saddic0s Valentín Ruiz.

— Historia completamente de mi autoria, favor no realizar copias ni adaptaciones sin mi consentimiento.


Fanfiction Series/Doramas/Novelas No para niños menores de 13.

#Jeongguk #YoonGi #KookGi
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capítulo único.

Un día normal en la vida de nuestro querido protagonista de nombre Min YoonGi, un apuesto joven de tez pálida, pecas, cabello azulado, ojos grises, cuerpo perfecto y labios rojos igual a una manzana. Hoy el chico se encontraba en un bello campo corriendo libre ya que sus padres estaban en una linda casa a metros de él, sin importar cuán lejos fuera él únicamente corrió mientras tenía una hermosa sonrisa en su rostro, se adentro a un pequeño bosque en donde no había más que oscuridad, ¿cuando el ambiente había cambiado tan drásticamente?


Ya no lograba ver el final ni el principio de aquel bosque, no encontraba una salida, estaba desorientado, ya no veía el hermoso campo en donde estaba hace unos segundos, no había nada más que un espeso bosque. Era tenebroso, juraría que sentía una pesada mirada sobre él, siguiendo cada uno de sus movimientos, ¿será que se estaba volviendo loco? ¿realmente se había perdido? ¿dónde estaba el bonito campo en el qué estaba hace unos segundos?, Tantas preguntas rondaban por su mente, tantas preguntas y tan pocas respuestas.


Sintió una rama quebrarse justo detrás de él, cosa que obviamente hizo que su cuerpo se quedase completamente paralizado, no podía moverse de su lugar, lo único que podía hacer era sentir una pesada respiración detrás de él, una presencia abrumadora. Sabía perfectamente en su mente que esto no terminaría bien, obviamente no terminaría nada bien, algo iba a suceder y no sería nada bueno.


— ¿qué hace alguien tan bonito como tú por estos terrenos tan solitarios y oscuros? —


Su corazón se detuvo, sintió sus piernas temblar ligeramente, el sudor frío bajando por su rostro no se hizo esperar, mentiría muy descaradamente si dijera que no tenía miedo, obviamente tenia miedo, temía por su vida.


— ¿no responderás? hm, detesto cuando no me responden, ¿sabes lo que hago con la gente que no habla? —


El más grande apunto hacia un lugar en específico mientras que por detrás con una de sus manos guiaba la mandíbula del menor hasta una persona tristemente muerta, la imagen era muy traumatica, aquella chica sentada contra un árbol.. ella tenía su boca abierta, tenía demasiada sangre resbalando por los bordes de sus blancos labios mientras que perfectamente en su regazo se podía divisar su lengua, YoonGi sabía que aquella chica había muerto seguramente la noche anterior pues no había indicios de putrefacción aún.


Un jadeo ahogado salió de sus belfos tras ver esa imagen. Intentó apartar la vista de esa pobre chica pero el hombre detrás de él se lo impedía.


— ¿No quieres verla más de cerca? seguramente necesita un poco de ayuda, ayer por la noche gritaba demasiado hasta que yo personalmente le di razones para que no hablara nunca más. —


Ese hombre estaba enfermo, él estaba loco, ¿cómo podía decir aquello sin siquiera titubear? ¿no sentía ni una pizca de remordimiento por haber cometido un asesinato?, Sus propias preguntas fueron respondidas al instante por él mismo en su mente.


Era más que obvio que si no se dignaba a hablar acabaría como esa chica, y no quería acabar como ella, no quería morir aún, no podía, sus padres, sus amigos, todos se lamentarian y se preguntarían en donde está, él no quería ese final.


— Por favor.. déjeme ir.. —


Se digno a hablar por fin mientras que apretaba sus puños intentando tranquilizar su respiración, estaba asustado, sentía que cualquier movimiento que hiciera acabaría muerto y nadie nunca lo encontraría.


— Veo que no quieres acabar como ella ¿no? —


Hablo mientras soltaba una sonora risa, por fin había alejado su mano de la mandíbula del peliazul, permitiéndole dejar de ver aquella horrible imagen.


— Déjeme ir.. se lo suplico. —


Su risa se detuvo al instante luego de escuchar la voz del chico, estaba fastidiado, odiaba cuando repetían las mismas malditas palabras dos veces.


— Cállate, aún no me divierto. Hoy no había aparecido nadie que quisiera divertirse conmigo, por suerte viniste tú a alegrarme mi aburrido día. —


La mirada de YoonGi se nubló, lágrimas amenazaban con salir, sabía que quizá él no saldria vivo de esta.


—Camina, iremos a un lugar más privado.—


Demandó el hombre mientras le daba un empujón al más bajo para que esté empezara a caminar.


