c-merigo C. Merigo

Ellos podían detectarnos, pero lo que no sabían es que yo era perfectamente capaz de engañarlos.


Cuento Todo público.

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Los Detectores

Ellos podían detectarnos, pero lo que no sabían es que yo era perfectamente capaz de engañarlos.


Recuerdo claramente el día en que descubrí mi don secreto. Fue casi un mes después de que ellos invadieran y conquistaran el planeta entero.

No tengo idea de dónde vinieron ni cómo llegaron, solo recuerdo que un día, que aparentaba ser normal como cualquier otro, desperté con la noticia de que un montón de naves extrañas había invadido nuestros cielos. No dijeron nada, no pidieron hablar con ningún líder terrestre, solo se limitaron a atacarnos y a arrasar con casi toda la especie humana.

Yo fui una de las pocas afortunadas sobrevivientes porque no salí de casa ese día, desde hace varios años vivía completamente sola y trabajaba desde casa, cuando necesitaba comprar algo lo ordenaba por internet y me llegaba directo hasta mi puerta, incluso las compras que necesitaba para surtir mi despensa. En cuanto comenzó la invasión y el extermino me encerré a cal y canto en casa, cubrí las ventanas con tablones de madera y no volví a ver la luz del sol en mucho tiempo.

Toda mi familia murió, o al menos nunca más volví a saber de ellos porque en cuanto llegaron los extraños todos los servicios básicos como el agua potable y la electricidad dejaron de funcionar y no me fue posible contactar a ninguno de mis conocidos.

El día de la invasión acababa de hacer mis compras mensuales, pero aún así mis provisiones no me rindieron mucho a pesar de que las administré lo mejor posible. No me quedaría otro remedio que abandonar mi guarida y salir a las calles a rapiñar algo de alimentos no perecederos que aún pudieran quedar dentro de algunas casas deshabitadas.

Salir no era peligroso en sí, si bien los invasores estaban mucho más avanzados tecnológicamente que nosotros, en el aspecto físico no había absolutamente nada que los diferenciara de los humanos y eso les había facilitado a muchos poder pasar desapercibidos. Pero había un pequeño gran problema.

Algunos de ellos tenían la extraña habilidad para detectar a los humanos camuflados, no sé si sería por el olfato o algún otro sentido más desarrollado que tuvieran, pero eran capaces de descubrir inmediatamente el engaño y así iban ejecutando a los terrícolas que aún quedaban en pie. Yo había aprendido a ser cautelosa, solo me acercaba a ellos lo suficiente como para enterarme de las últimas noticias e ir aprendiendo algunas de sus palabras, nunca había tenido la mala suerte de toparme con algunos de los "detectores" como los había bautizado. Pero mi buena fortuna no duró mucho.

Un día me encontraba explorando algunas calles aledañas al centro de la ciudad en mi búsqueda de comida y cosas que pudieran serme útiles como cerillos, baterías nuevas o artículos de higiene personal; pero no encontré nada, debí suponer que aquellas viviendas habían sido las primeras en quedar despojadas de todo. Salí de casa un par de horas previas al alba previendo que podía terminar de registrarlo todo y volver antes de que la claridad del día me impidiera ocultarme con facilidad, sin embargo mi cometido me tomó más tiempo del que había previsto y los rayos del sol me sorprendieron dejándome completamente descubierta e indefensa. No tenía otra opción, debía salir de ahí cuanto antes. Me escabullí por un callejón oscuro donde era prácticamente imposible que alguien me viera, pero al enfilar hacia la avenida principal me topé con un grupo de invasores que marchaba en dos filas ordenadas, mujeres de un lado y los hombres del otro, todos iban arrastrando los pies y en sus rostros se podían adivinar huellas de agotamiento. La devastación de la Tierra también les había afectado a ellos y a menudo tenían que administrar y distribuirse los pocos recursos que todavía quedaban. Esperaba que en su desesperación por obtener alimentos, ropa o cualquier otra cosa que se estaban repartiendo no se percataran de que tenían a una humana muy cerca prácticamente enfrente de sus narices pero uno de ellos volvió la vista en mi dirección y me miró fijamente. Mi cuerpo entero se paralizó, intenté mover las piernas pero éstas no me respondían. Simplemente suspiré y me preparé mentalmente para mi inminente fin. Cual sería mi sorpresa al ver que el extraño no parecía tener intención de querer darme muerte sino todo lo contrario, me gritó algo en su idioma y me hizo señas para que me acercara al grupo. A pesar de que estaba muerta de miedo traté de relajarme y actuar como una de ellos, ya había logrado despistarlos antes pero nunca me había tocado tener que interactuar directamente con ellos y no estaba segura de que mi actuación, por muy buena que fuera, me ayudara por mucho tiempo. Tarde que temprano me descubrirían.

Me incorporé a la larga fila de las mujeres con la cabeza gacha para evitar mirar a cualquiera a los ojos, pasaron varios minutos que a mí me parecieron horas y parecía que había logrado engañar a todos. Al levantar la vista me topé con una niña de cabello oscuro que de haber sido terrestre podría tener entre nueve y diez años de edad, pero con ellos eso no se podía saber exactamente. La niña comenzó a otear el ambiente claramente en busca de algo en concreto, aquello me hizo encender las alarmas, no me cabía duda de que me había topado con mi primer detector. Traté de calmarme y actuar con normalidad, no quería llamar su atención de ningún modo. Mis esfuerzos fueron en vano, la mirada de la niña se cruzó con la mía y supe que ya no tenía escapatoria, tenía que pensar en alguna manera de salvar mi vida ¿Correr? Me delataría de inmediato ¿Gritar? Tampoco era una opción. Y entonces recurrí al recurso más disparatado que se me ocurrió en ese entonces, le sostuve la mirada y comencé a repetir en mi mente de manera desesperada "no soy humana, no soy humana, no soy humana..." La niña me miró con los ojos abiertos como platos, después su expresión cambió a una de total desconcierto y al final volvió la vista al frente y me ignoró categóricamente. Todavía no podía creer mi buena suerte, al parecer había logrado engañar a uno de los detectores, aquello me dio nuevas esperanzas de supervivencia, si había sido capaz de engañar a esa niña con el pensamiento podría hacerlo con los invasores adultos y eso me ofrecía un montón de posibilidades favorables. A partir de ese día decidí sacar todo el provecho que pudiera de ese extraño don, tal vez hasta podría encontrar un modo de acabar con los otros y salvar a los pocos seres humanos que todavía quedaban dispersados por el mundo. Era un plan perfecto, nada podría salir mal. Ellos podían detectarnos, pero lo que no sabían es que yo era perfectamente capaz de engañarlos.


15 de Octubre de 2021 a las 01:17 0 Reporte Insertar Seguir historia
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