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shiori_taekook Shiori

El fin puede ser solo el inicio. Novela corta inspirada en la canción "El día del huracán" de El mató a un policía motorizado.


Fanfiction Bandas/Cantantes Sólo para mayores de 18.

#navidad #apocalipsis #Taekook #
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Vísperas de Navidad

¨Viajando por el cielo azul, cielo azul
Esperando el armagedón, vos y yo¨

El día del huracán, El mató a un policía motorizado

.............

Es un día soleado, brillante y por ende, contradictorio. Es la primera vez, después de una intensa semana de lluvias, que el cielo se ve así.

JJK demoró horas en llegar a su trabajo. Cuando el metro funcionaba, ese era un viaje vertiginoso de 20 minutos al edificio International Business Center, poseedor de una docenas de ascensores. Cajas metálicas que se lo tragaban de lunes a viernes, a las 07.30 de la mañana para escupirlo a las 18.

Se detiene en las escalinatas de ingreso. La construcción espejada le devuelve su reflejo y es una imagen que no reconoce. Transpirado, con la camisa fuera del pantalón, y ¿su cabello? ¡Qué desastre! es un revoltijo negro sobre el que han caído algunas hojas amarillas. Por primera vez, al elegante y correcto JJK, poco le importa. Es solo otro joven corriendo como loco por las calles de Seúl, tratando desesperadamente de hacer lo correcto.

Difícil no sentirse aterrado.

Su tiempo se acaba. Se está yendo.

Ingresa y llama al ascensor. Piensa en esa carta que escribió a los 18. Escondida entre las hojas de su agenda del año anterior, dentro del cajón de su escritorio.

Recién allí, detenido frente a las puertas de acero, se percata del silencio. Por la recepción, decorada con árboles navideños y luces, la gente pasaba a montones, siempre ocupada, o preocupada, envuelta en sus trajes negros o grises, saludando con reverencias, o pasando de largo, de acuerdo a la posición o el ego.

Si algo no va a extrañar ese hombre de buen porte, es trabajar tanto para pagar la renta. No va a extrañar madrugar y gastarse la vista frente la computadora para venderle seguros a personas que desean la pronta muerte de su pareja. No va a extrañar su cubículo en el cual se aisló durante los últimos tres años. Ni al hijo de puta de su jefe maltratando a quien se le cruzara, mientras con una mano firmaba seguros engañosos y con la otra manoseaba a las becarias.

Se da cuenta de que los otros ascensores están en planta baja y toma el contiguo.

Una semana.

Para el próximo viernes la humanidad será un capítulo cerrado y vergonzoso en la historia del universo. El capítulo más intrascendente y peor escrito. A JJK no le molesta que se extingan, le molesta que haya tenido que pasar esto para animarse a enmendar su error.

Es humano, piensa, se justifica, mientras las puertas del ascensor se abren. Es humano y tuvo miedo. El miedo lo paralizó cuando era joven y, ahora, otro miedo, con otro color, con otro empuje, lo lleva a entrar al departamento de ventas de la empresa, en busca de una carta.

Se detiene en seco. ¿Es lo que cree que es? No, no puede ser. El ronroneo suave de una computadora y el click de un mouse en el medio del silencio. ¿Es parte del pánico delirar? El chico no lo sabe. Ignora mucho, pues ha vivido poco y mal. Abre la boca en un gesto muy suyo, y se acerca a los sonidos que, en lo cotidiano, siempre fueron fagocitados por todos los demás.

Toda acción que fue cotidiana, piensa, ahora es terrorífica.

—¿Qué haces?

Su voz retumba entre las falsas paredes de ese espacio deshabitado. El hombre que teclea levanta la mirada y se saca los auriculares.

—¿Qué?

—Te pregunté, qué haces.

—¿Qué no es obvio?

—¿Estás trabajando?

JJK siempre consideró a su compañero un loco de atar, pero acaba de confirmar que es peor de lo que imaginó entonces.

—Debo terminar este informe o van a despedirme. Eso dijo el Sr. L, la semana pasada, ¿Qué no oíste?