Min no tuvo de otra que empezar a caminar imaginandose las peores escenas en su cabeza, ¿será que realmente el día de hoy iba a ser su último día de vida? nisiquiera se había despedido de sus padres pues ambos yacían dormidos en su habitación, sí, nuestro queridisímo YoonGi había salido de casa sin permiso de sus padres y había acabado en una situación muy mala y escalofriante junto a alguien a quién no conocía, nisiquiera le había visto su rostro aún.


No es como si YoonGi necesitase el permiso de sus padres para salir pues tenía veintidós años pero él aún así siempre les pedía permiso ya que no le gustaba hacer las cosas sin antes preguntar. Min YoonGi era el tipo de hijo que todos deseaban tener pues era un amor de persona aparte de ser muy respetuoso e inteligente.


Cambiando de tema YoonGi vio toda su vida pasar frente a sus ojos, "vaya.. es casi igual a lo que muestran en las películas" pensó refiriéndose a la sensación de ver toda tu vida justo en el momento en que vas a morir a manos de un enfermo asesino que disfruta del sufrimiento de las personas ajenas.


No sabía con certeza a dónde se dirigían, el hombre ya no hablaba, no decía nada pero su respiración seguía presente, esa respiración pesada y escalofriante seguía cerca de su persona, su mente debatía sí salir corriendo lo más lejos que pudiese o seguir allí caminando hasta que ese hombre le dijera cuando parar.


El más alto era alguien de pocas palabras, detestaba tanto cuando llegaba un mocoso mimado a sus terrenos pero ¿qué era lo que más amaba? pues es simple, él amaba tanto verlos sufrir y pedir por piedad, piedad que obviamente nunca obtenían, él era algo así como el sangwoo de la vida real, podía encajar tan bien en la sociedad que nadie sospechaba que hacia este tipo de cosas. Su vida fue difícil, sus padres lo abandonaron cuando apenas tenía diez y él tuvo que irse con su tía quién lo vendió por conseguir las malditas drogas que la volvían loca.


Sus nuevos padres se inculcaron lo que ahora hace, así es, sus padres secuestraban, torturaban y mataban a todo lo que se movía pero el chico se había ganado un cariño especial de aquellas personas.


Por el lado de Min, él se preguntaba en dónde estaban, se encontraban justo afuera de una cabaña vieja y maltratada, demasiado maltratada, parecía estar abandonada pero grande fue su sorpresa cuando entraron y estaba completamente decorada, era como estar en la cabaña de sus abuelos pero había algo que le causó demasiados escalofríos, al fondo de un pasillo había una puerta demacrada con grietas en la madera, tenía un gran candado que sobresalía en cuando mirabas aquella fea puerta.


La sangre se le congeló cuando el hombre lo hizo caminar directo hacia la puerta, vio como este abría el candado, quito las cadenas y abrió la puerta, Min bajo las escaleras mientras mordía su labio inferior evitando sollozar, mientras más bajaba más asqueroso era el aroma que allí había.


Lo único que sintió fue como su cuerpo se tensó luego todo se volvió completamente negro. Dos horas, dos horas paso estando inconsciente debido al fuerte golpe que había recibido en la parte trasera de su nuca. Cuando recobró la conciencia de lo que había pasado abrió sus ojos a más no poder buscando con la mirada al hombre mientras forcejeaba intentando soltarse de las cadenas, obviamente sin poder lograrlo, dejó de intentar liberarse al ver una silueta oscura en una esquina del sótano, "Tic.. tac.. tic.. tac" esa voz.. su voz era tan escalofriante, el rostro de YoonGi estaba pálido, tanto como un papel.


— Tienes unos bonitos ojos, los quiero ¿qué dices? ¿me los regalarias? —


Hablo el hombre jugando con un cuchillo mientras se acercaba a paso lento hasta el peliazul, se puso en cuclillas para poder observar con una sonrisa enferma al contrario, acercó su mano hasta el rostro ajeno para acariciar su mejilla por la cuál resbalo una lágrima.


— Oh cariño, será rápido e indoloro, lo prometo. —


Comentó refiriéndose a lo que próximamente le haría al pobre peliazul.


— Por favor.. no me haga daño, lamento haber entrado en un lugar al que no debía, déjeme ir.. se lo suplico. —


— Me encantaría saber el nombre del chico con quién me divertire hoy, dime tu nombre. —


Agregó ignorando por completo las palabras del susodicho, jalo suavemente de su cabello para poder ver el pequeño tatuaje que tenía en el cuello, chasqueo su lengua con su paladar mientras ladeaba su cabeza en signo de interrogación por el tatuaje que tenía, parecía habérselo hecho cuando pasaba por un mal momento, una palabra que le helaria la sangre a muchos si no hubiese sido por que él mayor no le temía prácticamente a nada.


