1566617928 Francisco Rivera

Vivir con pleniud de satisfacciones como mujer, empero, ¿Por qué no serlo como hombre? Con imaginarlo, quizá no baste...


Cuento No para niños menores de 13.

#sermujer #SerHombre #"Envidias
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Sin Envidias Nuestras de Cada Día y Otras Historias...

1. Sin Envidias Nuestras de Cada Día...

Hay cierta ocasión en que una joven mujer se encuentra frente a su espejo de toda la vida.

En ese día y momento -que puede ser domingo- se encuentra serena y goza de un clima estable.

Su escenario es circunstancial y se muestra experimentando un momento sin ruidos dentro de su recámara.


Ese espacio es un lugar donde años atrás ha nacido en medio de un parto feliz y sin contratiempos, y se le ha prodigado una eficiente atención entre parteras avezadas.

Y, gracias a contar con la salud envidiable de una madre fuerte y sana, es producto de la sucesión de la carne en estado de futuro.


2. Desde entonces y hasta hoy día, transcurren veinte abriles caracterizados por la constante de una soledad fructífera que la hace desarrollar de manera integral como vástago primerizo que crece sin distractores necios, sin mayores objeciones y oposiciones de cavilaciones de mujer.

Puede decirse que en ese instante presente ella hila ideas en medio del dormitorio, un espacio casero donde hace cuitas de amor y un torrente de ideas o asociaciones por venir la inundan ante ese despertar a la vida con respecto a jóvenes del sexo opuesto.


3. En su persona el alambique del tiempo es benévolo y entrañable.

Crece desde recién nacida y transita sus etapas siguientes transformando su ser criatura frágil e inocente hasta despuntar en lozanía que, a golpe visual y sentimientos de deseo femenino que afloran, concibe en su mente y en el corazón, ser conquistada sin violencias letales de por medio.

En esa tarde sobreviene una duda nunca antes experimentada que ocupar sus pensamientos aún sin mácula.


Descubre una incerteza juvenil en relación a la pregunta que tiene a flor de labios:


¿"Quién puede ser ese afortunado prometedor y dueño de amores, cuidados compartidos y compañía de vida para mí?"


4. Por el momento no encuentra respuesta concisa y la galería de prospectos imaginarios conjunta a chicos de su edad.

No obstante, sabe que no vive dentro de una realidad y que lo pensado o imaginado son sueños o castillos en el aire.

Tras un breve silencio se presenta una siguiente duda, y ocupa la serenidad de hace unos minutos atrás.


Sobreviene un "algo" inexplicado en ella y piensa en la imagen de la madre embarazada y en ese estado de maternidad prometedora –idea que visualiza ante ese espejo mientras que, desde esa chica, se decide abombar de manera artificial, su vientre plano y sin hijo de por medio- y se auto acepta como "si ya estuviera embarazada de nueve meses".


5. Sonríe para sí y mueve la cabeza para desaprender esa mala preocupación futura.

Luego proyecta otra imagen, confiando en una naturaleza de mayor prodigio al jugar con su progenie -niña y niño- a como Dios manda, pero no fija una cantidad de hijos, producto de uniones con una pareja creada desde ella.

Acaba de regodearse en ese pensar de familia ideal de cuatro integrantes cuando, de golpe, surge una tercera duda: imagina la manera en que ha de conferir cuidados formales a un estado de mujer casadera que no suele dimensionar porque lo concibe desde su plena soltería y sin formal relación de pareja.


Pero esto no le impide encontrarse en una proyección de futuro inmediato para recibir y brindar seguridad a sus descendientes.

Otorgar cuidado a menores indefensos y recibir en justeza, beneficios económicos no sólo por parte del esposo que imagina sino también para sí misma.


6. Sin que le baste ese ensoñar despierto, imagina más de lo no calculado, "ve" a su progenie multiplicada a un máximo de dos bendiciones gemelas -de sexos distintos- cuya felicidad dentro del hogar es medida de cuatro personas.

