victoria_147 Victoria R.

•Géneros: Gore, sobrenatural, terror y boyslove (chicoxchico). "¡Ya sé! Mi ser amado debe estar muerto. Es la única manera para poder amar..." Fue lo que pensó Arth, un día que pasó a través de un callejón y vio a una persona muerta. Y desde ese momento supo lo que tenía que hacer. Revivir a un muerto. Y así poder vivir la eternidad juntos, como buenos amantes...y la muerte no sería algo que pudiera separarlos. Jamás. [BrujoxZombie] _____________________________ ©Todos los derechos reservados. ⚠︎Advertencia, contiene escenas sangrientas, grotescas y uso de lenguaje vulgar. ⚠︎Prohibida su copia o adaptación, total o parcial de cualquier tipo. ༄Redacción y ortografía decentes.


LGBT+ Sólo para mayores de 21 (adultos).

#sangre #yaoi #gay #bl #zombie
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Cuando el amor nació de la muerte

Advertencia: contenido violento, sangriento y vulgar. Puede ser perturbador o grotesco para algunas personas, se recomienda discreción.




"Apesto a cadáver"


Para este punto Arth no sabía si estaba imaginando el olor, o este flotaba en el aire.


La noche era tan oscura y nublada que apenas se miraba más allá del horizonte, en ese inmenso mar de lápidas y tumbas sin flores.


Arth era el único sepulturero en el desolado cementerio "Huesos rojos".

Ese era el lugar dónde iban a parar todos los cuerpos sin reclamar y sin identificar, los muertos cuyos familiares no tenían dinero para pagar una tumba, o uno que otro asesino que quería deshacerse del cuerpo.


Lo único que tenían que hacer era dejar el cuerpo en la entrada e irse.


Todos los días, a las seis de la mañana, Arth iba a revisar si había un "nuevo paquete". Se emocionaba mucho cuando había uno.


Seguro te preguntarás porqué.


Bueno, más de alguno de esos cadáveres podría ser su alma gemela.


El amor de su vida.


Arth no sabía quién o qué era él mismo, pero había vivido por tantos años que ya había perdido la cuenta, y su cuerpo simplemente no moría, podía dormir poco y no necesitaba comer. Cómo si de una maldición se tratase.


Pero no era pesimista.


"Si no puedo morir sólo tengo que estar con alguien muerto"


Esa fue la brillante idea que tuvo hace unos doscientos años.


En realidad, se sentía muy solo...


Y así fue como se hizo un sepulturero.


En el pasado, el cementerio era poco famoso y su aspecto era tan tenebroso que nadie se atrevía a enterrar ahí a sus muertos, incluso si era la única opción. Era preferible enterrar a tu familiar en el patio de la casa.


Pero con Arth ahí, todo cambió. Las personas dejaban a sus familiares en la entrada, y muchos rumores sobre el "sepulturero fantasma" circularon en la cuidad. Nadie se atrevía a entrar.


Pero esto le convenía a Arth, para no ser molestado.


Su aspecto también era un tanto extraño. Su cabello tenía dos tonos distintos, negro y blanco, la parte blanca nacía de la coronilla y se degradaba en negro hacia abajo. Sus ojos eran finos y alargados, uno de color rojo y el otro gris, con pequeñas ojeras debajo de ellos. Aunque era delgado y de mediana estatura, tenía un poco de músculo por cavar tantas tumbas.


Y su mirada, junto con su piel pálida, daban un aire siniestro. Sus ropas negras y flojas ocultaban su figura, y su comportamiento excéntrico lo hacían parecer una especie de brujo.


Por suerte no tenía que molestarse en ocultar nada de eso, ni fastidiarse de que alguien corriera al verlo, ya que nadie entraba en el cementerio.


Era mejor para él, de esa manera podía echarle "abono" a las tumbas con tranquilidad.


Supongo que no sabes a qué me refiero cuándo digo "abono". Bueno, déjame explicártelo:


Arth dejó la pala a un lado y entró en un sepulcro, que había convertido en su casa. Dentro era espacioso y frío, las telarañas colgaban por todas partes, las velas iluminaban todo el lugar mientras se mecían, colgadas desde el techo o sobre las paredes y el suelo. Sillas y muebles negros por ahí y por allá, y más al fondo habían tres ataúdes de piedra en fila de manera horizontal, haciendo parecer una larga mesa.


—Hola Berta, hola Justin, hola Francisco—saludó Arth a los ataúdes, tan viejos, que dentro sólo había polvo.


Se colocó justo en el centro y alcanzó un libro que había al lado.


Hace tiempo Arth descubrió que podía hacer algo parecido a la "hechicería"...


Musitaba entre dientes mientras leía el libro.


—Bien, hoy toca regar desde la tumba quinientos ocho—cerró el libro y preparó todo para la "pócima"


Cortó su muñeca y vertió la sangre en un recipiente, agregó una cabeza triturada de un buitre, tripas de rana, dos colas de rata y cinco ojos de cuervo.

Lo dejó caer en una pequeña olla hirviendo que estaba a su izquierda, y mezcló todo.


Apagó el fuego y esperó unos momentos, y mientras se enfriaba se preparó para partir.


Todos los días, Arth regaba las tumbas con una especie de "pócima de amor", que contenía su sangre. Con ella quería revivir a su alma gemela, trayéndolo de la muerte en forma de zombie.