O puede que la situación extrema lo afectara en lo profundo de su psiquis, llevándolo a la negación absoluta. Mucha gente en ese instante está siguiendo con su vida tal como la conocieron siempre, totalmente atados a su rutina. Incapaces de hacer otra cosa. Atrofiados desde el corazón hasta las piernas. Él mismo tendió su cama antes de salir, como si fuera a volver a ella.

Deja su mochila, que pesa toneladas, sobre el suelo. Vuelve a los ojos de ese lunático que finge vivir otro día igual al resto.

Considera alejarse lentamente y seguir con sus planes. Pero, en cambio, se acerca para observar la pantalla.

—¡Lo sabía!

¡Por supuesto que no está trabajando en ningún informe!, si de algo no se puede jactar KTH, es de ser responsable. Cuando entró a la empresa lo hizo por contactos. Sin méritos, holgazaneaba en la terraza la mayor parte del día y tenía una habilidad asombrosa para no estar en los momentos críticos. Los gritos los recibían otros. Muchas veces fue él. Para cuando el tipo llegaba con su cara hermosa, la tempestad había pasado.

Aunque cuando se le antojaba, eso sí, era el mejor vendedor del departamento.

—¿Vas a pasar tus últimos días jugando al Overmatch?

—¿Me estás haciendo una propuesta mejor?

Su sonrisa es burlona. Otra cosa que le molesta a JJK es la superioridad basada en nada, en ningún mérito más que el de su certeza de que es superior. Decide que no tiene que perder su, más que nunca, valioso tiempo.

Así que pasa a su cubículo, que está al lado. Su mano tiembla cuando abre el cajón. Su agenda es de cuero negro, propia de una persona a la que no le gustan los colores pasteles para escribir notas con mensajes para alentarse en días difíciles y, pese a todo, está toda escrita con colores cálidos, junto a arabescos, flores y corazones. Así es él. Escondiendo entre tapas negras un alma arcoiris.

La carta, escrita en un papel que el tiempo ha vuelto amarillo, es larga. Sin embargo, la sabe de memoria. Lloró sobre ella destiñendo sus letras. “Es el peor error de mi vida”, dice en alguna parte. Lo sigue pensando.

—Por favor, trata de no ir a este baño, pasaron cosas.

Al principio piensa que KTH le está haciendo una broma escatológica. Todos los hombres hacen chistes de caca, pedos y vómitos y esperan que alguien como él, que es hombre, se ría. Alguien como él, se obliga a reírse, pero no porque encuentre el chiste divertido, sino porque quiere agradar y ser aceptado y, como eso ahora no importa, murmura un “idiota” y mete la carta en la mochila, junto a la comida enlatada y la manta y la máquina de afeitar y la muda de ropa y otros elementos que consideró podía necesitar en una situación de contingencia.

Coloca su monumental peso sobre las espaldas y, antes de largarse, observa las espaldas del hombre que juega un videojuego, solo. Puede que sea un idiota, pero no deja de ser un hombre enfrentando su destino detrás de una computadora. Y cuando llegara el momento, desgarrador, de abandonar la vida, no tendría una mano que comprendiera su miedo. Quiso preguntarle si tenía familia, en cambio le pregunta:

—¿Qué pasa con el baño?

—Hay un muerto.

La garganta se le cierra. JJK es un niño, en el fondo. Nunca quiso salir de allí. Lo obligaron. El mundo adulto lo asusta. La idea de la adultez es como un estadio monstruoso al que se niega a llegar.

—¿Qué?

KTH vuelve a retirar los artefactos de sus orejas. Piensa, ridículamente, que son orejas grandes y tiernas, impropias de un arrogante.

—Sí, un muerto.

—¿Se mató?

—No. Lo mataron.

—¿Tú?

—¿Yo? ¿Me ves capaz de matar a nuestro amado jefe? ¡Por Buda, estoy terminando mi informe solo porque él me lo pidió! ¿Por qué haría algo así?

