Camino de la Gloria Seguir historia

u28195 Kaxandra Vaz

Con a penas diecisiete años y un par de sencillos vendidos Alexis Armitage tenía la vida resuelta; era la nueva diva del pop juvenil y ya había amasado una fortuna cercana a los veinte millones de dólares, su imagen ocupaba las portadas de diversas revistas de moda y espectáculos y gozaba además de una costosa vida al lado de su novio Phil, dos años mayor e hijo del corrupto Philip Claw, político influyente del partido conservador, en el lujoso penthouse del éste. Pero Alexis guardaba un pequeño secreto que ni siquiera su novio sabía: es un chico.


Drama No para niños menores de 13.

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Alexis Armitage.

Con apenas diecisiete años y un par de sencillos vendidos Alexis Armitage tenía la vida resuelta; era la nueva diva del pop juvenil y ya había amasado una fortuna cercana a los veinte millones de dólares, su imagen ocupaba las portadas de diversas revistas de moda y espectáculos y gozaba además de una costosa vida al lado de su novio Phil, dos años mayor e hijo del corrupto Philip Claw, político influyente del partido conservador, en el lujoso penthouse del éste.

Pero Alexis guardaba un pequeño secreto que ni siquiera su novio sabía: es un chico.

¡Te volviste a escapar!, –le recriminó su novio aquella fría noche de invierno, ¿te das cuenta de lo que estás poniendo en riesgo?, no sólo tu vida sino también la campaña de papá.

Ella se encogió de hombros refunfuñando, se encendió un cigarrillo e intentó no mirarlo a los ojos mientras él continuaba reprendiéndola, exhaló el humo.

Todo comenzó una calurosa tarde de domingo cuando el pequeño Alexis, de diez años de edad, jugaba al béisbol con amigos en un parque local, fue entonces, cuando en un home run, la pelota llegó demasiado lejos, hasta sobrepasar la reja negra de una propiedad.

Se infiltró a regañadientes a causa de la presión de sus amigos, se subió primero a la barda de pedregal, se coló en medio de los barrotes y saltó hacia un arbusto que amortiguó su caída, había muchos árboles que ocultaban lo que parecía ser una vivienda, el niño exploró el lugar sin éxito, desapareciendo entre el espeso bosque del interior, finalmente, luego de una ardua e infructuosa búsqueda dio con una ventana rota; se temió lo peor, incluso pensó en desistir, no obstante, sus amigos no estarían muy contentos con su cobardía pues la pelota estaba autografiada.

Retrocedió algunos pasos para coger impulso, la ventana era alta, saltó apenas colgándose de ésta mas sus débiles brazos no le permitieron subir, se soltó cayendo sobre su trasero, era obvio que jamás podría entrar, jamás por ahí, pues la caída le había mostrado otra ventana, bastante pequeña pero más accesible, que daba hacia el sótano de la edificación, difícilmente cupo por ahí, caminó hasta la escalera del fondo por aquel cuarto polvoriento, subió por ella y abrió la puerta en silencio hacia una casa amplia y bonita, con piso de loseta y techo de tirol, una impecable cocina, paredes llenas de fotografías y pinturas en un precioso comedor, dio entonces con una acogedora sala donde estaba la pelota, que en su legendaria trayectoria había pasado a estropear un florero. Corrió hacia ella con premura, se llevó el susto de su vida cuando al alzar levemente la vista sus ojos se cruzaron con los de una señora.

Era una dama elegante, cuarentona, alta y huesuda, de vestido negro, que hablaba por teléfono mientras alzaba los despojos del jarrón. Al ver al pequeño Alexis tan sólo se despidió de la persona al otro lado de la línea:

Te llamo luego, –y colgó.

Alexis salió huyendo a toda prisa, mas los rápidos reflejos de la mujer pronto le prendieron por la muñeca.

Espera, le detuvo ella, déjame verte mejor.

Lo tomó por ambas manos, le giró la cabeza, examinó su cara afilada, sus pequeños hombros, sus delicados brazos, sus finas piernas, sus delgados tobillos, se alejó de él un poco llevándose la mano a la barbilla, hizo una mueca mientras giraba la cabeza hacia un lado, bajó los brazos…

¡Guau!, musitó la mujer enarcando las cejas.

Pero el aterrado niño no entendía qué era lo que estaba pasando, se quedó paralizado ante el silencio de la dama.

