j-j-juarez Juan Jose Juarez

Pensó que sería una simple reunión con sus amigos, pero terminó transformándose en el peor día de su vida. Ahora Jared tendrá que afrontar una nueva realidad emprendiendo una aventura épica en busca de volver a su mundo, su familia y el amor de su vida. Sin saber que todo habrá cambiado, él, junto a sus amigos tendrán que enfrentar más de un peligro y para lograrlo tendrán que superar sus propios límites.


Fantasía Épico No para niños menores de 13. © todos los derechos reservados

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CAPÍTULO 1: RUNAS, PORTAL

Entreabrí los ojos, despertando lentamente, palpé mi cama en busca de ese molesto zumbido que no me dejaba dormir, tomé mi celular con la duda de si lo revisaba o lo lanzaba a un rincón del cuarto para poder seguir durmiendo. Con un suspiro desbloqueé el celular, eran las diez a.m. tenía siete llamadas perdidas de Alonso y cuatro de Christian, me puse a revisar los mensajes, que también eran numerosos, pero sin importancia, me levanté con pereza, bostezando y limpiando mis ojos para poder ver bien mi celular que volvía a vibrar en mi mano, otro mensaje, era Alonso de nuevo:

Cholo, ya estoy en la casa de Christian, acabo de hablar con Alberto y Jesús, ya están viniendo, apura maldito”.

Sin terminar de leer bien el mensaje me llegó otro de Christian:

— “Primo, el balonso ya está aquí jodiendo la vida jajajaja apúrate pe. Ah, por cierto, hablé con Jesús, estaba bajando al terminal para recoger a Miguel así que apúrate”.

—Tira de desesperados— dije mientras lanzaba mi celular a la cama, no tenía muchos ánimos de ir, ya que, como era costumbre, me había quedado toda la noche cuidando a mi abuelo, que por fortuna había dormido sin problemas y solo se había levantado un par de veces al baño, no podía faltar esta vez, ya que todos habíamos acordado ir, éramos amigos desde hace ya varios años, con Jesús, ya eran quince años que nos conocíamos, con Alberto y Christian eran trece años, con Alonso y miguel era menos tiempo; siete y seis años respectivamente. Siempre habíamos tenido contacto entre nosotros, pero ya muy rara vez nos juntábamos y hacía más de tres años que no nos reuníamos, incluyendo a Verónica y a Augusto que habían aceptado reunirse en el departamento de Christian, lo cual era muy sorprendente, ya que por sus dos hijos era difícil que salieran, pero bueno, no tenía excusas para no ir, así que me metí a la ducha.

Traté de no demorar ni perder la paciencia por los insistentes mensajes que no dejaban de llegar, al salir de la ducha cogí el celular sin revisar lo demás, e intenté comunicarme con Emma, mi novia, no vi ningún mensaje de ella, no se encontraba en Arequipa, nuestra relación era un tanto complicada porque era a larga distancia, pero eso no me desanimaba, yo estaba muy seguro de lo que sentía; lancé mi celular a la cama, ella me había advertido que estaba lloviendo mucho en Caracas, y que la señal estaba muy baja, así que tendría que esperar paciente a que su señal retornara.

Terminé de cambiarme, cogí las llaves y salí a buscar un taxi, según los mensajes, Alberto ya se encontraba allá, aún tenía algo de sueño, pero sabía que me iba a divertir ese día, tenía una muy buena vibra, aunque me incomodaba el hecho de que Emma no estuviera ahí conmigo, le dejé un mensaje para avisarle que ya estaba llegando donde Christian. Al llegar toqué la puerta y Alonso se asomó por la ventana.

—Negrito, ya bajo —me gritó, Christian también se asomó.

—¡Un reno! —grité al ver a Christian, provocando la risa de todos.

—¡Basuuura! —Christian rio fuerte— ¿Has traído cigarros?

—Nada cholito, ya no fumo —le dije en el momento que Alonso abría la puerta.

