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LA DESHUMANIZACION



LOS INHUMANOS


Autora

Yolanda García Vázquez


(Transcripción íntegra del poema del pordiosero)


Las noches en el albergue son frías, pero más frío dan los inhumanos...

Ellos...

Miran a otro lado cuando pasan delante del mendigo...

Abandonan a los parientes pobres;

Que cada cual se las apañe como pueda;

Es la ley de la jungla...

Huyen de los enfermos y de los viejos...

Cierran la puerta al que les pide un poco de pan...

Juzgan al caído, pero jamás tienden su mano para levantarlo...

Se lavan las manos con el sufrimiento de los otros...

Rechazan todo lo que no comprenden...

Jamás se compadecen ante el vencido...

Nunca sufren por nada ni por nadie que no esté en su círculo más cercano...

La humanidad entera les es ajena...

No conocen a nadie cuando solicitan su ayuda...

Viven establecidos en su comodidad;

Que nada les falte, ni a ellos ni a los suyos...

Sólo vale el que produce, el que no produce es descartado,

anulado, olvidado...

Aunque el vecino de enfrente se muera de hambre,

no es su problema, ellos son una raza aparte;

Son superiores, eso creen..

Los inhumanos...

Cuando se trata de perros, son los primeros en mostrar solidaridad...

Antes un animal que un ser humano...

En las redes sociales los verás como hipócritas compartir la injusticia social y llenar de dulces animalitos su muro...

Pero si se enteran que un familiar directo está pasando toda clase de necesidades y les ruega un poco de ayuda,

primero le culparan de haber caído tan bajo,

y luego como inhumanos que son, lo borrarán de sus vidas como a los muertos de la fosa común..

A ellos les es fácil...

¿Y sabes porqué lo harán..?

Porque el pobre es su conciencia, que sedienta de amor les escupe la verdad...

Son una raza de bestias que no sienten, ni comprenden...

Tienen miedo unos de otros...

Se vigilan, no se fían de nadie...

Espíritus opacos, jamás penetrados por la Luz..

Viven de las apariencias, de la engañosa prosperidad...

Se estiran la piel, mientras el alma se les arruga...

Coleccionan frases de autoayuda y tarjetas de crédito...

Son carne de psicólogos, de adivinadores y estafadores...

Obsesionados con el sexo, no conocen el amor verdadero...

Ya te puedes estar muriendo al lado de ellos que ni se inmutarán...

Todo lo que es sombra les parece la noche;

Confunden el brillo con el oro;

Odian a los viejos, a los enfermos, a los pobres, a los mendigos, a los inválidos, a los perdedores, a los tristes, a los mutilados...

Algunos llenan las iglesias con sus falsos rezos y luego pisan la mano del pedigueño que está en la puerta.

No conocen la alegría de recibir dando...

Jamás cruzan los caminos del corazón,

pues su reino es la apariencia, el trono material...

Cada vez son más, pues no dejan de reproducirse...

Ellos me aborrecen porque soy un podiosero, pero ignoran que yo los amo a todos...

¡Oh, si mirasen en su interior!

y comprendieran lo preciosa que podría ser su alma

si amaran a los pobres como se aman a si mismos...

Si abrieran sus corazones y dejaran entrar la luz del amor fraterno;

Si padecieran con las penalidades de los otros;

Si derramaran lágrimas por toda criatura sufriente;

Si se vieran en los demás como en un espejo y supiesen que todos manan de la misma Fuente;

Ya podrían ver en su corazón destellos del paraíso...

¡Oh Dios Mío! si fueran como el sol que sale para todos sin escatimar un ápice de su excelsa luz...

Si compartieran lo que poseen con los más necesitados...

Si se vieran desnudos como yo los veo;

Si volvieran a ser niños...

Pronto zarparé de esta isla de angustia y olvido

y llegaré a tu puerto donde no existe la noche...

y sé que al otro lado de la soledad siempre resplandece el amor, pues la alegría es una flor eterna, y lo sé porque lo siento dentro de mi...

No tengo miedo al cruzar ese mar, porque sé que tú estarás conmigo, Señor, pues no albergo odio ni ambición..

Ya ves, me voy con el corazón roto por la deshumanización de mis semejantes,

pero amándolos a todos,

pues son criaturas tuyas.

Siento la llamada de las alas;

Soy un miserable mendigo,

pero mi alma te conoce desde siempre

y a ti regresa, Padre Mío.

en el velero de la gran esperanza.


El pordiosero


Fue hace unos años, lo recuerdo bien. Era una tarde como tantas, aunque hacía bastante frío ya se vislumbraba el despertar de la primavera. El tiempo pasaba deprisa, pero la naturaleza no olvidaba su compromiso anual con la Tierra. Un ciclo que jamás se rompía.


