1566617928 Francisco Rivera

¿Cuánto concita el horror a los seres humanos que lo buscan...? Usted, amable lector: ¿Comparte igual tendencia...


Horror Horror gótico No para niños menores de 13.

#-Destino #-Horror #-Error
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Momentos...

1. Momentos.

Hoy escucho cantos de sirenas y soy Aquiles, escondido entre mujeres, desechando asuntos enigmáticos despojados de conjeturas inteligentes.

Me sustraigo de sinónimos tenebrosos y hago luz en oscuridades terribles, mientras atenúo la brutalidad sanguinolenta que me desata pasadas penitencias de seres humanos que exponen pieles curtidas; y, en sus rostros arrugados, veo el dolor de las marcas de brazos enjutos que semejan leños para atizar más fuegos de los próximos aquelarres con qué celebrar el fin del solsticio de verano.

Sé muy bien, que te resulto un personaje extravagante y contemporáneo.

Hago predicciones de lunático para recordarte mi existencia.

No tengo prisa, si aún no reivindicas mi nombre.

En mi haber de vida hay sobrevivencia y enigma de persona fugada de alma, corazón y sentimientos.

Soy mutante de certeras decisiones y un paso necesario por el mundo.

Ante tu presencia desmiento toda vieja amarga verdad.

Respecto a considerar mi humanidad como suceso de vida única y de recursos existenciales y convencionalismos sociales, vuelvo anécdotas inenarrables, innumerables e imprimibles del terror al que concito.

Como te das cuenta, cuánto más no cabe en mi biografía personal y pasional; toda ella es intento fugaz por escudriñar la inexorable vitalidad de ser un muerto en vida; ese ente que supera parámetros propios y rebasa, incluso, al ajeno y común de los mortales.

Ante dudas de mi capacidad de creación, demuestro el dominio de prohijar criaturas demenciales; horrores sin fin y leyendas, donde el pasado se estrecha con el presente de cada humano temeroso que vive en este mundo del siglo XXI.

Fiel a mis recomendaciones, resulto impredecible, enormemente variado y celebrado autor de obra multitudinaria del espanto; con sobra y sin grandes gestos, sorprendo tus sentidos debido a la extensa gama de incoherencias que cada humano débil a su espanto toma como creaciones de lo nuevo e incluso, de lo inmediato a su pequeño error de asirme en su propia alma.

Es posible que te resulte distinto y distante; unitario y diverso; tóxico y saludable; similar y diferente; misterioso y revelador, pero nunca indiferente a tus fantasmas sensitivos.

En mi ser, tú eres resultado; canto largo; estremecimiento dulce; profundo cielo estrellado y lóbrega noche de verano.

Con sorpresa demencial extraigo sonrisas de locura al vacío, mientras la gente transita por donde le da la maldita gana en sus burdas invocaciones.

Estoy presto a instalarme con todas las criaturas del espanto dentro de otras leyes sin sus lógicas propias.

Simpatías falsas por doquier preparan un sobre todo de lo opuesto a vivir como semejantes en imagen al Creador de lo Existente.

Estudio con rigor cada brizna de la geografía humana que se dispersa en cercanías con el sentido y propio sentimiento de la muerte, buscando resarcir todo gasto a sus antiguas creencias, cuyos parabienes son paganías sin medida, sin ton y tonterías.

Publicito a los cuatro vientos las peores maldiciones que nunca dejan de escuchar los timoratos, los falsos religiosos, los paganos de mala hora y los débiles de espíritu: ante ellos compagino sus dudas de existencia y curiosidad malsana de adentrarse en la insana adoración a mi efigie, creyendo comprender lo que sus razonamientos humanos no permiten explicarse, por resultarles difíciles quebrantos entre la esencia y sustancia que crepita en mi leyenda y así, siempre suponen ver y no observar lo que han visto, escuchado o aceptado en medio de dudas humanas aterradas.

En esa suma de dificultades, instalan sus ideas externas dentro de las propias de mi origen de ángel descendido; suman sus comentarios con soeces expresiones acumuladas y, al final del día, cultivan su jerigonza de cuánto comentan respecto a lo que a duras penas entienden del misterio que se cierne sobre mí figura.

No seré yo quien los corrija; no seré su mentor de desmentir sus desventuras; de reducir sus incontables mentiras arregladas al tenor de falsas verdades, repetidas en saciedad convenida hasta hacerlas pasar por evidentes certidumbres.

Así se vive en este momento, aceptando lo percibido como nuevo descubrimiento de ocasiones inmediatas, donde brilla un oropel que entrega su burdo y cómico destello.

