smgrape SM Grape

Morir y vivir es el camino natural de la vida. Si la existencia de las segundas oportunidades es un regalo de Dios con gusto lo aceptare para tener esa vida de ensueño que no pude cumplir en la primera. Pero, ¿Es así de fácil? La chica que es la villana, que es la reina malvada, que es la concubina menos amada, que es la hija adoptiva de cierta familia importante. ¿Enserio? ¿Todos pueden cargar con esa suerte? ¿No es demasiado perfecto?, ¿Y conveniente? Yo no recuerdo morir, apenas la escoba entre mis manos me causo un cierto deja vú y el rostro reflejado por cierto escudo me era familia y extraño. En este mundo no soy la protagonista, el final está por llegar, los castigos se completan uno por uno, para mí solo queda el sobrevivir dadas las malas acciones de otros. A final de cuentas, soy un común personaje de fondo.


Fantasía Medieval Sólo para mayores de 18.

#romance #drama #supervivencia #reencarnacion #viaje-a-otro-mundo
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Prólogo I

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Prologo I

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En una clase de artes en la escuela, el profesor a cargo pregunto: —¿Cuál es su color favorito?

Obviamente no tengo que decir la cantidad o tipos de respuestas dadas por un grupo de niños de seis años sentados en sillas con mesas reclinables de tamaños adecuados —en ese momento— y dispuestas en un círculo dejando apenas un espacio libre para que el profesor pudiera salir del circulo e ir a su escritorio.

Mi respuesta fue convencional, coincidió repetitivamente con el resto de mis compañeros. Quiero decir, no creo, que por dar una mejor respuesta o un resultado espontaneo cambiara las cosas, desencadenando una serie acontecimientos donde esté en el centro.

Definitivamente nada de eso coincidiría conmigo.

Soy más del tipo que se mantiene ajena, observando desde lejos y ocupándome de mis propios asuntos.

El hecho es, que recordar un momento al azar de mi infancia, se debe a la respuesta directa y altamente gritada por un niño del cual su nombre se esfumo. Lo único que lo identificaba —al menos para mí— era la fuerte voz que uso para decir su color favorito, mostrando sus nuevos tenis de un grupo de super héroes de televisión.

—Rojo. — Una sencilla palabra que broto naturalmente de mis labios.

Un color fuerte, brillante, vivo y fácil de reconocer. Así era él, ese niño, era justo como el color rojo, siempre alegre, siempre el centro de atención y de una personalidad agradable, fácil de empatizar.

—Quizás, debí ser su amiga esa vez.

Me dije a mi misma, apoyada en la rama más gruesa del árbol sin hojas que escalé.

El paisaje delante de mí se embellecía gracias a lo blanco y puro de la nieve acumulada por los días sin descanso de las ventiscas. Como un precioso acolchado fabricado con las mejores telas a base de la naturaleza, incitando a quien lo viera a sumergirse completamente seguro de disfrutar de una relajante suavidad con un descanso ideal.

Por supuesto, tal sueño solo se cumpliría perfectamente usando la ropa adecuada, porque, sin importar la belleza transmitida, esa no era la verdad.

La nieve es blanca y pura en la superficie, pero, no es cálida ni suave. Permanecer más de una hora recostado traería una pulmonía o neumonía, seguramente una hipotermia si la ventisca comenzaba nuevamente.

Exhale por mi boca, mi aliento era blanco, esfumándose rápidamente.

Alce mi vista más allá de la nieve. Los árboles sin hojas se interponían en el camino de mi visión, pero era claro lo que ocurría más allá.

Gritos angustiosos, sonidos metálicos, el aroma desagradable y el humo oscuro alzándose al cielo.

El rojo no era mi color favorito, pero todo, estaba tornándose de este.

La mansión incendiándose, las espadas moviéndose con un último grito de sus objetivos silenciados. Pronto, todo el paisaje se mancharía.

La pureza apreciada de la blanca nieve seria otro recuerdo perdido.

Exhale de nuevo. Mi aliento blanco se esfumaba.

Apenas tenía tiempo de estar lamentándome de este deprimente desenlace final.

