wereyes W. E. Reyes

A veces al buscar en lo profundo de otros encontramos lo que no queremos ser. Ángela y Joan buscan en su aventura abrir puertas, pero aquellas las conducirán a insospechados laberintos.


Cuento Todo público.

#challengeroctubre #wichtober #ceniza
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I

Me miró con sus ojos llenos de ira. Lo inquietante de ellos no era: el iris de fulgurante verde, su fluorescente color de extremo brillo y contraste… o el rojo destello de sus córneas. Era la puta locura que transmitían sus arqueadas cejas, su rostro blanco de payaso, y su boca roja carmesí sedienta de sangre. Ella pensaba que no sabía de sus crímenes profundos que desgarraban los sentimientos y alma de cualquiera. Pensaba de seguro que era intocable, imperecedera, inconquistable o inalcanzable. Su poder del que ya sabía yo, tal vez la hacía inconsciente de sus propias debilidades. Aquella energía que tenía, otorgada por misteriosas o tal vez mágicas, o demoníacas fuerzas La convertía en una criatura infernal, y más que eso, arrogante… creyéndose, de seguro, superior, incluso, al derrotero del destino que le esperaba.

Vi como se movía por los pasillos del castillo, subiendo, ondeando su voluptuosa figura sedienta de almas, de deseo de la carne, de la sangre y del espíritu. Por todos lados, por todo el ambiente, el bamboleo de su cuerpo inundaba y recorría las secas piedras como una criatura omnisciente que rebosaba de pecados y de lujuria.

Un par de horas atrás antes de despertar a aquella antigua e infernal criatura del inframundo, me preguntaba si valía la pena remover aquél montón de ceniza que habíamos encontrado.

Llegamos a lo que parecía una cámara del castillo. Nos llamó la atención que las paredes de aquella torre se encontraban negras y algunas de las piedras que la conformaban… quemadas y derretidas como lava seca sobre aquel polvo gris. Entonces se me ocurrió escarbar en el. Una polvareda gris se arremolinó en torno nuestro, encendidos restos de brazas quemaron mi piel, difusas figuras aparecieron como visiones frente a mí: semejaban batallas, destrucción y llanto.. y una extraña inscripción, un símbolo parecido a un cubo dentro de un círculo, pegado a una rugosa superficie que desapareció en una lluvia de estrellas en un fondo que parecían galaxias... Sentí una fuerte jaqueca y cerré mis ojos, entonces la oscuridad encegueció mi conciencia...

El equipo lanzó una bola de plasma para entrar por el costado de aquel, que parecía un crucero intergaláctico, al no encontrar un entrada válida por la cual ingresar.

—¿Capitán cree usted que fue buena idea venir hasta acá sólo nosotros tres, sin el apoyo del resto del escuadrón de asalto?

—¿¡Pero qué demonios te pasa Robert, te has vuelto un gallina!? ¡Somos lo mejor del equipo táctico! —Dijo González, la líder del escuadrón escorpión rojo.

—Basta ustedes dos ahí —dijo Stevens, mientras los miraba con severidad— Smith sabes bien que no podemos ignorar una señal de auxilio y menos aún en este cuadrante del espacio…

—Sí capitán, lo sé, sé que la corporación nos paga buena pasta y más aún si despejamos de posibles enemigos la región, aún así este artefacto me da mala espina...

Las paredes iluminadas por una tenue luz cobriza se reflejaban en nuestros cascos y resaltaban la superficie resbalosa y oleosa de la nave, gruesos cordones con apariencia orgánica llenaban las paredes del pasillo. Entonces un sonoro rugido acompañado por un fuerte movimiento vertical, como si de un gran intestino se tratase, nos derribó al piso. Uno de los paneles se desprendió mostrando algo parecido a una puerta. Nos acercamos y observamos unos puntos profundos al lado de una de los bordes de aquella.

—Parece que es una especie de cerradura —dijo Smith y procedió a examinarla con su escáner de apertura— hay una especie de ramificación interior en el dispositivo como una raíz de cientos de ramas interiores con rugosidades, voy a enviar los datos a Dana, ver si se puede descifrarlos y darme el código para abrir esta cosa.

Dana era nuestra IA más avanzada, así que si ella no podía, daríamos media vuelta y nos iríamos de ahí. La situación se estaba poniendo demasiado hostil.

—Capitán dice Dana que tenemos cien por ciento de probabilidad de éxito. Ya me envió la decodificación.

—Ponte al lado de la puerta Denisse, lista con el rifle, por si acaso.

—Tengo el plasma a todo empuje capitán.

—Ábrela Smith.

El sargento procedió con sumo cuidado a insertar el gel de ganzúa en la agujero cerradura, asintió con la cabeza, y presionó el escáner para activarlo.

