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LOS ASESINATOS DEL CALAMAR

—¡Putas modas!

El sargento Garrido manoteaba la tarjeta encontrada junto a los cadáveres. Una puta clase de geometría era aquello. Dos cuerpos dispuestos en el suelo, estirados y juntos las piernas y los brazos, se tocaban por los extremos y en forma de círculo.

El sargento no solo estaba cabreado por el crimen surrealista, por la mayor exhibición morbosa posible delante de la catedral. Lo que le ponía nervioso era que un agente novato le tuvo que explicar que los tres símbolos de la tarjeta se referían a una serie coreana de televisión. ¿Le estaba tomando el pelo con eso del calamar?

Los de la científica pasaron a su lado y se despidieron con su frialdad característica. Nunca le gustó ese apretòn de manos, parecía que se llevaban el trabajo a casa, estaban tan muertos por dentro como los dos fiambres.

Al sargento parecía salirle humo por las orejas. Miró la tarjeta, luego al novato, que descubrió al instante que sobraba allí. El círculo era la representación del asesinato de aquellos dos hombres. Pero la tarjeta mostraba dos figuras más: el triángulo y el cuadrado.

No tenía ninguna duda. Al asesino le faltaban dos crímenes más.

***

El barrendero, tras la inyección del calmante, negaba con la cabeza muy despacio. No había visto a nadie, solo un gato negro.

—Eso creo, la esquina donde lo vi no estaba iluminada. No hay ni luna —añadió.

El cabo Fuentes se frotó los ojos. Bastante cansado por las cortas noches que le regalaba el bebé, no le ayudaba ver enfrente la somnolencia en persona. No eran los calmantes, era el shock. Una cosa era encontrarse un borracho desmayado, otra recordarte tu mortalidad. Barrer, recoger y tirar. Al hoyo.

El tremendismo de la situación no le impidió a Fuentes ser directo en la siguiente pregunta:

—¿No ha visto ningún rastro de sangre por los alrededores? Ya sabe, en su trabajo siempre están muy pendientes de todo lo que haya en el suelo.

—No, qué va... Me sorprende que en los plásticos no hubiera nada.

—Perdone, ¿a qué se refiere? —El barrendero lo miró asustado—. A ver, tranquilo, cuente sin más. El problema lo tiene el asesino, no usted.

—Me-me-asus-sus-te, verá, había unos plásticos encima y los aparté para ayudarlos. Creo que son aquellos —señaló hacia el carro de recogida de basura—, los que están junto al carro. No son basura.

Con la mirada fija en el carro, Fuentes soltó rápido un gracias, que se descolgó de su boca cuando ya estaba delante de los plásticos. No era basura sino oro. Se agachó y con un bolígrafo fue buscando algo de valor. Descubrió unas letras mayúsculas en un extremo: SAGRA. Y unas botas aparecieron a su lado. Las del sargento.

—Cabo, se ha alejado un poco de la escena del crimen, ¿no?

—Mi sargento, esto también es la escena. El barrendero apartó estos plásticos sobre los cuerpos.

—Póngase los guantes, y a la bolsa. Y le recuerdo que me sobra el mi —el bigote se levantó por su lado derecho—.Cuando sea mi yerno tal vez, podrá decir mi suegro.

—Perdone, sargento, llevo poco y me cuesta acostumbrarme.

Con la bolsa de pruebas en la mano, Fuentes seguía al sargento en dirección al coche patrulla. Éste abrió la puerta del copiloto pero sentó con las piernas fuera sin apartar la vista del teléfono móvil. Fuentes entró y echó atrás la cabeza en el respaldo del asiento. Miraba arriba pero las plegarias no eran cosa suya. El techo del coche tenía una pegatina del escudo del Real Madrid medio arrancada. Así somos los españoles, en lugar de dos escudos de equipos rivales, uno pone y uno quita. A la greña.

—Sargento —seguía de espaldas con el móvil, así que repitió:—. Sargento, ¿ha visto algo así antes?

—En el cine.

A Fuentes le salio una risilla.

— Pues entonces, sargento, los dos tenemos experiencia. Yo de ver C. S. I.

El sargento ya le había enseñado en los pocos meses que llevaba en Calahorra su socarronería, por lo que intentó ponerse a su altura. Cuando se dio la vuelta el sargento, sus ojos eran tan oscuros como su bigote, ningún brillo había en ellos. Acababa de informar por whatsapp al mando en la Comandancia de Logroño

—Nuestro CSI tiene que ver los plásticos. Pero una cosa sí sé. Son de un cultivo. Así que haremos una batida por las cosechas de las afueras del pueblo.

13 de Noviembre de 2021 a las 18:20 0 Reporte Insertar Seguir historia
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