—Es un lujo que todavía mire ese lugar consumirse y siga de pie en esta rama. *¡Achus!~*

Estornude. Me abrace a mí misma, pasando las palmas de mis manos por los brazos, intentando darme un poco de calor extra.

Ya había pasado mucho tiempo fuera de la mansión recolectando ramas y juntándolas en paquetes con carretes de hilo. Apenas abrigaba en algo la ropa que usaba por encima de mi uniforme.

Beneficios y riesgos de traer ropa ligera en un escenario cubierto de un obstáculo.

Lentamente, empecé a descender de la fuerte rama que sostenía mi peso, cuidando que mis pies toquen las partes gruesas del tronco principal y que mis manos vayan tomando las ramas correctas, hasta que estoy sujetando las mismas partes gruesas del tronco, usadas de soporte por mis pies.

De un salto, aterrizo en la nieve.

Fácilmente dos agujeros se forman por mis pies.

Hubiera sido agradable disfrutar de un juego en la nieve. Formar ángeles de nieve, muñecos de nieve y guerras de nieve.

En un instante, la tierra da una sacudida, el cielo opacado por nubes se vuelve claro. Los sonidos metálicos más cercanos se empiezan a alejar.

—“¡Está es mi oportunidad!”

Ya no hay necesidad de pensar más allá.

Rápidamente me inclino en el suelo, sacando de la canasta olvidada a los pies del árbol, dos paquetes de ramas perfectamente unidas y la navaja.

Dejo los paquetes de ramas sobre la nieve, estiro la falda en mi vestido y con la navaja corto un lado dejando expuesta la ropa interior y parte de mi pierna, paso nuevamente el filo disminuyendo el largo. Satisfecha de mi rudimentario trabajo, abandono mi lugar en la nieve, tomando los paquetes en mi mano izquierda, use la tela sobrante enredando los paquetes de ramas para luego unirlos a mi cintura con más tela en una especie de faja. Regrese la navaja a su funda, guardándola en el único bolsillo de la chaqueta desgastada que me cubría del frio.

La carrera por entre la nieve es difícil, con cada movimiento parece profundizarse los agujeros hechos con mis pies pero no me importa lo congelados que terminen o el temblor de mi pierna descubierta.

Un solo pensamiento, una sola idea, ¡La única motivación que me aleja de este lugar!

¡Es no ser atrapada por el Comandante de la Guardia Imperial!

Terribles represalias caerían sobre la familia a quien diligentemente he estado sirviendo.

Particularmente no me siento apegada a salvarlos con mi vida o compartir el mismo infame destino.

¿Por qué?, ¿Cómo?

Son las preguntas que cualquier persona normal se haría. Nadie tan mezquino abandonaría a sus patrones si existía la posibilidad de rescatarlos, evitando tales trágicas perdidas.

Desgraciadamente, soy esa clase de persona mezquina. O, debería decir, la dueña original de este cuerpo era la clase de persona mezquina que halagaría a su señorita un día y al siguiente se burlaría abiertamente de lo estúpida que podía ser con modales básicos para comer o saludar.

Pero, de todas formas, yo sigo siendo mezquina, una mezquina sutil.

Mirando en silencio, asintiendo con obediencia, cumpliendo un rol predispuesto contando segundo a segundo el instante en que el verdugo de esta familia avanzaría por las puertas principales de la propiedad con todo un pelotón de sus caballeros, alzando la bandera de su propia familia y declarando sin dudar la innegable traición al Imperio.

Si.

Soy una mala persona. La mala persona que desea vivir prolongadamente esta ridícula segunda vida.

Deseaba tanto reírme de mi estúpida inocencia.

Por un instante, solo uno, creí que era la protagonista de alguna novela que leí antes. La común y normal sirvienta que descubre es la hija bastarda del Emperador, tal vez el Rey o la prometida de hace mucho tiempo de un Marqués. Un primer amor, ¿quizás?

—Tan vergonzoso.

<<Desafortunadamente>>, no poseo ninguno de esos roles.

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La única protagonista de esta historia, llego hace mucho tiempo ya, estaba a unas cuantas escenas o momentos importantes de contraer nupcias con su protagonista masculino. Mientras yo, escapo con el rabo entre las patas de la casa a la que serví por unos meses aunque parecieran varios años.

