Selcouth Seguir historia

uri_nc Cynthia Maekaneku

Historia sobre el reencuentro de dos personas cuya relación es inusual y hermosa. "Selcouth debería estar reservado para lo extraordinario" aquellas situaciones que no se podrían describir por un simple dialogo entre ellos, sino por situaciones, acciones y sensaciones ya vivídas.


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#historia corta #one-shoot #reencuentro
Cuento corto
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En una ciudad, cubierta por la nieve y azotada por los fríos vientos. La gente sale a las calles fuera de sus cálidos hogares a caminar, trabajar, estudiar, juntarse con otras personas o ir a una cafetería para tomar un simple café, todo esto ignorando el frío que brindaban aquellos caminos pavimentados y adoquinados suelos.

Las narices rojizas y el vapor que sale de las bocas de los transeúntes protagoniza aquel escenario, no era de extrañarse el ver gente frotándose las manos y apretando los dientes, maldiciendo al salir sin mucho abrigo a la calle.

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Desperté de repente, me sentía perdida, adormilada y bastante mareada. Diría mareada y por poco con sensaciones de vomitar, pero era simplemente eso: "sensaciones"

Me estaba trasladando de un lado a otro, vagabundeando por el área, como si desde siempre hubiera estado ahí cuando en un instante allí, a lo lejos, lo vi...

Lo vi y no pude creerlo.

Lo vi y me emocioné.

Mis recuerdos cobraban sentido, algunos, no todos, no sabía por qué.

al fin pude ver a un viejo amigo, todo mi ser se estremeció al sentir una rebosante felicidad. Él había cambiado bastante, había crecido bastante y se lo veía un tanto más corpulento, aunque sus facciones principales no habían cambiado, sus ojos y cabello seguían siendo los mismos, sus pecas y aquél distintivo lunar en el cuello seguía allí.

Quería decir un "Hola" o un "¿Qué tal? ¿Cómo estás?" Pero en vez de eso, levanté mi mano a la altura de mi hombro, y la agité eufórica, como si quisiera llamar la atención de alguien con mucha fama.

Me decepcionó un poco cuando él siguió de largo como si nada "¿por qué me ignoras?" pensaba mientras lo veía seguir su camino, se que no soy alguien de lo más "femenina" como decía la gente o muy amigable ¿Pero era necesario que actúes con tales modales?.

Los días siguieron con la misma rutina el pasaba cerca pero no me notaba, a veces incluso me paraba enfrente suyo para que me viera pero no... Fue completamente inútil, me ignoraba sin problema alguno, en esos momentos grité todos los improperios habidos y por haber, pero no causaba ninguna reacción más que la del vuelo de unos cuervos. En ocasiones giraba su mirada hacia donde estaba yo, pero de nuevo... y como si no fuera nada para él, siguió de largo.

Ya me había rendido, siempre que lo veía pasar de un lado a otro cerca de mi, me cruzaba de brazos y lo miraba con enfado, aunque poco a poco y con el tiempo, lo comencé a observarlo con aburrimiento y un poco de preocupación, más de lo segundo que lo primero al notar que él caminaba con una expresión seria y melancólica, casi triste. Pero poco a poco mis sentimientos iban cambiando más aun, entre la indiferencia, el enojo y la preocupación, no supe distinguir.

"¿Me odias? ¿Que te hice?" pregunté, preocupada en un momento "¿¡Por qué me atormentas de ésta manera!?" Me preguntaba, casi a punto de agarrarme los pelos de la cabeza sentía que iba a enloquecer si aquél silencio entre los dos se iba extendiendo. -¡Deja de aparecer por aquí!- grité una vez, llena de enfado, pero el me siguió ignorando.

Me dieron ganas de llorar. Sentía un nudo en la garganta, por poco sentía que me iba a caer.

Eae sentimiento peculiar de impotencia.

Pasó un mes agobiante, un mes lleno de angustia. El clima seguía igual, estaba lista para ver que mi "amigo" se acercara otra vez para solamente seguir de largo en su rutinaria caminata pero, en vez de eso, en un momento lo veía llegar con un ramo de flores al lugar en donde me encontraba. Sentía ¿Celos? Tal vez, no creí que esas bonitas flores sean para mí, mientras más pensaba en ello, me sentía más densa, como si llevara una enorme bola de hierro en el estomago y me tuviera que arrastrar para tan solo desplazarme.

Mientras lo seguía, él caminaba y pasaba por el portón hecho de hierro y adornado con varias enredaderas y flores blancas. Yo a escondidas lo seguí, tal vez por envidia, tal vez por curiosidad. El parque era inmenso y colorido, a pesar de que el frío y el gran cielo gris dominaba el lugar.

Nos adentramos en un lugar lleno de flores...

Estatuas...

Mascotas abandonadas...

Caminos sucios...

Cruces...

Lápidas. Muchas de ellas estaban destruidas, y a pesar de que el lugar parecía ser tenebroso de noche, ahora mismo se sentía una inquebrantable paz, ya que violetas de invierno y otras hermosas plantas decoraban aquel melancólico lugar.