Un torbellino eléctrico azulado provino de la puerta, me arrojé al piso antes de poder gritar, La teniente González de infantería y el sargento Smith de operaciones... sus cuerpos fueron desintegrados a la mitad, por la descarga, en semicírculo formando una media luna cada uno. Sin poder salir de mi asombro me pregunté si Dana había fallado. Con el flash de la descarga enemiga me di cuenta de otro agujero, presente en el extremo opuesto, de la puerta… Ya era tarde, una segunda descarga salió en mi dirección. Era mi fin.

La nave, que tenía una dispareja forma de puro, se iluminó rodeada de un halo de luz dorada.

Recibimos la orden de la corporación de investigar aquel cuerpo extraño y la llamada de auxilio que provenía de el.

El equipo lanzó una bola de plasma para entrar por el costado de aquel, que parecía un crucero intergaláctico...

Moví mi cabeza en círculos. Por fin abrí los ojos: vi que el remolino de ceniza continuaba envolviéndonos y, consciente de nuevo, le hablé a ella.

—Joan entramos por el portal... te arrastré conmigo, ¿me podrías… nos podrías haber detenido?

Trataba de verla, pero no podía...

—¿Es esto nuevo?, la verdad, sólo quiero justicia y… —un fulgor dorado rodeó su cuerpo— ¡Venganza!

El polvo cayó al piso disipándose su nube tóxica.

En un instante Joan comenzó a flotar en medio de un orbe de oro, mientras el collar de su cuello brillaba del mismo color. Su luz me cegaba... y mi mente no comprendía nada. Traté de inteligir el significado, pero sólo me sentí obnubilada y enceguecida por aquel resplandor.

—Ángela no temas, ella soy yo... y tú eres él.

—¿¡De que demonios hablas!? —contesté protegiéndome la vista con el brazo.

—¡Si!, sí precisamente de esto —el reverbero de su carcajeo casi reventó mis tímpanos.

El fuego quemante de mi amor ido inundó mis entrañas, sentía brazas arder dentro de mí. La piel se me puso dura y gruesa... capaz de resistir los más duros embates. Escamas verdes tornasol me cubrieron el cuerpo que no paraba de crecer, me sentía poderosa, sublime y mis alas me daban la libertad que necesitaba.

Mire mis manos y horrorizada descubrí que eran garras. No era esto a lo que habíamos venido. Qué clase de maldición era esta. Encolerizada moví mi pesada cola que destruyó la pared contigua.

—¡No! —grité con mi flamígera voz— ¿Fuiste tú? —le pregunté— las lenguas de fuego de mi aliento rebotaron en su campo de poder dorado.

—¡Viviré para siempre dentro de ti!

—¡No!

—¡Con Satanás mismo de mi lado!

—¡No!

Hizo un gesto con la mano y sentí la compulsión de agachar la cabeza, raudamente se montó en mi lomo y me ordenó que levantásemos el vuelo y nos dirigiéramos a la cima de la montaña del noroeste. Nos elevamos por las atalayas del castillo, mientras arqueros nos disparaban cientos de flechas encendidas, las cuales devoraba como aperitivo y se las devolvía en una Furia de Flamas… incinerando sus ropas e hirviendo sus carnes. Con mis patas tumbé pesadas torres que cayeron sobre los soldados que trataban de bajarnos a punta de piedras lanzadas con sus catapultas. Sus cabezas aplastadas chorreando esa sangre espesa como mermelada, me causó un inesperado placer…

—¡Eso mi fiel esclavo, sigue así destruye, mata, revienta y aniquila! —gritaba mi ama con desenfrenado placer.

Me ordenó entonces que bajara unos momentos a la aldea que se encontraba a los pies, me obligó a regurgitar el ardiente odio que habitaba en mis entrañas que incineró casas e inflamó los huesos de los pobres desgraciados, habitantes de aquel lugar. La sangre de los sacrificados subió hacía ella en forma de lluvia color vino tinto que se le introdujo por la nariz y boca…

La de los niños pequeños era más roja y vívida, brillaba llena de la vida rebosante de energía que había arrebatado en un tris. Esa entró por sus ojos que fulguraron con el brillo profundo del mal eterno.

—Ah, sí siento el placer de la juventud llenado mis arterias… ¡Viviré por mil! ¡No, por diez mil años…!

Por siempre vivirás, mientras doblegues al inocente, destruyas la bondad y sigas nuestros mandatos… Amaris —Se escuchó de la voz proveniente de la joya de su pecho.

—Sí, mis amos —respondió ella.

—Vamos a la cima, ahora, de la montaña negra mi leal vasallo, que tenemos que celebrar un nuevo trato.


17 de Octubre de 2021 a las 03:39 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Conoce al autor

W. E. Reyes Cuentacuentos compulsivo y escritor lavario. Destilando sueños para luego condensarlos en historias que valgan la pena ser escritas y así dar vida a los personajes que pueblan sus páginas al ser leídas. Fanático de la ciencia ficción - el chocolate, las aceitunas y el queso-, el Universo y sus secretos. Curioso por temas de: fantasía, humor, horror, romance sufrido... y admirador de los buenos cuentos. Con extraños desvaríos poéticos.

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