Me detuve ante la preciosa y gran muralla de piedras. Esta estructura que avergonzaría a cualquier noble con algún mínimo sentido del gusto o presunción de conocimientos exquisitos en arquitectura —Que solo sabrían diferenciar entre muy caro o extravagante — era mi único medio de libertad seguro.

Las grandes piedras de la montaña sobresalían al ser sobrepuestas, dejando huecos perfectos para las manos y los pies. Seguramente, el líder anterior de esta familia podrida, mando la construcción con este secreto diseño en caso de que los principales puntos de escape fueran sellados.

—O solo es la mejor coincidencia de la vida que sea fácil de subir.

Sonreí alegre.

Con manos y pies me aferre a cada hueco, probando primero con mis manos que mis pies pudieran entrar, cuidándome de los agujeros resbalosos e ignorando las voces rabiosas y desesperadas a mi espalda.

La orilla está a mi vista, mis pies ya están ahí. Aprecio nuevamente el paisaje nevado, tentada a voltearme y mostrar una ceña obscena usando el dedo de en medio de mi mano, me abstengo, sigue siendo muy temprano para declarar la victoria.

Al menos un kilómetro de distancia y entonces, haría mi ceña obscena con el dedo.

Respire profundo y una corta exhalación, impulsándome desde mi rodillas y con fuerza en mis caderas, brinque, segura de que la nieve acumulada en tales cantidades diferentes al otro lado, suavizarían mi caída.

Caí, más o menos en blandito.

Me raspe por algunas piedras cubiertas, nada grave ni tampoco roto. Luego de que se bajara la adrenalina de la huida, sentiría los achaques de mis músculos y huesos, probablemente un par de moretones.

Sacudí el exceso de nieve, revisé que mis paquetes de ramas siguieran intactos y mi preciosa navaja sin enterrarse en mi pierna segura en su funda.

La victoria, estaba a la vuelta de la esquina o un par de pasos de distancia entre mucha nieve y arboles oscurecidos.

—“Tengo que practicar mis chistes.” —Bufe, agitando el flequillo en mi frente.

Un paso, dos pasos, tres pasos, casi un trote y…

—¿Qué haces aquí?

Una voz, una voz tan fría, helada, carente de todo sentimiento humano, que me dejo estática en mi lugar. ¿Qué demonios?

Trague saliva pesadamente y con un giro robótico de mi cuello, detuve por segundos que mi rostro se elevara para encontrarme con el dueño de la voz al mismo tiempo que me llenaba la cabeza de pensamientos positivos.

—“Es la parte más alejada del terreno dentro del territorio. Es insignificante. Apenas un camino usado por cualquier plebeyo que viene por aquí cada día, luego de un arduo trabajo agotador y poco remunerado. ¡Si!, solo eso, ja, ja, ja. Nada que temer.”

Termine de voltearme para ver al dueño de la voz y pedirle de alguna manera amable me señalara la dirección del pueblo más cercano seguido de una patética historia de encarcelamiento y esclavitud injusta de los dueños de la casa. Si tenía suerte, apenas los conocería, si no, la navaja tenía un buen filo.

Ahí lo entendí.

Recordar una memoria vieja, escondida en lo profundo de mi mente, era la señal de un asunto pendiente, un pequeño deseo infantil incumplido.

Deseaba ser amiga de ese niño. Una verdadera desgracia que me mudara apenas una semana después del comienzo de clases, ahí odie a mis padres y su divorcio, ignorando las palabras pacientes de mi padre, pensando que era su culpa que mi madre se fuera con otro hombre, con su nueva familia.

Adolescencia. Maravillosa etapa, pésimo descontrol hormonal.

Supongo que podría disculparme de pensamiento con mi pobre padre que se desvivió en darme una educación adecuada a comparación de mi madre que se olvidó de mi existencia tan pronto estuvo en brazos de otro y con el mocoso secreto que tuvo.

Porque mi muerte se anunció con elegancia, puntos a favor de los personajes en este mundo fantástico.

La muerte viene en la forma de un hermoso hombre de cabellos plateados y ojos rosa, poseedor de facciones masculinas cinceladas delicadamente por un escultor, usando un uniforme de color oscuro que contrastaba con su apariencia hechizante como el de un espíritu, un espíritu de nieve, porque el paisaje nevado complementaba con él.

