Una ilusión que se estremece Seguir historia

roxanab Roxana B. Rodriguez

Comienza después de la doceava temporada. Marie Jeanne es una bruja que busca a Castiel. Y con ella, se revelerán muchos secretos del ángel.


Fanfiction No para niños menores de 13. © roxanab

#Temporada 13 #Spoilers #CastielxOC #Jack #Supernatural #Castiel #Bruja #Nephilim #Lucifer #Sam Winchester #Dean Winchester #Romance #Drama
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Capítulo 1

Estaba justo donde le había dicho que iba a hallarlo. Se bajó del Jeep Cherokee y halló la puerta. Fue sólo un hechizo el que utilizó y logró abrir la cerradura. Era obvio, considerando que era una bruja excepcional y con cientos de años encima, una simple cerradura humana no era algo que ella viera como un obstáculo. Aunque eso la delató, ya que la puerta tenía un peculiar sonido que repiqueteaba en todo el bunker al abrirse y ya la esperaban en la planta baja.


—Eso no es un rival para mí —señaló las armas mientras bajaba las escaleras— no se preocupen, seré breve, sólo quiero saber una cosa —se paseó por la sala hasta llegar a la mesa y apoyarse en ella para finalmente, ver a los muchachos bajar las armas pero con esas caras de pocos amigos tan características de ellos. No era para menos cuando una mujer se metía en el bunker con semejante facilidad.


—¿Qué quieres? —Dean preguntó serio.


—¿Quién eres? —Sam tenía otras prioridades, mirándose y haciendo que ella rodara los ojos.


—Es justo, llegué sin invitación —cruzó las piernas y sonrió— soy la novia de Castiel: Marie Jeanne Gevaudan. Quiero saber dónde está. Me dejó desde el rollo del hijo de Lucifer y no he vuelto a saber de él desde entonces. Me preocupa —era sincera al hablar de ello. Castiel había dicho que regresaría pronto y ella un lo seguía esperando sin noticias de él.


—¿Su novia? Imposible, Cass me lo habría dicho —Dean no le creía una sola palabra y estaba enojado al saber que el nombre de su amigo era usado para conseguir información.


—¿Por qué recién ahora apareces? —Preguntó Sam que tampoco podía llevar bien esa historia.


Ella dio un respingo y se puso a caminar, dejando la yema de sus dedos sobre la mesa y recorriendo los bordes de la misma.


—Yo se lo pedí. No es que me fascinen los cazadores. Y Cass los quiere mucho a ustedes, pero su fama los precede. Si estoy aquí es porque se me han agotado las opciones —se detuvo y enfocó su mirada en ellos, pasando la palma de su mano contra sus dedos, como limpiándoselos. Esperaba, pero estaba impaciente.


Sam tragó saliva y miró a Dean, quién negó con la cabeza y volvió a concentrarse en ella.


Marie Jeanne era una mujer esplendida. Desde su cabellera roja y larga, hasta debajo de la media espalda, las pecas que le daban un toque inocente a su mirar y sus brillantes ojos azules, que parecían ser capaces de ahogarte si la mirabas demasiado, como si fueran un mar profundo y hechizante. La nariz fina y los labios carnosos pintados de rojo carmesí que los invitaban a hablarles exactamente de lo que ella quería. Ni que decir de su cuerpo. Ninguno podía negar que era sabia al elegir qué vestir y cómo destacar sin enseñar más que lo necesario. Apenas una blusa celeste con un tímido escote, los jeans negros, botas a tono y una torera que combinaba el conjunto perfectamente.


—¿Y? ¿Van a empezar a formular una oración o seguirán intercalando miradas entre ustedes? —Estaba impaciente y preocupada. Quizás, había sido un error recurrir a ellos, pues, no parecían dispuestos a ayudarla en lo más mínimo.


—Castiel está muerto —Jack que había estado escuchando se adelantó a darle la información mientras Dean lo regañaba con la mirada sin que él pudiera entender.


Marie Jeanne volteó lentamente, como si escuchar aquello hubiese producido que sus músculos se entumecieran de golpe. Se acomodó el cabello detrás de las orejas y miró a Jack con una sonrisa incrédula.


—Es una broma ¿verdad? —Miró a los Winchester y volvió a Jack— No me quieren aquí y lo entiendo, pero…


—Marie Jeanne, es cierto —la interrumpió Sam con el dolor de confirmar eso en su voz.


—Es broma ¿no? Cass… —su expresión perdió certeza hasta volverse más angustiosa. Toda la seguridad con la que había entrado antes, se desvaneció y hasta Sam reaccionó acercándole la silla para que se sentara y procesara todo el asunto ahora que veía a la mujer tan débil.