El sol caía languidamente sobre el asfalto, ajeno a todas las miserias humanas.


Terminaba yo de salir del trabajo, y por alguna extraña razón que aún desconozco, aquel día decidí no coger el metro, y hacer a pie el trayecto a casa. Me encontraba ese día en un estado de agitación y turbulencia interior que no me dejaba respirar; Lo cierto es que desde hacía meses andaba agobiado y no encontraba una explicación lógica a mi estado de ánimo, pues aparentemente en mi vida todo estaba bien, tenía una desahogada posicion económica, pues era broker financiero, con mucha proyección laboral y éxito personal. También me sentía querido por mi familia y grupo de amigos; disfrutaba de buena salud y nada me faltaba. Entonces, ¿a qué se debía esa angustia creciente, ese desaliento que me acompañaba y del que no lograba zafarme? Lo había consultado ya con un amigo médico y me aconsejó visitar a un psicoanalista, pero dudaba mucho yo de esas pseudociencias modernas; es más intuía que aquel desasosiego era de naturaleza no humana y no sé porqué llegué a tal conclusión. Me encontraba como encerrado dentro de mi mismo, en una especie de burbuja, y aunque percibía el cariño de mi família, me sentía presa de una soledad infinita. El amor me era algo absolutamente ajeno. Podía tener todas las mujeres que quisiera, pero todas me dejaban un profundo vacío, pues bien sabía yo que todo mi éxito se debía exclusivamente a mi status social. Y si antes eso no me importaba demasiado, últimamente me quitaba el sueño, y me hacía sentir el más miserable de los hombres.

El atardecer parecía añadir además un velo de ensoñación a mi conciencia, como si yo no fuese yo; me irritaba ese nuevo estado de perplejidad, pues siempre había sido yo un hombre seguro de mi mismo y equilibrado; entonces, ¿a qué se debía ese nuevo vértigo interior que anulaba mis sentidos por completo? y lo que más me inquietaba, ¿cuánto tiempo podría resistir sin que nadie lo notase? ¿sería algo pasajero o iría creciendo hasta destruime? Ensimismado en estas cavilaciones llegué hasta el viejo río que unía la parte moderna de la ciudad con la antigua. Me quedé un rato contemplando los muros de construcción romana, preguntándome cuántos seres habrían pasado por allí a lo largo de los siglos con las mismas preocupaciones que yo. Las piedras no sienten nada, pero ¿guardarían algún retazo del dolor de los habitantes de aquella ciudad milenaria?. Tales eran mis cavilaciones propiciadas por la angustia aquella tarde de febrero.

Los coches pasaban por la avenida en su carrera cotidiana contra el tiempo. Los transeúntes cruzaban las calles como autómatas, siguiendo siempre el mismo patrón; Caras serias, ajenos a mi, como yo a ellos...


y fue entonces cuando me lo pregunté...



¿Eran más humanos que las piedras del viejo muro que cubría el río..?


Aparentemente si, pero..¿lo eran..?

Si alguno de ellos muriera de repente delante de todos los demás.. ¿lo sentirían.., o murmuruarian una leve frase de asombro y luego seguirían su camino como si no les incumbiera?

Y yo, ¿era como ellos..?

Hasta hace poco ninguno de ellos me importaba...

Y ¿porqué precisamente ahora..?

Recordaba lo diferente que era la vida cuando era niño, cuando el mundo todavía podía ser hermoso, o así lo creía yo.

La vida en el viejo pueblo donde nací, donde ningún vecino era un extraño..

¡Oh, pero había pasado tanto tiempo de eso!

Y ¿porqué últimamente no dejaba de volver en sueños a aquel idílico lugar donde pasé mi infancia.. ?


El mundo era un lugar hostil..

¿Y cuándo había comenzado este proceso de deshumanización, ese no importarle a nadie lo que le sucediera al prójimo?

¿y porqué antes no había sido del todo consciente de esa metamorfosis de la sociedad?

Tal vez yo también era uno de ellos, un inhumano, y sólo ahora podía comprenderlo con claridad.

Sentí la angustia crecer en mi interior, y la sangre agolparse en mis sienes

¿y qué derecho tenía yo a quejarme..?

Era el mundo que me había hecho triunfar..

Pero..¿había triunfado..?

¿Y porqué me preocupaba tanto la deshumanización de mis semejantes, eran ellos conscientes de eso?

y lo que más me asustaba de todo, ¿llegaría yo a ser como ellos, o lo era ya..?