Unos metros más adelante pude distinguir unas escaleras de piedras blancas que daban hacia abajo me era ¿familiar?, noté que el piso estaba resbaloso -No sigas, te puedes caer- comenté preocupada, levantando el tono de voz pero como respuesta y como siempre, recibí su ignorancia nuevamente -!! ¡CUIDADO!- grité segundos en cuál lo vi caer hacia abajo, intenté retenerlo, pero fue inútil -...hey...- al llegar a él intenté moverlo, hablarle, tenerlo en mis brazos, pero no... Grité por ayuda, pero fue inútil, nadie me escuchaba y pareciera no haber nadie cerca. Seguí gritando y comencé a llorar hasta que una de sus cálidas manos tocaron mi fría mejilla -Por fin te pude ver- murmuraba él con una tenue sonrisa en sus labios. Abrí mis ojos desconcertada -¿Eh?- sólo llegué a murmurar, lo miraba a los ojos, en situaciones normales hubiera estado feliz, pero no, mi preocupación iba a mil por hora. -¿Por qué viniste hasta aquí?- fue la única pregunta que salió de mis labios -¿Té olvidaste?- respondió él con una pregunta, yo ladee la cabeza, sin comprender, él lo captó enseguida y gira su cabeza como si indicara que mirara hacia donde apuntaba con la cabeza -¡Este lugar!- exclamé sorprendida, lo recordé finalmente, comprendí su ignorancia y su mirada seria, noté aquellos fragmentos de lo que alguna vez fue una lápida. -No recordaba donde eatabas realmente, este lugar ahora es inmenso... y me costó mucho encontrar aquello-

Antes de decir algo en respuesta, él habló primero -Hace muchos años me mudé a otro país con mi familia y no pude volver, hasta hace poco. Cuando llegué no te veía y... Pensé que estabas enojada conmigo- dijo lo último sonriendo algo apenado mientras se reponía, arrodillándose primero, al parecer sólo tenía unos raspones y el brazo derecho muy lastimado, pero se veía que no le importaba -Jajajaja ¿yo? ¿Enojada?- me reí nerviosa y veía cómo se incorporaba, ahora poniéndose de pié -¡Me ignorabas! O eso creí... Yo pensé que vos estabas enojado conmigo o que me olvidaste o... o que no te importaba. Después de todo, hace muchos años no nos veíamos- hice un leve puchero de manera involuntaria, el sólo se ríe ante mi reacción -Te había traído flores... Pero las aplasté en la caída. Perdón por eso... y por no poder verte- confesó y se disculpó avergonzado, rascándose la nuca, me causó ternura -Siempre viniste para verme, aunque yo. No lo supiera. Y eso para mí es suficiente- no lo noté en ese entonces, pero a causa de lo que dije, sonrió algo incómodo.

Entonces, recordé viejos tiempos. En donde él era tan sólo un niño, y yo... Yo no cambié en nada, seguía siendo la entidad de una muchacha atropellada por una carreta. Él siempre venía a mi en las tardes, a hablar de sus vivencias allí, fuera del cementerio. Las pocas amistades que él tenía, las buenas notas que sacaba en sus exámenes, los juguetes que le regalaban, las comidas deliciosas o no tanto que preparaba su madre. Las ansias esperas que tenía por verlo en esas tardes de primavera, cuando el cementerio parecía un campo común y corriente. Por último recordé los comentarios que recibía él cuando hablaba sobre mí, el motivo por el cuál nos alejaron.

-te extrañé- murmuré, -lo sé...- respondió él -¿volverás a irte?- pregunté y en respuesta recibí una negación con la cabeza de su parte -¿te seguiré viendo?- proseguí sin vacilación, lo cual él amplió aún más su sonrisa -claro que sí. ¿Cómo se me ocurriría abandonar a mi amiga otra vez?- Me cuestiona, luego de responder a mi pregunta.

Sólo unas pequeñas risas y el ruido del viento se llegó a escuchar en aquella fría tarde. Una cálida y extensa charla nos entretuvo, mientras estábamos sentados al pié de aquellas escaleras de piedras blancas.

Pareciera que esas tardes de verano que se detuvo luego de nuestra abrupta separación, comenzó a fluir silenciosamente.

---~~~---

Cerca de ellos, lo único que se podía ver de los restos de la lápida, eran la fecha de nacimiento y la fecha en la que aquella joven murió.

La joven fue alguien que murió y su espíritu quedó con miedo, miedo a sus errores, miedo a la angustia y a la soledad que sentía cuando sus seres más cercanos (Cercanos sólo por deber y no por querer) la dejaban a la intemperie. La compañía del muchacho le hizo olvidar lo que en vida sufrió, más no al perderlo cuando él, de niño, se fue. Se sumió en un sueño de varios años por la tristeza ocasionada.

Ambos saben que aquella unión no durará todo una vida, pero no le daban importancia, al fin y al cabo, son conscientes de que un encuentro finaliza con una despedida.

Ninguno de los dos saben si es un "Hasta pronto" o un simple y triste "Adiós". Pero gracias a no saberlo, se centran en el "ahora".

Se centran en aquél re-encuentro fortuito que les alivian el pecho y lo irán construyendo con buenos recuerdos.

4 de Junio de 2017 a las 19:06 0 Reporte Insertar 0
Fin

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