lostoni Matías Romero

Noah ha despertado en una abandonada sala de lo que cree es un hospital, sin poder recordar nada acerca de su pasado. Lo que desconoce es que un ejercito de maquinas al mando de la desquiciada Mecha-Manía ha conquistado el mundo, y solo él junto a su robot Cutter-Chain pueden detenerla. God Maker es una historia post-apocalíptica que te replanteara quienes somos las reales maquinas.


Ciencia ficción Futurista Todo público.
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#1: Despertar

Oscuro…todo estaba demasiado oscuro mientras corría por un interminable pasillo, iluminado apenas por las tenues velas de los candelabros de pared. ¿Cuánto tiempo he estado huyendo? Yo…no lo sé, ¿quizás días, semanas, meses o años? Es como si estuviera atrapado en otra realidad, una en la que las agujas del reloj han dejado de moverse. Mientras corría, podía sentir como los latidos de mi corazón retumbaban dentro de mi cabeza y como el aire comenzaba a faltarme. Me detuve en la esquina del corredor y me tome las rodillas, mientras recuperaba el aliento:

Haa…haa…haa…

En medio de esa quietud, podía escuchar como mis gotas de sudor caían y estallaban contra el suelo de madera. Era como si estuviera completamente solo en ese lugar, ¿entonces de que estaba escapando? De pronto, me voltee al escuchar la lejana voz de alguien contando:

— Diez…nueve…ocho, espero que te estés escondiendo…Noah…

El simpático tono de su voz y la picardía en sus palabras me dieron la ligera impresión de que se trataba de una niña. Una sonrisa se dibujo en mi rostro, porque me había dado cuenta de que no estaba solo ahí, de que había alguien más conmigo. Cegado por la esperanza, di varios pasos en dirección hacia aquella voz y pregunte:

— ¡¿Quién, quien está ahí?! ¡¿Quién eres?!

— Siete…seis…Deberías saberlo mejor que nadie, Noah. ¿No me digas…que ya me has olvidado?—ella me contesto desde las profundidades del pasillo.

Me detuve confundido y me lleve una mano a la cabeza, mientras trataba de hacer memoria. No importaba cuanto lo intentara, no podía reconocer su voz, así que le pregunte un poco avergonzado:

— Lo…lo siento, no puedo recordar quién eres… ¡por favor, dime tu nombre!

— Cinco…cuatro, eso es muy triste. No tienes la menor idea de lo mucho que me duele que lo hayas olvidado… ¿Cómo…cómo pudiste olvidarlo, cuando fuiste tú quien me dio ese nombre?—la escuche lamentarse.

No sabía porque, pero me sentía muy triste por ella, por no poder recordarla. Antes que me diera cuenta, un par de lágrimas estaban deslizándose por mis mejillas, mientras sentía una gran melancolía. Alcance a escucharla sollozar en la distancia y tuve el fuerte deseo de ir a buscarla, de abrazarla sea quien fuera y decirle “todo está bien, yo estoy aquí contigo así que por favor no lo hagas”. Sin embargo, mis pies no se movían, era como si estuvieran pegados al suelo de madera así que le dije:

— ¡No…no llores, por favor! ¡¿Por qué no vienes a buscarme así salimos los dos juntos de aquí?!

— Tres…dos… ¿Por qué quieres salir? ¿Acaso no sabes que no existe el mundo allá fuera? Es mejor quedarse aquí y jugar por siempre a las escondidas, como siempre lo hicimos—ella me sugirió con un tono de voz un poco más alegre.

Permanecí en silencio, perplejo por lo que acababa de decirme. ¿Qué no existe un mundo afuera, de que está hablando? Sea como fuera, no quería permanecer un segundo más en este lugar oscuro, frio y vacio. Titubee unos segundos en darle mi respuesta, como si temiera a alguna especie de repercusión:

— Lo siento, pero no quiero seguir aquí. Estoy cansado de este lugar, cansado de correr en círculos sin ir a ningún sitio…yo quiero salir y ver el mundo.