La respuesta era clara y diáfana..

Lo era y desde hacía mucho tiempo.

Sentí un hormigueo en la cabeza; apenas había comido nada desde el desayuno, si seguía en ese estado de angustia no tardaría en enfermar. Debía encontrar la salida de aquel laberinto antes de que..

Me encaminé a un parque cercano y tomé asiento para intentar serenerme.

Alcé mi vista al cielo y me estremecí, pues nunca en toda mi vida había visto un espectáculo tan hermoso; era como si desde arriba una legión de ángeles vertieran de sus copas rosadas la belleza divina al mundo. En trazos de majestuosa luz iba dibujándose el más bello crepúsculo. Era algo más...


Era un poema de Dios.


La inmensa generosidad del Creador, y el hombre era incapaz de percibirlo.


Sentí deseos de llorar, y de gritar también, pues aquello era la vida misma, lo que nos conectaba a la parte sagrada de nosotros mismos y nos hacía eternos, y nos hacia puros y nos hacia grandes, y había pasado toda mi existencia sin percatarme de ello. Eso era lo que importaba, ¡el espíritu!, no una vida llena de lujos, placeres, y apariencias, donde las falsas amistades me habían conducido al vacío interior, si no las riquezas inmateriales que nos levantan de la muerte en un soplo. Todo lo que es belleza y amor para el espíritu humano, y era eso lo que me faltaba desde hacía tiempo, de lo que tenía sed, una inmensa sed..

¡Sed de humanidad..!

Tenía los ojos anegados en lágrimas cuando un pordiosero pasó delante de mi..

Ignoraba yo en aquel preciso instante que aquel encuentro fortuito iba a ser de vital importancia para mi futuro.

Con su ropa mugrienta y aspecto mísero parecía más humano que yo..

No dejaba de resultar extraño..

Algo en mi debió llamarle la atención, pues se quedó mirando fijamente..

Por instinto llevé mi mano a la billetera para darle unas monedas, pero inesperadamente alzó la mano.

- No quiero nada. Creo que usted es más pobre que yo...

Le miré intrigado

- ¿Qué quiere decir..?

- Yo al menos tengo esperanza, usted ya la perdió..- contestó

Tragué saliva nervioso, no acertaba a comprender.

Era como si supiera..

- Si amigo, está usted desesperado, salta a la vista - espetó

Agaché la cabeza con pesar, pues no andaba descaminado; lo sorprendente era cómo había llegado a tal conclusión, y porqué lo afirmaba con ese tono, como si pudiese leer en mi interior.

- Si, así es..Tiene usted razón... - acerté a decir

- ¡Pues no debe¡ Es usted joven e intuyo que con buena salud. Procede usted de los barrios ricos, pero su mirada no engaña..

Titubeé, no sabía si seguir hablando con el podiosero o seguir mi camino, pero algo en él me atraía poderosamente, pues emanaba de él una poderosa humanidad, y también un misterioso halo de dignidad.

- No se inquiete, no voy a atracarle; a mi me sobra todo... Tengo a Dios conmigo. Nada necesito ya, pues mis días están contados, pero mi gran tesoro está allí... - y haciendo un ademán señaló el cielo


Yo lo miraba embelesado como si de él fuese a manar la respuesta a todas mis preguntas e inquietudes, y tuve la sensación de que algo importante iba a serme revelado en el transcurso de aquella conversacion. El viejo mendigo continuó hablado. Parecía albergar toda la sabiduría del mundo; era como si lo supiera todo de todos.


- No son malos - agregó señalando a los transeúntes - sólo están tan confundidos como usted. Tienen miedo unos de otros; desconfían de si mismos; ponen muros alrededor para no ser heridos, pero en el fondo todos ansían lo mismo. ¡Oh! no es tan complicado ser humano, sólo que a los hombres de hoy se lo han puesto algo difícil, pues la civilización moderna ha sacrificado su humanidad al vellocino de oro. El progreso y las nuevas tecnologías han mecanizado el sentimiento, subastado la moral, y criminalizado la inocencia. Los seres que no producen son descartados, y repudiados. Han convertido a la Ciencia en la nueva diosa, pero una diosa sin escrúpulos ni compasión. En los jardines artificiales de la nueva sociedad ha germinado una flor carnívora que engulle y aniquila todo lo que es noble, puro y hermoso. Nunca el hombre fue más esclavo que ahora, pues sus grilletes son invisibles, y en nombre de una falsa libertad y una efímera prosperidad han entregado su alma, por eso la mayoría parecen inhumanos, pero hay algo que permanece innato en cada ser humano y es la necesidad de comunicarse con los otros, y sobretodo el deseo inherente de sentirse amado. La modernidad los ha embrutecido algo, pero subyace en todos ellos la llama del fuego divino. Por eso yo no he perdido la esperanza. Créame, a pesar de todo, cada uno recuperará su humanidad por si mismo; es una trayectoria que instintivamente ha de seguir el hombre en su paso por la vida. Es el grito de libertad interior; El alma reclama su parte, pues durante el breve sueño de la existencia todos viven encerrados, sin saber que son como pájaros destinados al vuelo eterno. Usted ya está encaminado, lo percibo en sus ojos; Recuperó su humanidad, sólo que ahora siente el dolor de la metamorfosis, pero dentro de un tiempo se encontrará mejor. Ya lo verá.

