jinnieshine jinni

"Kim taehyung, un estudiante de literatura inglesa que por razones del destino ayuda a su amigo Seokjin, estudiante de periodismo a realizar una entrevista hacía el exitoso empresario Jeon Jungkook. Sin embargo un solo encuentro no bastará para un hombre de negocios como el sr. Jeon" 🚨ES SOLO UNA ADAPTACIÓN 🚨


Fanfiction Bandas/Cantantes No para niños menores de 13.

#Jungkook # #Taehyung
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Capitulo 1

🚨ES SOLO UNA ADAPTACIÓN 🚨 No busco ofender a nadie, es solo para entretenimiento, sino te gusta simplemente no leas.


Me miróen el espejo y frunzo el ceño, frustrado. Que asco de cabello. No hay manera con el. Y maldita sea Kim Seokjin, que se ha puesto enfermo y me ha metido en este lío.


Tendría que estar estudiando para mis exámenes finales, que son la semana que viene, pero aquí estoy, intentando hacer algo con mi cabello.

"No debo meterme en la cama con el cabello mojado, no debo meterme en la cama con el cabello mojado."


Recito varias veces este mantra mientras intento una vez más controlarlo con el cepillo, me desesperó y pongo los ojos en blanco, después observo al chico de piel bronceada, pelo castaño y ojos cafés exageradamente grandes que me mira, y me rindo.


Mi única opción es desordenarlo con la mano y confiar que este medio presentable.

Seokjin es mi compañero de piso, y a tenido que pillar un resfriado precisamente hoy. Por eso no puede ir a la entrevista que había concertado para la revista de la facultad con un mega empresario del que yo nunca había oído hablar. Así que va a tocarme a mí.

Tengo que estudiar para los exámenes finales, tengo que terminar un trabajo y se suponía que a eso iba a dedicarme esta tarde, pero no.


Lo que voy hacer es conducir más de doscientos kilómetros hasta el centro de Seattle para reunirme con el enigmático presidente de Jeon Enterprises Holdings, Inc.

Cómo empresario excepcional y principal mecenas de nuestra universidad su tiempo es extraordinariamente valioso —mucho más que el mío—,pero a concedido una entrevista a Seokjin.


Un bombazo según el.Malditas sean sus actividades extraacadémicas.
Seokjin esta acurrucado en el sofá de salón.

—Tae lo siento, tarde nueve meses en conseguir una entrevista. Si pido que me cambien el día tendre que esperar otros seis meses, y para entonces los dos estaremos graduados. Soy el responsable de la entrevista, no puedo echarlo a perder. Por favor... — Me súplica Seokjin con voz ronca por el resfriado.

¿Cómo lo hace? Incluso enfermo está guapísimo, realmente atractivo, con su pelo castaño perfectamente peinado y sus brillantes ojos oscuros aunque ahora los tiene rojos y llorosos. Paso por alto la inoportuna punzada de lastima que me inspira.

—Claro que iré, Seokjin. Vuelve a la cama. ¿Quiéres una aspirina o paracetamol? —

—Un paracetamol,por favor. Aquí tienes las preguntas y la grabadora. Solo tienes que apretar aquí. Y tomas notas, luego yo lo transcribiré todo —.

—No sé nada de él —Murmuró intentando en vano reprimir el pánico, que es cada vez mayor.

—Te harás una idea con las preguntas. Sal ya, el viaje es largo, no quiero que llegues tarde —.

—Esta bien, me voy. Vuelve a la cama, te he preparado una sopa para que te la calientes después —.

Lo miro con cariño. Solo haría algo así por ti, Seokjin.

—Si lo haré. Suerte. Y gracias Tae, me has salvado la vida para variar —.

Tomo mi bolso de medio lado, le lanzó una sonrisa y me dirijo al coche. No puedo creerme que me haya dejado convencer, pero Seokjin es capaz de convencer a cualquiera de los los sea.

Es un excelente periodista. Sabe expresarse y discutir, es fuerte convincente y guapo. Y es mi mejor amigo.

Apenas hay tráfico cuando salgo de Vancouver, Washington, en dirección a la interestatal 5. Es temprano y no tengo que estar en Seattle hasta las dos de el medio día.

Por suerte Seokjin me ha dejado su Mercedes CLK. No tengo nada claro que pudiera llegar a tiempo con Vante,mi viejo Volkswagen Escarabajo. Conducir el Mercedes es muy agradable. Piso con fuerza el acelerador, y los kilómetros pasan volando.

