lau-boiocchi1635013491 Lau Boiocchi

Un relato corto, en forma de carta, de todas las experiencias vividas con mi perro Jack, quien me acompañó por 14 años de mi vida.


Historias de vida Todo público.

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Una ¿carta? al perro que me cambió la vida

Hola Jack,

Hoy es 23 de octubre. Hace una semana exacta estábamos festejando tu cumpleaños número 14. Hace 3 días que te fuiste, dejándome el vacío más grande de mi vida.

¿Dónde estás, amor de mi vida? ¿A qué lugar te fuiste? Me siento sola sin tu compañía. Sin tus ladridos, sin tus pasos que retumbaban por toda la casa, sin tus atracones de comida. En casa todo tiene tu esencia: tus lugares favoritos para acostarte a dormir, la mesita en la que estaban apilados todos tus juguetes (que no eran pocos), el patio, mi habitación de la cual aún sigo sacando tus pelos, el ruido del cisne de juguete siendo empujado por vos porque lo detestabas.

En un mes se iban a cumplir 14 años del día en que entraste a casa por primera vez. Ese 22 de noviembre de 2007, un día tan primaveral de finales del ciclo lectivo, casi tragicómico para todos los que estábamos en la escuela, en el que te fuimos a buscar a la puerta del colegio donde nos estabas esperando. Cuando te vi por primera vez, una bola de pelos negra adorable por donde te miraran, supe lo que era el amor a primera vista por primera, y única, vez en mi vida.

Ayer, 22 de octubre, a un mes de ese aniversario, llegaron a casa dos perritos nuevos. Dos cachorros mucho más chiquitos de lo que vos eras, en tamaño y en edad seguramente. Los hubieras odiado con todo tu ser. O quizás no, nunca lo voy a saber con certeza. Pero sí se que no eras un perro con paciencia ni muy social, entonces puedo suponer que a ellos no los hubieras querido ni un poquito. A mi también me está costando quererlos. Los cuido y los atiendo, pero no son vos. Nunca lo van a ser. No sentí ese amor inmensurable por ellos apenas los vi como si lo sentí por vos.

Los nuevos integrantes de la familia se llaman Liam y Noel, por los hermanos Gallagher. ¿Sabes por qué pensé en esos nombres después de estar horas sin que se nos ocurriera nada ni nos conformara ningún nombre? Porque encontré una foto tuya, una historia de Instagram, en la que había puesto la canción Live Forever: "Vemos cosas que ellos nunca verán, vos y yo vamos a vivir para siempre" te había dedicado. Y era así, porque el vínculo que teníamos los dos, que vos tenías con cada una de nosotras tres, con mi hermana y con mamá también, era especial y único.

En mi caso, me ayudaste a sobrellevar un montón de cosas. Me trajiste alegría, paz, contención y esperanza. Durante ese período de mi vida en el que no me podía levantar de la cama de lo deprimida que estaba, en el que me quedaba hasta altas horas de la madrugada despierta, intentando ocupar mi mente, vos siempre estabas ahí: acostado a mi lado, o haciendo alguna travesura de las muchas que hiciste a lo largo de tu plena vida. Fuiste el ser que más me acompañó cuando lo necesité, mi mejor y más fiel amigo y compañero. Fuiste el único que nunca me traicionaste (aunque me hayas mordido un par de veces por pisarte mientras dormías o por molestarte durante el sagrado momento de la comida).

¿Por qué me cuesta tanto dejarte ir, viejo amigo? Eras, sos, y serás por siempre todo para mí, para nosotras. Porque todo en esta casa giraba en torno a vos y a tus necesidades; adaptamos todo a tu tamaño, a tu hiperactividad, a tu insolencia. Eras "todo" lo que significabas para nosotras, pero también eras todo, en el sentido de tu ser: eras bueno pero eras malo también, eras hiperactivo pero eras tranquilo, eras juguetón pero eras vago, eras valiente pero también eras cobarde, eras destructor pero también eras creador de tantas cosas, eras guardián pero también eras pacífico, eras cariñoso pero también eras hosco. Todo lo que se podía ser, vos lo eras.

Estuviste en todas las postas importantes de nuestras vidas: cuando terminé la primaria, cuando cumplí 15 años, cuando mi hermana estuvo grave, cuando terminó la primaria y cumplió 15 años, cuando ambas terminamos la secundaria, cuando empezamos la universidad.

Quizás por ello, por tu presencia en 14 largos años de nuestras cortas vidas, me cuesta pensar que hace 3 días no estás acá. Quizás por ello me cuesta pensar en que todo lo que venga, no vas a estar más al lado mío. Todavía hago cosas que hacía cuando seguías acá, como querer prohibirle a papá que deambule libremente por la casa, como vos se lo prohibías. Me cuesta pensar que ya no vamos a escuchar música juntos, que ya no voy a poner a Queen para que te calmes o a One Direction para que juguemos. Me cuesta pensar que nunca más vamos a ver una serie juntos, especialmente Doctor Who o Los Simuladores, que tantas veces vi con vos a mi lado. Me cuesta pensar que ya no vamos a ir al supermercado y vamos a pedir una cantidad desorbitante de carne, pollo y comida para perros para saciar tu hambre constante. Me cuesta pensar que no me tengo que despertar más a la madrugada y tener cuidado de no pisarte. Me cuesta pensar que cuando estamos comiendo, no estás mirándonos fijo, esperando que te demos algún pedazo de comida. Me cuesta pensar que ya no voy a dejar las clases virtuales para fijarme cómo estás, si necesitas algo. Me cuesta pensar que no voy a festejar con vos un final aprobado, o que me seques las lágrimas después de desaprobar alguno.