— Y-YoonGi.. Min YoonGi. —


Tartamudeo mientras cerraba sus ojos intentado no hacer contacto visual con el contrario.


— Es un gusto bonito, soy Jeon Jeongguk. —


Hablo poniendo la punta del cuchillo sobre los labios del chico, deslizando la misma con lentitud, sus labios ligeramente rosados siendo manchados por la roja sangre que tenía el cuchillo lo hizo sonreír nuevamente mientras relamía sus propios labios.


— Si no haces ruido yo personalmente me encargaré de que esto sea rápido. —


Una vez termino de hablar alejo el cuchillo de sus labios para luego subir la camiseta del contrario, tomó con fuerza sus piernas para que no intentara forcejear, acercó el cuchillo a su abdomen en donde comenzó a tallar con tranquilidad sus iniciales, la sangre comenzaba a manchar toda la cálida piel junto a la camiseta, los chillidos y sollozos del peliazul no tardaron en aparecer acompañados de débiles intentos por patear al más alto.


— Aún falta, quédate quieto, asqueroso. —


Fastidiado le dio un golpe al peliazul para que quedara medio inconsciente logrando al primer intento lo que quería. Cuando por fin se quedó tranquilo continuó escribiendo sus iniciales en la pálida piel de aquel bonito chico, al terminar lo único que hizo fue dejar al chico allí, con tranquilidad subió a la parte superior, fue directo al baño para poder darse una larga ducha luego de ello volvió a salir para caminar y ver si habría alguien más con quién divertirse mientras que él peliazul despertaba.


Una linda chica se hizo ver andando por el bosque, Jeon no escondió la gran sonrisa que tenía en su rostro "vaya, vaya, hoy todos quieren diversión" pensó mientras se acercaba lentamente hasta la chica para poder asfixiarla y dejarla dormida por mientras él la llevaba a su cabaña, hizo lo mismo que con el peliazul, al llegar a su cabaña la encadeno y espero pacientemente a que ambos despertarán mientras que él se quedaba sentado en una silla cerca de ellos.


— m..me quema.. du..duele. —


Suaves quejidos se hicieron presentes por parte del chico encadenado, su abdomen ardía demasiado, dolía y la sangre no dejaba de salir, manchando sin piedad su camisa y piel pálida. Alzo la mirada débilmente, inspeccionó el sótano una vez más y un sollozo de sorpresa se escucho por su parte al ver a esa chica encadenada a su lado, ninguno de los dos saldría de aquí eso era seguro. Se escucho un leve tintineo ante los movimientos pausados de la chica, ella comenzaba a despertar.


— ¿Qué dicen si hacemos un juego? —


La voz del hombre saco de sus pensamientos al peliazul al igual que despertó por completo a la chica encadenada, ambos prisioneros miraron con temor al hombre frente a ellos más ninguno se atrevió a gestionar y/o articular una palabra ante la pregunta del pelinegro.


— Bien, como ninguno habla yo los sacare a jugar, haremos algo divertido, tendrán que contar hasta treinta y siete saltandose el número cinco, el que se equivoque irá conmigo a la parte de arriba para divertirnos un poco. —


Ambas partes asintieron y comenzaron a contar intentando no equivocarse pero como podrán imaginar la chica fue quién se equivoco tras ponerse nerviosa por la penetrante y fría mirada del pelinegro. Min se sentía aliviado de no haberse equivocado pero de igual manera sentía culpa ya que sabía cuál sería el final de esa chica.


Ambos subieron y mientras subían se escuchaban los llantos de la chica, estaba pidiendo piedad cosa que sería más que imposible.


— Lo siento pero enserio quiero volver a ver a mis padres.. —


Murmuró bajo mientras que pequeñas lágrimas resbalaban por sus gorditas mejillas, llevaba algunos segundos llorando en silencio cuando comenzó a escuchar gritos ahogados provenientes de la parte de arriba.


Por parte de Jeon.


El pelinegro se encontraba sobre el cuerpo de la chica mientras la apuñalaba múltiples veces manteniendo una gran sonrisa sádica en su rostro, escuchar sus gritos ahogados y sentir la sangre caliente de la chica resbalar de sus manos hasta su cuchillo era una sensación exquisita para él. Al terminar con ella se levantó y pasó su mano por su mejilla limpiando las gotas de sangre que tenía, logrando solamente que esa mancha se hiciera más grande, ignoro eso y salió del baño con tranquilidad mientras tarareaba la melodía de la ambigua caja de música que tenía la cuál contenía un payaso dentro.


— taran taran tarararara taran taran tararan.. —


Comenzó a bajar nuevamente las escaleras en dirección al sótano en donde yacía débil el cuerpo del peliazul.


