El Vampiro y el Alicanto. Seguir historia

ariel-torrealba-orellana Ariel Torrealba Orellana

La historia de los viajes de Alicent "Alicanto" y de "El caballero vampiro". Ambos se enfrascan en un viaje, surgido a causa de la misión que Darya, la Gran Señora de las Tierras Doras, le encomendó a su prima Alicent. Ambos deberán viajar a través de los diferentes reinos, hasta alcanzar su misión. ¿Cual es? Lo descubrirán a medida que la historia sigue su curso.


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   El pequeño destacamento llevaba siete días de cabalgata por el desierto. Para evitar ser vistos, el grupo había tenido que caminar a través de las dunas, guiándose por las estrellas en la noche, y evitando perderse en mitad del día.

Por fortuna habían recorrido aquellos caminos varias veces. Aun así debían ser precavidos. El desierto es inmenso y traicionero. No por nada es el desierto más grande que se pueda encontrar. Y sus arenas dan testimonio de aquello, con los restos de los incautos que se perdieron o que simplemente encontraron la muerte en las abrazadoras arenas.

El sol quemaba con intensidad sobre sus cabezas, pero ya estaban cerca del gran río, y con el, a menos distancia de la “flor del desierto”. La ciudad dorada estaría a una noche y una mañana de viaje.

El clima había sido duro aquellos días, pero el grupo completo había sido capaz de llegar hasta aquella zona, donde unos soldados fronterizos los encontraron. El alicanto de oro en campo de gules, se encontró con su símil, los dos pumas de oro en campo de gules. “Files, ricos, austeros”, fue la señal de identificación nuestra. “Paraíso en la arena”, fue la respuesta de ellos. El grupo inicial de ocho, pronto aumento hasta la veintena.

A la distancia se pudo ver la ciudad y sus inmensos muros. Un importante río atraviesa el corazón de la ciudad, permitiéndole sobrevivir, ya que no solo del oro vive la gente. La preciada agua es un bien tan o más valioso que el oro que sacan de sus minas.

La ciudad en su interior estaba abarrotada de comerciante y gente que se paseaban de un lugar a otro. Los comerciantes ofrecían a viva voz sus productos, intentando venderlos al mejor precio, el cual desde luego era bastante superior a como era en otras regiones. Ciertamente el oro no escasea en esta ciudad, donde hasta lo desperdician utilizándolo para adornar partes de sus muros. Pero no hay lugar donde no se vea tanto oro como en el palacio de la Gran Señora. Con sus columnas de oro, marcando los ocho puntos cardinales, formando una estructura de tamaño colosal y belleza sin igual.

La fortaleza del morro era eso, una fortaleza. Creada para resistir grandes asaltos y un largo asedio. La fortaleza exterior es solo una fachada, dado que lo realmente importante yace bajo tierra. Las inmensas bodegas, salones y pasadizos, fueron construidos con el fin de albergar y mantener grandes reservas alimenticias y de gente. Un ejército entero podría guarnecerse en sus entrañas. En cambio aquí, lo que se ve es lo que hay. El palacio es eso, un lugar de residencia, más no una fortaleza. Para aquello esta la ciudad en sí misma. Sus enormes murallas la defienden de ataques externos, y, a menos que se abran desde adentro, las puertas de la ciudad son lo suficientemente grandes y fuertes para aguantar casi cualquier embate.

Pero no estaba en la ciudad para evaluar sus defensas o contemplar la belleza de sus edificaciones. Estaba para algo más, algo más grande que yo misma, y que de seguro sería lo más importante que podría llegar a hacer en mi vida. O al menos eso es lo que se supone que sea.

Los pumas ondean por toda la ciudad, llenando todavía más de dorado la ciudad. Creo que luego de salir de aquí no querer volver a ver ese color. Incluso probablemente cambie el alicanto de dorado a plateado, como forma de diferenciarlo de los Alicantos de aquí.

La rama secundaria de la familia todavía residía en el reino del Desierto. Nuestros “primos”, la llamada rama principal, eran los grandes señores de las tierras doradas, mientras que nosotros solo somos los guardianes del este de la fortaleza del morro. Nuestro deber es proteger el acceso al morro, mientras nuestros familiares gobiernan su propio reino. Uno bastante rico y poderoso.

Los guardias del palacio, la guardia dorada (madre, que horror con ponerle “dorado” a todo por aquí), nos guio directo hasta la gran señora. Darya había ascendido hace poco a gran señora, luego de una serie de trágicos sucesos, que terminaron la muerte de su padre, su hermano y hermana mayor. Años atrás la había conocido como una muchacha que, al comienzo parecía ser seria, pero que a la larga resultaba ser muy amable. Ahora, su rostro era hierro puro. Su cabello y su vestido reflejaban los colores de su familia. Su larga cabellera rojiza hacía resaltar aún más la blancura de su piel, mientras que su vestido dorado parecía fundirse con ella. Su mirada era seriedad pura.

