thecyberz Enrique Segoviano

Cuando cierras los ojos, aquello que vez no es el color negro.


Drama Todo público.

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Gris Indefinido

Como se ha vuelto costumbre para mi, el día de hoy me desperté temprano en la mañana. No puedo decir con precisión qué hora sea ya que no tengo a mano un reloj en esta habitación, pero puedo decir con seguridad que es temprano por la mañana. Sin embargo no desperté por alguna razón en particular. De hecho no tengo nada que hacer en todo el día. Ha sido eso mismo desde hace ya varios días. Un par de meses para ser más especifica. Mis únicas ocupaciones de momento son tan solo atender a las revisiones médicas; que cada día son más espaciadas entre ellas, y tratar de encontrar una manera de distraerme para no aburrirme hasta la muerte.

Todo comenzó hace casi 3 meses. Y no fue interesante o extraordinario de ninguna manera. Simplemente desperté. Tal y como cualquiera lo hace después de dormir. Al abrir los ojos mi vista tardo mucho en adaptarse a la iluminación y mi cuerpo estaba algo adolorido pero sobre todo muy entumido. Fue una sensación muy extraña.

Nada más abrir los ojos no supe donde estaba. Y al tratar de girar mi cabeza para darle un vistazo a la habitación mi cuello tuvo un dolor punzante que me hizo desistir de intentarlo de nuevo. Pero eso no evito que mi campo de visión me diera una idea de donde me encontraba.

La habitación era amplia, o al menos a mi me lo pareció. Y no tenía ningún rasgo especialmente particular. Yo estaba recostada en algo parecido a una camilla de hospital, y a mi lado derecho estaba un tubo de metal que tenia colgado una bolsa de suero. Dicho suero estaba unido a un catéter en mi brazo derecho.

Al lado izquierdo estaba la entrada a la habitación, y justo junto a la camilla estaba un pequeño buro. Sobre él una pequeña lámpara y un libro. Tenía dos cajones, pero no los revise en ese momento. Junto a la puerta estaba un dispensador de agua y en el extremo opuesto una maceta con algo que parecía una palmera, pero en miniatura.

Al frente no había nada realmente notorio, una amplia pared pintada con dos tonos. Y en el centro, un tipo de lámpara enorme pegada a la pared. Parecida a la que usan los médicos para revisar las placas de radiografías.

Al frente y a la derecha, en la esquina, estaba un sofá grande, de esos que tienen un ángulo y se ponen precisamente en las esquinas. El lado más corto quedaba en la pared del frente, mientras el lado más largo estaba sobre la pared derecha. Bueno, pared derecha desde mi perspectiva.

En efecto, una habitación que no me parecía especial en absoluto. Al menos no tomando en cuenta que la camilla y la lámpara en la pared me daban la idea de que la habitación era parte de un hospital o algo parecido. De alguna manera eso no me pareció algo preocupante, y me sentí calmada hasta ese momento.

Lo único que me parecía curioso; ni más ni menos, era que a mi derecha, sobre el sofá, un hombre descansaba. En realidad dormía. Podía ver como su torso se movía al momento de respirar aunque no hacia ningún ruido. Era muy silencioso.

Tenía su cuerpo recostado sobre su lado derecho, dando la cara a la pared. Usaba su mano de almohada y sus piernas estaban flexionadas. Parecía ser una posición cómoda para tomar una siesta, pero no para pasar la noche.

Aquel hombre llevaba puesto un chaleco de un color marrón, pero oscuro, y debajo de este una camisa blanca. Seguramente estaría ya arrugada por la posición en que dormía. Un pantalón de vestir de un color oscuro, pero no recuerdo si era negro o de algún otro color. Y usaba calcetines de color azul, podía saberlo porque no llevaba puestos sus zapatos. Estaban en el suelo, frente al sofá, bien acomodados.

Pensé que si ese hombre estaba simplemente durmiendo no era ningún tipo de amenaza, aunque me preocupaba un poco saber que pasaría cuando el despertara. Aun así decidí no despertarlo y solo esperar a que él lo haga naturalmente.