No hubo respuesta por parte de ella, solo hubo un largo silencio que comenzó a inquietarme cada vez más. Yo me quede paralizado, mirando la oscuridad del corredor mientras mi imaginación me jugaba malas pasadas. ¿Qué es lo que va a venir, qué clase de monstruo emergerá de las sombras que se ciernen ante mí? Para mí consuelo, volví a escucharla hablar una vez más:

— ¿Entonces…vas a abandonarme tú también? ¿Vas a dejarme sola aquí?

Esas preguntas fueron como dos puñaladas a mi corazón, sentía que le estaba fallando una vez más, una de las tantas veces que no logro recordar. Un sentimiento de culpa me invadió y tuve ganas de pedirle disculpas, pero ella no me lo permitió:

— No te preocupes, Noah. No tienes que sentirte mal por mí, porque…yo simplemente no te voy a dejar ir, ¿lo entiendes?

Hubo un brusco cambio en su voz, ahora sonaba mucho más grave y monstruosa. Todo mi cuerpo comenzó a temblar como si fuese una hoja y mi estomago se contrajo, mientras lentamente comencé a retroceder. Yo le pregunte con miedo:

— ¿Por qué…porque dices eso? ¿A qué te refieres…con que no me vas a dejar ir?

— Porque de eso trata jugar a las escondidas, tú te escondes y yo te encuentro. UNO…CERO…—su aterradora voz termino el conteo.

¡De un segundo a otro, el suelo bajo mis pies tembló y yo salí despedido varios metros hacia arriba! Por pura suerte, mi cabeza no golpeo contra el techo justo antes de aterrizar sobre mi espalda. Completamente desesperado y con la respiración muy agitada, levante mi torso y mire hacia la oscuridad. Mis pupilas se dilataron conforme el piso temblaba con cada paso dado. Empecé a arrastrarme hacia atrás, mientras mis ahogados gritos emergían desde lo profundo de mi garganta:

— ¡¿Qué, qué, qué está pasando?! ¡¿Qué está sucediendo?! ¡Haa, haaa!

El suelo de madera comenzó a desquebrajarse en el medio, creándose un surco en dirección hacia mí. Yo me levante lo más rápido que mi cuerpo me lo permitió y corrí en la otra dirección. No paraba de correr, mientras miraba hacia atrás como el piso iba abriéndose. Solté desgarradores gritos suplicando a la nada misma:

¡Haaaaa! ¡Ayuda, alguien ayúdeme, no quiero morir, no, nooo!

¡Noaaaaahh, nooo meee dejeees!—su prolongado rugido resonó atrás de mí.

¡No voltees, no voltees, esta justo detrás de ti, te está pisando los talones! ¡Justo al final del corredor alcance a ver a una puerta, esa tenía que ser la salida, mi escape a ese espiral de sufrimiento! Extendí mi mano en dirección al picaporte y tan pronto lo gire, me encontré del otro lado de una habitación, gritando:

— ¡Haaaaaaaaaaaaa!

Pegue mi espalda contra la entrada, con la ingenua esperanza de que el terremoto no pasara por debajo del marco. Mi grito lleno de angustia lentamente fue apagándose en el silencio:

— ¡Haaaaa….aaagggh…! Haaa…uaaaah…

Las fuerzas me abandonaron y me desvanecí, sentándome en el suelo. Los vestigios de mi desesperación se fueron con mi débil alarido que pronto se convirtió en llanto. Me tape los ojos y me encogí como un bebe, mientras lloraba no por lo que me había pasado…sino por lo que había echo. Solo podía repetirlo una y otra vez:

