente. Ella siempre estaba esperándolo y a veces, pensaba que podía cambiar el detalle de dejarla esperando durante más de una hora. Encima, había empezado a llover.


El bar estaba por cerrar ya y ella, había quedado fuera, sentada en uno de los bancos que estaban en la peatonal, esperando que llegara. Apenas habían comenzado a caer las primeras gotas, la gente se había comenzado a dispersar, más, Kysa seguía sentada allí, esperándolo. Cualquiera se hubiera retirado sin esperarlo más de media hora, pero ella era terca y esperaba el momento para regañarlo con todas las letras del abecedario si hacía falta. Se acomodó cruzando las piernas en el banco y siguió sentada allí durante una larga hora. Incluso, hasta había pensado todo lo que le iba a decir a su esposo en cuanto apareciera. Pero la lluvia seguía y no había rastros de él. ¿Era la primera vez? No, pero, siempre había sido buena esperando. Siempre. Y con él, tampoco había sido la excepción. Miró el reloj. 23:07. Una hora y siete minutos de retraso llevaba. Se acomodó en otra postura hasta que decidió caminar un poco alrededor. Ya no había nadie cerca, sólo ella. Pasó su mano por su rostro de manera inútil pues, seguía bajo el agua por lo que aquello no había servido demasiado. Gruñó molesta y volvió a sentarse cruzando los brazos golpeando sus dedos sobre estos. ¿Por qué lo seguía esperando? Porque lo había prometido y debía cumplir con su promesa.


—Es un idiota— dijo al aire y luego, lo repitió con más fuerza casi acabando en un grito que no llegó a oídos de nadie.


Al menos, así había imaginado la situación Morgan si fuera su esposa la que estuviera en su lugar, pero para variar, él esperaba en ésta ocasión. La conocía de sobra por eso, podía saber a ciencia cierta que si ella estuviera allí, lo esperaría hasta el alba y seguramente, le daría un golpe con la misma fuerza que el primer rayo de sol tenía para iluminar los cielos. Odiaba esperarlo, pero al menos, ahora tenía la tranquilidad de que era él quien esperaba preocupado bajo la lluvia. ¿Por qué? Porque era su esposa. ¿Y por qué esperarla durante dos horas completas? Porque él era un perfecto idiota 365 días al año. Miró el reloj una vez más. La esperaría un poco más, le había recordado de su aniversario unas cuatro o cinco veces antes de quedar en el punto de encuentro. Salió temprano de la agencia sin importarle los regaños de su jefa para llegar a tiempo pero ella, no aparecía. Estaba preocupado. No era nada puntual, ninguno de los dos lo era, por lo que habían aprendido a calcular el tiempo estimado que tomaba el otro en llegar en cuestión de la hora avisada. Probablemente, si decían a las ocho, era para estar viéndose a las nueve.


Levantó la vista y miró nuevamente el gran reloj que estaba en la peatonal, aquel que ella admiraba por su gran labor y tallado. Era una reliquia para ella, para él, un simple reloj que estorbaba en medio de la peatonal. Ya no tendrían tiempo para la cena, tampoco para el teatro. Pero aun podían pasar una bonita noche. Morgan se las arreglaría de alguna manera o eso pensaba.


Y una vez más, posó la vista en el reloj. No respondía a su celular así que pensó que sería inútil insistir si se lo había dejado en casa. Se acomodó en el respaldar un poco mejor, la pierna le molestaba un poco. La masajeó sobre el pantalón pensando que algo malo sucedería ¿Por qué se demoraba tanto? ¿Qué diablos había pasado? ¿Estaría bien? Estaba preocupado, maldita sea y no tenía forma de contactar con ella, salvo, esperarla. Pensó que podría haber tenido un accidente, pero no quería pensar en esas cosas: no podía pasarle nada malo a ella. Pensó en marcharse a buscarla pero ¿y si ella llegaba y no lo encontraba? Un desencuentro importante se sucedería y no quería dar lugar a ello, así que simplemente, suspiró con fuerza mirando en el suelo, las gotas de lluvias estrellarse contra el piso.


Maldijo por lo bajo y se levantó a dar una vuelta por la zona para hacer más amena la espera cuando la vio llegar. El reloj horrible tapaba su vista a medida que ella se acercaba pero una sonrisa se llegó a vislumbrar en los labios de él con el marco de su barba y bigotes húmedos ahora.


Sin mediar muchas palabras más que una disculpa por parte de ella, se tomaron de la mano. Las ropas de su esposa estaban bastante maltratados preocupándolo aún más, haciendo que la sensación de alivio al verla se desvaneciera. Sus botas sucias, su pantalón de la misma manera y tenía la suerte de que se le había roto en una rodilla raspándose la misma al caerse seguramente.


Había sido una noche dura. Volvía de una exposición para su aniversario. Su auto se había quedado y como pensó que sería en vano esperar a la grúa, decidió emprender marcha por cuenta propia, perdiendo hasta el bolso en el camino. Pero había llegado de nuevo a sus brazos.


Sus dedos se volvieron a entrelazar después del abrazo con rumbo a su casa. Aun los esperaba un buen plan para su aniversario.

17 de Octubre de 2017 a las 04:07 0 Reporte Insertar 0
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