De cualquier forma no creo que pudiese hablar con el cómo debería ya que desde que desperté podía sentir mi garganta muy reseca, tanto que incluso tragar saliva me producía un ardor molesto.

Así permanecí un buen rato, pensando en la razón por la que desperté ahí. Sin hacer nada más que divagar un poco. Quizá ver por la ventana que estaba justo sobre el sofá a la derecha me habría entretenido un poco, pero tenía las cortinas cerradas sobre ellas por lo que me vi obligada a solo mirar al vacio.

No sabría decir cuánto estuve esperando, pero se sintió como mucho tiempo, aunque al mismo tiempo se sintió como si no fuera tanto.

Y, de un momento a otro, antes de que el hombre en el sofá despertara, una mujer entro en la habitación. No llamo a la puerta ni tampoco aviso de su llegada. Simplemente entro. Y tenía en su mano un bolso cualquiera.

Era una mujer mayor, pero no anciana. Solo mayor. De cabello largo, por debajo de los hombros, y de un color castaño claro. Una piel clara pero que hacía notar su edad. Ojos café oscuro grandes y expresivos. Y una figura que aunque no era muy definida seguía siendo muy femenina. Aunque eso podría ser por la ropa que llevaba puesta.

La mujer entro con una actitud algo desganada. Se acerco a la camilla y puso su bolso sobre una silla que estaba al lado del buro, la cual no vi anteriormente. Y fue entonces cuando volteo a verme.

Sus ojos se abrieron como platos enormes al verme. Estaba increíblemente sorprendida. Pero tan rápido como se sorprendió, perdió el interés. Volvió a acomodar su bolso después de sacar algo de él y después se sentó en la camilla. Tuvo mucho cuidado de mover mi mano antes de sentarse. En seguida me miro a los ojos y frente a mi puso un bolígrafo o algo parecido.

La mujer entonces comenzó a mover el bolígrafo de un lado a otro. Al principio solo lo vi de reojo, ya que mantuve mi mirada en sus ojos. Pero después decidí seguir con la vista el bolígrafo. No sé porque lo hice, pero lo hice. Después de seguirlo un par de veces volví a ver los ojos de aquella mujer y de nuevo estaban abiertos al máximo. Estaba sorprendida una vez más. Y ahora sus ojos también estaban vidriosos. Parecía que estaba a punto de llorar.

Justo después de eso ella se levanto y fue en dirección al hombre del sofá. Lo sacudió un poco con la intención de despertarlo y después le dijo algo que no pude escuchar. El hombre se levanto del sofá apurado y, mientras se ponía los zapatos y trataba de despabilarse, me miraba también sorprendido. En cuanto estuvo listo simplemente salió rápido de la habitación mientras decía “No tardo”.

La mujer volvió a sentarse junto a mí en la camilla y comenzó a acariciar mi cabeza. Su semblante ahora parecía más feliz. Solo un poco.

“Todo va a estar bien” me dijo la mujer, después de un largo suspiro y sin dejar de acariciar mi cabeza. Aunque bien podría ser que peinaba mi cabello usando sus dedos. No recuerdo con suficiente precisión.

Aunque suene extraño, las palabras de esa mujer no me tranquilizaron en absoluto, pero tampoco me pusieron alerta. No sentí nada. Incluso cuando debería estar preguntándole; o al menos preguntándome, sobre lo que estaba sucediendo, simplemente me quede en silencio viéndola. Y así permanecimos un momento.

Entonces el hombre del sofá regreso. Entro algo apurado por la puerta, acompañado de otro hombre. Uno con bata. Sin dudas era un medico. La mujer se levanto de la camilla y se acerco al médico. Hablaron un poco antes de que el médico se acercara a mí.

Fue ahí donde comencé a sentirme increíblemente mal. Al inicio no hubo problemas. El médico simplemente hizo pruebas básicas sobre mí. Sin decir ninguna palabra. Reviso mis ojos con una luz. Probó mis reflejos. Al menos eso parecía que estaba haciendo. No soy una conocedora de temas médicos. Y de pronto el tipo abrió la boca y me dirigió la palabra por primera vez.