- Perdón…perdón…perdóname…perdóname…

Lentamente quite las manos de mi rostro y una habitación en penumbras apareció ante mí. Con el rostro húmedo por las lágrimas, alcance a ver la cama de un niño y una mesita ubicada al lado. Ya nada se escuchaba en el pasillo, el temblor se había detenido y mi perseguidor había sido dejado atrás. Aprovechando la inesperada calma, me levante y camine hacia la mesa, donde había un porta retrato. Era como si hubiese estado ahí todo este tiempo, esperando por mí para revivir mis más viscerales recuerdos. Lo tome y mire la foto por varios segundos, había cinco personas en ella sentadas en un jardín. Era una bonita familia, un padre, una madre, un niño y dos niñas. No pude evitar sentirme feliz por ellos, tanto que sonreí y olvide todo lo que me había pasado. Me lleve la foto al pecho y la abrace con cariño, mientras las lágrimas bajaban por mi rostro. Que tonto era, esa ni siquiera era mi familia pero de algún modo, me sentía menos solo ahora. Cerré mis ojos y recordé el aroma de la barbacoa de los domingos, la pereza de levantarme cada día para ir a la escuela y el hermoso color del atardecer que cada tarde veíamos los tres juntos. Así permanecí, abrazando a aquel recuerdo en medio de la desolada habitación…hasta que “eso” toco a mi puerta:

¡Te encontré, Noah!

Mis manos soltaron el porta retrato, cuyo vidrio se hizo añicos al golpear contra el suelo. El momento de felicidad había llegado a su fin, mientras me escondía en el armario. Me encogí del miedo, mientras espiaba a través de las hendiduras. Podía sentir como el corazón me golpeaba con fuerza, como si quisiera salírseme por el pecho. Escuche a mi perseguidor del otro lado de la puerta:

— ¿No me vas a abrir la puerta, Noah? Entonces voy a tener que usar mi llave maestra…esa que abre todas las puertas.

¡De repente, una larga y brutal motosierra atravesó la puerta y comenzó a cortarla de arriba hacia abajo! Tuve que taparme los oídos, para que aquel horrible ruido no rebanara también mis tímpanos. La sierra eléctrica iba creando un enorme hueco, mientras las astillas volaban por doquier. ¡Tengo miedo, tengo miedo, ¿Qué demonios es lo que va a entrar por esa puerta?! Alcance a ver como un brazo pasó a través del tajo y forzó el picaporte. La entrada se abrió de par en par y todo permaneció silencioso por unos instantes, hasta que lo vi entrar. La bestia puso un pie dentro de la habitación, ella era alta y estaba usando un disfraz humano. Con mis ojos llenándose de lágrimas, lo mire a través de las hendiduras. Sostenía una extraña y descomunal motosierra con solo una mano, pero la empuñadura…era extraña, era…como si estuviera sujetando una espada. No podía ver con claridad, pero parecía que la bestia tenía dos cuernos sobre su cabeza. Podía escuchar su pesada respiración similar a la de un monstruo jadeante:

— Haaa…haaa…haaa…

Lentamente y como si pudiera oler mi miedo…ella volteo hacia el armario y entonces los vi…sus ojos emitían un intenso resplandor rojo, eran sin dudas, la entrada al infierno. Camino pesadamente hacia el ropero, mientras yo no podía parar de temblar y rogarle a Dios que no me descubriera:

— Vete…vete…por favor…vete de aquí…

La bestia se detuvo justo en frente de la puerta y permaneció inmóvil por varios segundos. El destello de su mirada carmesí se filtro a través de las hendijas e ilumino mi rostro. Mientras negaba con la cabeza, trataba de pedir mi deseo:

- Yo…yo solo quiero…

- Te dije que te iba a encontrar…Noah—escuche su infame voz.

La bestia arranco la puerta con una mano y me sonrió, su sonrisa no era algo de este mundo…parecía ser de metal y muy afilada, eran las fauces de un atroz demonio. Tal vez fue producto del miedo pero mientras pataleaba, grite cosas sin sentido:

— ¡Quiero que vuelva a ser todo como antes! ¡Todo como anteees!

— ¡Te voy a comer y estaremos juntos por siempre!—el monstruo rugió.