Con una carreta jaló todo el líquido y comenzó su ardua tarea.


—Corazón de mi vida, no duermas más, besa mi mejilla y dame tu amor—con un tono suave Arth cantaba oraciones al azar cada vez que vertía el líquido sobre las tumbas.


La tierra era dispareja y el césped marchito, siempre había poca luz y la atmósfera era lúgubre.


No sabía quién sería compatible con él, por eso regaba todas las tumbas con la esperanza que su amor estuviera en alguna de ellas, su sangre haría reaccionar al cadáver y despertaría por voluntad propia.


Limpió su frente y se quitó el abrigo. Dejó todo y caminó hacia el inmenso portón de metal para revisar si había un nuevo cuerpo.


Y en efecto, una mujer con la cara cortada y las piernas golpeadas estaba tirada en el suelo.


—Si alguien lo hizo con maldad que pague tres veces con su sangre— recitó juntando sus manos antes de tomar el cadáver, ponerlo sobre una lona y jalarlo desde su espalda.


Fue de regreso y entró a su "casa".


El sepulcro estaba ubicado justo en medio del cementerio, lugar ventajoso y accesible.


La puso sobre un ataúd y comenzó a preparar el cuerpo.


Le quitó la ropa mientras tarareaba, la limpió, y coció las heridas en su rostro con rapidez. Limpiaba la sangre y dejaba cada puntada con delicadeza, casi invisible, enderezó el hueso roto de su pierna y volvió a vestirla.


—Quedaste muy hermosa—exclamó sonriendo. Buscó en sus ropas y encontró un papel que decía:


«Susan»


—Bien Susan, bienvenida.


A veces había un papel con el nombre del cadáver, ya que las personas creían que el fantasma del muerto vendría por ellos, al no ser sepultado junto con su nombre. Serían perseguidos por la eternidad debido al resentimiento.


La cargó hasta una tumba desocupada y la enterró.


—Lápida número dos mil cuarenta y tres, aquí yace «La hermosa Susan».


Escribió en la roca y la colocó en la cabecera.


Regó las tumbas hasta que se hizo tarde. Arth ya se sentía cansado, pero lo bueno era que sólo necesitaba dormir unas tres horas y luego podría volver al trabajo.


A un lado, dentro del sepulcro, había un gran ataúd, la tapa era lisa y muy ancha. Ahí descansaba un hombre gordo llamado Joseph, por eso escogió ese ataúd como su cama, era muy amplio.


—Buenas noches Joseph, que sueñes con los angelitos—susurró con dulzura antes de pegar el ojo.


[...]


Oh, la rutina era...tan rutinaria, hasta que ese día llegó.


Arth regaba las tumbas, y cada vez que llegaba a la última volvía a empezar desde la número uno. Trataba de no leer los nombres y de olvidar de quién era qué tumba, ya que quería que la identidad de su amado fuera sorpresa, (pasar por ellas a diario hacía que memorizar sus nombres fuera fácil). Aunque también habían algunas tumbas que ya estaban ahí cuando llegó, pero igualmente las regaba.


Dispersaba el líquido con un cucharón y una cubeta, acarreando la gran olla en una carreta oxidada junto con una pala.


—Si eres mi amor ven y dame tu amor...quiero estar a tu lado, quiero besar tus labios y escuchar en tu pecho los latidos del amor...—se detuvo y metido unos segundos.


—Bueno, no creo que tú corazón funcione, pero no importa, puedes escuchar los míos.


Sonrió y continuó con su tarea...


Iba por la tumba número doscientos dos, cuando escuchó algo a lo lejos.


Se detuvo y prestó atención. Un sonido extraño, como si alguien estuviera cavando lentamente.


—¡Sí! —gritó feliz y fue a ver.


La tumba número quinientos uno se movía un poco, el césped seco junto con la tierra negra se levantaba levemente. La lápida no tenía nombre, lo único que había escrito en ella era una letra B.


—¡Ah, el misterioso cadáver B es mi alma gemela! —exclamó en voz baja con emoción.


Fue a traer la pala y cavó deprisa.


—No te preocupes cariño, yo te ayudo—sus ojos rojo y gris brillaba con euforia, y sus manos temblaban al cavar.


No costó mucho trabajo y enseguida una mano pálida salió de la tierra, con uñas largas y sucias, de piel pálida y venas visibles.


Arth dejó la pala a su lado y rascó la tierra con sus manos, la aflojó y dejó que terminara de salir.


Con un poco de brusquedad el cadáver surgió de la tierra, el hoyo no era muy profundo y salió de el a rastras.


—Maldición...—dijo Arth, sin apartar la vista.


Esto no era lo que esperaba.


—Es...


El cadáver se puso de pie como pudo, con la cabeza inclinada y mirando hacia el suelo, gruñidos extraños salían de sus labios, su aspecto era en verdad tenebroso. Y de inmediato supo que era un hombre.


—No puede ser, es tan... jodidamente sexy—exclamó con risa nerviosa y se cubrió la cara con vergüenza.


El amor de su vida resultó ser un hombre, y uno muy encantador para su gusto.