Y, según tu mirada de cierva temerosa, me entregas con silente suplicio un propósito de último momento: hacer de ti una masa informe, sin huesos, nervios y huidiza alma, que dejará penar ese pobre espíritu entre sombras y dimensiones desconocidas, sin que te preocupe regresar a lo que eras cuando aún recuerde de cuándo te encontrabas en la vida.

Ya no hay tiempo para quejarte; ahora llenaré tu corazón como recuerdo de la antigua pasión que me entregaste, mientras astillo cada hueso de ese cuerpo tan maravilloso; mientras mastico sin piedad, cada nervio y fibras de tu carne; mientras me atraganto con la sangre y los nervios abandonados a esta gula insaciable, irrefrenable, terrible y asquerosa.

No hiciste caso a mis advertencias, y has pagado con creces tu inmolación a mi memoria.

El llanto y lo salobre de cada lágrima derramada, son pequeñas prendas que guardo ya, en mi antigua memoria de lo arcano.

Creíste que jugar con esa tabla de maleficios era asunto de tu voluntad indomable, pero la equivocación fatal a ese desatino selló el destino que mereciste desde el primer momento en que me atrajiste hasta tu presencia.

Concluida esta homilía del suicidio provocado, ahora dejo una duda abierta para todo interesado en buscar respuestas donde no parece haber ninguna:

¿Qué motivo lleva a los humanos a adentrarse por lo ignoto, lo desconocido e infranqueable, una vez que se han perdido para siempre?


2. Acotaciones 3

Ciertos extranjeros sostienen en los últimos tiempos, que, en un día de incongruencias humanas, cada cual es mejor ejemplo de potencias idiomáticas.

Entre éstos -los menos, acaso-, consideran que dominan con refulgencias de pasados imperios; que minimizan el idioma castellano y exponen con desdoro su léxico.

Según ellos, no alcanza el grado de ciencia y tampoco de cierto cultivo de buen hablar, dicho esto, porque para ellos, no esplende a cómo así ocurre en cada extranjería representada por sendos y ufanos sujetos.

Sirva de ejemplo el que uno de tales individuos, en momento dado exhibe su cultura; otro, toma su lengua como arma de ventaja moderna por la cual embate y combate al resto de otras lenguas.

Luego, con pausa pero no menor sorna, se hace un silencio evidente cuando el representante de lengua vernácula reconoce que atraviesa por cierto pasaje de enrarecimiento que muestra a propios y a extraños, tras haber dado de sí; pero confía en el apoyo de poco más de ciento veinte mil vocablos incorporados a su lengua de pretendida Pan Natividad Declarada.

A esa contabilidad léxica, cada personaje no paisano les resulta ridícula y no los disuade en su papel de dignos embajadores de esa extranjería reunida, misma que en otro momento se aparta de aquel representante nativo, no sin cierta objeción manifiesta a no ser incluido en lo que parlotean, hombro a hombro.

Por ejemplo, sostienen concilio de exclusión y meditan lo propio.

No sin cierto análisis hecho a vuela pájaro, enuncian para sí como grupúsculo acabado de formar en el acto, las evidencias que guardan cada cual de acuerdo a lo que sale de una no menos acalorada discusión, donde prevalece el disenso que condena en consenso su debate contra el vernáculo representante.

También saben, por ejemplo, cuán pequeño es el planeta; el que sus habitantes terrícolas y controladores y censores de marca de las poblaciones diseminadas en los continentes aceptados, dedican sus celos extremos a clasificar cada uno de los grupos lingüísticos reconocidos como tales.

Sin duda, también y a una, no desconsideran la perspectiva halagüeña del buen sentido que posee la lengua castellana, y sin quedar más remedio que retorcer sus barbas y bigotes, reconocen - a regañadientes- que esa lengua es idioma que se habla en muy buena parte de Estados y Naciones.

Acto seguido, discurren ahora sobre ese estrecho margen que separa a sus idiomas extranjeros -inglés norteamericano e inglés británico; ruso o chino; francés o alemán; italiano o portugués-, como ejemplos de idiomas de comunicación contemporánea.

Así, pese a esto, con otro enfado por lo bajo, saben que el idioma de Cervantes o de Lope de Vega no se encuentra en menor valía que el de Shakespeare; pero que, en lo segundo, ya no va siendo primicia sobre aquellos otros, y peor aún, pese a todo, que sí, pues sí, ya hace distingo ante sus lenguas extranjeras.

También se reservan mencionar que, tales idiomas, no son lenguas de predominio territorial en países como Estados Unidos de Norteamérica o la actual Federación Rusa e incluso, a cómo ocurre en la Francia de Víctor Hugo o de Moliere; pero luego, cómo si se tratara de un despecho compartido, saben que, además, en el idioma de Cervantes tampoco deja de ocurrir esto.