Agrega algo más, se contenta con homologar dos pares de género: niña junto a ella, mientras que el "esposo y padre", junto al niño.

Ahí descansa una proyección siguiente que debe prometer gozar de igualdad entre todos, pero con sus restricciones de edad, obligaciones domésticas y comunión de intereses hacia lo intrínseco familiar.


Idealiza a "esa" primogénita que algún día llegará y habrá de dar sentido a su vida y a la familia compacta a la cual se ha de ceñir.

Pero olvida que, en la vida concreta y real, ella tiene una hermana mayor, quien sin saber lo ahora sueña esa joven, la mira con perspectiva de "tía potencial".


Sabe bien por otro lado, que dicha "tía" es una luchadora incansable.

Una inconforme que reporta hoy día lenta progresión de justicia para lograr mayor equidad de géneros, oportunidades y derechos habidos y por haber en las mujeres de su núcleo familiar verdadero.

Estas ideas resultan contrarias a una madre que establece que la suma de fuerzas de las mujeres tanto del núcleo familiar como de la parte extensa.


Han experimentado en carne propia ser a un tiempo no sólo madres biológicas, sino madres sustitutas a falta de presencia concreta y ausencia definitiva de padres varones.

En ese aspecto, la joven "y futura madre de imaginaciones reproductivas", no se aviene bien con la real y concreta "prometedora tía".

También visualiza a la "próxima abuela", quien ha de colmar sus años mayores con penalidades, sufrimientos, hambres y sinsabores como cuando ella sola se tuvo que hacer cargo de cuatro niñas, tres madres abandonadas y una familia casi compuesta en su mayoría, por mujeres.


En esa historia inmediata descansa su febril imaginación de alcanzar una etapa de próximo futuro tanto "con", como "sin" familia propia.

Por ahora, ella se tiende en la mullida cama y con la vista hacia el techo dibuja un futuro prometedor desde su sola condición de ser la mujer que es, le resulta posible lidiar con las etiquetas o roles que le otorga una sociedad abstracta -"ésa"- que los padres dentro de la familia extensa siempre le mencionan pero, que ella nunca visualiza en cualquier rostro conocido que habita dentro de la fracción de sociedad a la que pertenece.

Así, ser novia, esposa y madre; consorte, compañera, y/o amante; querida, primer frente y ama de casa grande; no "suena" como algo "súper".


7. En verdad, en ese sentido no le han enseñado esos pormenores; en familia tampoco; en la escuela, mucho menos y hasta en sus inmediatos círculos generacionales es algo que no suele platicarse entre amigas más cercanas.

No obstante estima o "siente" que tiene un llamado generacional dentro del día que vive.

Se presenta a su mente mediante un desvanecimiento de imágenes idílicas sobre lo recién recreado pero le sobrevienen otras preocupaciones no menos mundanas y diversas dentro de su estado virginal en resguardo.


En soledad aparente, sin interrupciones familiares de ninguna índole la hace incorporar de modo súbito para reflexionar en dónde se encuentra.

Luego, se acomoda en la silla sin respaldo y queda de frente al tocador, en actitud de alcanzar el cepillo de cerdas finas y pasarlo por la cabellera, con displicencia inicial.

Con cierta firmeza y no menos furia equilibrada en cada movimiento de arriba abajo; de lado a lado e inclinación de cabeza, muestra una flexibilidad y brillo de ese cabello lustroso, sedoso y de caída natural que sólo una moza agraciada como ella sabe lo que representa lucir su aspecto y corte esmerado, exacto y oportuno.


Inicia su ritual del cepillado del cabello con inaudito alaciado de la hermosa cauda azabache donde asoman guedejas de noches cerradas en las que musita un canto de estrellas rutilantes sobre un firmamento terso, como el tratamiento que otorga a su cepillado nocturno.

Establece pases caprichosos de aires nocturnales sólo apreciados desde ella.