Alto y fornido, pero delgado, muy pálido, con ropas rotas, que apenas colgaban de su cuerpo. Su largo cabello rojo oscuro cubría parte de su rostro, pero aun así pudo ver qué era bastante atractivo, de nariz afilada y recta, labios delgados, cejas ligeramente gruesas y mandíbula fuerte. En todo su cuerpo habían cortadas de todo tipo, cuello, brazos, pecho...pero estaban cosidas y parecía que se habían cerrado un poco.


—Grrr....gshh...—el zombie hacía sonidos extraños, y al abrir la boca su saliva goteó, junto con su sangre oscura.


—Hola, mi nombre es Arth—saludó emocionado y se acercó a él.


El hombre levantó un poco la vista, y entre su rojizo cabello lleno de tierra asomó su ojo, de un verde tan pálido que casi era traslúcido.


"Vamos, piensa. Dile algo al futuro amor se tu vida"


—S-Sabes, me encanta tu cabello—dijo nervioso, mirando hacia otro lado, mordiéndose el labio inferior.


"¿Q-Qué mierdas fue eso?"


Aclaró su garganta un tanto ansioso, y siguió con la conversación. Ignorando su timidez inicial.


—S-Sabía que a los cadáveres les creía el cabello, pero no pensé que fuera tanto, y el color...—se paró frente a él con torpeza, y tomó un mechón lleno de tierra—Es hermoso, el tono rojo oscuro...tan exquisito como el color de la sangre.


El zombie lo vio, y de la nada se abalanzó sobre él, junto con un rugido de ira. Arth lo detuvo con ambas manos, tomó la pala que estaba cerca de él y logró ponerla en su boca, antes de ser mordido.


—Que emocionante, nuestra primera pelea como pareja—dijo riendo con encanto. Extrañamente sus nervios se esfumaron en ese momento. Lo empujó con ambos pies y el cadáver salió volando.


Arth se levantó del suelo. El zombie apenas se recuperó del golpe, fue de nuevo tras él. Y sin dudarlo tomó la pala con ambas manos, lo esperó y le golpeó la cabeza con todas sus fuerzas.


Se arrojó sobre él y con su abrigo lo amarró como pudo.


—Uh, tan lleno de energía—susurró y sonrió con dulzura—Así me gusta más...


[...]


La pócima de Arth hizo algo sorprendente con B.


Su cuerpo se había vuelto muy fuerte y flexible, sus heridas estaban ligeramente cerradas, la carne dejó de pudrirse y parecía como si acababa de morir. No tenía olor ni signos vitales, era frío y sus pupilas eran pálidas. No podía hablar, pero algún día haría el intento.


—¿Por qué estás tan inquieto?


B estaba atado sobre la mesa, no paraba de moverse y rugía con rabia, su mirada era perversa y su boca goteaba.


—Mm, mira toda esa saliva—ladeó la cabeza y exclamó—Tal vez tienes hambre.


Entonces preparó un caldo con su sangre y trozos de carne de un cadáver fresco, recién llegado por la mañana de ese mismo día (ya no necesitaba los cuerpos de todas formas). Lo bajó y lo amarró a una silla con dificultad, acercó un cucharón y le dio de comer.


B lo comió con gran apetito y devoró hasta lo último, aun queriendo más.


—Eso es cariño, come todo lo que quieras.


[...]


Los días pasaron y Arth hacía ese caldo en cantidades cada vez más grandes, y como si fuera un milagro, poco a poco B se fue volviendo menos violento. Sólo mirando y comiendo con apetito.


—Eres tan lindo—dijo limpiando la sangre en sus labios—Es hora de tomar un baño.


Arth lo cargó en su hombro y lo llevó hasta un pozo no muy alejado. B sólo llevaba unos pantalones negros holgados y harapientos, así que era fácil limpiarlo. Le quitó los pantalones y vertió agua del pozo en él, su largo cabello húmedo se pegaba en su piel, y cubría su rostro. Ahora que ya no tenía tierra se podía apreciar con más deleite su figura.


Su rostro era sereno y sin expresión, con los labios ligeramente separados y la mirada perdida.


Atado, desnudo y mojado, con todo ese cabello húmedo por todos lados, y esa expresión...era tan tentador de sólo verlo.


—Creo que yo también tomaré un baño—dijo Arth y se quitó la ropa, dejando sólo su parte inferior intacta.


Se echó agua encima y lavó su cabello con una barra de jabón sin olor, luego enjabonó el de B y lavó su cuerpo.


—Sabes, hace poco recordé el día en que te enterré—deslizó su mano por su pecho y tocó varias cortadas sin sanar, sólo cosidas con hilo negro.


—Tenías tantas heridas por todo tu cuerpo, tu cuello estaba degollado y tenías muchos huesos rotos, pero tu cabello no era tan largo, ni tu cuerpo tan...fornido—suspiró y lo miró a los ojos—Lamento que hayas muerto, sé que fue horrible, pero ya pasó todo, nada podrá lastimarte otra vez. Así que no te preocupes, todo está bien ahora.


—...—B sólo lo miró y frunció un poco el ceño.


—¿Quieres decir algo? —sus ojos brillaron, esperando una señal.


B observó su cuello y no despegó su mirada de ahí.


—¿Quieres algo con mi cuello?


B lo miró a los ojos de nuevo, y relajó su expresión.


—¿Quieres morderme?


Sus pálidos ojos verdes se abrieron un poco y volvió a mirar la piel de Arth.


—Puedes hacerlo—dijo encantado.