Abrió sus enormes fauces de metal y me devoro, reiniciando aquel ciclo sin fin…o eso era lo que yo creía…En medio de la oscuridad, una suave voz me susurro al oído:

“Despierta, Noah…Abre los ojos, por favor, ya no queda tiempo. Ella te está esperando, mi valiente God Maker

Un muchacho abrió de golpe sus ojos, acostado en una camilla en medio de una desordenada sala. Revoleo sus desorbitados ojos, siendo cegado por las blancas luces a su alrededor. Estaba vistiendo una bata de hospital, mientras tenía un respirador artificial agazapado a su boca. Mientras su vista lentamente iba tornándose más clara, él solo podía pensar:

«¡¿Dónde estoy, qué es este lugar?! ¡¿Qué está sucediendo?!»

Pese a su enorme desesperación por haber despertado en un lugar desconocido, su cuerpo no se movía. Era como si estuviera postrado en esa fría camilla, condenado a solo poder girar sus ojos. Con cada segundo que pasaba, podía sentir como la adrenalina le recorría los vasos sanguíneos, debilitando los efectos de la anestesia. Mientras el respirador artificial se empañaba por sus constantes jadeos, él volvió a pensar:

«¡¿Qué demonios es este sitio?! ¡¿Estoy en un hospital, acaso?!»

Conforme su corazón iba acelerándose, podía escuchar cómo iban en aumento los pitidos del monitor de signos vitales. El muchacho tenía una larga cabellera negra que no había sido cortada en mucho tiempo, y su cuerpo estaba casi esquelético. Volvió a mirar a su alrededor solo para comprobar que no había nadie ahí y eso solo lo angustio más:

«¿Dónde están todos, es que no hay nadie aquí? ¡Alguien, quien sea, vengan a ayudarme, por favor!»

Intento llamar a una enfermera, pero su garganta estaba más seca que un desierto:

— A…a…ayu…da…

Sentía que si formulaba una palabra completa, su tráquea iba desquebrajarse en mil pedazos. Estaba tan sediento que se sentía capaz de vaciar todos los mares de la Tierra, y aun así seguiría insatisfecho. Intento mover un dedo, pero le fue imposible. Resignado al hecho de que todavía no iba a poder moverse, el chico intento tranquilizarse:

«Está bien, no pasa nada. De seguro alguien vendrá a atenderme en algún momento, estoy en un hospital, ¿no es cierto? Pronto se darán cuenta que desperté y llamaran a mis padres…»

Pronto, se dio cuenta de que algo no andaba bien y no era precisamente el hecho de estar postrado en una camilla. El joven se quedo mirando fijamente el techo de concreto, mientras hablaba para adentro:

«Espera un segundo… ¿Por qué no puedo recordar a mis padres? Yo tengo un padre y una madre, ¿no?»

Nuevamente una sensación de angustia domino al inmóvil muchacho y el monitor de signos vitales volvió a enloquecerse. Con su corazón latiendo a mil por hora, él soltó un ahogado grito:

— Huoo…aaagh…

«¡¿Porque, porque no puedo acordarme del rostro de mis papás?! ¡Alguien ayúdeme, sáquenme de aquí, ¿Por qué no viene nadie?!», él pensaba mientras se movía débilmente. Un tornado de preguntas sin respuesta se había desatado dentro de su cabeza:

«¡¿Qué me sucedió, como puede ser que no recuerde a mi familia?! ¡No solo eso, ni siquiera recuerdo como llegue aquí!»

Estaba muy agitado y su pulso demasiado acelerado, lo suficiente como para sufrir un paro cardiaco. Era consciente de que tenía que calmarse de algún modo o de lo contrario, cuando lo encontraran solo hallarían su cadáver. El muchacho respiro profundo y no fue gracias al respirador artificial:

«¡Bien, cálmate, tranquilízate, no conseguirás nada perdiendo la calma! Tal vez solo te golpeaste la cabeza y perdiste la memoria temporalmente, ¡si, tiene que ser eso!»

Por muy optimista que quería ser, su cabeza era una profunda laguna negra donde pescar fragmentos de su memoria sería imposible aun con las mejores carnadas. El muchacho se esforzó por recordar sin mucho éxito:

«¡Mierda, por mucho que lo intente nada se me viene a la mente! Empecemos por lo más fácil, nombre, mi nombre es…mi nombre es…»

Guardo silencio por un instante, hasta que finalmente murmuro con cierta nostalgia:

— No…Noah… ¿ver…dad…?

