La flor del infierno Seguir historia

roxanab Roxana B. Rodriguez

Azaly no creyó que caer en la fuente hiciera que su mundo se pusiera patas para arriba. Ahora, en un lugar extraño, con una deuda enorme y un porvenir dudoso, deberá hacer grandes sacrificios para poder mantenerse con vida y regresar a su hogar. Si puede, claro...


Romance No para niños menores de 13.

#Histórico #Japón #Viaje en el tiempo #romance #Drama
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Capítulo 1

—¡Fíjese por donde va! Casi atropella a mi hermano— gritó furiosa desde el suelo, abrazando al niño sin dejar de mirar desafiante al jinete.

Otro caballo se cruzó en frente y un hombre bajó del mismo dándole un golpe en el rostro a Azaly.

—Plebeya, deberías dirigirte con más respeto hacía su excelencia. Pon tu cabeza contra el suelo y ruega por clemencia— le dijo tomándola de la nuca y haciendo que su frente golpeara el duro piso.

El niño que ahora estaba detrás de ella, habiéndose separado después del golpe, temblaba casi a punto de llorar. Pero Azaly no estaba dispuesta a ceder ¿rogar? Jamás, primero muerta que pedir disculpas por algo que ella no había ocasionado si el idiota que se creía dueño del camino.

Ella levantó la cabeza y escupió el zapato del lame botas con una sonrisa arrogante, separando ensilabas y remarcando cada una de ellas: jamás.

Pero el vasallo no estaba dispuesto a perdonar a una mujer, mucho menos, a una mujer como ella, dispuesto a golpearla nuevamente cuando su mano se vio detenida por un abanico cerrado que le golpeó los nudillos.

—Llévala al palacio interior—

Ambos quisieron replicar, pero la mirada fulminante del hombre los había dejado sin palabras. Separada de su hermano menor y con la única certeza de que acababa de cometer una estupidez, Azaly se vio alejada de lo poco que había conocido ¿qué más perdería aquel día?






Contuvo la respiración durante unos segundos al ver su entorno. Ella no pertenecía ahí, sino a otro mundo, a otra época, otra era y otro país. Dudaba de su cordura en ese momento, dudaba de sus sentidos, de todo ¡la locura era la mejor forma de explicarlo! Pero no era así ¿cómo era posible? ¿Cómo podía decir que estaba divirtiéndose en la plaza con sus amigos cuando un chico en patineta la chocó y la hizo caer en la fuente? Cualquiera diría que saldría empapada y le cantaría las cuarenta, cincuenta y sesenta al muchacho por descuidado, pero hasta le habían quitado ese placer.

Sí, estaba empapada, pero no estaba en una fuente, sino, en un lago, habiéndose sujetado de unos juncos para salir, cuando vio el paisaje a su alrededor. Era un lugar descampado, lleno de flores alrededor del lago, aquellas silvestres de color amarillo y lavanda que crecían cerca del agua, enredándose entre los juncos. Se levantó casi tropezando al salir por la tierra lodosa y las rocas enterradas en el mismo suelo viscoso.

Miró a su alrededor pensando en una posible solución para todo ello, pero nada le llegaba a la cabeza en ese momento. Sin embargo, no la detuvo para comenzar a caminar y encontrar a alguien en los alrededores. La sensación del barro en sus zapatillas la hacía sentir incómoda, de hecho, no fue hasta que se las quitó que se dio cuenta de que no eran sus zapatillas, llevaba una especie de alpargatas muy rústicas, como si fueran hechas a mano de manera muy rápida. Fue cuando se dio cuenta de que su ropa tampoco era su ropa. Estaba tan absorta en lo que habia pasado que no se había percatado de esto, dudaba tanto de sus sentidos que ni si quiera había confiado en ellos al sentirse extraña.

Bufó y al fin creyó que aquella brecha entre la realidad y la fantasía se había quebrado por completo frente a sus ojos. No había otra explicación. En realidad, sí la habia, pero era tan irracional que en un momento como ése, no podía si quiera pensarla.

—¡Azaly!— Escuchó a alguien llamándola y aunque la voz no le sonó conocida, se sintió feliz de encontrar a alguien conocido, al menos, eso parecía. Al encontrar al dueño de aquella voz, pudo comprobar que era un niño, no debía tener más de diez años, vestido más o menos igual que ella.

Se sintió un poco desilusionada pero intentó no mostrar su desesperación, no era bueno y ella lo sabía, pues, poniéndose histérica o entrando en pánico no iba a conseguir soluciones y sí muchos problemas.

Siguió a su hermano hasta su casa. El tejado estaba deshecho por la tormenta de hacía días atrás y él le contaba que había conseguido finalmente que su tío les llevara las que hacían falta para poder repararlo y no tener que preocuparse por las goteras de nuevo.

Azaly inspeccionó la vivienda por fuera: era muy humilde, pequeña y se podía ver el campo de cultivo que había detrás de la casa, por lo que daba por hecho que toda la comida que conseguían era por su huerta, con suerte, la pesca o la caza. Y al pensar en eso, se sintió extrañamente tranquila. Sí, se había mentalizado para serenarse hasta encontrar respuestas pero nunca había pensado tomarlo tan bien como lo estaba haciendo en ése momento, tanto así que ya se había quitado los zapatos, remangado el pantalón, atándolo pues, era tan ancho que parecía un faldón y se veía subiendo al techo con las tejas.

Al terminar, se vio con un pedido de su madre de comprar arroz en el mercado del pueblo, por lo que salió con su hermano hasta allí, confiada de que iba a encontrar a más gente a su alrededor y seguramente, alguien que pudiera ayudarla por lo que le estaba sucediendo. Al parecer, tenía toda una vida en aquel mundo tan… antiguo. Le recordó a las películas con las que tanto se había obsesionado antes, aunque sin el glamour de Hollywood, por supuesto.

Más, al llegar al poblado, sucediera aquello que volvería a cambiar su vida. Dos caballos, dos hombres y su hermano.

No estaba segura de nada en ese momento, ni de su destino, seguridad o si podría haber algo peor que el golpe que acababa de recibir. Sabía que algo grande iba a suceder y seguramente, iba a ser por culpa de su imprudencia, algo que no cambiaría. Pero si debía quedarse en aquel mundo tan precario, se iba a dar la forma de salir ilesa hasta que pudiera volver a su época, a su hogar, justo a donde ella pertenecía, porque era imposible que hubiese un destino mejor en un lugar como ése.

20 de Julio de 2017 a las 05:27 0 Reporte Insertar Donar 0
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