Simplemente una visión.

Una visión del encargado de cortarme el cuello para separar mi cabeza del resto.

De todos los posibles encuentros, este era el más absurdo y horrendo.

Uno de los tres protagonistas masculinos, fieles hombres enamorados de la protagonista femenina. El segundo en la escala de popularidad, el primero por lo malditamente guapo que es y el ultimo por su escaso interés en vidas ajenas, además de la protagonista.

El infame cazador de bestias malditas del gremio oscuro Serpiente de dos colas. Hijo bastardo del Marqués Mors.

¡Y un psicópata por todas las de la ley!

El yandere* sin correa de la protagonista.

Argider Mors.

—Responde. ¿Qué haces aquí? — Justo como lo describen en la novela, carente de emoción, rudo en sus palabras y un aura asesina.

—“Me voy a orinar”. —Sonreí nerviosa, aguantando las lágrimas, llevando la mano a la navaja en mi bolsillo.

Tenía detalles claros de la novela a diferencia de los recuerdos de mi vida entera, la presencia de Argider jamás se mencionó como tal, a menos que…

Los crímenes del Conde Rubrum se anunciaron un día antes de lo previsto, las pruebas de su traición a la confianza de su majestad el Emperador eran claras.

Un gran número de tropas se envió a la mansión Rubrum, comandado por Vladik y el Marqués Mors, se cubrirían dos flancos, atrayendo la atención principalmente por delante mientras se investigaba la parte trasera del terreno en busca de los venenos y artefactos hechos con piedras de mana malditas.

Un detalle estúpido y pasado por alto.

Ella empezó a llamar a Argider con su nuevo estatus heredado —otorgado a punta de espada — de su padre el anterior Marqués Mors, al darse cuenta de sus sentimientos por Vladik.

No sé quién era más estúpida, yo por obviar las cosas leídas o ella al cambiar absurdamente su narración interna solo para mantener la distancia. — “No es como si Argider leyera la mente.”

Iba a jalarme los cabellos y quedar enterarme calva, tal era mi concentración que solo el sonido de la nieve siendo aplastado y el instinto asesino de Argider me devolvieron a la tétrica realidad.

Eran los ojos rosados más lindos, justo como los de una muñeca… ¡Una puta muñeca con ansias de sangre!

Me aleje a cada uno de sus pasos, la sonrisa ladeada extendiéndose por su rostro, era aún peor. Mis piernas se sentían pesadas y algo húmedas. —“Ugh, de verdad me orine”.

Por algo, Argider es designado con la etiqueta del <<Cazador>>, una vez que pone sus ojos sobre una presa, no descansara hasta tenerla entre sus manos y descuartizarla por sí mismo.

Una sensación de poder, ¿Realización?, ¿Aburrimiento?

Definitivamente concordaba con su falta de interés junto a su obsesión ciega y enferma por la protagonista. Sinceramente, admiraba a esa mujer, ganarte el corazón del más loco mentalmente y ser su objeto de amor, la presa perfecta y más difícil de capturar para Argider.

Una vez Argider, dijo: Ella será mía. La destruiré para que siempre sea mía. Desde adentro hacia afuera, la amare fervientemente.

Un puto loco. ¡Un puto y hermoso loco!

—“Maldita segunda vida. Yo no pedí nada de esto. ¡Nunca quise abandonar mi vida anterior!” —Lagrimas cálidas corrían desde mis ojos hasta la punta de mi barbilla —“¿Por qué rayos tuve que reencarnar el estúpida sirvienta que acosa a la villana en su primera vida?”

Porque este, era ese tipo de historia.

La historia, donde una chica común y corriente quien leía cómodamente una novela, por razones desconocidas, el destino o una misión encomendada por Dios es transportada al interior de la novela ocupando el rol de la villana para corregir su destino y el del resto del elenco principal con algunos secundarios.

—“Y lo peor de todo, ser la presa del lunático de Argider.”

Reencarnar cerca del final de una novela como la sirvienta de la familia traidora, es una mierda.

La más apestosa de las mierdas.

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23 de Septiembre de 2021 a las 19:47 0 Reporte Insertar Seguir historia
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