El jardín de las Sombras Seguir historia

alanismt16 Alanis M.T.

‘’Había cosas que aún no comprendía, emociones que aún no sentía, sin embargo, jamás hubiese imaginado la forma en que todo aquello que nunca tuve, llegaría a mí. ’’ En una noche singular y distinta a todas, una joven ordinaria de ciudad, descubrirá que el mundo a su alrededor, no es lo que pensaba.


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#Lluvia #Sombras #Horror #HistoriaCorta
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El jardín de las Sombras

~ 1 ~

Una fría y desolada noche de otoño, me preparaba para salir de casa con ocasión de visitar a mis padres, más algo extraño había sucedido en mi morada e ignoraba si en otros hogares también; la luz se había esfumado por completo. Mostraba aquello cierto inconveniente para mí, más no del todo pues esa noche no la pasaría sola como era de costumbre en mi rutinaria vida.

Sin embargo, la desaparición momentánea de la luz no era, ni estaba cerca de ser la mayor contrariedad de la insólita noche.

Al bajar las escaleras advertí que las paredes habían perdido color y la humedad y musgo las revestían de suelos a techo; y aun así, pasé aquel hecho por desapercibido, pues el tiempo corría velozmente y la hora en que debía encontrarme en casa de mis padres se pasaba, por lo tanto, bajé y llegué hasta mi sala, donde me percaté de algo aún más raro, los muebles habían desaparecido, paredes y pisos lucían tan tristes y sombríos, mi casa se había transformado en un edificio vacío, sucio y abandonado como lo que solía ser hace muchos años. Un montón de escombros, humedad y polvo. Un edificio en obra negra.

Por más extraño e ilógico que pueda parecer, aquella arcana y excepcional noche yo no tenía interés ni atención en nada más que no fuese llegar a mi antigua casa. Y por lo mismo, salí restándole relevancia a los extraños sucesos, de alguna inexplicable manera nada importaba, tenía un objetivo y no sucumbiría ante nada ni nadie hasta haberlo conseguido.

No obstante, la noche parecía empeñada en desviarme de mi destino, a cada paso que daba, un nuevo obstáculo se presentaba. Sin embargo, como las abejas a la miel, como la atracción de dos polos opuestos y como el mayor defecto humano del deseo a lo prohibido; yo propuesta sin duda alguna, hechizada por algo más poderoso, algo que no conocía, seguí sin pensar ni reflexionar, evadiendo todos mis óbices.


~ 2 ~

Continuando mi camino, justo al salir de casa me topé con alguien; un hombre de imponente altura, cabello negro como el ébano, piel tan blanca como la leche y ojos tan oscuros como reluciente obsidiana, características que formaban a un ser lúgubre que semejaba ser más la sombra que el ser humano, o en todo caso, el cuerpo sin alma. István, un hombre a quién había conocido anteriormente, seis años atrás para ser exacta, cuando yo tenía 16, solía ser un chico de cabello dorado, ojos brillantes y piel rosada. Y ahora que le veía involucrado en mi vida una vez más pues se había mudado precisamente aquel día a la cuadra, ya no era ese joven alegre, sino una encarnación de la mismísima muerte. Viviendo en una pequeña casa de peculiaridad antigua, un diminuto jardín al frente adornado con nada más que hierbas secas y carbonizadas, la casa era de color azul y gris tan triste y lóbrega, con una verja endeble al frente, pretendiendo asegurar la protección del deprimente hogar. Ese hombre de ahora 27 años, habitaba ahí y al verme pasar saludó con una blanca y huesuda mano, un imperceptible esbozo de media sonrisa y finalmente siguió su camino con la cabeza gacha y la espalda encorvada, obligado a caminar así por su descomunal altura, cubriendo su siniestro rostro con una oscura capucha.