Quitó el jabón con agua y lo llevó de regreso al sepulcro.

Apenas entraron Arth amarró a B en una columna y se puso frente a él.


—Adelante—hizo el cabello de B a un lado, tomó su cabeza y lo acercó a él.


De inmediato B abrió la boca y mordió su hombro, apretó y arrancó un trozo de carne. Arth enterró sus uñas en sus fríos hombros, su cuerpo se tensó, y apretó los dientes junto con un grito ahogado.


Luego mordió su brazo y siguió comiendo, y bebiendo de él.


—Buen...provecho...—dijo en voz baja, exhalando con fatiga y dolor. Sus ojos brillaron con locura, junto con una sonrisa encantadoramente siniestra.


[...]


Al parecer su carne y sangre hacían mejorar la condición de B. Parecía muy viváz y con más lucidez.


Aunque también lo alimentaba con los cadáveres que llegaban. No tenía que seguir enterrándolos y hacer la poción de amor, ya que había encontrado al amor de su vida. Y recurría a esto más que todo para darle tiempo a su cuerpo de recuperarse.


Aplicaba medicina en las zonas mordidas y sin carne de su cuerpo, una mezcla de viseras de serpiente, lengua y uñas de un cadáver, alas de mariposas negras y polvo de lápidas. Y poco a poco su cuerpo volvía a la normalidad.


—...Y cuando la miré sólo se fue corriendo, creo que ella fue quién mató a David—Arth estaba sentado en el suelo frente a B, quién también estaba sentado en el suelo, atado a una columna dentro del sepulcro.


—...Mm.


—Sí, creo que es lógico.


B sólo podía decir algunas palabras cortas, ya entendía más el habla y podía entablar una especie de conversación. Pero aún seguía atado, ya que no sabía cuándo perdería el control.


Hasta que sea día llegó.


—A...rth—dijo con dificultad, con voz ronca y seca.


—¡Aaah, dijiste mi nombre! —exclamó encantado.


Se acercó más a él y lo tomó del rostro.


—¿Quieres que te desate? —sus ojos brillaban y su sonrisa temblaba, lleno de felicidad.


—Si...por favor.


—Lo haré enseguida—se levantó y lo desató con rapidez.


Las cuerdas cayeron, Arth se sentó de nuevo frente a él y lo miró a los ojos.

B también lo miró, y con un movimiento rápido lo empujó, ambos cayeron al suelo y Arth quedó atrapado debajo de B.


Quién sólo lo observaba con un rostro inexpresivo.


La cabeza le dolía por la caída, pero no tenía miedo, sabía que él no era el mismo zombie salvaje de hace unos meses.


B acercó su mano y quitó la ropa de Arthur con torpeza, dejó al descubierto su pecho y hombro, las marcas rojas y moradas donde la carne estaba volviendo a nacer


La tocó con los dedos, y con una expresión triste dijo en voz baja:


—¿Te duele?


—N-No—sus mejillas se coloraron y su respiración se paralizó.


—Lo... siento.


—No tienes por qué disculparte.


—No podía... controlarlo.


—Lo sé, ya no te preocupes por eso...


B lo miró a los ojos y se deleitó con sus extraños ojos. Uno de un rojo tan intenso y oscuro como la sangre, y el otro, de un suave gris, como nubes de lluvia.


Y sin previo aviso B le dio un beso.


Arth se sorprendió y sintió sus labios, tan fríos como los de un muerto, pero tan cálidos al mismo tiempo.

Sus pálidos ojos verdes lo miraron al separarse y le sonrió con suavidad.


Arth sintió como su corazón se calentaba y su cuerpo se estremecía, se colgó de su cuello y lo besó sin vergüenza, lamiendo y saboreando sus labios. B se sintió aturdido momentáneamente, pero también se dejó llevar, siguiendo las acciones de Arth.


Y aunque B no podía oler, sentir calor o saborear, disfrutó de sus suaves labios, su boca era cálida y extrañamente sentía que su sabor era exquisito.


Ambos se besaron largo rato, en el frío suelo, junto con el tenebroso ambiente, lleno de velas y telarañas. Con lápidas y sonidos extraños y misteriosos, que se escuchaban por doquier.


[...]


—...Y eso fue lo que pasó—dijo Arth finalmente y observó su reacción.


Arth no había tenido la oportunidad de contarle a B sobre su situación, pero ahora que sabía que podía entenderlo y hablar con claridad decidió tocar el tema.


B lo miró, pensando en sus palabras, y luego de meditarlo unos segundos dijo:


—Yo te escuchaba, cuando paseabas por las tumbas. Estabas cantando.


—¿En serio? —sus mejillas se sonrojaron un poco y bajó la mirada.


—Sí, pero cuando desperté estaba confundido y sólo sentía ira, y hambre. Ni siquiera recordaba mi nombre, pero ahora sí.


—¿Y cuál es?


—Blake.


—Oh, el papel que tenía tu nombre estaba empapado de sangre, sólo logré leer la letra B. Pero dime Blake, ¿qué pasó exactamente?


—...Estoy tan enojado con aquellos que me mataron. Los culpables son unos malditos delincuentes que se aprovechan de los demás. Nos pedían dinero a cambio de "protección", a mí y a mi familia, por tener una zapatería, pero sólo nos extorsionaban. Así que los encaré molesto, y ahí fue donde me mataron. Me torturaron por horas antes de hacerlo, sólo para divertirse.