—Sí, harto —se burló Alonso mientras lo saludaba con un abrazo, Christian ya estaba en la parte superior de las gradas esperando a que suba.

—Ya pe, hablando en serio —dijo Christian mientras me saludaba también con un abrazo ya dentro del departamento.

—A la hora que llegas —reclamó Alberto que estaba en el cuarto de Christian, se acercó a mí con la jarra en la mano—, ya empezamos hace rato.

—Se supone que era a la una, así que es demasiado temprano. —Sonreí mientras cogía la jarra y lo saludaba con un abrazo.

—Este desesperado que nos jode a todos —comentó Christian golpeando suave el hombro de Alonso.

—Tengo sed, pe —reí mientras todos entrabamos al cuarto—, ¡vamos a libar! —Reímos tomando posiciones dentro; Christian y Alonso se sentaron en la cama, mientras que Alberto se sentó en una silla al lado derecho de ellos, yo en cambio me senté al frente, en el escritorio de Christian, mientras me servía un poco del licor que habían preparado en la jarra, que, por el olor, era ron.

Miré cómo habíamos cambiado en estos años distanciados, no nos habíamos visto ni en foto. Christian era el que menos lo había hecho, todavía seguía siendo delgado, aunque ya no tan definido como antes, conservaba el mismo corte de cabello que tenía el día que lo conocí; oscuro, lacio y peinado un poco hacia adelante; siempre con esa sonrisa franca y esa mirada pícara que lo caracterizaba.

Alonso tampoco había cambiado mucho, él era la representación de la frase “gordito bonachón”, siempre alegre y haciendo payasadas, con su cara de niño siempre te alegraba el día. La diferencia estaba en sus ojos, gruesas ojeras los cubrían, y una mirada más dura, se notaba como los golpes de la vida lo habían hecho madurar a pasos agigantados.

Por otro lado, Alberto era el más diferente, no había rastros del atlético y deportista que era antes, ahora lo que más resaltaba en su cuerpo era esa enorme barriga, consecuencia de muchas cervezas. Otra de las cosas que llamaba la atención en él, era la gran pérdida de cabello, había duplicado el tamaño de su frente. Lo que al parecer no había cambiado, era su carácter fuerte, callado y observador.

—¿No creen que es muy temprano para esto? —dije mientras pasaba la jarra y tomaba, sintiendo el sabor fuerte del ron quemando mi garganta—, creo que le falta gaseosa.

—Está suavecito, no pasa nada —bromeó Christian riendo al ver mi reacción.

—Sí, suavecito, pendejo. —Todos se rieron de mí.

Sonó mi celular, era Jesús, que me hablaba algo emocionado.

—¡Fuera!, tú me estas jodiendo… —no tenía mucho sentido lo que decía—, ver para creer, te estamos esperando en el cuarto de Christian. —Colgué mi celular y me reí mirando las caras de mis amigos.

—Era Jesús, dice que encontró unas piedras rúnicas, ya está en camino junto a Miguel.

—¿De qué hablas? —me preguntó Alberto—, no me digas que siguen con sus juegos —acusó mientras cogía la jarra y se apoyaba en el espaldar de la silla.

—No me jodan, se van a ir a jugar ahora ¿no? —preguntó Christian—, hemos venido a tomar un trago, nada más —dijo mientras encendía un cigarro.

—No, no vamos a jugar nada buey, el gordo dice que ha encontrado unas piedras con unos gráficos como las runas de nuestros juegos, esperemos que lleguen y que las muestre.

—Oye, ¿viene con el Getulio? —preguntó Alonso.

—Sí, estaba que gritaba como loca cuando hablé con Jesús.

—Que se apuren para ver lo que vamos a comprar —respondió Alberto.

—Llámalos y diles que se apuren —dije mientras le entregaba mi celular a Christian.

—Mejor llamo a tus amiguitas —bromeó con picardía.

—¡Fuera! ya no tengo amiguitas —le respondí tratando de quitarle mi celular.