«Si, ese nombre no paraba de repetirse en mis sueños…así que debe ser ese. Algo es algo, por lo menos soy un amnésico con nombre, aunque hubiese preferido uno más rudo para sorprender a las chicas, jeje», pensó él mientras se daba el lujo de bromear en su situación. De repente, se sobresalto al escuchar el estrepitoso sonido de algo cayendo por unas escaleras de metal. Un brillo de esperanza renació dentro de los ojos de Noah, que pensó:

«¡¿Qué fue ese ruido?! ¡Se sintió muy cerca, eso significa que hay alguien más aquí, no estoy solo! ¡Por favor, ayuda, ayúdame!»

Concentro todas sus fuerzas en sus oxidadas cuerdas vocales e intento llamarlo:

— Ayuda… ¡necesito ayuda…estoy aquí!

Sin embargo, no hubo ninguna respuesta a su desesperado pedido de ayuda, solo un prolongado silencio. Aun así, Noah mantuvo intacta la esperanza de que alguien pronto pasaria por esa puerta a ayudarlo. Las agujas del reloj continuaron girando y conforme iban pasando las horas, la ansiedad se volvía cada vez más insoportable para el joven. Él miro hacia la derecha, donde había una bolsa de suero a medio vaciar y saco conjeturas:

«Definitivamente no estoy solo aquí, alguien ha estado cuidándome todo este tiempo. Pero entonces, ¿Por qué no viene, que lo demora tanto? ¡Como apesta la atención de este hospital!»

Revoleo los ojos y contemplo la habitación donde se encontraba, era bastante sucia para ser la sala de una clínica, no solo eso, las paredes eran de concreto. La incertidumbre fue ramificándose dentro de la cabeza de Noah que comenzaba a desvariar con toda clase de ideas locas:

«Y si en verdad no estoy internado, y no me encuentro realmente en un hospital. Y si fui secuestrado y estoy siendo mantenido con vida por unos tipos muy peligrosos. Lo peor de todo…es que no sé cómo llegue aquí»

Finalmente y con mucho pesar, se había resignado a la idea de que nadie iba a venir, de que iba a morir solo ahí. Él cerró sus ojos y deseo volver a sumergirse en otro profundo sueño:

«Ningún bonito ángel de la guarda va a venir a salvarme, ¿verdad? Yo voy a morirme solo aquí, sin que nadie me recuerde o llore por mí…Yo voy a morirme…sin siquiera saber quien soy»

Parado en la cornisa que separa la vida de la muerte, estaba a punto de dar un paso al frente y dejarse caer, cuando la oyó susurrarle una vez más al oído:

— Despierta, Noah. Levántate como siempre lo has hecho, pelea por tu vida. Este mundo te necesita…GOD MAKER.

Esas últimas palabras resonaron como un par de estallidos dentro de su cabeza, reavivando su espíritu guerrero. ¡Los ojos de Noah volvieron a abrirse con el fuego de la determinación ardiendo en su interior! El joven miro su mano izquierda y grito por dentro:

«¡Como si fuera a morirme en un maldito agujero como este, vamos, muévanse, muévanse maldita seaaa!»

Sacando fuerzas de donde no tenía, comenzó a mover sus temblorosos dedos mientras sus músculos faciales se tensaban:

«¡Eso es, eso es, sigan moviéndose! ¡Puedo moverme, siento que estoy recuperando mis fuerzas!»

Levanto lentamente su mano y la dirigió hacia su rostro, mientras pensaba:

«¡Primero voy a sacarme esta maldita cosa de la cara, no necesito esto para respirar!»

Se saco el respirador artificial de la boca y dejo salir una larga y ahogada bocanada de aire:

— ¡Hoaaaaaaa…!