— Oh cariño, lamento haberte hecho esperar tanto, como comprenderás estuve muy ocupado en la parte de arriba. —


Entonó mirando al chico que estaba sentado en el suelo, el peliazul lo miró asustado por las grandes manchas de sangre que había en su ropa y rostro, sus manos seguían llenas de sangre, al ver como el chico lo miraba de aquella manera solo se dedico a mirar sus manos confundido ¿será que tenía algo malo en el rostro o el resto del cuerpo? esa pregunta no abandono su cabeza, miró como pequeñas gotas de sangre caían de sus manos.


Se posicionó en cuclillas enfrente del encadenado mientras le mostraba las llaves del candado que mantenía sus cadenas juntas.


— ¿Quieres qué te deje ir? ¿quieres? —


Cuestionó como si estuviese hablando con un animal, soltó una risa al ver como le indicaba con la cabeza que si quería, se acercó a quitarle las cadenas y luego lo sacó de la cabaña, lo que el peliazul no sabía es que ahora era su turno de jugar con el pelinegro.


Cuando por fin ambos estuvieron afuera el pelinegro sacó su cuchillo del bolsillo trasero de su pantalón, entusiasmado miró al peliazul.


— Corre, si te alcanzo lo último que verás será mi rostro. —


Hablo con una gran sonrisa mientras jugaba con su cuchillo, el peliazul comenzó a correr enseguida mientras ponía una de sus manos en su abdomen pues seguía doliendole como a los mil demonios, corrió lo más rápido que pudo y cuando por fin dejó de ver la silueta del ese hombre se detuvo para poder descansar un poco. Creyó que por fin había logrado escapar con vida de aquel lugar pero no se dio cuenta de que el hombre estaba a tan solo un par de metros de él, comenzó a acercarse al peliazul con prisa, estaba tan ansioso de escuchar su dulce voz gritar pidiendo que se detenga.


— ¿Sabes? casi lo logras, estabas tan cerca de salir del bosque e ir nuevamente al campo de donde viniste pero te detuviste ante un pensamiento erróneo. —


Comento detrás de él soltando luego una pequeña risa malvada, el peliazul se encontraba llorando, enserio había creído que estaba a salvo, creyó que por fin volvería a ver a sus padres, estaba asustado, necesitaba escuchar a su madre decirle que todo estaría bien mientras lo abrazaba y dejaba caricias en su cabello junto a tiernos y amorosos besos pero esta era la realidad, su madre no estaba allí con él, solo era él y el hombre que le hizo daño.


— Por favor.. no quiero morir, no quiero. Quiero ver a mis padres, necesito estar con ellos denuevo.. —


— ¿Qué tienen ellos que no tenga yo? ¿hm? yo soy mucho mejor que ellos, siéntete afortunado, de todos los chicos que he asesinado tú eres mi favorito. —


Al terminar de hablar el más alto hizo un movimiento dejando al peliazul en el suelo mientras que él estaba justo arriba de su cuerpo, tal cuál había hecho con la chica, tomó con ambas manos su cuchillo y impulso sus manos para poder apuñalar al peliazul pero justo cuando estaba por perforar la delicada piel el chico sucedió algo.


— ¡NO! ¡POR FAVOR! ¡DÉJEME IR! —


Grito a todo pulmón mientras intentaba liberarse, sollozo con fuerza mientras era ignorado por las enfermeras que lo sostenían para que no se negara a que le pusieran un tranquilizante, cuando el doctor logró ponerle el tranquilizante el peliazul dejó de forcejear, su cuerpo estaba tendido en la camilla blanca mientras que todos comenzaban a salir de aquella sala que cerraban con llave, al salir el doctor miró a los padres del chico.


— Cada vez sus alusinaciones son más severas, tendremos que internarlo en un manicomio hasta que podamos ayudarle de mejor forma, lamento decirles que ya no podemos seguir manteniendo al joven Min en el hospital. —


Al terminar de hablar el doctor se retiro dejando a la pareja con lágrimas en los ojos, su amado hijo estaba sufriendo tanto, su mente le hacía malas pasadas, alusinaciones horribles que parecían tan reales que juraría que iba a morir en cualquier momento si bajaba la guardia por un par de escasos segundos.


Min ya no quería seguir, estaba volviéndose loco eso lo sabia perfectamente, no le gustaban tener alusinaciones, él simplemente quería una vida normal.. ¿acaso eso era mucho pedir?, eso lo dudaba demasiado, solo estaba pidiendo una cosa, la única cosa que anhelaba obtener era una vida normal como un adolescente normal.



FIN.

28 de Septiembre de 2021 a las 15:29 0 Reporte Insertar Seguir historia
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