—Lo siento—dijo decaído.


—Descuida...Aunque estoy muy enojado, por ti olvidaría mi rencor.

Porque, cuando estaba bajo tierra, te escuchaba. Me gustaba cuando derramabas ese extraño líquido, me hacía sentir bien y reconfortado, como si fuera amado. Calmaba mi ira.


—Qué bueno saberlo—despeinó su cabello con timidez y lo miró con cariño—...Lo hice con todo mi corazón.


—Sólo pensaba en salir y conocerte, quería estar a tu lado—sentado en el suelo encogió sus rodillas y escondió la mitad de su rostro—Me gustas desde hace mucho Arth. Cuando estaba dentro de esa tumba, durante todo este tiempo que me has cuidado, ha pasado un año y ...me he enamorado de ti.


—Tú también me gustas, desde el momento que te vi—jaló las mangas de su abrigo y jugó con la tela que colgaba, escondiendo sus manos.


—Gracias por traerme de nuevo a la vida. Y-Yo estaré a tu lado por toda la eternidad—dijo con vergüenza, junto con una tos nerviosa.


—¿Sí? —sus ojos se humedecieron—Quería tanto escuchar eso, no me gusta estar solo...


—Ya no lo estarás.


Arth lo abrazó y se quedó ahí, disfrutando del momento.


—Tú tampoco, siempre estaré contigo.


[...]


Nunca más volvió a atarlo, y conforme pasó el tiempo fueron cultivando su amor, dentro de ese romántico y oscuro cementerio.


—¿Blake?


—¿Si?


—¿Quieres venganza?


Blake paró de besar su cuello y levantó la cabeza.


Arth estaba acostado sobre el césped de una tumba, con la camisa a medio quitar y con una expresión suave.


—Te enterré hace unos diecisiete años. Las personas que te mataron todavía andan por ahí. ¿No quisieras matarlos?


—¿Fue hace tan poco? —exclamó sorprendido.


—Sí, eso creo.


—Dime en qué año estamos, sólo para estar seguros.


—...No lo sé, perdí la noción del tiempo—dijo con una risa avergonzado.


—Morí cuando tenía veintinueve, en el año 1868.


—¿Qué? ¿tanto tiempo ha pasado? —su piel palideció y tocó su frente desanimado—Que viejo estoy...


—¿En qué año naciste? —preguntó interesado.


—N-No te lo diré—aclaró su garganta y continuó con voz seria—Y no cambies de tema, ¿quieres matarlos o no?


Blake enderezó su postura, se sentó en sus caderas y viéndolo desde arriba. Con las manos sobre su abdomen, dijo con un tono malvado, y sin una gota de piedad.


—No sabes cómo me encantaría hacerlo...—su cabello rojo, cayendo sobre sus hombros y rostro, ocultando ligeramente su mirada perversa, con esos pálidos ojos verdes.


—Bien, pero no iremos solos—se sentó, quedando muy cerca de su rostro, y en sus labios se dibujó una espeluznante sonrisa.


Ambos regresaron a la casa e hicieron los preparativos.


Arth fue hasta una colina, cavó un hoyo no muy profundo y sacó una extraña roca roja. Se llamaba "lágrima de sangre" y esta se creaba en lugares llenos de muerte, resentimiento y cadáveres. Hace mucho había sentido que esta crecía poco a poco, no tenía tanto interés en ella y no encontraba alguna utilidad para la piedra, hasta ahora.


La pulió e hizo un talismán con ella, la colgó en su cuello y se vistió con la ropa que le había quitado a un muerto hace unos días. Un hermoso traje negro. Lo limpió y le quitó toda la suciedad y sangre que tenía. Encima de el se puso un abrigo y se fue junto con Blake al cementerio, quién sólo quiso vestir con una camisa blanca holgada y un pantalón negro, junto con botas del mismo color.


Arth se paró entre las tumbas, tomó la piedra roja entre sus dedos y habló:


—Despierten todos aquellos que duermen con ira y resentimiento, aquellos que fueron asesinados injustamente y desean venganza, síganme y yo se las daré. Serán libres de matar y devorar a quienes les hicieron mal, no desperdicien la sangre que les di y úsenla a su favor, usen el poder que les he otorgado...


Y justo cuando dijo la última palabra la mayoría de las tumbas se sacudieron con violencia. La tierra se levantó y las pálidas y podridas extremidades salieron con fuerza.


Desde que Arth dejó de darles la poción con su sangre los cadáveres comenzaron a pudrirse de nuevo, volviendo sus apariencias grotescas y horribles.


Los cuerpos se arrastraban y se levantaban, tambaleaban, sus orificios de nariz y oídos goteaban, babeaban sangre oscura y sus miradas eran perversas.


—Bien, estamos listos—Arth caminó entre los muertos vivientes junto a Blake y se dirigieron a la entrada del cementerio.


—¿Aún recuerdas donde están las personas que te mataron?


—Jamás podría olvidarlo—dijo Blake con un tono perverso y lleno de resentimiento.


—Bien—rio con malicia y sonrió con locura—Esta noche será la más oscura y llena de terror...


[...]


Las calles eran silenciosas y no había una sola alma.