Una desbordante sensación de dicha invadió su cuerpo, mientras respiraba aire fresco por primera vez en su vida. Era como si hubiera vuelto a nacer o mejor dicho, como si hubiese vuelto de la mismísima muerte. Noah se tomo el cable del suero y se saco la aguja, mientras pensaba:

«¡No pienso pasar un maldito segundo más en esta cama de hospital, voy a salir de aquí, aunque sea arrastrándome!»

Se sujeto a la barandilla ubicada en un borde de la camilla y comenzó a levantarse lentamente. Tuvo que apretar sus dientes de tanta fuerza que tuvo que hacer:

— ¡Nnnrrgg…rrggg…vamos…! ¡Ya casi me levanto!

La barandilla se termino partiendo y el cayo directamente al suelo, aterrizando sobre su brazo derecho. Desde fuera de la habitación se escucho su desgarrador grito:

— ¡Uaaaaaah!

Noah permaneció tirado sobre el frio piso en posición fetal, mientras se tomaba el hombro y esperaba a que el dolor terminara de circularle por cada uno de sus nervios. Sin embargo, por muy dolorosa que había sido su primera caída, él se dio el lujo de festejar con una carcajada:

— Jaja…jajaja… ¡jajajaja!

No sé reía porque estaba loco, si no porque acababa de superar su primer obstáculo que lo separaba de vivir. Noah comenzó a arrastrarse al igual que lo haría un bebe que está intentando dar sus primeros pasos. En busca de algo que lo ayudara a levantarse, miro a su alrededor:

«¡Muy bien, pude bajarme de esa sucia camilla, pero mis piernas todavía están débiles! ¡Tiene que haber algo por aquí que me ayude a levantarme!»

Una sonrisa se dibujo en su rostro al ver un par de muletas apoyadas a un lado de la puerta:

«¡Bingo! ¡Justo lo que necesitaba!»

Noah las tomo y logro levantarse apoyándose en ellas. Apoyo su espalda contra la pared y dejo salir un suspiro de alivio:

Haa…Al fin pude ponerme de pie…gracias a Dios…

Tras unos segundos de merecida calma, alcanzo a ver una pequeña botella de agua justo frente a sus ojos. Allí estaba ella, aguardándolo sobre una mesa, seduciéndolo con sus curvas y deseosa de probar sus secos labios. Como si estuviera hipnotizado por ella, Noah solo murmuraba:

— Agua…agua… ¡agua!

Sediento, se apresuro sobre sus muletas hacia la mesa, destapo la botella y se puso a beber un largo sorbo. A medida que el líquido bajaba por su garganta, podía sentir como una incomparable frescura recorría todo su cuerpo. Antes que se diera cuenta, ya estaba volteando la botella vacía para ver si caía aunque sea una gota más. Ahora se sentía mucho más revitalizado, era como si hubiera bebido un elixir de la vida o esa clase de pócimas mágicas que encuentras en los videojuegos. Mal entonado, Noah se dirigió hacia la puerta listo para desquitarse con el primer medico que se le cruzara:

— ¡Muy bien, ahora voy a quejarme con el director de este hospital! ¡¿Cómo se les ocurre abandonarme en este estado?!

Sin embargo, se detuvo a mitad de camino y un sentimiento de vergüenza lo incomodo al verse reflejado en un espejo de la sala. La bata que estaba vistiendo solo cubría la parte delantera de su cuerpo, dejando su triste trasero al aire. Sonrojado, Noah se lo pensó mejor antes de seguir:

«Creo…creo que mejor me pongo algo antes de salir. No quisiera andar por ahí fuera mostrándole mi trasero a todo el mundo»

Camino hacia un par de taquillas ubicadas en un extremo de la sala, mientras decía:

— Tal vez haya algo de ropa en alguno de esos casilleros. Cualquier cosa sería mejor que llevar esto puesto, odio la ropa de hospital…

Se puso a abrir una taquilla tras otra, hasta que hallo un pantalón negro y una remera blanca en una de ellas. Incluso había un par de zapatillas muy bien ordenadas debajo. Noah menciono sorprendido:

— Vaya, no esperaba encontrar toda esta ropa aquí, parece que mi suerte está cambiando. No sé de quien sea, pero espero que no le importe que la tome prestada.

