Chupetones. Seguir historia

fran-laviada Fran Laviada

Pequeños bocados eróticos.


Erótico Sólo para mayores de 18. © Francisco Álvarez Arias

#Chupetones
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Chupetones.

    1-Conocí mujeres que follaban con su novio (futuro), al día siguiente de conocerlo, incluso las más ardientes, ya se lo “llevaban al huerto” el mismo día, pero, eso sí, el “francés”, lo dejaron para después de la boda, cuando ya había más confianza, para estar seguras de lo que se llevaban a la boca.

    2-Mi obsesión por los pechos, me ha hecho volver a soñar, como tantas veces, con unas enormes tetas que parecían tener vida propia. Unas magníficas glándulas, redondas, turgentes y morenas. Con unos pezones oscuros, rugosos y grandes, para hacer juego con todo el conjunto mamario, que inevitablemente me invitaban a meter mi boca dentro, para succionarlos sin parar, como un bebé hambriento, y dejar aquellas ubres, transformadas en gigantescos depósitos de leche fresca, completamente secas.

    3-Conocí a tíos (un poco guarros, esa es la verdad), que se “cepillaban”, todo lo que se les ponía por delante. Daba igual que fueran jóvenes o maduras, solteras o casadas, guapas o feas. Todo les valía, porque ya se sabe que “todo lo que vuela, a la cazuela”. Y en el mismo día caían dos o incluso tres, y entre cópula y cópula, tan solo un pequeño margen para recuperar fuerzas, y proceder a una higiene elemental de combate, un pequeño “baño austriaco”, lo que viene siendo una limpieza básica de ojete, rabo y sobaco. Y a seguir dándole…


23 de Junio de 2017 a las 17:20 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Fran Laviada Editor de contenidos. Especialista en Liderazgo y Motivación. Técnico Deportivo Superior. Entrenador Nacional de Fútbol. Profesor de Enseñanza Deportiva. Articulista y Escritor. La imaginación nos permite darle tienda suelta a nuestra creatividad para que nos lleve volando con las alas de la inspiración a un universo fantástico que nos aleje de la cruda realidad, aunque al final no tengamos más remedio que volver a ella y poner nuestros pies en el suelo de la auténtica existencia diaria.

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