Me dirijo a la sede central de la multinacional del señor Jeon, un enorme edificio de veinte pisos una fantasía arquitectónica, todo él vidrio y acero, y con las palabras JEON HOUSE, en un discretro tono metálico en las puertas acristaladas de la entrada.

Son las dos menos cuarto cuando llegó. Entró en el inmenso —y francamente intimidante— vestíbulo de vidrio, acero y piedra blanca, muy aliviado por no haber llegado tarde.

Desde el otro lado de un sólido mostrador de piedra, me sonríe amablemente una chica pelinegra atractiva y muy arreglada.​​ Lleva la americana gris oscura y la falda blanca más elegante que he visto jamás.

Está impecable.

—Vengo a ver al señor Jeon. Kim Taehyung, de parte de Kim Seokjin —.

—Diaculpeme un momento señor Kim — Me dice alzando las cejas.

Espero tímidamente frente a ella, comenzó a pensar que debería haberme puesto una americana de vestir de Seokjin en lugar de mi chaqueta beige.


Eh echo un esfuerzo y me he puesto los únicos pantalones oscuros que tengo, mis cómodas botas marrones, y un Jersey verde.


Para mí es ya ir elegante, me echo hacia atrás un mechón rebelde que me obstruye la vista, fingiendo no sentirme intimidado.

—Si, tiene una cita con el señor Kim. Firme aquí, por favor, señor Kim. El último ascensor a la derecha, piso 20

Me sonríe amablemente, sin duda divertida, mientras firmó.

Me tiende un pase de seguridad que tiene impresa la palabra "visitante". No puedo evitar sonreír, es obvio que solo estoy de visita.

Desentono completamente. No pasa nada, suspiró para mis adentros. Le doy las gracias y me dirijo hacia los ascensores, más allá de los dos vigilantes, ambos mucho más elegantes que yo con su traje negro de corte perfecto.

El ascensor me traslada a el piso 20 en una velocidad de vértigo. Las puertas se abren y salgo a otro gran vestíbulo, también de vidrio, acero y piedra blanca.

Me acerco a otro mostrador de piedra y me saluda otra chica pelinegra vestida impecablemente de blanco y negro.

—Señor Kim, ¿Puede esperar aquí, por favor? —Me pregunta señalándome una zona de asientos de piel color blanco.

Detrás de los asientos de piel hay una gran sala de reuniones con las paredes de vidrio, una mesa de madera oscura, también grande, y al menos veinte sillas al juego.


Más allá de un ventanal desde el suelo hasta el techo que ofrece una vista de Seattle hacia el Sound. La vista es tan impactante que me quedo momentáneamente paralizado.

Me siento, saco las preguntas del bolso y les echo un vistazo maldiciendo por dentro a Seokjin por no haberme pasado una breve biografía.

No sé nada de él hombre al que voy a entrevistar. Podría tener tanto noventa años como treinta. La inseguridad me mortifica y, como estoy nervioso,no opto por moverme.


Nunca me he sentido cómodo en las entrevistas cara a cara. Prefiero el anonimato de una charla en grupo, en la que puedo sentarme al fondo de la sala y pasar inadvertido.

Para ser sincero, lo que me gusta es estar solo, acurrucado en una silla de la biblioteca del campus universitario leyendo una buena novela inglesa, y no removiendome en el sillón de un enorme edificio de vidrio y piedra.

Suspiro. Controlate Kim. A juzgar por el edificio, demasiado aséptico y moderno, supongo que Jeon tendrá unos cuarenta años, un tipo que se mantiene en forma, bronceado y rubio, a juego con resto del personal.

De una gran puerta a la derecha sale otra pelinegra elegante, impecablemente vestida. ¿De dónde sale tanta castaña inmaculada?Parece que las fabrican en serie, respiro hondo y me levanto.

—¿Señor Kim? —Me pregunta la última pelinegra.

—Si —Le contestó con voz ronca y carraspeó —. Si —Repito, esta vez en un tono algo más seguro.

—El señor Jeon lo recibirá enseguida. ¿Quiére dejarme la chaqueta? —

—Si, gracias —Le contestó intentando con torpeza quitarme la chaqueta .

—¿Le han ofrecido algo de beber?

—Pues...no.

Vaya, ¿Estaré metiendo en problemas a la pelinegra número uno? La pelinegra número dos frunce el ceño y lanza una mirada a la chica del mostrador.