Asiste al cumplimiento de signos secretos e personas iniciadas en los arcanos tiempos donde ocurren una sucesión de odas del mes de octubre.


8. En ese tiempo estacional, la chica adapta a su circunstancia de moza una mayor firmeza corporal que engalana el resalte de los dones más perfectos que la diosa Venus le regala.

En lenta transformación de su naturaleza humana recuerda a un alambique de goteo supremo cuya acumulación paulatina muestra sus bien plantados veinte años cumplidos.

Es moza en ese siguiente estar; ahora prueba un extraño y envolvente ser de mujer que se pregunta si debe imaginar continuar siendo -sólo por un momento- una chica que debe esperar a que aparezca ese hombre cabal en lugar de ser lo que de manera innegable es; pura ilusión de su mente.


Interroga con presteza a su mudo reflejo de tocador.

Escucha razones del corazón junto a sinrazones abstractas que sólo a chicas de su condición femenina suelen atribuirse en momentos semejantes por los que ella atraviesa.

Siente su sino de fémina.


Ofrece gesticulaciones harto repetidas en momentos de incerteza, pero regresa una voluntad firme a su ser para dar tono de apariencia risueña a su semblante juvenil.

Antes de animarse a pronunciar dos ideas contrapuestas, esplende un noble sentimiento dentro de su corazón: no someter su género y naturaleza ante nadie.

Por lo tanto, ser fiel a su estampa debido al tipo de persona que es.


Tal respuesta conjugada alienta la marcha y continuidad de cada día.

Cuestiona ser a un mismo tiempo mujer soltera sin tacha y con una duda nada rencorosa para su solo estar a como acostumbrada estar, desde esos años que la han visto transformarse en lo que ahora es, brotando las siguientes expresiones:


— ¿Cómo ha de ser el novio que me pretenda? —, se pregunta con una hermosa mirada de gacela.


Más de inmediato, vuelve a inquirir:

— ¡Y, más en momentos como estos, en los que ahora, atravieso en más accesos de cólera y envidia ajena por ser mujer y no hombre! —, dice así, en explosivo primer momento de desesperanza.


En seguida, retoca sus cabellos en ambas sienes; coloca con delicadeza el espejo entre su entrepierna y vuelve a las andadas:

— ¿Acaso creo entender tal deseo de no ser lo que soy? —, agrega con un súbito sopor en todo el cuerpo.


Luego, sin poder evitarlo, llega otra verdad evidente: atraviesa la imagen de cuando despunta en ella el inicio del ciclo menstrual, sin poder reprimir su significado como proceso natural.

Enseguida, y ante los punzantes cólicos manifestados, le recuerdan que ella está más viva y despierta a la vida desde entonces que antes de llegar a ese estado.

Mira de nuevo esa superficie ovalada.


Ante su fiel reflejo da un grito controlado hecho voz presencial y aplomada, justo cuando mira su zapatera de distintos modelos, colores, y una “taconería” que va desde lo bajo hasta lo más alto que todo pie de mujer puede soportar, en aras de la moda casual de los días en que transcurre su flor de mujer.


9. A partir de un insospechado momento, una extraña soberbia de atuendos y de numerosa colección de aditamentos personales restan falsos ánimos con los que encubre las diversas maneras de engalanar las extremidades inferiores del cuerpo.

Resalta en la susodicha su modo indubitable de eterna inconformidad por llegar a rebasar nuevos dispendios, por ejemplo, ajustar su presencia a un color discreto o encendido para siempre llevar con gracia contundente sus juegos con bolsos de correa o de mano, nunca indeseados, nunca olvidados.

Recompone su malestar y retorna a ser mejor la mujer que es y no el hombre que no desea ser -en pensamiento, claro está-, pues reconsidera que ella está orgullosa de portar objetos de guardarropa, aditamentos de bisutería, vestuario acorde a su estado de ánimo y dar realce de su égida femenina no para avasallar a sus amistades mujeres más cercanas.