En ese tenor acalorado, el representante del Canadá exclama las semejanzas que existen entre su coloso vecino y su relativamente distante vecino gigante ruso, al confesar lo siguiente:

"Hay manchas demográficas que no hablan, ni entienden, ni se comunican en inglés británico o norteamericano; en francés o en ruso..., como ocurre en mi nación actual".

Enfadados de esa inoportuna digresión no solicitada, pretextan que eso es un problema acuciante donde intervienen las razas, la mezcla de grupos sanguíneos y una confusión babélica que impone, como resultado de muchas aristas, la rémora basta de la globalización que, por cierto, no tiene inconveniencia ni inocencia en lo que ocurre en todo el planeta.

También sugieren que, de vez en vez, es necesario echar mal de ojo, como ocurre ahora con ese otro representante de la lengua excluida de ese inesperado Conversatorio.

Así visto, el no dejar de deplorar cómo es que se ha diluido esa división primigenia entre los idiomas del globo terráqueo, donde quizá y hasta baste echarlo en cara a tal representante de una menor condición de lengua vernácula, no aplica el caso para con los dignos representantes extranjeros, ahora más inconformes unos con otros, y prestos a aumentar sus culpas en contra de aquél, quien se encuentra con un libro entre las manos mientras dura esa reunión ya dilatada en más de un sentido común.

Sin remordimiento de conciencia, reconocen también, los dignos señores del exterior, que los entramados políticos e ideológicos; o que los gobiernos partidarios y las economías de ascenso, van ahora en descenso; y todo va ajustado a cómo dicta el tiempo: van en un plan de "salida", donde lo que se habla o escribe Hoy, Aquí y Ahora, queda nutriendo los idiomas todos, sin excepciones, y además otorga sello auténtico al espíritu de la expresión de los pueblos.

Luego, en otro silencio de sospecha, se aterran ante la perspectiva de creación progresiva en el idioma castellano; en su naturaleza de sentimientos vernáculos; en su alma, corazón y expresión irrenunciable a quedarse en un mismo lugar expresivo.

También censuran -al alimón-, que lenguas como el náhuatl, ejemplo de civilizaciones indígenas, no haya desaparecido hasta hoy día, a cómo sí ocurrió con Grecia clásica, ese magno aporte de aportes, tanto de primores como por el ser maestra de literatos que formaron estilos definidos; que afamaron a artistas consumados a lo largo de sus manifestaciones y existencia histórica y cultural, etcétera, etcétera.

Pues bien, a punto de terminar ese Coloquio, deciden a aceptar de modo agrio a dicho representante, quien espera con paciencia al veredicto, en tanto continúa leyendo una Antología versada en escritos de Quevedo, Cervantes, Lope de Vega o Gracián -entre otros-, con los que suele deleitarse en momentos como los presentes, haciendo holgura de buen leer y debida oportunidad de buen decir.

Por fin sale una pronta Comitiva de extranjeros y como dolor de estómago clavado en puntos sensibles, le informan que pasará a integrarse a ese Consejo, toda vez que se reconozca su esfuerzo nativo para defender la pureza de sangre escrita; por mostrar incuestionable moral de pronunciación; por presentar inobjetable mayor integridad entre las fronteras nacionales y por esa tendencia afincada que no sólo muestra, sino demuestra lo que posee la cultura hispana y latina o "Iberoamericana".

Con un sobre esfuerzo intelectual, más que moral, reconocen que está llamada a ser arma y medio sin par en el terreno de las ideas -escritas o habladas-; por último, asienten y consienten, con dientes apretados, que hasta ahora sale avante en cada recibimiento de ataques a sus espaldas o a sus frentes ponderados.

En tal circunstancia, comunican -con variantes vivas y actuantes insufladas de superioridad manifiesta- que, ante cualquier enemigo de su lengua, proviniendo de dónde provenga, reconocen que el idioma castellano es claro y presente en las multivariadas formas de comunicación que se manifiestan dentro del actual mundo atribulado.

Para evitarse asociaciones extrañas, convienen -cual primicia primera-, en dejar lista su candidatura el Primero de Enero del año Dos Mil Cincuenta.

En cuanto a una segunda primicia, que su Ingreso de Número a tan Selecto Grupo, habrá de ser partir del Primer Día de Enero del año Dos Mil Cien, en que ha de celebrarse al acontecer, con bombo y platillo, excepto si antes no suceden guerras terciarias que devasten el mundo o bien, si algún meteoro no se impacte en lugares de insospechado potencial destructivo o en lo tocante a cualquier otra catástrofe humana o natural, que haga ocioso lo dicho y transcrito en este relato...


3. Contradicciones humanas

Soy un usuario de redes sociales, como lo puede ser quien lee esto que escribo.