—¿También conociste a mi padre? —Intervino Jack.


—¿Tu padre? ¿Cómo? Castiel no tenía hijos —estaba confundiéndose. Ella no entendía nada y buscó en los muchachos una respuesta a la pregunta que no formuló.


Le explicaron que él era el hijo de Lucifer y que había elegido a Castiel como su padre en vez de a Lucifer.


Marie Jeanne se sintió peor todavía. Había comenzado todo por él y ahora… tenía unas ganas terribles de golpear a alguien, de llorar a mares y desaparecer hasta que el nudo en la garganta se fuera disolviendo y dejara de doler todo.


—Jack, ve por agua —le ordenó Sam mientras Dean tomaba asiento en la mesa.


—No hace falta —se limpió los ojos con las palmas de las manos— yo ya me voy. No te preocupes, Jack. Gracias por su tiempo —y sin darles tiempo a nada, salió a toda prisa del bunker y subió al Jeep. Pero ni si quiera pudo poner la llave en el contacto, largándose a llorar sobre el volante.


Se había olvidado de todo en ese momento, tan sólo, quería desahogarse y no conocía otra forma de hacerlo. Y en la soledad del Jeep, parecía estar bien. Más, el golpe en la ventanilla la hizo saltar del asiento, bajando el vidrio y encontrándose con Sam del otro lado. Se corrió las lágrimas rápidamente y carraspeó intentando que no se notara que había estado llorando en un vano esfuerzo. Le preguntó si necesitaba algo.


—Mira, sé que nos conocemos poco y que esto va a sonar raro, pero quizás deberías quedarte un momento. Estás pasando por algo difícil.


Ella asintió y abrió la puerta de copiloto. No iba a ir a ningún lado, pero si era cosa de charlar, podía con ello.


—Vi a Cass por ultima vez cuando dormimos juntos. Estaba con esa tal Kelly, dispuesto a recuperar sus alas y a matar al nephilim. Me dijo que volvería a verme en unos días, a más tardar, que llegaría el domingo. Y no volvió. Agoté todas mis opciones antes de venir aquí y —miró al frente ahogando lo más que pudiera su llanto, algo que era sumamente difícil y lo fue mucho más cuando Sam puso una mano en su hombro y la abrazó. Ya no hubo quien la contuviera en ese entonces, ya solo debía dejarlo salir.


******


—Gracias —dijo ella sin animarse a levantar la vista al tener los ojos hinchados y la nariz enrojecida, sin contar los caminos de las lágrimas secas en sus mejillas. Era un desastre, literalmente.


Se incorporó en el asiento e hizo su cabello hacia atrás recitando tan solo una palabra:


—Rillëwe —y su rostro volvió a verse a la perfección, como si una capa de maquillaje fuera capaz de borrar absolutamente todo lo que había pasado antes.


—Eres una…


—¿Bruja? Sí, de las mejores —advirtió recobrando un poco de la confianza que antes había mostrado.


—¿Y Castiel…


—Sí, lo sabía. Nos conocimos en un caso que ambos perseguíamos —y se rio— era bastante tonto. Apenas podía acomodarse a la vida de un humano—.


—¿Lo conociste cuando Castiel cayó?


—Lo conocí cuando era un pordiosero que no sabía cómo encajar. No era humano, tampoco ángel, sino, un ángel sin gracia. Fue difícil para él.


Sam lo recordaba, fue por ese entonces que estaba poseído por el ángel que tuvo que recibir ayuda de Crowley para poder volver.


Lo que le importaba ahora es que conocía a una bruja que tenía relación con Castiel, eso iba a poder servirles.


—Te sonara loco esto que te voy a pedir ¿Qué tanto sabes interpretar magia antigua?


—¿Qué tan antigua?


—El libro de los condenados.


Escuchar ese nombre fue como si el alma se le hubiese escapado del cuerpo y vuelto a ingresar a él. Formó una sonrisa incrédula en sus labios colocando las manos en el volante.


—¿Qué?


—Cass me dijo una vez, que ustedes eran especiales. Los quería mucho, tanto que era capaz de dar su vida por ustedes. Lo entiendo un poco —expresó con duda lo último— que hayan conseguido algo que es casi mítico para nosotros es un mérito que les doy.


—¿Crees poder que vas a poder ayudarnos? —Insistió Sam. Era la novia de Castiel y estaban en una situación en la que no les quedaban esperanzas ¿qué podían perder? Nada, ya habían perdido todo lo que podían perder, así que arriesgarse a que la bruja los ayudara no era nada. O al menos, eso esperaba.

24 de Diciembre de 2017 a las 22:05 0 Reporte Insertar 0
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