—Si huevón, no te conoceré, por más que estés con tu venezolana aun tienes tus amiguitas —aseguró Alberto mientras le quitaba el celular a Christian.

—Revisa, verás que ya no tengo amiguitas —sonreí orgulloso—, además, tira de pisados, ¿para qué quieren amiguitas si ya ninguno puede? —Reí al ver como se quedaban callados.

—Nos cancelas —murmuró Alonso mientras le pedía el cigarro a Christian.

Sonó la puerta, escuché que eran Jesús y Miguel, Christian les abrió saludándolos cordialmente, lo mismo hicimos los que ya estábamos adentro cuando subieron. Cuando los vi entrar noté sus cambios, Jesús había subido más de peso, tenía el cabello más corto, por lo demás estaba igual, su misma mirada, su misma sonrisa; en cambio, en Miguel, si se notaba una gran diferencia, cuando lo conocí no pesaba más de cincuenta kilos, con unos exuberantes labios que sobresalían de su cuerpo, en cambio ahora, sus labios compaginaban con el resto de su cuerpo, habría subido unos cuarenta kilos más, estaba cachetón, realmente irreconocible incluso se había cambiado el peinado, ahora lo llevaba corto, pero la mirada inocente y algo lenta, no había desaparecido, se notaba que a él si le habían afectado los años, ahora tenía veinticinco, seguía siendo el menor del grupo, seguido por Alonso que tenía veintisiete, después estaba yo, con treinta y dos; Alberto y Jesús tenían la misma edad, treinta y tres, y el mayor; solo por edad; porque en cuanto a madurez estaba a la par de Miguel, era Christian, con treinta y cuatro.

Todos nos acomodamos en el cuarto de Christian en vez de salir a la pequeña sala, esa era nuestra costumbre, incluso en los mismos lugares donde nos sentábamos en esos tiempos; empezamos a recordar historias de aquellos años en los que estudiábamos juntos, entre bromas y risas terminamos el poco licor que había, Jesús había llevado una cajetilla de cigarros, lo cual los mantenía entretenidos, mientras empezó a contarnos la historia de cómo habían llegado aquellas runas a sus manos y el favor que su padre le estaba haciendo a un viejo amigo arqueólogo; Nos las fue pasando para que pudiéramos examinar las extrañas piedras, eran realmente muy peculiares y tenían una forma parecida de las runas de nuestro juego, Diablo II, como me lo había dicho con anterioridad por el celular.

—¡Ey! ten cuidado con eso —le dije a Miguel que estaba jugando con las piedras; volteé mirando a Jesús—, no te la creo cholo, ¿De verdad se las vendió a tu padre?

—Es en serio, así me lo contó en la nota que venía junto al paquete.

—Están bien hechas, parecen reales —Christian seguía examinando una de las runas.

—Sigo pensando que estas cosas pueden funcionar —Miguel lanzó una al aire jugando con ella.

—¡Deja eso! —Alonso le dio un golpe en la cabeza y se la arrancó de las manos.

—Alonso no seas abusivo con el jetón —intervino Alberto, mientras todos reíamos.

Miguel se levantó de la silla reaccionando al golpe de Alonso, se le abalanzó encima y sin darse cuenta resbalaron de la cama y cayeron estrepitosamente, seguido del sonido de un cristal quebrándose.

—¡Cuidado! ¡la jarra! —gritó Christian mientras los veía en el suelo, sacando la jarra del camino, evitando que se rompiera, igual que el vaso.

—Levántate gordo sonso —dijo Alberto mientras le extendía una mano.

—¿¡Cuál gordo!? —refutó mientras estiraba la mano para que lo ayudaran a levantarse—. Es la ropa, además todos estamos más llenitos del medio.

—Sí, nos hemos enchanchado un poco —admitió Christian entre risas.

—Ahora huevones, tienen que ir a comprar un trago más.

—Y un vaso, porque era el último que tenía —dijo Christian sin dejar de reír, Jesús se sentó en la cama cómodamente burlándose de Miguel que estaba adolorido porque Alonso le había caído encima. —¡Apúrense pe! —apresuré mientras me agachaba a recoger los restos del vaso roto.