—¿Quiere una tasa de té, café o un vaso de agua? —Me pregunta volviéndose de nuevo hacia mi.

—Un vaso de agua, gracias —. Le contestó en un murmullo.

—Olivia, traele un vaso de agua al señor Kim, por favor —Dice en tono serio. Oliva sale de inmediato y desaparece detrás de una puerta al otro lado del vestíbulo.

—Le ruego que me disculpe señor Kim. Olivia es nuestra nueva empleada en prácticas. Por favor, siéntese, el señor Jeon lo atenderá en cinco minutos —.

Olivia vuelve con un vaso de agua muy fría.

—Aquí tiene señor Kim —.

—Gracias —.

La pelinegra número dos se dirige al enorme mostrador,sus tacones resuenan en el suelo de piedra. Se sienta y ambas siguen trabajando. Quizás el señor Jeon exigirá que todos sus empleados sean castaños.

Estoy distraído preguntándome si eso es legal, cuando la puerta del despacho se abre y sale un hombre algo moreno, alto y atractivo, con el cabello castaño y vestido con elegancia. Está claro que no podría haber elegido peor mi ropa. Se vuelve hacia la puerta.

—Jeon, ¿Jugamos Tenis esta semana?

No escucho la respuesta. El moreno me ve y sonríe. Se le marcan los hoyuelos en las mejillas. Olivia se a levantado de un salto para ir a llamar el ascensor. Parece que destaca en eso de pegar saltos de la silla, está más nervioso que yo.

—Buenas tarde, señoritas, señor —Dice el moreno metiéndose en el ascensor.

—El señor Jeon lo recibirá ahora, señor Kim. Puede pasar —Me dice la castaña número dos.

Me levanto tambaleandome un poco e intentando contener los nervios, tomó mi bolso y dejo mi vaso de agua y me dirijo a la puerta.

—No es necesario que llame. Entre directamente —Me dice sonriéndome.

Empujó la puerta, tropiezo con mi propio pie y caigo de bruces en el despacho.

Mierda, Mierda. Que vergüenza... Estoy de rodillas y con las manos apoyadas en el suelo en la entrada del despacho del señor Jeon, y unas manos amables me rodean para ayudarme a levantarme. Estoy muerto de vergüenza, ¡Qué torpe! Tengo que armarme de valor para alzar la vista.

Madre mía que joven es.

—Señor Kim —Me dice tendiendome una mano de largos dedos, en una de ellas logro ver algunos tatuajes, en cuanto me he incorporado —. Soy Jeon Jungkook. ¿Está bien? ¿Quiére sentarse?

Muy joven. Y atractivo, muy atractivo. Alto con un elegantísimo traje negro, camisa blanca y corbata negra, con un cabello rebelde de color negro muy negro, ojos grisáceos que me observan atentamente.

Necesito un momento para poder articular palabras.

—Bueno, la verdad...

Me callo. Si este tipo tiene más de treinta años, yo soy bombero. Le doy la mano, aturdido, y nos saludamos. Cuando nuestros dedos se tocan, siento un extraño y excitante escalofrío por todo el cuerpo.


Retiro la mano a toda prisa, incómodo. Debe de ser electricidad estática. Parpadeo rápidamente, al ritmo de los latidos de mi corazón.

—El señor Kim esta indispuesto, así que me ha mandado a mí. Espero que no le importe, señor Jeon —.

—¿Y usted es...?

Su voz es cálida y parece divertido, pero su expresión impasible no me permite asegurarlo. Parece ligeramente interesado, pero sobre todo muy educado.

—Kim Taehyung, estudio literatura inglesa con Jin... digo... Seokjin... bueno... el señor Kim, en la Estatal de Washington.

—Ya veo —Se limita a responderme.

Creo ver el esbozo de una sonrisa en su expresión, pero no estoy seguro.

—¿Quiére sentarse? —Me pregunta señalándome un sofá blanco de piel en forma de L.

Su despacho es extremadamente grande para una sola persona. Delante de los ventanales panorámicos hay una mesa de madera oscura en la que podrían comer cómodamente seis personas.


Hace juego con la mesita junto al sofá. Todo lo demás es blanco. —El techo, el suelo y las paredes —, excepto la pared de la puerta, en la que treinta y seis cuadros forman una especie de mosaico cuadrado.