El Internet me brinda una oportunidad inmerecida de trabajar mi estética de Narciso, donde yo soy -antes, durante y después- mi propio producto a negociar bajo una identidad de participante obsesionado con mi persona.

¿Por qué, de pronto, soy un ser subjetivo pese a lo concreto que me delata?

¿O es que las redes sociales me vuelven sociable ser de sólo imagen ante quienes ni me conocen?

¿Es mi estética de selfi e, mi mejor ángulo visual que dejo que otros crean en lo que dejo ver desde esas tomas tan recurrentes, que amenazan trasnocharse, trivializarse o trillarse?

En esa perspectiva, creo que es mejor tratar de esforzarme en un auto análisis de lo que dejo ver desde mis planos de obsesión:

¿En qué momento me he convertido en un insumo de negociación de identidad de corporativos que ganan con mis exposiciones de cuerpo entero; de cintura hacia arriba; de frente o de trasero ajeno, hecho dominio público?

Mi presentación y continuidad en sitiales de redes sociales fomentan mi sola presentación e interacción con quienes me siguen por la imagen que dejo ver desde los ángulo posibles para ser visto como quiero que me vean.

En ese yo y mi ser, mi identidad privada juega a ser pública, si bien, reservándome determinados aspectos personales que cubro, según considere que cubro lo que deseo cubrir o en sentido contrario: descubro, según considere que descubro lo que deseo descubrir.

Observarme y dejar observarme por la observación de observadores que, a su vez, repiten la fórmula antes enunciada.

Como usuario, ofrezco formas de ser observado por ajenos y propios usuarios, quienes también navegan en las redes sociales que frecuentamos.

Al diseñar la construcción que deseo sobre mi persona, ingreso al negocio abierto de mi participación personal respecto de lo que represento de mí mismo -selfi- para ubicarme dentro del escenario de redes sociales y sus repercusiones que corresponden a un contexto donde tributan millones de personas de cualquier parte del mundo.

Y nuevas interrogantes vuelven a surgir ante esto:

¿Comprendo bien a bien a dónde me conduce esa resolución de presentarme a mi mismo; luego, ante otros semejantes pero desconocidos?

¿Calculo las consecuencias que esto me acarrea ante quienes son mis potenciales desconocidos, desde los intercambios hechos en impresiones virtuales ?

¿Qué tan subjetivos soy y son mis seguidores en esa calidad de usuarios?

En esa selección arbitraria mía, ofrezco lo que me place, no lo que me displace; oculto lo que niego de mi personalidad y me limito a exponer lo que considero debo ponderar, no siempre acorde con mi manera de ser, pensar, actuar y decidir.

También silencio mis sentimientos y me regodeo en la mejor manera de querer verme cómo quiero que me vean.

Mi identidad se ventila en un consentimiento tácito de Narciso, acomodándolo a una impresión estética que considero, me favorece y me sirve para prolongar mis sucesivas auto representaciones.

El no ser asumido sólo cancela esa parte de la identidad que deseo que se conozca; ante lo oculto consciente, el disimulo consecuente invita a mis seguidores a dejar en pie esa construcción de una hueca y novedosa identidad que amoldo, de la mejor forma posible, para contraponerme a mis problemas personales.

¿Ser Narciso arriesgado en redes sociales es bueno, regular o malo?

Ya lo pienso en otro mejor momento, pues ahora, a darle cuadro a la imagen y que resulte lo que deba resultar, porque antes que nadie, sólo deseo ser "ése" que no soy, pero cómo me divierte serlo, sin asumirlo a cómo soy en verdad...


CONTINUACIÓN

4. INSTANTES

27 de Diciembre de 2021 a las 23:48 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Francisco Rivera Francisco Rivera
Y dices bien, pero no intencioné ese cambio; una disculpa y una razón -si vale, claro-, hacer referencia no tácita pero libre, no me excusa de renombrarlo como bien señalas. Escogí ese nombre para no hacer evidencia al correcto. Intentar una historia no ceñida a arquetipos, espero, permita discurrir a esa narración. Agradezco el comentario oportuno, de lector atento; renueva la esperanza de que otros -como es tu caso-, deban tomar las palabras para decir qué gusta y qué no; qué debe aclararse y si es entendible toda historia. En esta plataforma, como en otras, la comunión y comunicación es cerrada o demasiado ligera para aceptar lo que se lee o lo que se escribe. Gracias y mando un cordial saludo!
January 07, 2022, 22:39
Abc Def Abc Def
Me gusta, pero el que escuchaba a las sirenas era Ulises, no Aquiles. Quizá no entendí lo que querías decir
January 07, 2022, 21:31
~

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