“¿Puedes oírme?” pregunto. Que absurdo, claro que podía escucharlo. Y por eso intente responder a su pregunta. Aunque mi garganta dolía por estar tan reseca, después de toser un poco para aclararla, respondí. Pero no fue como yo esperaba.

En mi mente se formulaba perfectamente la oración “Si, puedo escucharte. ¿Quién eres?”. Pero de mi boca solo salía una débil voz que lo único que hacía era balbucear. Me avergoncé por eso y volví a intentarlo. El resultado fue el mismo. En ese momento me asuste. No entendía que estaba pasando. No podía hablar así que trate de llevar mis manos a mi boca, pero también eso me resulto difícil.

Y como si de un balde de agua fría sobre mi espalda se tratase, el miedo se apodero de mí. “¿Por qué no puedo hablar? ¿Qué le pasa a mi cuerpo? ¿Quiénes son estas personas? ¿Dónde estoy? ¿Qué está pasando?” todas esas preguntas, y más, pasaron por mi mente en un instante. Comencé a sacudir mi cuerpo por el shock, lastimándome en el proceso.

El médico actuó de inmediato, me sometió y con ello evito que me lastimara más de la cuenta. También comenzó a hablar conmigo, no recuerdo que dijo, pero sus palabras poco a poco me comenzaron a calmar. Y cuando estuve más tranquila note de nuevo al hombre del sofá y a la mujer del bolso. Estaban en shock. Ninguno de ellos sabía que hacer o cómo reaccionar. Estaban estupefactos. Debió ser un espectáculo lamentable.

***

Después de eso todo fue algo confuso. Demasiada información. Primero fueron los exámenes médicos. Y después las explicaciones. Todo eso fue difícil de digerir. Para mí fue bastante impactante. Demasiado irreal.

Respecto a mi condición el médico lo dejo claro desde el principio. Y con muy pocas palabras. “Estabas en coma hasta antes de despertar”. Así de simple. Como si no fuera algo importante. Tal vez para él no lo era. Tal vez el pasa por situaciones como esta con sus pacientes de manera regular.

También me explico que llevaba casi 3 meses en ese estado. Por lo tanto, el cuerpo débil y adolorido era normal. Después de todo pase 3 meses recostada en cama sin moverme. Aunque por lo visto pudo ser peor. Mi familia tomaba turnos para ejercitar mi cuerpo. Esa también era la razón de mi molestia en la garganta. Al no ingerir alimentos ni líquidos durante el sueño, mi garganta se sensibilizo un poco.

Al pensar en ello, en ese momento, 3 meses no me parecía tan impresionante. Ahora en retrospectiva sí que me parece algo increíble. Pero por alguna razón eso no me quito la sensación de que todo esto era irreal. Todo lo que me decían me parecía como un sueño.

Después de un par de días el médico me asigno a una enfermera para realizar terapia física y a otra para ayudarme con las terapias de lenguaje. Para ese momento ya podía hablar, pero me costaba muchísimo articular mis palabras. Decir una oración me tomaba varios segundos. Pensarla, después tratar de pronunciarla.

Y después de la primera terapia de lenguaje recibí el segundo balde de agua fría. Hasta ese momento todo parecía un sueño, así que no me había cuestionado nada realmente. Simplemente asentía a todo lo que decían y no pensaba en nada más. Podría decirse que mi realidad se limitaba solo a lo que veía y a lo que me decían.

Pero no había forma de que eso fuera así. Mi mundo creció increíblemente cuando me explicaron que la mujer del bolso y el hombre del sofá son mis padres. Incluso me presentaron a una linda niña. Se supone que ella es mi hermana menor. Saber eso también me produjo un profundo miedo y ansiedad.

Yo no reconocía a esas personas. Nunca antes había visto a la mujer del bolso. Al hombre del sofá ni siquiera me había dado el tiempo de ver su rostro detenidamente. Y esa niña, pues era la primera vez que la veía desde que desperté. No podía creer que fueran mi familia.

