I
Idel Diaz


Elegida para ser una guerrera, una heroína de un mundo próximo a ser destruido como la heredera a la Corona del grandioso reino de Baleras, Iris Tamazen, hija del Rey Rudolf Tamazen. —¡Juro con mi vida, que seguiré la justicia y la equidad, así como mi padre antes de mí. Buscaré la prosperidad y la paz en mi reino, y nunca toleraré la violencia en ninguno de mis súbditos. Todo lo que aprendí de mi padre, lo pondré en práctica, aún mejor de lo que él lo hizo, si se me es posible. Ese es mi juramento, delante de Dios, para con mi pueblo, para con mi padre, y para conmigo misma! Y además, los traidores, serán los primeros en mi lista negra.


Aventura Todo público.

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Me encuentro dormida en mi habitación, cuando irrumpen mi placentero sueño.

La ruidosa voz de Margaret, una de nuestras sirvientas, me dice muy agitada:

—¡Lady Iris, despierte! Su padre quiere verla de inmediato. ¡Me dijo que es algo muy importante!


Su noticia me impacta considerablemente, debido a que cuando mi padre, el rey Rudolf, dice que algo es importante sin duda alguna lo es, y más aún ahora que lleva mucho tiempo postrado en cama por la enfermedad que le ha ido degradando en los últimos años.


—¡Si, ahora voy!— respondo inmediatamente recibo la noticia.


Me visto rápidamente con mi vestido azul cielo que tanto me gusta, zapatos de igual color y arreglo mi cabello rubio que siempre uso holgado a la espalda lo más rápido que puedo.


Corro de forma continua por los extensos pasillos del palacio hasta finalmente llegar a la habitación de mi padre y después de abrir la puerta con un tirón pregunto dejando salir toda la angustia que traigo encima:

—¡Padre, estás bien!


Entonces le veo aún más pálido que ayer y casi con los ojos sin vida. Verle en ese estado me desgarra el corazón y no rompo en llanto por no querer entristecerle, pero de igual modo él siempre lo nota en mi rostro cada vez que he venido a verle, que a pesar de ser a diario nunca me podré acostumbrar.


En la habitación a parte de mi padre también se encuentran el consejero real, el señor Halvar Zimmermann, una persona tan inteligente como ambiciosa, que aunque le ha servido a mi padre durante casi veinte años, yo no me fío en lo absoluto de él.


También se encuentra el escribano Birger, un joven de ya casi los treinta, muy recto y responsable que se encuentra entre las personas de estricta confianza por mi padre.


Por último, hay un chico de más o menos mi misma edad, lleva una armadura reluciente y con un pequeño emblema de dos leones uno frente al otro el cual corresponde al de nuestro reino, además de una estrella dorada por debajo, aspectos que coinciden con un miembro de la guardia dorada, que consisten en una pequeña unidad de caballeros de élite, que solo sirven a las órdenes de la corona y cumplen misiones de suma importancia en todo el reino.


Mi padre me dice con su voz casi apagada. —Que bueno que estás aquí Iris. Porque quiero que escuches lo que te tiene que informar mi escribano.


Birger de inmediato desenvuelve un gran pergamino frente a él y comienza a leerlo con el mismo tono elocuente y seguro que cuando se da algún comunicado real:

—Por los poderes que se me han otorgado, por derecho de nacimiento como el XII soberano de estas tierras y en pos del bien de nuestro grandioso reino Baleras, yo Rudolf Tamazem declaro como mi legítima y única heredera a la corona del reino de Baleras, a mi hija mayor Iris Tamazem. Que Dios bendiga a nuestra nación y le permita a su nueva reina una larga vida de paz y prosperidad. Firmado por el XII rey de Baleras, Rudolf Tamazem.


«¡Santo cielo! ¡¿Heredera yo?! Sabía que mi padre siempre me ha tenido un gran aprecio y consideración, tanto así que ha rechazado las propuestas de matrimonio que le han hecho los señores de los reinos vecinos porque yo no lo he deseado; pero declararme como la próxima sucesora a la corona por encima de mi hermano Luzen, ya está a otro nivel.»


El señor Zimmermann comenta en desacuerdo:

—¡Pero mi rey! ¿Usted está seguro de esto? Si en nuestro reino y en ningún otro que yo haya oído, ha ocurrido cosa semejante de que una mujer sea nombrada sucesora. El que debe heredar la corona de este reino es su hijo Luzen, no ella. Esto puede que disguste mucho a los nobles que siempre han pensado que Luzen sería el próximo rey. ¡Eso sin contar como lo vean los reinos vecinos; que lo más probable es que lo tomen igual que los nobles!


El rey le responde algo molesto con su actitud entrometida:

—Una pregunta Halvar. ¿No crees que estás sobrepasando tus límites como mi consejero? Porque si yo no me equívoco, tu labor es darme tu opinión cuando yo te la pida, no que cuestiones mis órdenes deliberadamente.


Me alegro por como reacciona mi padre:

«¡Ahí tienes, por estarte metiendo donde no te llaman! Espero que eso te haya puesto en el lugar que te corresponde.» Sonrío con picardía.


El consejero se siente muy avergonzado por la humillación recibida y le pide disculpas a mi padre bajando la cabeza:

—Tiene usted toda la razón mi rey. Yo nunca debí haber opinado sin habérmelo usted pedido. Reconozco que fui un entrometido y por favor le ruego que perdone mi imprudencia.


Mi padre le habla un poco irritatado todavía:—De verdad que solo te perdono por haberme servido tantos años, y porque gracias a tus consejos he solucionado de la mejor forma bastantes problemas difíciles. Porque de lo contrario, ahora mismo te hubiera expulsado del palacio por actitud irrespetuosa.


El consejero se expresa algo temeroso por su posible destitución:

—No se preocupe mi rey, le juro que no se repetirá.


—Eso espero Halvar, eso espero. Ahora, aunque no debería darte una explicación, te la voy a dar para que todos en este lugar sepan mis razones para asignar como la próxima reina a mi hija, en vez de ha Luzen como indica la tradición.

Efectúa una breve pausa y continúa:

—Aquí no es ningún secreto para nadie que Luzen no cumple con los aspectos necesarios para poder gobernar. Su personalidad engreída y muy impulsiva, lo han llevado a realizar cosas indignas de un futuro rey, lo hacen no apto para tan importante cargo. De verdad que no quiero abandonar este mundo, sabiendo que el futuro de mi pueblo peligra en sus manos.

Entonces me dirije la palabra:

Por eso te escogí a ti Iris. Porque eres una chica amable, considerada, además de fuerte que se que el futuro de nuestro país, está en buenas manos después de que ya no esté aquí.


Sus palabras me conmueven y no puedo evitar en ir y abrazarle a la vez que le digo entre lágrimas:

—Muchas gracias padre, muchas gracias por confiar tanto en mí. Te prometo que no te fallaré.


Al mismo tiempo que me alegro por cuanto me valora mi padre, también me preocupo por la forma en que lo vaya a tomar mi hermano, al saber la noticia, que por como es él, yo se que no se va quedar de brazos cruzados...


28 de Noviembre de 2021 a las 23:26 0 Reporte Insertar Seguir historia
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