Me pareció raro ver que por primera vez desde que nos habíamos convertido en vecinos, reparase en mi presencia y aún más, que se dignase a dedicarme un saludo y una mirada. Empero, desestimando su relevancia, le obsequié un gesto más alegre, visualizando en mi mente al chico alegre que seis años atrás había conocido.

Entonces continué mi camino.


~ 3 ~

A cada paso que daba, el frío se hacía más notable, pronto la lluvia se dejó cernir sobre mi cuerpo, una brizna que aun al ser tan delicada estaba logrando mojar mi cabello y mi vestimenta. De pronto al levantar la cara vi que la ciudad había perdido la luz al igual que mi casa, era una noche singular, el silencio reinaba por las calles y la oscuridad se extendía por todas partes como una sábana pesada e impenetrable.

Temí por primera vez a la soledad, así que decidí continuar mi travesía por una de las avenidas más transitadas de la pequeña ciudad que con el paso de los años habíase vuelto fantasma. Caminé colina abajo por toda la vía con los brazos cruzados en un vano intento de preservar el calor dentro de mi cuerpo. Cuando al llegar al final de tal avenida me vi forzada a cruzar, pero en medio de la noche, del caos de la faltante luz y de la espesa oscuridad, la avenida se había convertido en un río caudaloso de autos guiados por conductores estresados y asustados debido a la carente habilidad de ver en la opacidad de la noche, y aunque sus faros aun servían, su luz había perdido intensidad, encaminados únicamente por el ambarino brillo intermitente del semáforo.

Así pues, procuré cruzar con el mayor cuidado, pero mi vida en esos momentos no dependía sólo de mí; las personas resonaban el claxon una y otra vez fuertemente como si eso fuese a devolverles la luz perdida.

Mi corazón acelerado hacía que mis oídos no pudiesen escuchar más que sus estruendosos latidos, palpitaba tan enérgicamente que me ahogaba con cada pulsada; la lluvia me impedía ver, mis latidos me impedían escuchar y mi raudo corazón me impedía respirar, pero aun así debía, debía llegar a casa. Crucé aun sabiendo que no tenía dispuestos mis cinco sentidos, corrí desesperada temiendo resbalar por la lluvia y ser aplastada por un auto veloz conducido por un alma desubicada que sólo deseaba llegar a su destino.

Me encontraba en la mitad de la enorme avenida cuando un auto se salió de control y velozmente se dirigía hacia mí, el frío era tan intenso que mi cuerpo no reaccionó correctamente al peligro frente a mis ojos, el único instinto que en ese momento mi inútil cuerpo pudo realizar fue llevar mis brazos hacia mi cara como si eso pudiese salvarme de la súbita muerte que venía indiscutiblemente hacia mí, cuando repentinamente alguien desde el otro lado me jaló fuertemente de un brazo hasta la otra acera.

Librándome así, de una desastrosa tragedia.


~ 4 ~

Para mi sorpresa, mi lúgubre amigo me había salvado de una muerte inminente, sin decir una palabra y haciendo un ademán que fácilmente comprendí me guío varios edificios más adelante donde su madre vivía, quería que la viese de nuevo.

Aun recordaba a la madre de István, una mujer alta de imponente aspecto, de definidas pero delicadas facciones, su cabello brillaba como el oro mismo, sus ojos reflejaban fuerza, poder y astucia, siempre se le veía con los vestidos más hermosos e impresionantes que denotaban elegancia y su piel era tan tersa que rumores corrían afirmado que la dama era un ser de otro mundo, la mujer de piel de porcelana.

Más al llegar a la casa, la cual tenía una reja en frente al igual que la casa de su hijo, aunque más grande y gruesa, aquella mujer solemne se había convertido en un cadáver viviente, su piel de porcelana era ahora como tela arrebujada, delgada y grisácea, sus ojos eran oscuros y melancólicos con enormes ojeras negras circundándolos, un sucio y desgastado pañuelo fuertemente oprimido sostenía su antes dorado cabello que ahora blanco, desvaído, opaco. Sus esqueléticas manos se aferraban a los barrotes de la verja como si al soltarlos fuese a dejar su vida ir con ellos, rodeada de esqueletos de plantas y animales tan muertos como su alma, lo únicos seres vivos que aun la acompañaban eran aves rapaces que sobrevolaban la cima de la casa en silencio funerario, a la espera de su deceso.