Lo dicho. Los niños no crecen para transformarse en hombres, sino en monstruos. Sabe que está abriendo la boca. Esa maldita costumbre lo hace pasar por idiota, ya se lo han dicho. Luego cae en la cuenta ¡Es KTH! Se está riendo de un infante crédulo como aquella vez que le dijo que le darían un bono compensación por ser el mejor vendedor del mes y él comenzó a tejer todas las posibilidades en la que invertiría ese dinero que nunca llegó. O esa otra vez, que dejó un informe que le habían encomendado a él, entre los suyos. O como cuando le decía que se le había rajado el pantalón y él se debatía entre fijarse y quedar como un idiota, o no fijarse y andar mostrando los calzoncillos por toda la oficina. De cualquier forma, KTH siempre se reiría de él. Había aprendido a ignorarlo. A no creerle. A no hablarle. Ese infeliz no iba a cambiar sin importar la situación y para comprobarlo, se dio la vuelta y se dirigió a los sanitarios.

—¡Yo te lo advertí!

L era un jefe despreciable. Era el diablo en traje hecho a medida. Durante los tres años que estuvo allí, nunca tuvo un gesto amable con nadie. Jamás perdonó una falta por las razones que fuera. Las llegadas tardes eran castigadas con horas extras y descuentos ejemplificadores en un sueldo que, ya de por sí, era el mínimo. Los sindicalistas jamás ascendían. Podía insultarte de las formas más creativas delante de tus compañeros y, después de esa humillación, quedabas menos entero. Nadie te hablaba para consolarte, ni muchos menos podrías pensar en un abrazo. Cada quien se salvaba como podía. Sin embargo, verlo en el piso, encima de un charco de sangre, le parte el corazón.

La idea de que ahora es el siguiente, de que KTH esta apuntándole con la misma arma con la cual ha limpiado a L, le genera un profundo escalofrío. Y es que tiene una carta que entregar. Un dolor que sanar. Piensa en sí mismo como un alma en pena, vagando en el vacío, sin nadie que logre escuchar su llanto.

Sin embargo, el hombre de cara bonita sigue sentado. Lo observa. Su camisa arremangada no tiene rastros de sangre. Posiblemente se la cambió.

—Iba a morir de cualquier forma.

—Íbamos a morir juntos. No de a uno.

—Siempre morimos solos. Es igual que la vida. Solos.

Tiene una mirada profunda. Muy profunda. Una que nunca conoció antes. Pero la quita del medio con una sonrisa inventada y agrega:

—Y, de cualquier manera, yo no fui.

—Y, de cualquier manera, no me importa.

Agrega JJK, aunque sí, sí le importa saber si está delante de un asesino y si debe caminar hacia atrás para ver la bala de su destino llegar antes de tiempo. Traga saliva, analizando la distancia y los pasos que le llevará alcanzar la puerta.

—Yo... creo que sí debería importante JK. Porque el asesino continúa en el edificio.

Es víspera de navidad. La nieve se ha derretido hace semanas y tienen un invierno otoñal. El pronóstico augura una última semana de temperaturas agradables. Última.

Escucha los pasos acercarse, en un trote desesperado. La euforia de su corazón le duele en el pecho y lo paraliza.

Primero entra la sombra, después el hombre. El asesino.

Lo conoce, claro y piensa que sus siete días, se redujeron a siete segundos de temperaturas agradables en víspera de navidad.

...............................

¡Bienvenidos! esta historia tendrá solo 6 capítulos y está motivado por un reto Inkspired. Espero lo disfruten.

14 de Noviembre de 2021 a las 21:48 2 Reporte Insertar Seguir historia
7
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Rachel Mytime Rachel Mytime
Vale, lo has conseguido, contaré uno a uno los días hasta el siguiente capítulo. Magnífico inicio. ♥
November 15, 2021, 00:49
별 💜💫🐯🐰🐱🐥 별 💜💫🐯🐰🐱🐥
Uaaaaa!!!! Esperando el restoooooo!!!!
November 14, 2021, 21:59
~

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