Pero un extraño sonido resonaba en la oscuridad, como si muchas cosas se arrastraran por el suelo, pasos lentos y fuertes.


—Tenía décadas sin salir—dijo Arth mirando su alrededor—Todo ha cambiado mucho, es lindo.


—Sí, es lindo.


—Pero creo que falta algo—se detuvo y todos los zombies detrás de él también lo hicieron, acarició la gema roja que colgaba de su cuello y sonrió—Las calles se ven muy tristes, se verán mejor cuando estén teñidas de sangre.


—No sabía que tenías un lado tan malvado—Blake se puso delante de él, acarició su cuello y lo miró a los ojos—Me encanta eso de ti.


—¿En serio? También me encanta tu lado perverso y sanguinario—tomó un mechón de su cabello rojizo y lo deslizó entre sus dedos—Así que enloquece por mí, querido...


Sus ojos verdes brillaron con maldad y se inclinó ante Arth.


—Será un placer—susurró fascinado.


Arth sonrió, se dio la vuelta y se dirigió hacia los zombies:


—Busquen venganza y desahoguen su ira de la manera que quieran, y si la persona que los mató está muerta sólo hagan lo que quieran con el que encuentren, pero procuren que sea malo. Dejen en paz a los niños y a los que vean inocentes, huelan su maldad interna y júzguenlos—señaló a unos cuantos y les dijo—Ustedes esperen un momento, necesitaré su ayuda unos segundos. No se preocupen, será rápido.


Arth hizo un ademán con la mano y todos los zombies corrieron llenos de energía y furia, rugiendo y gritando con locura.


Mientras, Arth y Blake fueron a buscar a su presa, junto con un grupo de treinta zombies....


[...]


Un puñado de hombre, fumando y bebiendo estaban en un bar, donde claramente sólo habían delincuentes y asesinos, contando dinero y drogándose sin escrúpulos.


—Oye jefe—dijo Bruno, un hombre corpulento, calvo y con gran barba—El bastardo de Phil no quiere pagarme.


—Entonces ve y hazlo entrar en razón.


—¿Puedo sacarle los ojos?


—Como quieras—exhaló el humo de su puro y subió los pies a la mesa.


Era una gran habitación, con hermosas columnas rojas y mesas de cristal, las personas estaban sentadas en ellas contando dinero y dándole informes a Roth, el jefe del grupo.


Cuando de repente, gritos y desgarradores alaridos de terror y dolor se escucharon desde afuera. Sonidos extraños y húmedos, como si animales desconocidos acecharan con malicia.


—¿Qué mierda está pasando? —rugió Roth y se levantó de su asiento, furioso.


—Iré a ver señor...


Pero antes de que alguien pudiera salir, todo repentinamente quedó en silencio. Con un mal presentimiento tomaron sus armas, y observaron la puerta con detenimiento.


La perilla giró lentamente y la puerta se abrió un poco, junto con un chillido.


—Entonces es aquí—dijo una voz masculina, muy encantadora y coqueta—Adelante, pasa...


Y lo siguiente que vieron fue un horrible rostro putrefacto, con cortadas por todo el rostro a medio coser. Un bello rostro totalmente arruinado, que goteaba sangre de sus labios.


—Las damas primero, linda Susan.


Susan sonrió y entró sin temor, su vestido celeste colgaba en harapos, y le faltaban los zapatos.


Todos se horrorizaron y dispararon llenos de histeria, pero ella ni se inmutó.


—¿Es así la forma de tratar a una dama? Ni yo que estoy medio loco sé, que esa no es la manera...—esa misma voz de antes habló y se asomó por la puerta a medio abrir—Hola, buenas noches.


Sonrió y abrió la gran puerta del todo.


Detrás de él había un mar sangriento, lleno de partes desmembrados a medio comer, cabezas con expresiones horrendas, y personas paradas entre todo ese festín de cadáveres, que parecían más muertas que vivas, pero que aun así ahí estaban de pie.


Tenían la piel pálida y los ojos casi blancos, una mirada malvada y con el cuerpo lleno de tripas y sangre.


—¿Usted es el señor Roth? —preguntó el dueño de la dulce voz, Arth Bloodkirch.


—¿Quién putas pregunta? —dijo Roth con ira y espanto. Observó al hombre que tenía frente a él, de unos veintitrés años, con ojos de diferente color, cabello blanco y liso, pero también negro y ligeramente ondulado en las puntas.


—Amor, ¿si es él? —preguntó Arth a la persona que estaba a su lado.


Todos lo vieron y esperaron su reacción.


—Sí, es él—dijo Blake con voz ronca, y elevó la mirada. Su largo cabello rojo se hizo a un lado y dejó ver su malévolo rostro—¿Me recuerdas Roth?


Roth tembló en el momento en que lo reconoció.


—No puedes ser él, s-se supone que estás...


—Muerto—apretó los dientes y sus ojos pálidos ardieron en furia—Y aún lo estoy.


Arth rio y los vio a todos con deleite.


—¿De qué te ríes hijo de perra? —bufó Bruno y apuntó su arma hacia él.


—Por nada, sólo estaba pensando en cosas...no muy adecuadas. No puedo decirlo sabe, hay jóvenes y damas presentes—y miró a algunos zombies con esas descripciones—Y también estaba pensando en cómo morirán hoy.


—Cállate—disparó enseguida, y el humo salió del arma.