Su antes temible aspecto de fortaleza y supremacía, se había transformado en otro aún más temible, pero no por su feracidad sino porque esa dama, ángel espectral, era ahora uno de los engendros mismos del infierno, temeroso y cobarde, maltratada por la vida y despreciada por la muerte.

En su inútil intento de hablar comenzó a toser tan fuerte que temí sus pulmones pudiesen ser expulsados por su boca en cualquier instante; su hijo se vio forzado a llevarla dentro de la casa, volteando hacia la reja donde aún yo le veía arrastrar lo que quedaba de su madre, un enervante occiso que por milagro del cielo o castigo del averno, aún seguía con vida. Dediqué a István una mirada compasiva y él me devolvió un sórdido gesto, aún bajo la tristeza y decepción, a pesar de su transformación, su rostro seguía siendo tan airoso como le recordaba. Pero en sus ojos, justo como se afirma, son las ventanas del alma, podía observar perfectamente que aquel ser generoso y atento se había ido hacía ya mucho tiempo. Para convertirse en ese soberbio espectro.

Dejando atrás la imagen de mi pasado, esfumado por la desdicha y consumido por la desgracia, retomé el camino hacía mi destino. 


~ 5 ~

La lluvia se había intensificado y la travesía aún era vasta para ir andando. El viento soplaba tan fuerte que parecía querer arrancar cada casa, edificio y construcción desde sus cimientos, la oscuridad no tenía piedad ante nadie y la bella luna había sido apagada por las negras nubes que parecían jamás querer abandonar nuestra ciudad, no se divisaba estrella alguna en el fúnebre firmamento.

Así pues caminé, troté, corrí hasta llegar a la casa de mis padres.

Mi antigua vivienda que se había convertido en un tenebroso hospital, que a capricho de mi abuelo como condición de ser tal casa legada a mi padre, debía transformarse en un sanatorio.

El primer piso del que algún día fue mi hogar seguía siendo el mismo, puertas de madera de caoba, pisos de mármol blanco, paredes de cantera pulida y mesas de cristal decoradas con jarrones arcaicos y flores rutilantes. Pero a medida que subía por las escaleras, los niveles se volvían sucios, abandonados, maltratados, a cada planta que pasaba el color se perdía, se difuminaba absorbido por las sombras y la humedad, el suelo tenía menos piso, las paredes menos pintura, los techos menos lámparas que de cualquier forma esa noche, no servirían. Incluso la cadena del candelabro que colgaba sobre las escaleras se oxidaba gradualmente con la altura. Seis pisos sobre mi antigua casa, que se iban marchitando y muriendo con la altitud. Seis pisos que albergaban personas, personas cuyas vidas habían perdido matiz y sentido; el dolor dominaba sus cuerpos, la agonía no les perdonaba y torturándolos los asesinaba lentamente haciéndolos sufrir de la manera más cruel. Personas con enfermedades que el mundo aún desconocía.

Y así mismo los doctores que sólo velaban por los pacientes y que pretendían calmar al menos un poco su dolor, vestían con batas que antes eran blancas y ahora tan desgastadas que parecían más harapos que ropa, procuraban protegerse de las insólitas enfermedades con máscaras que deformaban su aspecto, combinando aún más por desgracia, con el tenebroso y fantasmal hospital.

Y a pesar de todo, esa, no era el área más ínfima del lugar.


~ 6 ~

En esa misma casa, se extendía en la parte trasera un jardín, el edén donde los que suspiraban su último aliento en el sanatorio del infierno yacían como sombras de lo que habían sido antes de contraer tales enfermedades incurables, como castigo de sus maldades y pensamientos criminales.

