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Rodrigo Robles pareciera solo un programador aficionado al box, pero en secreto ha iniciado su carrera como héroe local. Con sus conocimientos en tecnología e inteligencia artificial, ha creado unos lentes y un brazalete avanzados y se ha convertido en Nex-S, protector de Silicon City contra el crimen organizado.


Ciencia ficción No para niños menores de 13.

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#1. Rodrigo Robles


Por: FELIPE ENRÍQUEZ

Se escucharon varios golpes, gritos de dolor, la sensación de que una gran pelea entre dos personas se llevaba a cabo.


—Perdiste, nadie va a ayudarte —se oyó decir a alguien con una voz muy confiada, mientras un grito de enojo salió de su oponente.


Los ruidos venían de un videojuego de peleas proyectado en un televisor, casi tan grande como la pared que tenía detrás y tan delgado como una revista. Del otro lado de los controles, sentados en un sofá bastante largo color blanco, estaban: Rodrigo Robles, un chico mexicano a la mitad de sus 20’s con la vista fija en el televisor; Alex Sui, sentada junto a él, disfrutando su ventaja en el videojuego.


Finish him! —la chica de ascendencia asiática gritó al presionar varios botones del control—. Alex wins. Fatality.


—¡Hiciste trampa! Quiero la revancha —contestó el chico.


—No hice trampa, es solo que nadie vence a Sub-Zero —apartó el control de sus manos y apuntó al reloj que colgaba en la pared—. Además, ¿qué no ya te tienes que ir?


Era de noche y la manecilla más larga del reloj apuntaba más allá de las nueve en punto y Rodrigo se levantó rápido del sofá, corriendo a la salida, sin olvidarse de tomar las llaves que estaban colgadas a un lado de la puerta.


—¡No apagues la computadora! Debe entrenar toda la noche —gritó antes de salir del departamento.


—Sí, sí. No la apago —aseguró Alex.


El departamento estaba en el tercer piso de un edificio, era lo suficientemente grande para que vivieran dos roomies y algún invitado ocasional. Cerca de la ventana principal de la sala había un sofá; frente a este, un televisor sobre su mueble, entre el sofá y el televisor una pequeña mesa.


Tras el sofá había un espacio separando la sala de la cocina, el área de la cual se hallaba limitada por barreras. Los pasillos separando la sala, el comedor y la cocina formaban una especie de “T”, mientras que un pasillo conectaba la puerta de salida con los otros cuartos del departamento.


Rodrigo bajó corriendo las escaleras hasta llegar al primer piso del edificio, salió del lugar y subió a la motocicleta que estaba estacionada enfrente. Al arrancar, el vehículo hizo un gran ruido, aunque ese era meramente artificial pues se trataba de una motocicleta 100% eléctrica con algunas modificaciones, como conducción automática y unas bocinas que la hacían sonar, cuando quería, como una Harley-Davidson.


Las luces de la ciudad no se reflejaban en el vehículo ni en el casco de Rodrigo, pues ambos eran de un color negro mate, perfecto para determinadas circunstancias.


«¿Por qué para salir como High Tech tengo que ir hasta “El Cubo”. ¿Por qué no salgo directo desde el departamento?», pensó, mientras recorría la ciudad.


—Oh, por eso —se dijo a sí mismo después de que le llegara un recuerdo a la cabeza.


En aquel recuerdo Alex estaba parada detrás de él y, por lo que se reflejaba en la pantalla de la computadora, se veía muy molesta.


—Si vamos a... no, no, no... si VAS a tener que hacer esto lejos de aquí, no quiero que alguien que “quiera llamar la atención” venga a destruirlo todo. No somos los únicos en el edificio —le advirtió fuertemente.


A Rodrigo solo le quedó asentir.


«De hecho es un buen consejo. Sería más fácil si me pudiera teletransportar, tipo Star Trek», se dijo en su mente antes de llegar a su destino.


Unos metros más adelante llegó a su base secreta.


—Bien, acá estamos. “El Cubo” —dijo, mientras se quitaba el casco y apagaba la moto.


Caminó a la entrada de un cuarto cúbico. En los alrededores no había nada más que naturaleza y dos almacenes en renta.


Una vez alcanzó la entrada del lugar colocó su dedo pulgar sobre un sensor de huellas que estaba junto a la puerta.