Sabe, también que al mostrarse en el exterior y sin proponérselo, coloca un veto de imagen ante la vista de sus "novios de lista", sin que deje de lucir una talla menor para dispendiar su fisonomía de manera abierta, generosa y contundente a la vista de hombres necios que… sabéis vosotros dónde concluyen esos versos...


10. En otro instante de feliz apariencia enciende su móvil y mantiene un charlo particular con su "otro medio corazón imaginado", y le dedica razonamientos tales que desafían el sentido común masculino, por ejemplo:


— ¿Estás seguro de entenderme, que hubiera deseado no ser yo, y en cambio, yo, ser tú? —, para luego “repetirle a él”, una pregunta con respuesta adivinada:


— ¿Por qué nosotras debemos usar tacones, y ustedes, por lo general, prescindir de ellos? —, interroga y suelta una risa en medio de la imaginación de “ver taconear” a su pretendiente imaginado.


Continúa regodeándose en imágenes chuscas -graciosas- pero con pretendientes virtuales que materialmente "derrapan" por ella sobre el pavimento-

Inmolados en esa referencia casual se imagina congraciarse a sus costillas.

Ofrece sus zapatillas de aguja pronunciada como de ese arco que se aprieta en la estrechura de la horma y derrama el despunte de las abrazaderas al tobillo que en ella admiran sus amigos.


Son lo divino exaltado ante desorbitados ojos varones; en cambio, esa burda falta de equilibrio en éstos desprovisto de la gracia que sólo una mujer posee, el paso firme y con sentido agraciado y pulcro donde se desprende una sinuosidad eléctrica y efectista confiere escenario propicio para desfilar en "pasarela cerebral", por dónde cada mujer se desplaza en su manera de ser y sentir la vida.

En cambio, donde cada hombre imaginado se desplaza en tacones, asume como acto de pretendida justicia de género, un andar no exento de gracia.

Así, al final de su algazara entrega un beso en mejilla áspera de sus amigos hombres, pero reserva hacerlo en los labios de ellos.


Por su parte, sus finos labios aún intocados no dejan de cumplir su generación de ósculos que encienden rabietas aviesas a las chicas que le “cargan” rencores mayores y guardan para otro mejor momento echarlos en cara ante los varones que sólo tienen ojos para ella...

Después de una pausa, recupera su cordura abstracta y le nace otra pregunta asociada a su esencia de mujer:


— ¿Y, si los cólicos los padeciéramos juntos, al mismo momento y con la misma intensidad y frecuencia?


Pero agita su cabeza y desecha ese pensamiento, por imposible en la naturaleza corporal de ellos.

Como recurso siguiente, no deja duda, de haberlo lamentado, cuando se pregunta a su vez:


— ¿Qué bueno sería, no? —, e inmediatamente repite para sí, que en tal condición que ese padecer está sujeto al invariable "Antes-Durante-Después" de cada período que la postra en la cama mientras mantenga sucesivas etapas fértiles.


Con esa evidencia, cierra los ojos y musita de modo inaudible al mismo tiempo que se persigna dejando escapar un:

— ¡Por ahora… ni estarlo y mucho menos, padecerlo…! —, se dice temerosa pero no al punto del pavor, gracias a la edad y a su factor mismo que encuentra relación de semejanza: por una parte, alienta un microcosmos-mujer y por otra un macrocosmos-femenino, reflejo del universo entero concebido como un gran organismo.


Sin saberlo a ciencia cierta en su sino bullen épocas y culturas diversas.

También un alma mundana.

Una corriente mágica que apareja lo micro y lo macro en concepción de igualdad de elementos y un sentido inexorable del orden diferenciado en escalas de reflejo de circunstancias determinadas.


Pondera otra apreciación incuestionable: ser un organismo humano viviente, actuante y pensante.

Tras esa magia se desdobla en ella cada noche una base antropomórfica.