Mismo cementerio donde mi madre descansaba desde hacía nueve años después de haber sufrido por más de una década un mal que se apoderaba de su mente y su cordura, terminando con la gentil y bella mujer que me había traído al mundo, como un ser aberrante que temía incluso a su propio reflejo.

Por otro lado, mi padre sólo sentado en su enorme sillón de cuero, veía pasar a los doctores, con los codos reposando sobre su escritorio y sus escuálidos dedos entrelazados, siempre con una pluma a la mano aun creyendo que debía escribir, murmurando miles de palabras incomprensibles con la respiración entrecortada, había sellado su entrada desde el interior clavando a lo largo de las puertas, vigas de madera para impedir que se le fuera molestado en sus ‘’horas de trabajo’’ permitiéndose, sin ser consiente, morir de hambre lentamente.

Sinceramente mi presencia ahí no era advertida más que por algunas de las enfermeras a las que estorbaba su paso, quiénes andaban siempre de arriba abajo fingiendo tener muchas cosas que limpiar e internos que atender, cuando sabían perfectamente que sus pacientes sucumbían ante la muerte y no había nada que por ellos se pudiese hacer. El sombrío edificio parecía alimentarse del sonido, pues ni aún con los puntiagudos tacones de las enfermeras el suelo resonaba por sus apresurados pasos. El silencio imperaba ahí como en ese momento en toda la ciudad, subí los escalones sabiendo que a nadie le importaría que deambulara por los descuidados pasillos. Después de todo, seguía siendo esa casa, mi hogar.

Y ya que a medida que los pisos subían, era como los pacientes se encontraban de gravedad, el nivel seis era la muerte innegable.


~ 7 ~

Sin querer mirar, pero tentada por la morbosidad, me vi obligada a observar una de las habitaciones del cuarto piso. Un hombre de mediana edad e identidad desconocida, que por propia decisión habíase internado en aquel manicomio, pasaba días y noches frente a un fragmento de tiznado espejo con los ojos sangrantes, jurando en siseos que sus ojos se hundían en las cuencas de su cara, pidiendo que se le auxiliara mientras él mismo con uñas que parecían más bien garras, trataba de ‘’poner en su lugar’’ sus globos oculares, ocasionándose a sí mismo una grave infección y una ceguera incurable, designado eternamente, a llorar lágrimas de renegrida sangre.

Reemprendiendo mi recorrido, visité en el quinto piso la habitación que parecía haber sido abandonada incluso por los rastreros insectos que habían dejado todo lleno de telarañas; en la esquina más recóndita del hospital, dos niños, dos almas jóvenes estaban siendo torturadas por una enfermedad extraña que destruía su piel, de pequeñas lesiones a enormes yagas, su piel se desvanecía, abriendo gigantescos agujeros en su cuerpo, distorsionando sus rostros y deformando sus miradas por el dolor; un varón y una niña, hermanos que no pasaban de los siete años, recostados sobre la misma cama, un catre viejo y desgastado con un colchón mojado para ambos, privados de la luz del sol en el día y del reflejo de la luna por las noches, gimiendo y jadeando habían sido desamparados por la esperanza, escuchando la lluvia golpear el tejado y caer como una cascada fuera de su censurada ventana.

Más en el silencio, ellos no querían morir olvidados, solos y agonizando, sin nada que perder rompieron la única regla del sombrío hospital y salieron por la estrecha ventana, por la que sólo ellos debido a sus demacrados cuerpos cupieron, con el único y simple anhelo de abandonar ese silencio abrumador de una vez por todas, deseaban vivir y sentir de nuevo aunque eso acelerase su deceso.