—¿Cómo te atreves a siquiera intentarlo, Bruno? —Blake se movió tan rápido frente a Arth que nadie logró verlo, y recibió la bala como si nada.


Arth lo abrazó por la espalda y se recostó en su hombro.


—Gracias Blake.


—De nada—dijo aligerando el tono de su voz.


—...Puto de mierda mal nacido ¿cómo es que estás aquí? —exclamó Roth.


—El amor y la venganza son lo suficientemente fuertes...como para traerme de nuevo a la vida—dijo con un tono grave, y avanzó con paso fuerte—Arth, déjame a esos seis de allí, tú y los demás pueden tener al resto.


Pero Susan rugió y miró a Blake con molestia.


—Está bien, puedes ayudarme con Bruno.


Susan asintió más conforme y avanzó a su lado.


—Enterado Blake—Arth aplaudió y exclamó—Bien, ya escucharon, a comer mis queridos compañeros.


Y enseguida todos los zombies corrieron hacia ellos.


Los hombres dispararon con pavor e intenciones asesinas, pero las balas sólo los detenían momentáneamente. Retrocedían un poco y volvían a atacar. Un zombie logró agarrar el cuello de uno y lo apretó tan fuerte que sus ojos se salieron y su cabeza rodó en un charco de sangre.


Jalaban de sus extremidades y atravesaban sus estómagos con las manos, mordían sus cuellos y comían los sesos de sus cráneos expuestos.


—Por cierto, si alguien te lastima tus heridas sólo desaparecerán—informó Arth a Blake, se quitó el abrigo y se sentó en un enorme sillón no muy lejos de Roth y sus secuaces—Así que no te preocupes cariño. Esos son los beneficios de mi amor—hizo un corazón con sus manos y le sonrió.


—Gracias—lo miró y sonrió con suavidad. Caminó hacia Roth y se detuvo justo frente a él, con una mirada intimidante.


—Blake...—sus piernas se aflojaron y su corazón iba a mil por hora.


—Cuando me torturaste y mataste apenas eras un subordinado, pero mírate ahora. Luces muy bien, con cuarenta y tantos y siendo el líder.


—Y-Yo sólo seguía órdenes.


—Ahora yo igual—miró de reojo a Arth y dijo en voz baja—Él es mi dueño y mi amo, es quién me revivió. Adelante, dile que me detenga, es el único al que escucharé.


Lo tomó del cuello y lo levantó, cada vez ejerciendo más presión.


—Por favor, has que pare—rogó con voz ahogada y miró a Arth lleno de pánico.


—¿Yo? —lo miró sorprendido—¿Cree que me escuchará?


—¡T-Te lo suplico!


—Está bien—rodó los ojos y dijo—Amor, detente.


En ese segundo Blake se detuvo y aflojó su mano.


—Bájalo—Blake obedeció y lo dejó.


—Gracias—dijo Roth, cayendo sentado sobre el suelo lleno de sangre, se arrastró hasta llegar a Arth, lo tomó de los pies y suplicó—Por favor, déjame vivir, haré lo que tú quieras.


—¿De qué estás hablando? —y lo miró desde arriba—Yo sólo dije que se detuviera, no que te dejara vivir.


Arth miró sonriente a Blake y exclamó:


—Déjalo de último, así será más divertido.


—Mm.


Mientras tanto Susan ya había matado a Bruno, quién fue el responsable de su muerte. Él era su novio, pero Susan quería dejarlo por ser demasiado posesivo. Y Bruno, al saber que ella quería dejarlo, tuvo un arranque de ira, y no tuvo más opción que matarla.


Ahora ella había tenido su venganza.


Su cuerpo quedó tan destrozado que era irreconocible, tanto que ni siquiera parecía un humano.


Blake también se divirtió con los demás, jugando con ellos y matándolos lentamente, mientras Roth sólo miraba y temblaba.


Roth quiso tomar su arma y quitarse la vida, pero Arth pateó su mano y el arma salió volando, cayendo en ese mar de sangre y zombies hambrientos.


Blake arrojó la cabeza que había en su mano lejos de él y miró a Roth, quién no pudo soportarlo más, y llorando se orinó encima.


—Morirás muy lentamente...


Sus gritos desgarradores resonaron por todo el lugar, sus huesos se quebraron uno a uno, sus miembros fueron arrancados a tirones, sus dientes removidos y su cabello jalado de raíz. Y cuando estaba a punto de morir Blake atravesó con su mano su garganta, dando el golpe final.


Hace tiempo que sólo se escuchaban huesos y carne siendo devorados, todos había muerto hace mucho.

Arth tocó la gema de su collar y dijo en voz alta:


—Ya pueden irse y hacer lo que quieran.


Todos los zombies salieron corriendo y se fueron llenos de energía, con ganas de seguir matando.


Blake se levantó del suelo y se limpió con la muñeca los labios llenos de sangre.


Arth cruzó una pierna y lo miró con los ojos entrecerrados.


—Blake...


—Obtuve mi venganza.


—¿Y cómo fue?


Blake se acercó y puso ambas manos en el sofá, a la altura de su cabeza. Sus manos y boca estaban llenas de sangre, dándole un aspecto espeluznante.


—Aún tengo hambre—su voz sonaba perversa y llena de malicia.


—Eres un glotón—se burló riendo—¿Aun quieres seguir comiendo?