El miedo y la ansiedad solo habían comenzado en ese punto. Cuando pensé en que esas personan no podían ser mi familia ya que no las conocía, me derrumbe. Intente recordar a mi verdadera familia. Pero nadie vino a mi mente. Intente recordar mi hogar y tampoco tuve respuesta. Después pensé en mis amistades, en mi, mi infancia. Mi mente estaba en blanco. Fue algo bueno el no estar sola cuando eso paso.

Entre en pánico y cuando trataron de calmarme aleje a mis padres. Estaba asustada. Ellos me daban miedo. No hay forma de que un par de desconocidos sean mis padres. Una pareja de mediana edad que apenas conocí días atrás. Personas que recién ese día supe sus nombres. Personas que al ver mi comportamiento volvieron a quedar en shock. Se entristecieron.

Yo no conozco a esas personas. No se quienes son. Para mi ellos son solo la mujer del bolso y el hombre del sofá. Y aun así, cuando los vi en shock y entristecidos por lo que hice, me sentí mal por ellos. Sentí una profunda tristeza por ellos. Y también me producían una extraña sensación de que no era la primera vez que eso pasaba. Lo que llaman Déjà Vu.

Fue horrible. Mucha información junta, de manera inesperada. Más emociones de las que podía controlar en ese momento, y con una intensidad que tampoco parecía estar en mis manos. Al final fueron 5 las personas que quedaron a cargo de mí por todo eso. El médico principal, de nombre Hugo, una enfermera para mi terapia de lenguaje, una más para mi terapia física y una última para estar conmigo el resto del tiempo. También debí frecuentar a un psiquiatra desde ese momento. Este último no era constante, y a veces cambiaba de lugar con un psicólogo.

Pasaron varios días antes de que comenzara a entender y, de alguna manera, también aceptar la situación. Al comenzar estaba bastante renuente, siendo sincera. No quería tener nada que ver con todo eso. No quería ningún terapeuta, médico o persona que digiera ser mi familia. Pero al final termine cediendo.

La mujer del bolso es Rosa. Mi madre. Su apariencia era la de una mujer seria. Con esos grandes ojos café oscuro. Su pelo castaño largo, pero no demasiado, y sus siempre trajes algo ajustados pero muy formales. Daba la impresión de ser una oficinista. Aunque aún sigo sin saber a qué se dedica. No se lo he preguntado. A pesar de que esa mujer es muy atenta conmigo, también es muy estricta. No me deja llegar ni un minuto tarde a mis citas con el psiquiatra. Y si lo hago me sermonea al respecto. Su rostro siempre parece molesto cuando lo hace, pero su actitud no parece molesta del todo. Lo sé por su tono de voz. Normalmente es tranquilo y algo monótono. Pero al sermonearme lo único que cambia es como acentúa las palabras, sin alzar la voz. También está atenta a los horarios de mis medicamentos. No son muchos, pero ella no deja pasar la hora de ninguno. Es muy responsable.

No es que yo no tenga presente todo eso, es solo que esa mujer parece ser muy estricta con los horarios. Pero aunque aun me hace sentir incomoda al estar con ella, claramente se preocupa por mí. Por eso intento no decirle lo molesta que llega a ser en ocasiones. No quiero que ella se entristezca después de todo. De mis padres ella es la que está más tiempo conmigo. Asumo que no trabaja o que dejo de hacerlo porque la cantidad de tiempo que pasa en la habitación conmigo es demasiada. La mayor parte del día está en la habitación cuidando de mí y de la niña que es mi hermana menor. En ocasiones sale y tarda algo de tiempo en regresar, pero no tengo idea de a donde vaya. Imagino que sale para arreglar algún tema con los médicos o sobre la habitación misma.

El hombre del sofá es Jaime. Mi padre. Su apariencia es también seria. Tiene el cabello corto y oscuro, casi negro. Es alto y su mirada es muy afilada, incluso podría decir que es algo atemorizante. Siempre que lo veo esta vestido con traje; pero imagino que es porque solo lo veo después de que sale del trabajo. Tiene un pequeño lunar bajo el ojo izquierdo que apenas se nota. Y cuando habla su voz es profunda, pero al igual que su esposa, su tono es monótono. El no es muy hablador. Pero cuando habla siempre se muestra de buen humor.