~ 8 ~

Salieron por la ventana y de pie en la cornisa, sostenidos el uno por el otro, alargaron su cuello hasta que su único sentido aun funcional les dejó sentir la lluvia sobre sus caras, sin importar que ya no viesen, que ya no escuchasen nada, podían sentir la helada lluvia golpeando su piel delicada…

Cuando algo inusual sucedió, creí ver que la lluvia quemaba su piel, cada que una gota caía se evaporada sobre ellos, pero no les quemaba ni les lastimaba, la lluvia de aquella extraña noche mortecina y desvaída, los curaba, irónicamente les regresaba a la vida y pronto la energía perdida regresó a ellos, la alegría inundaba sus rostros a tal grado que yo temía hubiesen sido vencidos por la vesania.

Sin embargo, no era así, corrieron y saltaron alejándose de la ventana que había sido sellada para privarles de la libertad; con destreza y astucia bajaron los seis pisos reptando por los suelos y trepando por los muros hasta llegar a las vacías calles de la ciudad fantasma, sin ser reprimidos por nadie reían y gritaban de alegría alejándose lo más rápido posible del lugar que los había mantenido presos por tanto tiempo, sabiendo que una lúgubre y lluviosa noche los había librado de la muerte en amargura. Me quedé cerca de la ventana hasta que no pude escuchar sus risas nunca más.

Regresé pasmada con pies de plomo a pasos lentos y calculados sin saber qué hacer. Cuando el estruendoso grito desesperado y chillante de una mujer, me regresó al horripilante mundo en el que me encontraba, entonces, corrí con las ansias de ver quién era y que le sucedía.


~ 9 ~

Confinada al nivel de las más brutales atrocidades, en una habitación del sexto piso, cuatro doctores se encontraban a su alrededor, atada de brazos y piernas a la camilla que era más alambres y resortes que colchón, se retorcía con evidente dolor en su rostro; y a pesar de que lucía tan normal como una mujer sana, su expresión denotaba temor y furia simultáneas,

Bramaba con desesperación, mas no se movía.

Cuando de pronto yo habría presenciado el suceso más extraordinario que jamás antes, pero igualmente aterrador. Los doctores le inyectaban calmantes pero ninguno lograba apaciguarla, sucedió en un segundo, rápido y desgarrador, era ver como la muerte absorbía la vida, la vida que se desgasta con el paso de largos años para alguien común, en ella sucedió en un instante.

Su cuerpo se transformaba en un esqueleto rápidamente, los músculos se desgastaban y desaparecían dejando sólo la piel cubrir el hueso, gritando desesperadamente sus dientes se convirtieron en afilados colmillos, sus dedos engarrotados en zarpas con uñas largas, su cabello se caía en voluminosos mechones cubiertos por un líquido viscoso, una mezcla de mucosidad y sangre negra y coagulada. Precedido por la caída de su piel como hojas secas de un árbol en otoño, dejando la misma viscosidad sobre ella, lo único que cubría el hueso y partes de carne que aún se sostenían. Entonces, dos bultos grandes y oscuros empezaron a sobresalir de ella, uno a cada lado de su columna extremadamente visible y sólo protegida por una espesa capa de sangre, su cuerpo se había tornado débil y delgado pero ilógicamente, habría cobrado más fuerza que nada ni nadie; los doctores temerosos por sus propias vidas, exclamaban que debería ser asesinada, no obstante, ninguno se atrevía a tomar la iniciativa.

Su fuerza fue más potente y sus brazos se soltaron de las cadenas que la amarraban a la cama. Pero aun así yo la veía sufrir, aunque gritaba y trataba a toda costa de soltarse de los grilletes que la privaban de libertad, sus ojos permanecían cerrados, la apariencia de esa criatura débil y esquelética despertó algo dentro de mí, algo que jamás antes había sentido… empatía.