Cada parte de su cuerpo es destino, reto y conjunción de lo que ella es entre sueños de estados de vigilia y desde estos, continúa depredando amistades conocidas que consideran anómalo ser mujer y no hombre.


Ahora se encuentra regida por la disposición de los astros;.

Y a manera inversa sus concepciones mágicas actúan sobre su microcosmos, siempre en disposición para influir en su propio macrocosmos, y desde ahí, atraer a la varonía que se "muere" por ella al intentar llegar a intimar de una vez por todas...

Pero algo en ella lleva a desaprobar el mundo conocido al trocar su alma en cada sueño recurrente.


Siempre encuentra el modo de romper la forma del ser vivo ideal que ella se ha forjado ser.

Y asume para sí, no ser quién no es.


11. En el día que sigue dentro de su ser moza, hay un momento en que sus detractores no convienen con ella engañados de la idea que le han filtrado sólo para divertirse a sus costillas: al no considerarla el hombre que desea ser.

Acaso, una varona que posee una imagen del cosmos; que cuenta con una versión semejante pero no igual a la creación del hombre.

Es decir, ser una mala y parcializada imagen sin semejanza del varón que ansía ser.


Emprende un viaje astral y visita a ciertos seguidores de la cábala y a los astrólogos de fama.

Saben todos, a una, que ella posee una existencia compleja en términos de relaciones de correspondencia entre hombres y astros.

Determinan que las partes de su cuerpo femenino sugiere la existencia de corrientes simpáticas y empáticas en relación con ciertas figuras geométricas.


Como ocurre también entre ciertos tipos de cristales y piedras preciosas por lo demás compatibles con sus particulares humores corporales.

Pero ella se atiene a un número áureo regido por la mística de los guarismos: una auténtica esencia de la realidad que determina principios divinos y ordenadores de todo lo existente.

En tal sentido, es tachada de mística numérica o numeral, pero no invalida los múltiples descubrimientos hechos respecto de las propiedades que cada una de esas cifras tienen en sí mismas sobre ella.


De manera ferviente concibe que siempre se abren puertas hacia percepciones de comprensión profunda de la realidad la cual se encuentra ante su vista siempre en asociación necesaria para conducirse ante una comunión con la divinidad.

Acude con apoyo de la matemática en calidad de ciencia reveladora de secretos ocultos del cosmos e intuye que mediante esa relación se encuentra cercana al inherente lenguaje de Dios.

Ella es, además de soñadora despierta, una amiga de personalidades esotéricas; se encuentra influida en la relación de tipos de triángulos poliedros regulares y sus elementos.


En su fuero interno mantiene una relación con distintos tipos de triángulos y desde estos con la propia constitución del cosmos que se encuentra regido por determinadas proporciones exactas e infinitas.

No es de extrañar que esta chica resulte escasamente entendida por las mentes comunes de los varones que se le acercan.

Conviene además con sus más cercanos parientes secretos –ciertos pitagóricos irredentos- donde ella y los números constituyen una verdadera realidad, la cual se aprehende por medio de la razón, no por los sentidos.


Ante tales conjeturas, ahora ella anda por ahí, adivinando suertes frívolas a otras mujeres que pierden lo que ella atesora al contar esta historia de la mujer que no es hombre sin recurrir a cirugías invasivas o soportar tratamientos de cambio de sexo.

Sin poder evitar eso, el peso y recuerdo de los varones muertos que carga en su haber irresuelto, por no ser hombre y continuar arrostrando ese sino pesaroso por el que se han burlado de ella, tanto los hombres del pasado, como los hombres del presente en sus veinte abriles recién cumplidos.... son continua devora -uno a uno-, sólo por ser hombres y para asegurar así su propia e infinita continuidad de ser mujer en sus sucesivos episodios, como a continuación se han de presentar a Ustedes...


CONTINUACIÓN

12. De las Envidias Subsecuentes

27 de Septiembre de 2021 a las 22:16 0 Reporte Insertar Seguir historia
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