Sin duda el es alguien ocupado. Pasa el día trabajando y solo me visita por las tardes, ya a punto de entrar la noche. Habla un poco con su esposa e hija y después se sienta a mi lado en la camilla. Entonces comienza a preguntarme por mi estado y enseguida procede a decirme como fue su día. La mayoría de las veces son quejas. Al parecer tiene una empresa propia, o al menos un negocio, porque siempre se queja de que uno u otro empleado tiene que mejorar en su trabajo. Cuando termina de quejarse me habla un poco de que ha pasado en la ciudad y los fines de semana siempre me pregunta si quiero algo para distraerme. Normalmente me trae libros, ya que nunca se que pedirle. Es una persona agradable y aunque solo se queja de su trabajo me gusta escucharlo cuando lo hace. Después de todo es muy conciso con sus palabras. Termina de hablar conmigo en media hora aproximadamente. En verdad es alguien que no habla mucho.

Aunque el está presente mucho menos tiempo, siempre que me ve se preocupa por mí, y puedo entender que habla conmigo para intentar mejorar nuestra relación.

Mi hermana menor es Ana. Es una niña encantadora. La adoro. Con ella es con la que más fácil me ha resultado crear una relación. Probablemente porque es una niña. Tiene un hermoso cabello de color castaño. Pero con un extraño tono que a veces; dependiendo de la iluminación, la hace parecer pelirroja. Su piel es clara y sus ojos iguales a los de su madre. No es muy alta, de lejos incluso parece menor por su estatura. Siempre esta sonriendo y todas las veces que la he visto lleva puesto algún vestido. Por eso es fácil reconocerla. Cabello largo y hermoso, y un vestido.

Ana es muy alegre y siempre está haciendo algo. Y no solo es jugar. Pero siempre hace algo. Jugar sola, hablar con su madre, leer, contarme cosas de ella, estudiar por su cuenta. Sin duda es una niña muy diligente. Está claro que es por lo estricta que puede llegar a ser su madre. Aun así ella es adorable. Verla revolotear por toda la habitación me pone de buen humor. Pero ella pasa mucho tiempo en la habitación. No estoy segura de si es algún periodo vacacional, pero no parece que ella asista a la escuela por ahora. Tampoco sale en absoluto de la habitación a menos que su madre se la lleve a casa. Y aunque al principio me pareció algo raro, esa niña también es del tipo de persona que no respeta mucho el espacio personal. Para ella abrazar es algo que hace con mucha frecuencia y de manera natural. Pero es tan adorable que dejo de molestarme rápidamente.

La chica del hospital es Miriam. Mi nombre. Además de eso aun se muy poco de mi misma. O de quien solía ser. Mi nombre fue lo primero que escuche de mí ya que todos se referían a mí de esa manera. También sé que soy estudiante, aunque no estoy segura de que nivel. Aun no se mi edad. Pero estoy casi segura que estudio el bachillerato.

Mi apariencia es un tema complicado. En esta habitación hay un baño completo y, por supuesto, hay un espejo. Pero siempre que me miro en él se me dificulta identificar mis rasgos. No soy capaz de reconocerme ahí. Y eso se asusta mucho. Al cabo de algunos intentos preferí desistir de verme en el espejo. Al final opte por solo imaginar cómo soy. Ana dijo que es igual a mí, así que supongo que si la imagino algo más alta debería ser suficiente. Pero eso también se me dificulta. Y eso es todo lo que se de mi.

También se que termine en coma viajando en auto junto a Rosa y Ana. Un auto nos impacto y volcamos. Yo iba en el asiento del copiloto, donde el impacto se dio, por lo que recibí el mayor daño. Aun así el accidente no fue demasiado aparatoso. Quedar en coma fue más un tema de azar. O algo así.