~ 10 ~

Desee salvarle la vida a alguien que no conocía, a alguien que se estaba transformado en algo que jamás comprendería, de naturaleza desconocida, un ser que podría haberme hecho daño, pero aun así yo sentía la necesidad de ayudarla…

Entonces recordé, como en una vaga memoria e incluso como si hubiese sido sólo un sueño, aquellos dos niños que fueron salvados de la angustia por la misteriosa lluvia de la fría y lóbrega noche, así que sin dudarlo ni un segundo más, la liberé de los grilletes de los que aún no se había librado, la tomé en mis brazos y era tan delgada y pequeña que me brindaba la oportunidad de que mi limitada fuerza pudiese sostenerla.

Así pues corrí desesperadamente suplicando que la lluvia no hubiese cesado, que mi memoria y mi juicio no me estuviesen fallando y aquello que vi fuese real, bajé lo más rápido que mis piernas me permitían por todas las escaleras, viendo cada vez más pintura y suelo, más enfermeras que aun por mi angustia y exasperación no me tomaban en cuenta, parecían tan muertas y secas como los cadáveres del cementerio.

Recorrí todos los pasillos que me habían llevado hasta su habitación, hasta que logré salir, la lluvia se había intensificado aún más, el cielo se había tornado rojizo, las nubes aun cubrían el brillo de la luna y el adoquín de las calles había sido cubierto por el agua pantanosa, anegada sobre mis tobillos.


~ 11 ~

Mi respiración sonaba entrecortada y el correr a tal velocidad con único propósito de salvarla me había dejado exhausta, la dejé sobre la calle inundada que prácticamente la cubrió toda. Creí haber perdido la oportunidad de salvarla cuando después de casi 5 minutos sobre el agua y bajo la lluvia, no se movía y su piel a diferencia de la de los niños no se curaba.

Cuando de pronto en una escena escalofriante, comenzó a retorcerse chillando escandalosamente como un cisne herido por la muerte de su amante y el comienzo del final de sus días. Empezó a estirar sus piernas y brazos dejando atrás su posición fetal, bramaba fuertemente, tan potente era el sonido que salía de su boca que incluso con la intensa lluvia golpeando techos y suelos lograba escucharla. Y finalmente para mi alivio su piel empezó a recuperarse rápidamente, la sangre se había lavado toda convirtiendo la calle inundada en un río de sangre roja y oscura, la piel crecía tan rápidamente como células reproduciéndose a mil por hora. Hasta que toda la piel humana habíase desaparecido, para recubrirla de la dermis más exótica e impresionante.

Entonces fue que aquellos dos extraños bultos a lado de su columna empezaron a reaccionar, aun así ella seguía siendo extremadamente delgada, las salientes comenzaron a crecer y salir más de ella, de un momento a otro se retorcía más y más, pero esta vez sabía yo perfectamente bien que no era por agonía. Se dobló sobre sus rodillas y encorvó su espalda dejando más a la vista esas dos insólitas protuberancias que cada vez más grandes se hacían, al ir creciendo resonaban y tronaban como huesos quebrándose, súbitamente se irguió y como un animal feroz y salvaje, corrió hasta el final de la calle cuando en un salto impresionante se descubrieron dos hermosas alas que la convertían en un ser majestuoso y sombrío a la vez, una mezcla del paraíso e inframundo en uno mismo. Un serafín de piel blanca y de alas negras. De frente eran las alas de un enorme murciélago, sólo huesos extensos uniéndose a sus manos que ahora eran largos y delgados como garras, cubiertos por una gruesa capa de piel oscura, pero por detrás, las alas se cubrían por un bellísimo plumaje negro brillante como la seda, plumas de un ave jamás antes vista.

Pronto se acercó a mí, quien todavía parada bajo en tejado de la casa, miraba asombrada el tenebroso espectáculo, y en ese momento, cuando quizás uno de sus sentidos que yo no tenía, le hizo sentir que estaba perfectamente en frente de mí, abrió los ojos por primera vez, pero su expresión era… indescriptible, sus ojos no eran humanos así como el resto de ella, negros en su totalidad, brillantes aun en la oscuridad total. Y me miró, hipnotizada por el espectral brillo de sus ojos me hizo caminar hasta la lluvia, La fantástica lluvia de una noche extraña y distinta sin ni una gota de luz, la liberaron del dolor y la agonía, y la convirtieron en un ser arcano pero hermoso y poderoso. Salí yo con el corazón petrificado por lo que acababa de presenciar, pero impresionada por una belleza tan singular.