—Si. Quiero probar el postre.


Se acercó para besarlo, pero Arth le tapó la boca.


—Aun tienes comida en la boca— le quitó la mano y se limpió la sangre en el sofá.


Blake escupió hacia un lado y tragó saliva.


—Lo siento—se limpió los labios y le sonrió. Se acercó lentamente, y lo besó. Despacio y profundo, saboreando sus cálidos labios. Sintiendo como brotaba la pasión y el amor, en su frío corazón muerto...


[...]


Arth arregló sus ropas desordenadas, y lamió la pequeña cortada de su labio. Acomodó su cabello, peinándolo con los dedos, y suspiró como tonto enamorado.


Los gritos perturbaban la silenciosa noche, la sangre y las tripas manchaban las calles, y los cadáveres despedazados decoraban la cuidad con encanto.


—El mal se paga con muerte...y sus pecados los atormentarán aún después de ella, porque...los condeno a ser mis esclavos, por toda la eternidad—dijo Arth, al ver todo ese caos, mientras tocaba su gema.


De inmediato todos los cadáveres, unos más enteros que otros, comenzaron a moverse. Se arrastraban y caminaban con lentitud, obedeciendo las órdenes de su amo.


—Ellos no son tan fuertes ni resistentes como los demás—comentó Arth—Estos no tienen mi sangre. Pero aun así no son peor que nada.


—No les des tu sangre—dijo Blake, pellizcando su ropa—Sólo la quiero para mí.


Arth sonrió encantado, y acarició su mentón.


—Como digas, amor mío.


Las personas que quedaban vivas miraban todo con terror, pero extrañamente no eran atacados por los zombies. Todos ellos eran personas buenas.


Arth y Blake caminaron en medio del mar de muerte y sangre, mientras se tomaban de la mano.


"Que romántico"


Pensó Arth emocionado.


Los edificios se quemaban, el alboroto era incesante, y los gobernantes de la cuidad no sabían que hacer ante esta terrorífica invasión.


—Blake, c-creo que deberíamos avanzar un poco en nuestra relación, ¿no crees? —dijo, con un tono bajó y nervioso.


—¿Avanzar? ¿te refieres a....? —si los zombies pusieran sonrojarse, Blake lo estaría en esos momentos. Los gritos de una mujer sonaron cerca de ellos, al ser devorada, y la sangre llegó hasta sus pies, y ambos se detuvieron.


—S-Si, bueno...Llevamos más de un año conociéndose, y creo que es un buen momento para...eso—sus mejillas se sonrojaron, y sus ojeras jamás se habían visto más hermosas, a los ojos de Blake—Y supongo que tú también quieres.


Blake se puso delante de él, pisando la sangre, y lo tomó de sus mejillas con ambas manos.


—Sí, lo deseo desde hace mucho—dijo con un tono grave y bajo, haciendo estremecer a Arth—Estaba esperando el momento adecuado, no quería forzarte a nada, pero...no sé si podré controlarme. Cuando estoy contigo siento que no puedo controlar mis impulsos.


—No importa si no puedes controlarlo—su tono era suave y agradable de oír. Levantó su mano, y la puso sobre la suya—Me gusta tal y como eres, no reprimas nada.


—Arth...—Blake no pudo evitarlo, y lo besó. Lo atrajo hacia él, y lo abrazó con fuerza, sintiendo su cuerpo entre sus brazos...


Hace muchos años, tantos que era imposible de saber, nació un extraño niño. De aspecto poco común, y de personalidad oscura y retorcida.


Lo intentaron matar muchas veces, al ver lo siniestro que podía ser, pero fue inútil. Él vivió, día tras día, sin poder morir.


El hijo de la muerte.


Quién traería destrucción al mundo, llevando el infierno consigo, haciendo de todo, un lugar de sufrimiento.


Su poder era imparable, y podía hacer brotar el caos, cuando él quisiera y cómo quisiera, pero algo lo detuvo de todo eso. Lo desvío de su destino.


El amor.


Ese sentimiento de soledad y falta de amor. Él quería encontrar lo que todos tenían, alguien a quién amar.


Un zombie pelirrojo, un don nadie, fue el responsable de su distracción.


Conquistar el mundo pasó a segundo plano, y ahora, lo único que le importa conquistar, era su frío muerto corazón.

saboreando sus cálidos labios.


—Hundamos al mundo en el caos y la muerte...juntos—susurró al separar sus labios.


—Será un hermoso lugar romántico, cuando esté bañado en sangre—dijo Arth—Lo conquistaré para ti, cariño...



15 de Octubre de 2021 a las 15:43 0 Reporte Insertar Seguir historia
2
Fin

Conoce al autor

Victoria R. 🌈Bienvenidos!!!(*ˊᗜˋ*)/ ☁︎20 años 。.:*☆Adoro el chocolate ☂︎Amo el manga y el anime ★Y espero que disfrutes de mis libros. Los escribo para el mundo, con todo mi corazón.☆*:・゚✧ ♪Escribo lo que amo, y amo lo que escribo. ♫︎La escritura es mi manera de expresarme, de sentirme libre, y quién yo soy ❤ Lo que encontrarás en mis libros es lo que me encantaría encontrar en un libro. ⚠︎Advertencia: Todo lo que escribo es BL/Gay/Yaoi.

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