Al verse al espejo, contemplo con estupor su delgado rostro y su largo cabello que le llegaba hasta la cintura. Sé toco un poco la cara, mientras se preguntaba:

— Me veo terrible, ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente en esa cama? Mi pelo creció tanto que podrían confundirme hasta con una chica.

Intentando ignorar su deplorable aspecto, se puso a desabrocharse los dos nudos traseros de su bata, mientras mencionaba:

— Como sea, no es nada que un poco de comida y un buen peluquero no puedan arreglar.

Sin embargo, cuando su bata cayó al suelo, Noah se dio cuenta de que esas iban a ser la menor de sus preocupaciones. Él permaneció sumido en un shock, mientras miraba fijamente la macabra obra de arte reflejada en el cristal. Con la voz temblorosa, tartamudeo:

— ¿Qué…qué es esto? ¿Pero qué…qué fue lo que me sucedió?

Tenía múltiples cicatrices en todo su cuerpo, al punto que parecía haber sobrevivido a una guerra. Tenía una cicatriz en forma de X justo en medio de sus pectorales, otra en el lado derecho de sus costillas y una tercera atravesaba su estomago de punta a punta. Horrorizado de su propio reflejo, Noah grito:

— ¡¿Pero qué demonios son todas estas cicatrices?! ¡Parezco un maldito Frankenstein! ¡¿Cómo me paso esto?!

Acerco sus temblorosas manos hacia su cuerpo, pero no se atrevió a tocarse las cicatrices. Una horrible sensación de fragilidad lo había invadido, y ahora sentía que podía desarmarse al menor movimiento que hiciera. Las preguntas tomaron la forma de hambrientos gusanos y comenzaron a anidar en su cerebro, infestándolo…pudriéndolo lentamente desde adentro hacia afuera:

«¡¿Cómo fue que me hice todas estas heridas?! ¡¿Tal vez fue un accidente o quizá alguien intento matarme?! ¡¿Me habrán trasplantado órganos?! ¡¿Acaso me queda poca tiempo de vida?!»

Al borde de la locura, Noah se tomo la cabeza y soltó un desgarrador grito:

— ¡¡Uaaaaaaahhh!! ¡Tan solo díganme quién demonios soy!

Cayó de rodillas y rompió en llanto, mientras se tapaba los ojos con las manos. Entre sollozos, él maldecía su propia existencia y deseaba no haber despertado jamás:

¡Hic snif! ¡¿Por qué…me está sucediendo esto a mí?! ¡Ugh, snif! ¡¿Acaso soy una mala persona y merezco todo esto?! ¡¿O es que acaso desperté en el mismísimo infierno, he?!

Se quito las manos del rostro y le grito a su reflejo:

— ¡Por favor, dímelo, ¿Quién soy yo?!

— ¡Ponte de pie, ¿qué rayos crees que estás haciendo?!—escucho una voz familiar.

Noah se sobresalto y las lágrimas salieron disparadas en forma de perlas desde sus ojos. Creyó ver a un joven del otro lado del espejo, y aunque ambos compartían el mismo rostro, eran completamente diferentes. Su otro yo tenía el cabello corto y a pesar de que el sufrimiento le había arrebatado la luz de los ojos, hablaba con mucho valor:

— Tienes que levantarte, Noah. No es momento para llorar, este mundo te necesita.

— ¿Qué este mundo…me necesita? ¿Qué quieres decir con eso…?—pregunto Noah entre lagrimas.

Su otro yo aparto la mirada con un semblante de tristeza y le dijo:

— Escúchame bien…El mundo tal y como lo conocíamos…

Antes de que su otro yo continuara hablando, Noah imagino una ciudad devastada por la guerra, con sus altos edificios destruidos y los pilares de humo alzándose hacia el cielo gris:

— …Ha llegado a su fin. Nosotros hemos perdido la guerra hace años…

Los ojos del muchacho se inundaban por las lágrimas, mientras recordaba el sonido de la gente correr por las calles, siendo cazados como animales por la nueva vida inteligente. Su otro yo le conto:

— No pudimos hacerles frente, ni con todos los ejércitos y las armas del mundo, pudimos detenerlos.