Te fuiste en el momento en que más necesitábamos de tu contención, de la esperanza que nos brindabas. Te fuiste en el que ya se había coronado como el peor momento de nuestras vidas, porque mamá no está bien. Sin embargo, cuando llegaron los nuevos amiguitos, te presenté a ellos, y a todos nuestros perritos que estuvieron antes que vos. Empezó un viento fuerte, de esos que en la primera mitad de tu vida te causaban terror, gracias a la irresponsabilidad de quienes te tuvieron los primeros 35 días de tu existencia. Te sentí en ese viento, quizás como una señal, quizás como una forma de enviarnos la esperanza y fortaleza que necesitamos y que nos dabas. Porque mamá va a estar bien, va a seguir porque vos te fuiste para darle tu vida a ella.

Uno de los perritos, quien sabe cuál, se puso a ladrarle a ese lugar de la casa, tu favorito, abajo del mueble donde te acostabas para refugiarte de los ruidos molestos, para encontrar un poco de paz de todas las veces que te molestábamos. ¿Te sentirán aún presente? Yo creo que sí. Estás presente en todo lo que hago, y lo vas a estar por el resto de mis días. Estás en el sol que tanto amabas y estás en la luna, que fue testigo de tantas de tus ocurrencias. Estás en el viento, tu mayor miedo que superaste, y estás en la lluvia, tu último miedo. Estás en estos días primaverales que te trajeron y te llevaron. Estás mirándonos desde tantas fotos y retratos pintados por toda la casa. Estás en cada una de las cosas que destrozaste y te llevaste con vos. Estás en los muebles y cables mordidos, en las puertas arañadas, en los pósters arrancados, en la ropa y zapatos destrozados, en las servilletas y plata comidas, en la comida robada, en los dos celulares masticados, en la computadora de mi hermana que rompiste por ponerle la pata, más grande que mi mano, encima, en las dos parrillas de mi cama quebradas por saltarle encima sin parar. Estás en todo.

Jack, hace 3 meses había sufrido una descompensación horrible. Tenías agua en los pulmones, no nos dimos cuenta, y casi morís en ese momento mismo. Fue la primera vez que fui fuerte, que me puse a llamar sin parar a más de 20 veterinarios que ninguno quería venir a salvarte. Pero te salvaste. Seguiste adelante. Me diste la fortaleza y entereza para intentar ayudarte. Y lo logramos.

Tu fuerza para salir de eso, para quedar con un corazón con taquicardia, fue admirable para mí. Volviste a hacer un montón de cosas que habías dejado de hacer y nosotras pensábamos que era porque estabas viejo: volviste a jugar, a esperarnos en la puerta cuando volvíamos, a comer sin parar. Fueron 3 meses de poder pensar que seguías acá, que no te habías ido de repente sin poder siquiera saludarte.

Al final, tu mayor problema fueron tus patitas, que te estaban cediendo cada día poquito a poco, costándote cada vez más caminar. Esa es la condena de los ovejeros alemanes, de los perros tan grandes como vos. Era difícil, para un perro tan independiente, lleno de vida, autónomo y orgulloso como vos, que el día después de tu cumpleaños, no pudieras levantarte más. Con alegría hubiéramos levantado todos tus casi 50 kilos sin problemas por todo un año, pero vos no ibas a tolerar eso. No ibas a tolerar el quedar postrado, sin poder hacer todo lo que querías. Me gusta pensar, y tengo algo de seguridad en eso, que te fuiste porque no querías vivir así. Porque eso no era vida para vos.

Tu partida fue tan pacífica, tan tranquila, bajos tus propios términos. Te fuiste quedando dormido poquito a poco bajo el sol, en paz. Esperaste que mamá y yo volviéramos del supermercado para dormir y fueron 3 ladridos tuyos con los que te despediste: uno para mí, uno para mi hermana, y otro para mamá. Tus seres más amados.

"¿Por qué duele tanto?" Porque nadie vivió conmigo todo lo que Jack vivió conmigo. Porque nadie jamás pudo ocupar el lugar tan especial que Jack ocupó para mí. Porque crecí junto a Jack. Porque aunque estuviera sola, al final del día, siempre iba a volver a casa y Jack iba a estar en la puerta, esperándome para que le dé un beso y vivamos cosas nuevas.

Un perro no vive mucho. Sus vidas son efímeras comparadas con las nuestras, que ya de por sí son cortas. Jack tenía 14 años, los perritos de su raza, como mucho, suelen llegar a los 10 u 11 años. Todos se admiraban cuando decíamos: "Mi perro tiene 13 años". Él vivió mucho más porque fue amado como pocos, consentido, mimado y protegido. Jack cambió mi vida y me convertí en alguien mejor gracias a él y a todo lo que aprendí con él, cuidándolo y atendiéndolo. Creo que, a fin de cuentas, lo hice bastante bien.

Nunca nadie ni nada va a reemplazar a Jack, o a cualquier otro perro que perdemos. La perdida de una mascota, de un compañero que elegimos y no nos pide nada a cambio, es un dolor muy especial, único. Uno se acostumbra a vivir con ese dolor y a tener que deshacer su vida y las costumbres que la presencia de una mascota dejaron.

Siempre voy a recordar a mi primer perro que fue mío, de mi primer cachorrito. Pero ahora él, descansa en paz por primera vez en una vida absolutamente hiperactiva, en un jardín cubierto de flores con un montón de otros hermanitos perros que seguramente también dejaron su marca y vacío en las personas que dejaron en esta vida. Espero que algún día, si la muerte es justa conmigo como fue justa con Jack, y si el más allá o algo similar existan, pueda reencontrarme con mi más amado y único compañero.

23 de Octubre de 2021 a las 19:48 0 Reporte Insertar Seguir historia
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