Entre chequeos con los médicos, algunas veces debía visitar a un neurólogo. Y entre mi medico principal, el psiquiatra, el psicólogo y el neurólogo, llegaron a la conclusión de que mi caso era una única posibilidad. Algo que llamarón Amnesia Disociativa. La causa era claramente el trauma por el impacto. Me dieron una explicación clara y extensa de lo que significaba eso, pero era algo complicado. Si tuviera que resumirlo sería que debido al accidente perdí la memoria de quién era y básicamente de todas las personas que conocía. Aunque no olvide todo. Puedo recordar con claridad, por ejemplo, las reglas del ajedrez, pero no recuerdo haber participado en ningún juego o de cuando lo aprendí. Lo mismo pasa con mi conocimiento académico. Aun lo conservo, pero no conservo los recuerdos se asistir a la escuela para adquirirlos.

Los médicos también me hablaron de toda la sintomatología propia de ese tipo de amnesia. Me aclararon que era amplia y que no siempre se tenían los mismos síntomas en todos los casos, así que tratar de generalizar era poco práctico. Básicamente cada caso de amnesia era bastante único, lo suficiente para que no exista un protocolo especifico en cómo abordarlo. En su lugar había una serie de indicaciones que podían; o no, fomentar una mejora. Y con eso, se me trato así.

De cualquier forma, a día de hoy, todo ha sido inútil. No he podido recuperar mis memorias de nadie ni de mi misma. En ocasiones tengo una sensación extraña de que ya he visto u oído de algo, pero siempre se trata de algún tema de conversación o de algún conocimiento. Nunca me ha pasado al conocer personas o estar con ellas. Pero de momento no me parece algo malo. Aun si no recupero mi memoria por mi está bien.

No me interesa si mis memorias vuelven o no. De hecho prefiero que eso no pase.

Al parecer, y según los médicos, si recupero mis memorias anteriores al accidente implicaría que todo lo que haya vivido desde que desperté seria olvidado. No es un hecho que eso pasara, pero es una posibilidad. Una muy alta de hecho. Por eso me pregunto si es algo bueno recuperar mis memorias. Me parece algo triste pensar que si recupero mis memorias anteriores, las memorias que estoy haciendo ahora dejen de existir. Es casi como si fuera a morir. Al menos así me lo parece.

Por supuesto esas no son malas noticias para todos. De manera general se podría decir que solo son malas noticias para mí. Jaime, Rosa e incluso Ana parecen querer que recupere mis memorias. A mis padres parece no importarles mucho si la yo actual deja o no de existir siempre y cuando la yo anterior regrese. Mi hermana por otro lado no parece entender del todo lo que eso significa. Pero tampoco se lo he intentado explicar. Es adorable y siempre está de buen humor. Odiaría ser yo quien la ponga triste o quien la haga pasar un mal rato. Aunque supongo que si se lo explico para ella sea más agradable recuperar a su hermana. A la hermana que ella recuerda y quiere.

***

Después de todo lo que paso al despertar vino un periodo que podría definir como complicado. Mi día a día era tranquilo y sin muchos apuros realmente. Pero relacionarme con las personas era cada vez más complicado.

La enfermera que se me asigno para estar conmigo de manera permanente fue desplazada al poco tiempo. Después de todo Rosa se quedaba a mi lado y me atendía diligentemente en todo momento. Sin descanso. Aunque para ella no parecía ser una carga.

La enfermera encargada de ayudarme con mis terapias físicas al poco tiempo también dejo de ir a mi habitación. Al principio ella me visitaba y me ayudaba con algunos ejercicios para elongar mis músculos. Después me montaba en una silla de ruedas y me llevaba hasta el área designada en el hospital para hacer ejercicios de rehabilitación física. Ahí podíamos pasar más de una hora haciendo ejercicios sencillos.

Lo cierto es que no pase demasiado tiempo en cama y hasta donde sé, tanto Rosa como Jaime se turnaban para ejercitar mi cuerpo mientras estaba en coma. Así que al cabo de una semana; quizá un poco más, ya podía caminar bien y había recuperado la fuerza en mi cuerpo. Así que también dejo de visitarme. Aunque seguía asistiendo a la zona de rehabilitación física para que ella me hiciera ejercitar.