~ 12 ~

La lluvia me provocó somnolencia, la oscuridad que le daba a ella vida, a mí me sofocaba. Se sentía pesada cayendo sobre mis hombros, como agujas incrustándoseme por todo el cuerpo, tanto era mi agotamiento que involuntariamente me recosté sobre el agua de la calle, quede mirando hacia el cielo, las nubes seguían tapando la luz de la luna y yo sólo podía ver y sentir la lluvia caer fuerte contra mi cara. Segundos después, cerré los ojos automáticamente.

Aún seguía sintiendo la lluvia, pero ya no escuchaba y ya no veía. Al final vi un haz de luz brillante que se tornó más y más grande hasta que dejé de sentir la lluvia y todo se volvió luz. La helada agua se tornó en suave y cálida brisa, el estruendoso sonido en delicada música, el dolor y la desesperación en paz y armonía.

Ellos eran libres a su manera. Y yo también lo fui a la mía. Al principio habría creído que ella, el ángel del inframundo me había matado, pero no era así, me había enviado a un lugar hermoso e indescriptible, donde todo era paz, donde una luz diferente, blanca y transparente brindaba paz a cualquiera que pasara por ella. La angustia y la preocupación abandonaron mi cuerpo, mi alma se separó de la pesada carga que era llevar un cuerpo físico a todos lados, ella me liberó de las cadenas a las que todos nos atamos y que tememos dejar ir, pronto supe que no dejaba nada atrás, mi madre había fallecido hacía tanto tiempo y mi padre estaba muerto en vida.

El agua de esa noche atraía a las criaturas extrañas de otros mundos y las convertía en lo que en realidad eran, hasta entonces pude comprender la causa de la transformación de István y la razón por la que me llevó a ver a su madre, por última vez. Él era parte de ese nuevo universo, aquella insólita noche dominada por las sombras, había hecho renacer su verdadero ser, mientras que su madre quien una vez, una mujer excepcional y yo, humana ordinaria y desdichada, habíamos de partir.

El mundo había dejado de ser nuestro y ahora era de ellos, la oscuridad reinaría por el resto de los días, y la lluvia la secundaría. Mientras que nosotros humanos, seríamos desterrados poco a poco del planeta, de ellos yo fui la primera en visitar el paraíso.

La Tierra, un lugar que había sido un natural y efímero refugio. Convertido en el edén de los muertos y aberraciones, un averno.

El jardín de las sombras. Nuestro hogar ya no era.


~ F I N ~ 

10 de Agosto de 2017 a las 01:04 3 Reporte Insertar 8
Fin

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Alanis M.T. ''No soy lo que escribo, soy lo que tu sientes al leerme'' (Libros, Mundos infinitos ∞ )

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Miguel mendez Miguel mendez
excelente historia , sigue asi
22 de Octubre de 2018 a las 22:13
Pati Gutierrez Pati Gutierrez
Tiene algunos errores mínimos aun, pero aun así está excelente. Te felicito. Aprovechando, me gustaría invitarte a un nuevo proyecto, donde los usuarios podrán consultar la escritura correcta de palabras en español, explicada de una forma sencilla y con ejemplos fáciles. Poco a poco iremos agregando nuevo contenido: www.describelo.com
13 de Julio de 2018 a las 15:14
Uziel Heredia Ginés Uziel Heredia Ginés
La historia en sí misma es buena; mucho a decir verdad. Me gusto. Lo que más me impresiono fue el estilo barroco que usas para contar la historia. Repito, me encanto.
9 de Julio de 2018 a las 16:09
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