Son preciosos, una serie de objetos prosaicos e insignificantes, pintados con tanto detalle que parecen fotografías.

Pero, colgados juntos en la pared, resultan impresionantes.

—Un artista de aquí. Trouton —Me dice el señor Jeon cuando se da cuenta de los los estoy observando.

—Son muy bonitos. Elevan lo cotidiano a la categoría de extraordinario —Murmuró distraído, tanto por él como por los cuadros.

Ladea la cabeza y me mira con mucha atención.

—No podría estar más de acuerdo, señor Kim —Contesta en voz baja.

Y por alguna inexplicable razón me ruborizo.

Aparte de lo cuadros, el resto del despacho es frío, limpio y aséptico. Me pregunto si refleja la personalidad de Adonis que está sentado con elegancia frente a mí en una silla blanca de piel.

Bajo la cabeza, alterado por la dirección que están tomando mis pensamientos, y saco del bolso las preguntas de Seokjin. Luego preparo la grabadora con tanta torpeza que se me cae dos veces en la mesita.

El señor Jeon no abre la boca. Aguarda pacientemente —eso espero —, y yo me siento cada vez más avergonzado y me pongo más rojo.


Cuando reúno el valor para mirarlo, esta observándome, con una mano encima de la pierna y la otra al rededor de la barbilla y con el largo dedo índice cruzándole los dedos.

Creo que intenta ahogar una sonrisa.

—Pe... Perdón —Balbuceo —. No suelo utilizarla.

—Tómese todo el tiempo que necesite, señor Kim —Me contesta.

—¿Le importa que grabe sus respuestas?

—¿Me lo pregunta ahora, después de lo que le ha costado preparar la grabadora?

Me ruborizo. ¿Está bromeando? Eso espero. Parpadeo, no sé qué decir, y creo que se apiada de mi, porque acepta.

—No, no me importa.

—¿Le explicó Seokjin... digo... el señor Kim para dónde era la entrevista?

—Si. Para el último número de este curso de la revista de la facultad, porque yo entregaré los títulos en la ceremonia de graduación de este año.

Vaya. Acabo de enterarme. Y por un momento me preocupa que alguien no mucho mayor—bien, quizás seis o siete años, y bien, un megatriunfador, pero aún así—me entregue el título. Frunzo el ceño e intento centrar mi caprichosa atención en lo que tengo que hacer.

—Bien —Digo tratando saliva —. Tengo algunas preguntas señor Jeon.

Me coloco un mechón de pelo detrás de la oreja.

—Si, creo que debería preguntarme algo —Me contesta inexpresivo.

Esta burlándose de mi. Al darme cuenta de ello, me arden las mejillas. Me incorporo un poco y estiro la espalda para parecer más alto e intimidante. Pulso el botón de la grabadora intentando parecer profesional.

—Es usted muy joven para haber amasado este imperio. ¿A qué se debe su éxito?

Le miro y él esboza una sonrisa burlona, pero parece ligeramente decepcionado

—Los negocios tienen que ver con las personas, señor Kim, y yo soy muy bueno analizándolas. Sé cómo funcionan, lo que les hace ser mejores, lo que no, lo que las inspira y cómo incentivarlas. Cuento con un equipo excepcional, y les pago bien. —Se calla un instante y me clava su mirada gris —. Creo que para tener éxito en cualquier ámbito hay que dominarlo, conocerlo por dentro y por fuera, conocer cada uno de sus detalles. Trabajo duro, muy duro, para conseguirlo. Tomo decisiones basándome en la lógica y en los hechos. Tengo un instinto innato para reconocer y desarrollar una buena idea, y seleccionar a las personas adecuadas. La base es siempre contar con las personas adecuadas.

—Quizá solo a tenido suerte.

Este comentario no está en la lista de Seokjin, pero es que es tan arrogante... Por un momento la sorpresa asoma a sus ojos.

—No creo en la suerte ni en la casualidad, señor Kim. Cuanto más trabajo más suerte tengo. Realmente se trata de tener en tu equipo a las personas adecuadas y saber dirigir sus esfuerzos. Creo que fue Harvey Firestone quien dijo que la labor más importante de los directivos es que las personas crezcan y se desarrollen —.

—Parece usted un maníaco del control.

Las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas.

—Bueno, lo controlo todo, señor Kim —Me contesta sin el menor rastro de sentido del humor en su sonrisa.

Lo miro y me sostiene la mirada impasible. Se me dispara el corazón y vuelvo a ruborizarse.