—¡Ay mierda! —gritó Miguel parándose de un salto— me corté —dijo haciendo una cara de payaso, no podíamos dejar de reír, hacia demasiado tiempo que no lo hacía, casi al borde de un ataque.

—Ya pues, vayan a comprar el vaso y un trago más —dije mientras le lanzaba las runas a Jesús, que estaba en la cama, una de ellas se cayó, y Miguel la cogió con la mano herida para pasársela a Jesús, cuando de repente, esta empezó a brillar, la risa se nos cortó enseguida, todos nos mirábamos estupefactos, Miguel estaba con los ojos desorbitados, pero no soltaba la runa.

—¡Bótala, mierda! —gritó Alberto mientras le golpeaba la mano.

La runa cayo sin dejar de brillar, instintivamente Jesús dejó caer las otras runas al piso, seguíamos mirándonos sin saber qué hacer o qué decir, centramos nuestras miradas en la runa que aun brillaba, quedamos atónitos al ver como la sangre empezó a moverse por las hendiduras de la marca, hasta que se completó todo el dibujo grabado en la runa, poco a poco bajó la intensidad del brillo.

—A ver, agarra otra —instó Jesús empujando a Miguel para animarlo.

—¿Ah sí? Ok, ok —respondió Miguel haciendo un gesto obsceno con las manos.

—¡Piensa rápido! —grité lanzándole una runa a Miguel, quien la tomó con sus manos y la manchó con sangre, asustado la dejó caer, pero esta no tuvo ninguna reacción.

—Esto es demasiado extraño, mejor guardemos todo y dejemos de hacer tonteras —regañó Alberto.

—A lo mejor sabe que la otra runa tiene la sangre de Miguel —soltó Christian.

—No seas payaso —le respondió Alberto—, ¿cómo lo va a saber?

—Hay que guardar todo, no hemos venido para esto — habló Alonso.

—En un hechizo de seis puntos, se necesitan seis tipos de sangre —interrumpió Jesús.

—¿Y tú como sabes eso? —Él solo se encogió de hombros y nos alcanzó una runa a cada uno.

—¿Estás seguro de esto?

—No creo que sea buena idea —dijo Alonso.

—No me digan que no tienen curiosidad de saber qué es lo que pueda pasar. —Nos animó Christian.

—Pero no pasa nada —dijo Alberto, moviendo la runa entre sus dedos.

—Solo reaccionan con la sangre —le contestó Jesús.

—Estás bien huevón si crees que me voy a cortar la mano —respondió.

—¡Probemos! —animó Christian, aunque tenía la duda gravada en su rostro.

—Tenemos que probar si funciona con nosotros o solo con el jetón —dijo Jesús mirando el símbolo de la runa, delineando las hendiduras con sus dedos.

—¿Qué vamos a hacer, cholo? —Alberto me miraba preocupado.

—Veamos a donde nos lleva. —Tomé un pedazo del vaso roto y me hice un pequeño corte en la palma de la mano, intenté ignorar el ardor que me provocaba e impregné la runa con mi sangre, esta empezó a brillar intensamente, estaba fría, tanto que quemaba, la sensación era intensa, pero no quería soltarla, cuando bajó la intensidad del brillo la puse al lado de la runa de Miguel.

—Parece que tenías razón Jesús, solo reacciona a la sangre de cada uno, eso quiere decir —sonreí ampliamente mientras alzaba el vaso roto—… ¿Quién sigue? —Ninguno se movía, solo se miraban entre ellos, de repente la runa de Christian empezó a brillar, se había cortado la mano con una navaja.

—Sí, lo mejor es que tú te cortes aparte, no vaya a ser que estés con alguna enfermedad —dijo Alberto bromeando, tomó el vaso roto y aspiró un respiro profundo. —¡Están locos, gran putas! —gritó cortándose el dedo y pasándole el vaso a Jesús, que a su vez se lo pasó a Alonso sin cortarse.

