El libro de los días inventados Seguir historia

fran-laviada Fran Laviada

Diminutas historias cotidianas de ficción. Paso a paso, avanzando poco a poco por el camino de los días, protegidos con el salvavidas de la fantasía que nos aleja de la tantas veces, desagradable realidad. https://youtu.be/azdxP5gS7_o


Fantasía Todo público. © Francisco Álvarez Arias.

#El libro de los días inventados.
AA

Semana Nº 1.


Introducción.

La cruda realidad en forma de poderosa Señora dueña de vidas y destinos, e implacable a la hora de desarrollar una exigente y muchas veces, opresiva existencia, me obligó a subir al territorio fértil del pájaro libre de la creatividad, para que sus alas me guiaran al mundo de la fantasía, ese en el que los sueños dulces son siempre posibles, y uno tan solo ve, lo que quiere ver.

   Sin tiempo para la duda, volé decidido, sin parar y me pregunté:

   ¿Qué dirección seguir?

   Y yo mismo me respondí:

   ¡Hacía el lugar al que la imaginación me lleve!

  Y las alas que me trasladaban a un nuevo Universo, se agitaron poco a poco, con más fuerza, haciéndome volar cada vez más rápido, y ahí sigo, aunque soy plenamente consciente, que tarde o temprano tendré que volver a la realidad, y poner los pies en el suelo de nuevo. La tierra firme es dura, pero segura, aunque a veces el aterrizaje sea forzoso, y a pesar de que el barro de la fantasía es blando, y acogedor como un colchón, también existe la posibilidad de que me pueda hundir en él, y me trague sin piedad.

   De sobra sé, que subir a la Luna, y pasar una temporada allí arriba, es estupendo, estimulante y a la vez tranquilo, pues en lo fantástico encuentro casi siempre la paz interior para flotar en el mundo de la ficción. Pero el regreso a la Tierra, se hace inevitable. Esa es la diferencia entre el cuerdo y el loco, ya que quien mezcla fantasía con realidad, sin saber distinguirlas, entra de lleno en el territorio de la enajenación mental (transitoria o permanente, en función del sujeto practicante), de la desmesurada creatividad (en el equilibrio, siempre está la virtud), por eso el loco, nunca regresa y se queda para siempre en la Luna.


Nota del autor:

El contenido aquí publicado está formado en su mayoría por una selección de textos muy cortos que han sido editados en diversos libros de ficción escritos por el autor, y que también han visto la luz en varias plataformas de publicación en Internet, de ahí que posiblemente algunas de las historias ya sean conocidas por los lectores del presente libro.


Día 1


El actor.

Aunque alguno no se lo crea, fui actor de cine, pero a fuerza de ser sincero, la verdad que tan solo participé en el rodaje de una película. Sin embargo, tuve la mala suerte, de que la única escena en la que yo salía, fue cortada en el montaje. Y lo peor de todo es que siempre me quedará la duda, si algún día habría podido llegar a ganar un Oscar

   ¡Me gustaría saber quién fue el maldito montador de la película!


Día 2


El perro.

Siempre tuve muy buen olfato, quizás debería de haber sido policía, mejor dicho, perro policía, ya que soy un chucho, como ustedes podrán comprobar.


Día 3


El detective.

En mi larga carrera como detective privado, investigué muchos casos, pero sin duda alguna, el más curioso de ellos, fue aquel en el que una señora me encargó la misión de vigilar a su marido, ya que sospechaba que este le era infiel. La señora, era mi mujer.


Día 4


El asfalto.

Todos los días procuro salir a correr una hora como mínimo y muy fastidiado tengo que estar para que no sea así. He de reconocer, que me he convertido en una auténtica máquina de devorar kilómetros, pero prefiero hacer eso, y evitar que sea la vida, la que me devore a mí. Aunque soy consciente, de que temprano o tarde, y espero que sea esto último, lo acabará consiguiendo, aunque solo sea por el desgaste de tanto rozamiento contra el asfalto.


Día 5


El motín.

El motín a bordo del barco en el que navegaba, fue un éxito. Y he de reconocer, que uno de los cabecillas de la rebelión fue un servidor. Sin embargo cuando recobré la razón, perdida por el exceso de ron, me tuve que lanzar al agua y nadar rápido hasta la isla más próxima, para poder salvar mi vida. La tripulación quería colgarme del palo mayor, ya que yo era el capitán.


Día 6


El cero.

Me dijeron que aquella inversión era segura, y que todo el capital invertido se iba a multiplicar por diez, pero me engañaron, y me he quedado sin nada. Me llamo Cero, y aunque tengo nombre de número, soy un ser humano.

Día 7


El fugitivo.

La policía me buscaba por toda la ciudad, y a pesar, del enorme dispositivo humano y de medios desplegados para capturarme, les fue imposible conseguirlo, y no por mi habilidad para escabullirme, simplemente, porque nunca estuve allí. 


Fran Laviada

12 de Septiembre de 2017 a las 10:40 0 Comentarios Reporte Insertar 2
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