¿Por qué tiene este desconcertante efecto sobre mí? ¿Quizá porque es irresistiblemente atractivo? ¿Por cómo me mira fijamente? ¿Por cómo se pasa el dedo índice por el labio inferior? Ojalá dejara de hacerlo.

—Además, decirte a ti mismo, en tu fuero más íntimo, que has nacido para ejercer el control te concede un inmenso poder —Sigue diciéndome en voz baja.

—¿Le parece a usted que su poder es inmenso?

Maniático del control, añado para mis adentros.

—Tengo más de cincuenta mil empleados, señor Kim. Eso me otorga cierto sentido de la responsabilidad... poder, si lo prefiere. Si decidiera que ya no interesa el negocio de las telecomunicaciones y lo vendiera todo, veinte mil personas pasarían apuros para pagar la hipoteca en poco más de un mes.

Me quedo boquiabierto. Su falta de humildad me deja estupefacto.

—¿No tienes que responder ante una junta directiva? —Le pregunto asqueada

—Soy el dueño de mi empresa. No tengo que responder ante ninguna junta directiva

Me mira alzando una ceja y me ruborizo. Claro, lo habría sabido si me hubiera informado un poco. Pero, maldita sea, qué arrogante... Cambio de táctica.

—¿Y cuáles son sus intereses, aparte del trabajo?

—Me interesan cosas muy diversas, señor Kim. —Esboza una sonrisa casi imperceptible —. Muy diversas.

Por alguna razón, su mirada firme me confunde y me enciende. Pero en sus ojos se distingue un brillo perverso.

—Pero si trabaja tan duro, ¿qué hace para relajarse?

—¿Relajarme?

Sonríe mostrando sus dientes, blancos y perfectos. Contengo la respiración. Es realmente guapo. Debería estar prohibido ser tan guapo.

—Bueno, para relajarme, como dice usted, navego, vuelo y me permito diversas actividades físicas. —Cambia de posición en su silla—. Soy muy rico, señor Kim, así que tengo aficiones caras y fascinantes.

Echo un rápido vistazo a las preguntas de Seokjin con la intención de no seguir con ese tema.

—Invierte en fabricación. ¿Por qué en fabricación en concreto? —Le pregunto.

¿Por qué hace que me sienta tan incómodo?

—Me gusta construir. Me gusta saber cómo funcionan las cosas, cuál es su mecanismo, cómo se montan y se desmontan. Y me encantan los barcos. ¿Qué puedo decirle?

—Parece que el que habla es su corazón, no la lógica y los hechos.

Frunce los labios y me observa de arriba abajo.

—Es posible. Aunque algunos dirían que no tengo corazón.

—¿Por qué dirían algo así?

—Porque me conocen bien. —Me contesta con una sonrisa irónica.

—¿Dirían sus amigos que es fácil conocerlo?

Y nada más preguntárselo lamento haberlo hecho. No está en la lista de Seokjin.

—Soy una persona muy reservada, señor Kim. Hago todo lo posible por proteger mi vida privada. No suelo ofrecer entrevistas.

—¿Por qué aceptó esta?

—Porque soy mecenas de la universidad, y porque, por más que lo intentara, no podía sacarme de encima a el señor Kim. No dejaba de dar la lata a mis relaciones públicas, y admiro esa tenacidad.

Sé lo tenaz que puede llegar a ser Seokjin. Por eso estoy sentado aquí, incómodo y muerto de vergüenza ante la mirada penetrante de este hombre, cuando debería estar estudiando para mis exámenes.

—También invierte en tecnología agrícola. ¿Por qué le interesa este ámbito?

—El dinero no se come, señor Kim, y hay demasiada gente en el mundo que no tiene qué comer.

—Suena muy filantrópico. ¿Le apasiona la idea de alimentar a los pobres del mundo?

Se encoge de hombros, como dándome largas.

—Es un buen negocio —murmura.

Pero creo que no está siendo sincero. No tiene sentido. ¿Alimentar a los pobres del mundo? No veo por ningún lado qué beneficios económicos puede proporcionar. Lo único que veo es que se trata de una idea noble.

Echo un vistazo a la siguiente pregunta, confundido por su actitud.

—¿Tiene una filosofía? Y si la tiene, ¿en qué consiste?