Supongo que vienes por esto, declaró ella alzando la pelota de béisbol.

El niño extendió la mano mas la mujer escondió la bola tras de sí:

¿No vas a decir nada al respecto? –preguntó la mujer.

Lo lamento, –declaró el niño agachando la mirada.

Y crees que tus disculpas van a reponer mi florero, o mi cristal, –contestó la mujer con un ademán de sarcasmo.

Disculpe, –informó asustado, –es que... no tengo dinero.

Eso ya lo vi, –barrió al niño con la mirada, –estaba pensando que, si no quieres que llame a la policía, quizá quieras llegar a un acuerdo.

La dama sonrió burlonamente sin ocultar su desdén.

¿A un acuerdo?, –titubeó él.

Necesito que te pruebes algo, –explicó ella echándose sobre uno de los sofás.

¿Probarme?

La dama cruzó la pierna.

Verás, –colocó algunas revistas sobre la mesita de centro que comenzó a hojear, –dirijo una pequeña firma de ropa para niñas y adolescentes, por el momento nos encontramos trabajando en nuestra colección primavera-verano y...

Alexis tragó saliva.

–… necesitamos modelos, –añadió ella mostrándole la fotografía de una chica con un muy bonito vestido blanco con una flor de olanes en el hombro izquierdo.

¡Qué!, ¡de ninguna manera me pondré un vestido!, –protestó él con furia.

Mira pequeño pillastre, –objetó la mujer mirándolo a los ojos, –allanaste mi casa, destruiste un carísimo jarrón y uno de mis ventanales, tienes dos maneras de salir de aquí: una es después de haberte probado el vestido, la otra, escoltado por un oficial.

El niño apretó los puños con impotencia, era evidente que la mujer quería ridiculizarlo, humillarlo, pero quería terminar con eso, bajó la mirada:

¿Qué tengo que usar?, –dijo en voz más baja.

No tan rápido, –apuró ella, –¿ya te viste?, estás espantoso, no voy a que pongas las manos sobre la ropa así, deberás tomar un baño antes.

Alexis entró a la regadera, el agua era tibia y agradable, sin más el niño comenzó a lavarse el cabello y a frotarse el jabón.

Y por favor, lávate bien los tobillos y los codos, –le gritó la mujer desde afuera, –los tienes muy percudidos.

Sí, ya oí, –reprochó él.

Salió del baño con la toalla atada a la cintura, caminó hacia detrás de un biombo donde se vistió él mismo con unas bragas con encajes que la mujer le indicó y un vestido strapless que la mujer posteriormente le ayudó a cerrar de atrás, le hizo un peinado coqueto y procedió a aplicarle un maquillaje discreto, le entregó después un par de sandalias blancas de tacón bajito que el niño colocó en sus pies.

Te ves bien, –le indicó ella acomodando uno de los reflectores, –párate ahí.

¿Va a tomarme fotos?, –apuró el niño angustiado.

Eres modelo, –le explicó ella preparando la cámara.

El niño avanzó refunfuñando, el rostro del chiquillo permaneció serio, completamente inmóvil, a lo que la mujer bajó la cámara e hizo un gesto de desacuerdo ante la actitud insolente del mocoso:

Pareces enojado, –observó ella, –necesito una expresión más neutral.

Mas el niño sólo la miro con rencor.

Creo que llamaré a la policía, –amenazó ella.

¡No!, –suplicó él, respiró hondamente intentando tranquilizarse, entonces mostró hacia la cámara el rostro más apacible que pudo proyectar.

¡Mucho mejor!, –exclamó ella sacando la primera fotografía, –ahora de perfil.

Le habrá sacado una docena de fotos en diferentes poses:

Por hoy está bien, –comentó la señora ofreciéndole una toallita para desmaquillarse, –ya puedes irte.

El niño apresuró a cambiarse de ropa, se estaba colocando de nuevo sus viejas bermudas cuando la elegante dama cogió la pelota de béisbol:

Me quedaré con esto, –agregó, –en prenda de que volverás.

¡Pero hice todo lo que me pidió!, –protestó Alexis traicionado, –¡me mintió!

Dije que podrías irte, –aclaró ella, –no que tu deuda estaría saldada.

Le acompañó hasta la puerta de la reja:

Te espero mañana, ¿de acuerdo?