—¡Yo soy sensible! —exclamó Alonso mientras se cortaba la mano— ¡Mother fucker!¡arde como mierda! —Empezó a saltar de un lado para otro, nadie hizo caso a las payasadas de Alonso, todos estábamos tensos mirando a Jesús que aún no se decidía.

—Vamos cholito, si ya llegamos hasta aquí no vamos a parar, además ¿qué de malo podría pasar? —Traté de sonar lo más confiado posible, «esto no está bien, esto no está nada bien, tengo un mal presentimiento» repetía en mi mente mientras miraba las runas brillar, quería detenerlos pero mi curiosidad era más fuerte.

Jesús tomó el vaso roto y lo apretó con fuerza, dejando caer unas gotas de sangre en la runa, la cual brilló igual que las otras, cuando el brillo disminuyó la puso al lado de las demás, estas empezaron a tintinear, yo estaba sudando, los nervios se estaban apoderando de mí, trataba de respirar tranquilo para que no se dieran cuenta, Alberto empezó a retroceder junto con Christian, Jesús se volvió a sentar en la cama, yo empecé a retroceder jalando a Alonso y Miguel se sentó al otro lado del cuarto, el brillo se hizo más intenso, hasta el punto de cegarme, traté de hablar pero ya no escuchaba mi voz, solo un silbido agudo, quise serenarme hasta que por fin pude abrir los ojos, las runas habían dejado de brillar y no había rastro de nuestra sangre en ellas, nos miramos sorprendidos sin decir nada.

—Creo que les faltó sangre —dijo Jesús al tiempo que suspiraba lleno de alivio.

—Estaba que me cagaba de miedo —Miguel fue el primero en confesar, rompiendo la tensión que nadie quería admitir.

Me senté más calmado y le di un pequeño golpe a Alonso.

—Ahora sí, cholito ¡vayan a comprar el vaso que han roto!

—¡Fuera! yo no voy solo —Agarró a Miguel y lo jaló para salir y comprar el vaso.

—Eso fue raro, para mí que fue algún químico que reaccionó al pH de la sangre —explicó Christian mientras prendía otro cigarro.

—Si fuera así, las runas habrían reaccionado con cualquier sangre —refutó Jesús.

—Sea como sea, solo fue un susto —dijo Alberto mientras se prendía un cigarro.

Todos nos paramos y estiramos las piernas, los nervios al parecer nos habían entumecido, salimos del cuarto y nos quedamos en la sala decidiendo que trago íbamos a comprar.

Un golpe sordo nos asustó, venía del cuarto, Alonso fue el primero en entrar y se quedó de pie con la mirada fija sin decir palabra alguna, todos nos quedamos parados en la puerta de la habitación, no podía creer lo que estábamos viendo, las runas estaban flotando formando un círculo que iba desde el suelo hasta el techo, en el medio se veía algo distorsionado, como si se tratara de agua.

—¡Esto no está bien! —exclamó Alberto mirándome con seriedad.

—¿Qué es esto? —preguntó Miguel lleno de pánico.

—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Alberto.

—Tratemos de mover las runas —sugerí mientras buscaba algo con que golpearlas.

—¡Estás loco! No sabemos si es peligroso —me detuvo Christian.

—Parece un portal. —Las palabras de Alonso me hicieron pensar en lo peor, en el momento que Jesús levantó la mano señalando hacia las runas, una especie de garra salía de ella.

—Ok, esto no es real, no puede serlo —La voz de Jesús sonaba entrecortada, yo no sabía cómo reaccionar, el miedo invadió mi mente, nadie dijo nada, solo mirábamos boquiabiertos lo que estaba pasando, una criatura salía de ese lugar, no parecía un humano, tenía escamas en algunas partes de su cuerpo que se lograba ver a través de sus ropajes rotos, resoplaba agitadamente; sus piernas parecían humanas, al igual que su rostro, aunque tenía escamas en su frente y pómulo, emanaba un hedor difícil de soportar, lentamente empezó a mirar a todos lados, hasta que su mirada se clavó en nosotros, sus ojos se parecían a los de una serpiente, amarillos, inexpresivos; se estiró ante nosotros, su cabeza rozó el techo, era un ser imponente. Tenía un espada rota en su cinturón, no llevaba zapatos y sus pies eran parecidos a los de un animal.