La terapia de lenguaje fue más lenta, pero no fue tan mala. Tarde cerca de dos semanas antes de sentirme cómoda con mi forma de hablar. Antes de eso me parecía que sonaba muy rara y me disgustaba mucho. Me hacía perder la confianza. Además me pasaba algo que no tenía que ver con un tema físico. En muchas ocasiones había palabras que quería usar y sabía cuales eran, pero no podía externarlas. Era muy raro. Pero una vez que mi pronunciación fue normal, la terapia de lenguaje fue reducida a una sesión a la semana.

Con el psiquiatra también fue todo muy rápido. Cuando el neurólogo y el psiquiatra llegaron a una conclusión de mi situación, se opto rápidamente por convertir mis visitas con ambos en solo chequeos rutinarios para monitorear mi progreso. En su lugar, las visitas ahora eran con un psicólogo. Dos veces por semana. Dichas visitas de verdad me están ayudando. Espero no tener que dejar esas visitas pronto.

Tanto el médico que atendía mi caso de manera personal; Hugo, como el psicólogo, decidieron que lo mejor para mí era exponerme a todo lo que no recuerdo de manera lenta, pero constante. Así que hasta que ellos tomaron esa decisión yo no tenía acceso a nada que hablara del mundo exterior. Aunque para ser sincera hasta ese punto tampoco lo había notado. Fue poco después de eso que Jaime empezó a contarme su día a día y a comentar que cambios tenia la ciudad.

Por supuesto yo no tenía recuerdos de la ciudad, así que todo lo que me decía Jaime era para mí más un ejercicio de imaginación que uno de memoria. También fue ese momento donde Jaime comenzó a traerme libros. De alguna manera mi capacidad para leer no se vio afectada por el coma, así que podía leer tranquilamente. Aunque al no tener nada más que hacer, devoraba esos libros rápidamente. Aun así eran una buena fuente de entretenimiento.

Al cabo de un mes aproximadamente, mi médico le dijo a Jaime y Rosa que debíamos dejar la habitación ya que yo no estaba más en una situación delicada. Aparentemente esa es la función de la habitación en la que estaba. Pero no hubo mucho problema. El hospital en el que estábamos era bastante grande, y también contaba con habitaciones las cuales podías ocupar para enfermos de cualquier naturaleza ya que debías pagar una cantidad para poder ocuparlas.

Fue entonces cuando termine en mi habitación actual. Una habitación que no solo era más grande, también estaba mucho mejor decorada y ya incluía una pequeña cama para visitas, un sofá que podía convertirse en cama de ser necesario, un librero e incluso una televisión y un escritorio. Todo era mucho mejor que en la habitación anterior. Incluso podía decirse que esta nueva habitación tiene un aspecto más hogareño. Ya no parece que estemos en un hospital. Incluso la vista por la ventana es bastante buena. Me pregunto cuánto costara esta habitación.

Lo normal sería que Jaime y Rosa simplemente me llevaran de regreso a su hogar, pero parece ser que se están tomando muy enserio lo de exponerme de manera lenta a estímulos que puedan ayudarme con mi problema de amnesia. Y no los culpo, ya he tenido un par de ataques leyendo notas de actualidad en algunas revistas que había en la habitación anterior. No sabría describirlo, pero fue como si leer esas cosas me hiciera sentir muy ansiosa.

Aun así mi médico y psicólogo creían que ya siendo un mes bien podría comenzar a entrar en contacto con más personas. Otros miembros de mi familia, incluso algunos conocidos o compañeros de la escuela de haberlos. Eso me asustaba mucho, pero también me emocionaba. El hecho de conocer a más personas me parecía algo que de verdad quería hacer. Pero temía la reacción que tuvieran al enterarse de que yo no soy la Miriam que ellos recuerdan.

Después de pasar a la nueva habitación tuvo que pasar una semana más antes de que Rosa decidiera aceptar visitas. No sé realmente porque ella fue tan renuente a eso, pero siempre que se trata de mí, parece tener muchas reservas para actuar. Podría ser solo mi percepción de las cosas, pero diría que no actúa así con nadie más. Llegue a pensar que quizá tiene miedo de que algo más me pase. Ya que ella conducía el auto, seguramente también se siente culpable por lo que paso.

22 de Diciembre de 2021 a las 00:16 0 Reporte Insertar Seguir historia
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