El niño se marchó sin despedirse, miró hacia todas partes una vez fuera pero estaba solo, era ya muy tarde y sus amigos se habían ido. Volvió a su casa, un vetusto remolque a medio desvalijar en un lote baldío, con su madre, una golfa alcohólica y adicta a la cocaína:

Volví, –saludó él a su madre, no obstante la ebria mujer a penas se levantó y sin más se volvió a dormir, dónde había estado su hijo o por qué había llegado tan tarde no parecía ser importante, así, el niño se fue a dormir en silencio.

Al día siguiente, en la escuela, el enorme gordo abordó a Alexis de una manera no muy diplomática, le sujetó por la camisa y lo empujó contra una de las paredes del pasillo.

¡Mi pelota!, –le exigió.

Es que… –titubeó Alexis.

El gordo lo sacudió, pero al ver que uno de los profesores se encontraba cerca lo soltó rápidamente y se alejó:

Mi pelota, –le señaló una vez más con el dedo antes de retirarse.

Las clases terminaron y Alexis, a raíz de las amenazas de su obeso compañero no tuvo más opción que acudir de nuevo al domicilió de la elegante dama, tocó el timbre y una voz habló por el interfón:

Soy yo, –se identificó él, un zumbido se oyó en la puerta y el niño la empujó, avanzó por el camino empedrado hasta la puerta de madera donde la mujer le recibió.

Pasa, –le indicó llevándolo hasta la sala, el pequeño Alexis notó de inmediato que algo había cambiado, había desaparecido esa actitud desagradable y prepotente del día de ayer, en su lugar había una mujer amable, no muy expresiva, que le ofreció té helado:

Les gustaron tus fotos, –comentó ella sacando la laptop de su bolso.

Al comienzo pensó que la mujer bromeaba, ¿a quién podrían gustarle las fotos de un marica?, sin embargo, cuando ella abrió el portátil y él pudo ver las fotografías se llevó una agridulce sorpresa, en efecto, las fotografías eran suyas pero en ellas había sólo una jovencita, hermosa y adorable, de la que inevitablemente se enamoró. Pero no había venido a eso, intentó ocultar su asombro:

Hoy me pidieron la pelota, –interrumpió él.

La cuarentona asintió y estirándose hacia un cajón la sacó de allí, la miró por unos segundos pensativa.

Quiero que vuelvas a venir, –contestó, –será una vez nada más.

¡Qué! –exasperó el niño.

No hay muchas personas que puedan ser modelos, y tú eres una de esas pocas, no tienes idea de cuántas niñas quisieran tener una oportunidad así, te estoy ofreciendo la posibilidad de hacer algo mejor con tu vida, mejor que pasar todo el día en la calle con ese montón maleantes, sólo te pido un día, si no te gusta no insistiré, y obviamente voy a pagarte.

La mujer le acercó la pelota y el niño la tomó sin reparo; era cierto que Alexis a ratos soñaba con una vida de rico, con coches caros y viviendo en una mansión grande, o viajando por el mundo, lejos de la pocilga donde le había tocado crecer, lo que la dama le estaba ofreciendo no era eso pero prometía ser un buen comienzo, no obstante rechazó la oferta que ella le planteó:

Yo no soy niña, –objetó.

Está bien, –repuso la mujer, –me hubiera gustado que aceptaras, de todos modos sabes dónde buscarme si cambias de parecer.

Se despidieron de nuevo en la puerta:

¿Puedo saber tu nombre?, –preguntó ella.

Alexis, –refunfuñó.

Hasta luego, Alexis, –dijo ella, –espero volver a verte.

Adiós señora…

Armitage, –respondió la mujer.

En los días posteriores el niño volvió a su vida ordinaria, al vandalismo con sus amigos y a los partidos callejeros de béisbol, a ratos recordaba la imagen de la bella y delicada princesa que había visto aquella vez en la pantalla del ordenador, y que el tiempo gradualmente le borró.

26 de Agosto de 2017 a las 02:41 0 Reporte Insertar 2
Continuará…

Conoce al autor

Kaxandra Vaz Soy Casandra, 29 años, mexicana, soltera y quiero ser una chica. ¿Soy gay?, quizá, no me gustan los hombres pero debo admitir que me dan un poco de morbo. Me gustan las chicas, me gustan tanto que quiero ser como ellas. Soy una pervertida, me gusta mucho imaginar y odio a la gente que no tiene algo interesante que decir, soy antifeminista, atea, elitista, romántica y sobre todo, escritora en mi tiempo libre.

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