—¿Ustedes abrieron el portal? —Su voz era ronca, áspera, como si tuviera problemas en la garganta, traté de recobrar la compostura, algo en él me llamaba la atención, no podía relajarme, vi como Alberto y Christian se colocaban a mis costados, me dieron la impresión de que también esperaban lo peor.

»Al parecer no entienden lo que digo —soltó un suspiro y camino pesadamente hacia la ventana del cuarto.

—Tiene cola… —Christian susurró casi como si fuera un sollozo, lo miré sorprendido, en efecto el ser meneaba una cola parecida a la de un reptil, mi respiración se agitó.

—¡Oh!, veo que si hablan mí misma lengua. —Volteó a vernos con una amplia sonrisa—, así las cosas, serán más sencillas. —Sus palabras me llenaron de temor, no podía disimular el miedo, vi como los demás se encontraban igual que yo, paralizados por el miedo, el ser se movió con cautela por la habitación, sin quitarnos la mirada de encima, hasta que llegó a la cama y se sentó, aun respirando agitado, Miguel empezó a retroceder, él era el más cercano a la puerta. —No creo que sea prudente que intenten iros mis pequeños... —nos estudió con la mirada, de pies a cabeza—, humanos ¿verdad? —terminó su frase entre tosidos—, ¿cómo pueden respirar este aire? agrio, lleno de hollín —cuestionó mientras volvía a ponerse de pie, teníamos que hacer algo, pero mi mente estaba nublada, no sabía qué hacer en el momento que Jesús dio un paso hacia él.

—¿Qué eres? —le preguntó con aparente tranquilidad.

—Soy un redentor —dijo riendo ampliamente—. Un Dios que viene a corregirlos, a ayudarlos a encontrar su naturaleza de servidores, en resumen, he venido a salvarlos. —Sus palabras estaban bañadas en sorna.

—Esto no está bien —dijo Miguel tratando de recomponerse— ¿Qué hemos hecho? —susurró pasando la mano por su rostro limpiándose el sudor.

—Han salvado a su mundo. —Fue lo último que dijo antes de que se abalanzara contra nosotros, golpeándonos fuertemente, sin darnos tiempo a reaccionar o a defendernos.

Fui el primero en recibir un golpe, no vi con que lo hizo, solo sentí un terrible dolor en el estómago, quedé sin aire cayendo de rodillas, traté desesperado de tomar aire, al tiempo que las arcadas lo impedían. Terminé recostado en el suelo, escupiendo bilis combinada con mi saliva, intenté mirar a mi alrededor, pero todo estaba borroso, me sentía mareado. Con las pocas fuerzas que me quedaban procuré alejarme de la criatura, en ese momento sentí una fuerte presión en la cabeza, me había tomado del cabello, me acercó a su rostro, intenté zafarme de su agarre, pero todo fue inútil, sus ojos tenían una expresión de locura y satisfacción en lo que hacía, miré hacia los costados en busca de ayuda, pero todos estaban en el suelo arrastrándose, haciendo esfuerzos para levantarse.

—Ahora, creo que están dispuestos a colaborar conmigo ¿verdad? —sonrió bajo y me lanzó contra la pared, un líquido caliente comenzó a recorrer mi mejilla, no sentía dolor, al parecer la adrenalina del momento lo bloqueaba— son muy débiles los humanos de este lugar.

Por un momento todo quedó en silencio, intente pararme, pero mi cuerpo no respondía.