Escuché atónito aquellas palabras, y deseé que siguiera hablando, que no cesara nunca aquella conversación.

Ya asomaban las primeras estrellas de la noche. Sentía menos frío.


El pordiosero hizo otro ademán y me entregó un cuaderno viejo

- Tome, es para usted. Creo que lo necesita. Son una serie de poemas que he escrito últimamente. No son muy buenos, pero puse mi alma en ellos. Encontrará alguna respuesta a sus inquietudes. A mi ya no me hacen falta. Según el médico del albergue no viviré ya mucho tiempo. ¡Oh, no se inquiete!, estoy preparado para el gran viaje. Es más, lo deseo y estoy feliz de poder zarpar. Mi capitán me espera al otro lado del mar. Me gustaría que guardara usted estos viejos poemas, si no es mucho pedir, y no me pregunte porqué. Espero que le sirvan.

Recogí el cuaderno sin dejar de mirar aquellos profundos ojos que parecían dar respuesta a todos los misterios de la vida.

- Yo alzaré mis velas pronto, para cruzar nuevos mares. Dios está conmigo. Espero que encuentre usted su camino y le sea devuelta la esperanza.


Y silbando una antigua melodía desapareció entre la niebla nocturna..

Me quedé allí un buen rato, meditando sobre aquella conversación y la naturaleza de la misma. Inesperadamente fui encontrándome mejor, como si la paz que desprendía el mendigo hubiese llegado también a mi alma.

Desde aquella noche algo empezó a cambiar en mi interior, pues en mi conversación con aquel hombre me había sido revelada mi propia verdad interior, algo que pugnaba por salir, y de lo que yo jamás había sido del todo consciente.

El pordiosero había puesto un espejo frente a mi y por primera vez lo había tenido todo claro.

Al poco tiempo abandoné mi trabajo de broker financiero. Lo dejé todo, una vida de lujo y bienestar y me embarqué en un largo viaje hacia mi mismo. Doné gran parte de mis bienes y posesiones. Hoy en día soy misionero en un poblado de África. No ha sido un trayecto fácil. Tuve que dar muchas explicaciones al principio y salvar muchas dificultades, pero al fin he encontrado mi camino, mi vida está llena sirviendo a los más necesitados, que curiosamente muchos de ellos tienen la sonrisa más bella que jamás haya visto.


No sólo me he reencontrado conmigo mismo, sino con la humanidad entera. No echo de menos mi vida anterior, pues ahora soy un hombre nuevo. He recuperado la fe en el género humano, aquí entre los más desamparados del mundo, pues son ellos los que me colman diariamente con su luz interior, su infinita generosidad y gratitud. Atrás quedó la deshumanización de la vida moderna con su lucha diaria contra el otro, la ambición y la especulación.

Ahora percibo a Dios en cada niño hambriento, en cada madre que llora, en cada mano tendida.

Los amaneceres son muy hermosos bajo las altas montañas y hay cierta dignidad en la pobreza.

Parece como si estuviéramos más cerca del cielo.

Todos tenemos algo que aprender, y yo fui afortunado de aprenderlo a tiempo.

La vida en la misión puede ser dura, pero es humana.


Es verdadera, es auténtica y nada puede producir más gratificación al espíritu que recibir dándose a los demás.

Eso era algo que debía descubrir por mi mismo.


Aquí les transcribo el poema del podiosero, al que como es obvio, jamás olvidaré.

En las noches de invierno, cuando en la profundidad de la selva, el aullido del viento me mantiene insomne, no dejo de escuchar la voz de aquel hombre , y a veces creo que fue un ángel que Dios me envió para encontrar mi camino.


FIN


YOLANDA GARCÍA VÁZQUEZ

Derechos de autor reservados

España



24 de Septiembre de 2021 a las 16:17 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Conoce al autor

Yolanda García Vázquez Escritora, poeta y declamadora aficionada. Realizadora de vídeos amateur

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