—No tengo una filosofía como tal. Quizá un principio que me guía… de Carnegie: « Un hombre que consigue adueñarse absolutamente de su mente puede adueñarse de cualquier otra cosa para la que esté legalmente autorizado» .Soy muy peculiar, muy tenaz. Me gusta el control… de mí mismo y de los que me rodean.

—Entonces quiere poseer cosas… Es usted un obseso del control.

—Quiero merecer poseerlas, pero sí, en el fondo es eso.

—Parece usted el paradigma del consumidor.

—Lo soy.

Sonríe, pero la sonrisa no ilumina su mirada. De nuevo no cuadra con una persona que quiere alimentar al mundo, así que no puedo evitar pensar que estamos hablando de otra cosa, pero no tengo ni la menor idea de qué.

Trago saliva. En el despacho hace cada vez más calor, o quizá sea cosa mía. Solo quiero acabar de una vez la entrevista. Seguro que Minnie tiene ya bastante material. Echo un vistazo a la siguiente pregunta.

—Fue un niño adoptado. ¿Hasta qué punto cree que ha influido en su manera de ser?

Vaya, una pregunta personal. Lo miro con la esperanza de que no se ofenda. Frunce el ceño.

—No puedo saberlo.

Me pica la curiosidad.

—¿Qué edad tenía cuando lo adoptaron?

—Todo el mundo lo sabe, señor Kim —me contesta muy serio.

Mierda. Sí, claro. Si hubiera sabido que iba a hacer esta entrevista, me habría informado un poco. Cambio de tema rápidamente.

—Ha tenido que sacrificar su vida familiar por el trabajo.

—Eso no es una pregunta —me replica en tono seco.

—Perdón.

No puedo quedarme quieta. Ha conseguido que me sienta como una niña perdida. Vuelvo a intentarlo.

—¿Ha tenido que sacrificar su vida familiar por el trabajo?

—Tengo familia. Dos hermanos y unos padres que me quieren. Pero no me interesa seguir hablando de mi familia.

—¿Es usted gay, señor Jeon?

Respira hondo. Estoy avergonzado, abochornado. Mierda. ¿Por qué no he echado un vistazo a la pregunta antes de leerla? ¿Cómo voy a decirle que estoy limitándome a leer las preguntas? Malditas sean Seokjin y su curiosidad.

—Si, Taehyung, soy gay.

Alza las cejas y me mira con ojos fríos. No parece contento.

—Le pido disculpas. Está… bueno… está aquí escrito.

Ha sido la primera vez que me ha llamado por mi nombre. El corazón se me ha disparado y vuelven a arderme las mejillas. Nerviosa, me coloco el mechón de pelo detrás de la oreja.
Inclina un poco la cabeza.

—¿Las preguntas no son suyas?

Quiero que se me trague la tierra.

—Bueno… no. Seokjin … el señor Kim… me ha pasado una lista.

—¿Son compañeras de la revista de la facultad?

Oh, no. No tengo nada que ver con la revista. Es una actividad extraacadémica de ella, no mía. Me arden las mejillas.

—No. Es mi compañero de piso.

Se frota la barbilla con parsimonia y sus ojos grises me observan atentamente.

—¿Se ha ofrecido usted para hacer esta entrevista? —Me pregunta en tono inquietantemente tranquilo.

A ver, ¿quién se supone que entrevista a quién? Su mirada me quema por dentro y no puedo evitar decirle la verdad.

—Me lo ha pedido el. No se encuentra bien —le contesto en voz baja, como disculpándome.

—Esto explica muchas cosas.

Llaman a la puerta y entra la pelinegra número dos.

—Señor Grey, perdone que lo interrumpa, pero su próxima reunión es dentro de dos minutos.

—No hemos terminado, Andrea. Cancele mi próxima reunión, por favor.

Andrea se queda boquiabierta, sin saber qué contestar. Parece perdida. El señor Jeon vuelve el rostro hacia ella lentamente y alza las cejas. La chica se pone colorada. Menos mal, no soy el única.

—Muy bien, señor Jeon —murmura, y sale del despacho. Él frunce el ceño y vuelve a centrar su atención en mí.

—¿Por dónde íbamos, señor Kim?

Vaya, ya estamos otra vez con lo de « señor Kim» .

—No quisiera interrumpir sus obligaciones.

—Quiero saber de usted. Creo que es lo justo.

Sus ojos grises brillan de curiosidad. Mierda, mierda. ¿Qué pretende? Apoya los codos en los brazos de la butaca y une las yemas de los
dedos de ambas manos frente a la boca. Su boca me… me desconcentra. Trago saliva.