En cuanto estuve frente a ella, puse una rodilla en tierra. Se decía que nos parecíamos mucho, aunque en ese momento lo dudaba. Ella, elegante y bien vestida, mientras yo metida en una armadura en mitad del desierto. A la distancia podía sentir el aroma a lavanda que emanaba de ella. De seguro ella podía sentir mi olor a caballo y a una semana de marcha por el desierto. Su cabello largo y hermoso, el mío corto y enmarañado.

-Espero que hayan tenido un viaje tranquilo y sin contratiempos-dijo ella, al tiempo que se acercaba.

-Lo ha sido. Viajamos en cuanto lo hubo requerido.

-No esperaba verte…vestida así.-Su mirada estaba fija en mi armadura.

-Espero que no te moleste…digo, que no le moleste.-Sentía como mi cara ardía. Ya no se trataba de mi prima, ahora era la gran señora, debía mostrarle la cortesía que se merece.

-Descuida, ni si quiera yo me acostumbro todavía a la idea de gobernar. No es que no lo hubiera querido nunca, pero tampoco esperara que pasara tan pronto.-Su cabello se mecía al viento. Parecía como si estuviera hecho de hilos de oro rojo, o de la más fina seda.

-Si gusta-me había puesto de pie-, me puedo cambiar la armadura y volver de manera más…presentable.

-Descuida-dijo ella sonriendo-, está perfecto para lo que te iba a pedir. Y me temo que no será demasiado el tiempo que tendrás que pasar aquí- para mi fortuna-, lo que te tengo que pedir es algo demasiado importante. Si no te molesta, preferiría que lo habláramos las dos. A solas.

Sus guardias se retiraron de inmediato hacía la entrada. Mis acompañantes los siguieron. Pronto solo quedamos las dos en la sala. Pero en cuanto me acerque a ella, sentí un paso.

Como acto reflejo, había sacado mi espada, apuntando hacia donde había sentido aquel ruido. En medio de la oscuridad, embutido en una armadura negra, con el vampiro rojo en el pecho, apareció un caballero, el cual había estado oculto en las sombras. Darya ni si inmuto ante su presencia, incluso le pareció graciosa mi reacción.

-Veo que tienes muy buenos reflejos-dijo sonriendo.

-Más bien oído.-Le dije, mientras guardaba la espada en su funda-lo escuche antes de verlo.

-Eso es bueno. Aquello me hace sentir más tranquila y segura-El caballero siguió avanzando hasta ponerse atrás de ella-. Te presento al caballero vampiro.

-Él es…-Sentí un nudo en el estómago.

-Si-Sus ojos tenían un brillo tenebroso-, es el quien mato a mi hermano y ha traído la desgracia a mi familia…a nuestra familia.

-Ya veo –pude sentir el dolor dentro del hombre que había en aquella armadura-¿Por qué esta aquí y no limpiando las pesebreras?

-Por la misma razón que tú estás aquí.-miro al caballero durante unos instantes. El individuo de inmediato se puso de rodillas-. Si pudo contra mi hermano, de seguro podrá contra cualquiera, y es la razón por la que te he traído hasta aquí.

Dos días después, estábamos en marcha de nuevo. Esta vez éramos nueve. El vampiro se había unido a nosotros. “Nadie debe saberlo”, dijo ella tras contarme lo que planeaba. Al comienzo quise negarme, “es demasiado peligroso”, le dije, pero ella insistió. Al final tuve que aceptar. No soy ninguna cobarde, y tampoco dejare que aquel individuo haga todo solo. “No hay nada más peligroso que un hombre que lo ha perdido todo y que no tiene nada que perder. Bien dirigido, puede ser sumamente provechoso para nosotras; pero si se desvía, puede ser un gran peligro”. Así que aquí estamos. Nuevamente en marcha y de vuelta a la fortaleza del morro. Pasaríamos ahí hasta recibir un águila con noticias, y luego, nos pondríamos en marcha. Solo los dos. Muchos llamarían demasiado la atención, así que lo más saludable sería solo ir los dos. Así que aquí comenzamos. Solo espero que una vez termine, pueda volver a casa y no volver a saber de nadie en lo que me reste de vida. 

19 de Septiembre de 2017 a las 04:36 0 Reporte Insertar 1
Continuará…

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