—Este lugar es diferente, bullicioso —volvió a hablarnos, levanté un poco la cabeza para ver que se encontraba junto a la ventana. —¿Quiénes son sus guerreros más fieros? ¿y qué armas dominan? —preguntó mirándome fijamente, nadie dijo nada, se movió hacia mí, pero el sonido de una bocina lo distrajo. Saltó con rapidez contra la ventana, mirando con más atención —¿qué son esas cosas que tienen humanos dentro? ¿son un tipo de armadura?

—No hay problema si no quieren hablar —Sonriendo, colocó su pie sobre mi —lo veré yo mismo— no entendí bien que fue lo que quiso decir, solo sentí que me tomaba del cuello, apretándome con fuerza, levantando mi cuerpo inerte y sin fuerza, la cabeza me daba vueltas, en ese momento mis ojos empezaron a cerrarse contra mi voluntad, miles de imágenes pasaron por mi mente, varios recuerdos de noticias, historia, guerras, presidentes actuales, armas e incluso escenas de películas. La cabeza me daba vueltas, sentí que su agarre aflojaba, hasta que por fin me soltó dejándome caer al suelo, aspiré bocanadas de aire volviendo a llenar de oxígeno mis pulmones, volví a vomitar, la garganta me ardía.

— ¿¡Estás bien!?— gritó Alberto, sintiendo que me daba vuelta para que pudiera respirar mejor.

—Ya veo, ustedes sacrificaron su mundo a cambio de tecnología— no parecía que se dirigiera a nosotros, cuando se sentó en la cama, hablando solo y meditando sus palabras.

— ¿Qué fue lo que te hizo? — me preguntó Alberto mientras Christian se acercaba.

—No tengo idea— mi voz sonaba ronca, cada vez que pasaba el aire por mi garganta me llenaba de dolor.

— ¡Perfecto! —La criatura gritó saltando de la cama, nos sorprendimos tratando de alejarnos de él—, solo tengo que maldecirlos —rio bajo acercándose a nosotros sacando la espada rota de su cinturón— voy a necesitar de ustedes —nos señaló con su espada, su mirada era fría, después se dio la vuelta y empezó hacer un dibujo pequeño en el suelo, balbuceando algunas palabras en un idioma que no entendía. En cuanto terminó de dibujar vi que era como una estrella de seis picos, se levantó con lentitud mientras su espada con la que había hecho el dibujo se hacía polvo —valió la pena— dijo mientras todos lo mirábamos sin saber qué hacer, paralizados por el miedo.

—¿Qué quieres de nosotros? —Alonso trató de sonar con firmeza.

—Un trato —sonrió—, quiero que cada uno de ustedes hagan algo simple por mí, quiero que pongan un dedo en cada punta de la estrella y que no lo suelten hasta el final— empujó la cama contra la pared para hacer algo de espacio.

—¿Qué pasará si no aceptamos? —Lo retó Alberto.

—Los torturaré —respondió en seco— hasta que acepten, o mueran. Lo que suceda primero.

—¿Y si aceptamos obedecer? —preguntó Jesús.

—Los dejaré vivir.

—¿Por qué tengo la sensación de que nos dejará vivir como sus esclavos? —susurró Miguel.

—Yo también lo creo, pero pienso que no tenemos alternativa —le respondió Christian que se acercaba a la imagen en el suelo.

—¡No!, ¡es un maldito demonio!, ¡no podemos ayudarlo! No sabemos qué es lo que quiere hacer —traté de hablar fuerte pero apenas se escuchó.

—Entonces, ¿qué sugieres que hagamos? —me preguntó Alberto ayudando a levantarme.

—No os preocupéis por insulsos detalles, lo importante es que ustedes sobrevivirán —nos dijo mientras caminaba lentamente hacia la puerta del cuarto, al ver nuestras dudas, quería evitar cualquier alboroto al intentar escapar.

—¿Pero si le pasará algo malo al resto del mundo verdad? —le pregunté, aunque ya tenía la respuesta, al ver la determinación de los demás supe que ellos también lo sabían.