Noah pudo escuchar con claridad el llanto de un bebe siendo sostenido en alto por un brazo metálico, siendo exhibido como un mero trofeo de carne:

— ¡Este enemigo no tiene corazón, no tiene alma y no se detendrá hasta haber pisoteado la última esperanza del hombre!

Dentro de sus difusos recuerdos, podía sentir como las calles temblaban con el avanzar de las tropas enemigas:

— ¡Ellos son como una plaga que se extendió a cada rincón de este mundo, que se adueño hasta del aire que respiramos! ¡Si las cosas siguen así, pronto serán la nueva sociedad!

Noah fue sacado de sus vagos recuerdos por su otro yo, que le dijo con una amable sonrisa:

— Pero no todo está perdido, siempre habrá esperanza mientras tú vivas, Noah. Eres la tenue luz que perdura en la noche más oscura.

El asustado y confundido muchacho bajo la mirada y se tomo un brazo, mientras se desvaloraba:

— Todas las cosas que me estás diciendo…que el mundo se está acabando y que debo luchar para recuperarlo…Perdóname, pero yo no soy tú…

Su reflejo permaneció serio y silencioso, mientras Noah sollozaba:

— Lo siento, pero yo no soy capaz de salvar este mundo. ¿Cómo podría hacerlo siquiera? No sé quién soy y este miedo que tengo me está diciendo que debo ocultarme, que no debo salir de aquí…

— Noah…levanta la cabeza…—oyó la gentil voz de su otro yo.

Tan pronto Noah alzo su rostro fue deslumbrado por el reflejo de su subconsciente. El muchacho al otro lado del espejo, le sonrío:

— No tengas miedo porque no estás solo…ella está contigo y nunca te abandonara.

— ¿Ella…a quien te refieres?—pregunto Noah confundido.

Su otro yo lentamente fue desvaneciéndose en el espejo, mientras se despedía:

— Búscala y despiértala, ella te está esperando, Noah. Sé que los dos juntos podrán sobreponerse a todos los peligros que se les aparezcan…estoy seguro de eso…

Noah se arrastro hacia el espejo y extendió una mano, suplicándole:

— ¡Espera, no te vayas, todavía tengo preguntas!

Su otro yo desapareció completamente en el cristal, dejando solitario al joven. Noah permaneció en silencio y con los ojos ocultos tras su flequillo, mientras lentamente fue bajando su mano. Sé levanto sin la necesidad de las muletas y pensó:

«No sé quien soy ni comprendo el mundo en el que me toco despertar, pero algo si es seguro…»

Tomo la ropa apoyada sobre el respaldo de una silla y comenzó a vestirse. Mientras se ponía la remera, llegaba a una decisión:

«Quiero salir de aquí y descubrir quién soy y cuál es mi misión en esta vida»

Vistiendo su largo pantalón negro y con su cabellera agitándose con cada movimiento dado, él miro hacia la solitaria camilla:

«Quiero averiguar porque desperté aquí, que son todas esas cicatrices en mi cuerpo y que es lo que está pasando en el mundo»

Decidido a todo, camino hacia la puerta que lo llevaría a un sinfín de aventuras donde la felicidad y la tragedia serian las dos caras de una misma moneda:

«Todas mis respuestas me esperan detrás de esa puerta, ¿Qué qué clase de peligros encontrare? Eso no lo sé, pero de algo estoy seguro, este camino no lo hare solo…»

Una sonrisa se dibujo en su rostro y giro el picaporte:

«Siento que alguien está esperando por mí en alguna parte y voy a encontrarla»

No muy lejos de ahí, en una habitación llena de computadoras, alguien estaba sentada en una silla conectada a varios cables. Ella abrió sus fauces metálicas con dientes en punta y sus ojos emitieron un resplandor rojo:

— Te estoy esperando…mi God Maker.

26 de Noviembre de 2021 a las 07:23 0 Reporte Insertar Seguir historia
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