—No hay mucho que saber —le digo
volviéndome a ruborizar.

—¿Qué planes tiene después de graduarse?

Me encojo de hombros. Su interés me desconcierta. Venirme a Seattle con
Seokjin, encontrar trabajo… La verdad es que no he pensado mucho más allá de los exámenes.

—No he hecho planes, señor Jeon. Tengo que aprobar los exámenes finales.

Y ahora tendría que estar estudiando, no sentado en su inmenso, aséptico y
precioso despacho, sintiéndome incómodo frente a su penetrante mirada.

—Aquí tenemos un excelente programa de prácticas —Me dice en tono tranquilo.

Alzo las cejas sorprendido. ¿Está ofreciéndome trabajo?

—Lo tendré en cuenta —Murmuro confundido—. Aunque no creo que encajara aquí.

Oh, no. Ya estoy otra vez pensando en voz alta.

—¿Por qué lo dice?

Ladea un poco la cabeza, intrigado, y una ligera sonrisa se insinúa en sus labios.

—Es obvio, ¿no?

Soy torpe, desaliñado y no soy pelinegro.

—Para mí no.

Su mirada es intensa y su atisbo de sonrisa ha desaparecido. De pronto siento que unos extraños músculos me oprimen el estómago.


Aparto los ojos de su mirada escrutadora y me contemplo los nudillos, aunque no los veo. ¿Qué está pasando? Tengo que marcharme ahora mismo. Me inclino hacia delante para coger la grabadora.

—¿Le gustaría que le enseñara el edificio? —me pregunta.

—Seguro que está muy ocupado, señor Jeon, y yo tengo un largo camino.

—¿Vuelve en coche a Vancouver?

Parece sorprendido, incluso nervioso. Mira por la ventana. Ha empezado a llover.

—Bueno, conduzca con cuidado —me dice en tono serio, autoritario.

¿Por qué iba a importarle?

—¿Me ha preguntado todo lo que necesita? —añade.

—Sí —le contesto metiéndome la grabadora en el bolso.

Cierra ligeramente los ojos, como si estuviera pensando.

—Gracias por la entrevista, señor Jeon.

—Ha sido un placer —me contesta, tan educado como siempre. Me levanto, se levanta también él y me tiende la mano.

—Hasta la próxima, señor Kim.

Y suena como un desafío, o como una amenaza. No estoy seguro de cuál de las dos cosas. Frunzo el ceño.


¿Cuándo volveremos a vernos? Le estrecho la mano de nuevo, perplejo de que esa extraña corriente siga circulando entre nosotros. Deben de ser nervios.

—Señor Jeon.

Me despido de él con un movimiento de cabeza. Él se dirige a la puerta con gracia y agilidad, y la abre de par en par.

—Asegúrese de cruzar la puerta con buen pie, señor Kim.

Me sonríe. Está claro que se refiere a mi poco elegante entrada en su despacho. Me ruborizo.

—Muy amable, señor Jeon—le digo bruscamente.

Su sonrisa se acentúa. Me alegro de haberle divertido. Salgo al vestíbulo echando chispas y me sorprende que me siga. Andrea y Rose levantan la mirada, tan sorprendidas como yo.

—¿Ha traído abrigo? —me pregunta Jeon.

—Chaqueta.

Olivia se levanta de un salto a buscar michaqueta, que Jeon le quita de las manos antes de que hay a podido dármela. La sostiene para que me la ponga, y lo hago sintiéndome totalmente ridícula.

Por un momento Jeon me apoya las manos en los hombros, y doy un respingo al sentir su contacto. Si se da cuenta de mi reacción, no se le nota.


Su largo dedo índice pulsa el botón del ascensor y esperamos, yo con torpeza, y él sereno y frío. Se abren las puertas y entro a todaprisa, desesperada por escapar.

Tengo que salir de aquí. Cuando me vuelvo, estáinclinado frente a la puerta del ascensor, con una mano apoyada en la pared. Realmente es muy guapo. Guapísimo. Me desconcierta.

—Taehyung —me dice a modo de despedida.

—Jungkook —le contesto.
Y afortunadamente las puertas se cierran.

8 de Diciembre de 2021 a las 18:37 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Noemi Salazar Noemi Salazar
Uff 🔥
December 08, 2021, 18:43
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