—El mundo será un mejor lugar para vivir, la naturaleza volverá a tener su fuerza —hablaba con serenidad mientras se recostaba en el umbral de la puerta —será como traer el edén a este asqueroso mundo.

No tenía ni una duda de lo que podría pasar, pero tampoco tenía dudas de que aquel monstro lo destruiría todo, miré a mi alrededor tratando de buscar la forma de salir de ese lugar cuando vi el portal, era la única ruta de escape. Jalé con la poca fuerza que me quedaba la ropa de Alberto, haciendo que volteara a verme, el no dijo nada ni hizo ni un ademan solo empezó a retroceder hacia el portal, cuando Christian se dio cuenta empezó hacer lo mismo jalando a Jesús con lentitud que al darse cuenta jaló a Miguel y a Alonso.

—No sean estúpidos —dijo dejando de recostarse en el umbral— ¡no sobrevivirán si entran al portal! —exclamó en tono de burla.

—Pero al menos no podrás obligarnos a nada —refutó Alonso.

—No es necesario que sean ustedes, puedo obligar a otras seis personas a poner su dedo en el dibujo —no se movió, solo nos miraba con tranquilidad.

—Si sales de este cuarto, todos te enfrentarán —objetó Alonso.

—Su raza es cobarde, nadie me hará frente —respondió burlonamente mientras yo me apoyaba en Alberto para poder moverme.

—Has estado en mi mente, sabes que te matarán si sales del cuarto —repliqué.

—Posiblemente, pero no necesito salir del cuarto —sonrió mientras rompía un pedazo de pared —, su sacrificio será en vano.

—De todas maneras, estamos muertos —le contestó Alberto— por el portal o por ser tus esclavos.

Sus palabras nos dieron valor, estaba decidido, al menos por el portal no era del todo seguro lo que nos pasaría.

—No podemos dejar el portal abierto —nos dijo Jesús— cada uno coja su runa.

—No sé cuál es la mía —respondió nervioso Miguel.

—A la suerte, cada uno coja una y salté al portal —Christian empezó a avanzar lentamente hasta el portal.

—Si cogemos las runas, ¿no se cerrará el portal? —preguntó Alonso.

—Correremos el riesgo, todos, juntos —les dije.

La criatura se abalanzó contra nosotros al tiempo que cada uno saltaba al portal cogiendo una runa, sin fuerza me dejé caer tomando la runa que se encontraba más cerca del suelo, atravesando aquella masa acuosa, un grito espeluznante seguido de un fuerte gruñido me hizo voltear, pero ya no vi nada, la obscuridad nublo mi vista al tiempo que me absorbía una fuerza extraña. Una extraña sensación me hizo sentir que todos éramos arrastrados por la misma fuerza. No sentía dolor, realmente no sentía nada, solo el vacío, oscuro, frío y silencioso. Me costaba mantenerme cuerdo, apreté con fuerza contra mi pecho la runa que tenía en mi mano, lo que provocó un fuerte ardor, no sabía cómo ni por qué nos había pasado esto, sentía que iba a morir. Mi mente se llenó de recuerdos de Emma, no la volvería a ver, me sentía perdido, cada vez me era más difícil mantenerme consciente, el cansancio me ganaba, pero no quería dejar de pensar en ella, deseaba pelear, no quería morir, pero no me quedaban fuerzas.

Sin saber a dónde era arrastrado, perdí el conocimiento.

8 de Octubre de 2021 a las 23:30 2 Reporte Insertar Seguir historia
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Tania Zúñiga Tania Zúñiga
Puedo notar el amor que le das a tú historia, la dedicación y el cuidado con el que escribes, espero por más actualizaciones y ver como se va desarrollando cada día.
October 27, 2021, 23:30
Yorgelis Socarrás Yorgelis Socarrás
me encanta, sube maaaaasss!!!
October 08, 2021, 23:46
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este es un mundo en una dimensión alternativa, donde la tecnología no es tan desarrollada, opacada en su gran mayoría por la magia, criaturas fantásticas y la ley de los grandes guerreros. Leer más sobre Agregord.