—Correcto —la frase salió del sensor; arriba de ese sensor existía uno de reconocimiento facial.


Rodrigo se paró frente a él.


—Correcto —se volvió a oír.


Al final, el joven sacó de su bolsillo una llave, la introdujo en el picaporte, abrió la puerta y se metió en aquel cuarto oscuro.


—¡Ya llegué!


A continuación las luces del lugar se encendieron, revelando todo lo que se encontraba en el interior. Tres mesas-escritorios grandes pegados a cada muro. Sobre la mesa de la izquierda se podían ver a simple vista unos lentes color amarillos, que para algunos parecieran un visor; un brazalete con una gran pantalla táctil y un traje en tonos negros; en la mesa frente a la entrada había un par de computadoras y un par de altavoces inteligentes; dos sillas estilo “gamer” se encontraban cerca; sobre la mesa de la derecha se visualizaban diferentes herramientas, repuestos y una llanta de motocicleta.


—No tengo ojos, pero es bueno verte —la voz de una I.A se hizo oír.


—Espera, ¿eso fue un chiste? —Rodrigo tomó asiento frente a las computadoras y estas comenzaron a encenderse—. ¿Niveles de energía del Par-Tech? —preguntó.


—Revisando…


—¿Debo cambiar los lentes a morado? —Preguntó mientras se desplazaba con la silla a la mesa con los lentes—. ¿Qué tal el azul? No, creo que ya hay alguien usando ese color.


—Niveles de energía completos. Aún no tengo un chiste sobre esto.


—¿Qué necesitamos atender hoy? —Tomó el brazalete y se impulsó con la mesa para llegar a la mesa de reparaciones—. El brazalete se ve bien.


—Se ha incrementado el robo a heladerías. Según mi predicción el robo a Gelato ocurrirá esta noche.


—Eso está por verse —se levantó de la silla sosteniendo los lentes como si de una joya valiosa se tratara—. Esperemos que tus datos sean correctos.


Inmediatamente se vistió el traje que se encontraba en la mesa, aquel traje compuesto por unas botas, pantalones y un abrigo hechos completamente de kevlar que lo cubrían todo de negro a excepción de los lentes y brazalete, que destacaban por su color amarillo.


Quedándose de pie por un momento como si estuviera apreciándose frente a un espejo imaginario dijo:

—Atraparé a esos tipos o me dejo de llamar High Tech —después, en un tono más bajo—: Creo que sí tendré que encontrar otro nombre.



<!-- -->


Al otro lado de la calle donde se encontraba la heladería Gelato, una Van se había estacionado. De ella bajaron cuatro hombres dejando a otro dentro del vehículo para agilizar su escape. Lentamente caminaron en dirección a la tienda. Al entrar a ella no sonó ninguna alarma, lo que indicaba que claramente no eran unos novatos en este tipo de robos.


Rodrigo, ahora vestido como “High Tech”, llegó al lugar 10 minutos después de haber iniciado el robo a la tienda. Para su suerte el vehículo del que bajaron seguía estacionado, los ladrones permanecían dentro de la tienda.


«¿Usan una de esas camionetas feas y no los han detenido?», se preguntó mientras se acercaba a la ventanilla del conductor.


—¿Oye, sabes si hay venta nocturna en Gelato? Es que veo mucho movimiento —le dijo al hombre que estaba detrás del volante.


Al oírlo, el chofer trató de bajarse del vehículo para atacar a quien le había hecho la pregunta; pero rápidamente High Tech le dio un puñetazo en la cara que lo dejó inconsciente. Acto seguido tocó varias veces el claxon de la camioneta.


Dentro de la tienda uno de los ladrones tiro a los demás una mirada de enojo:

—¡¿Qué le pasa a ese idiota?! —dejó el saco con dinero que estaba completamente lleno y se asomo por la ventana del local—. ¿Y ese quién es?


Del otro lado del vidrio High Tech le hacía un gesto de saludo con la mano, regresó por el saco gritándole a sus compañeros:

—¡Vámonos! ¡Salgamos por atrás! —los ladrones salieron por la puerta trasera del local donde se toparon con aquel hombre que los saludó hace unos momentos a través de la ventana.


—Saben, si apostaba a que saldrían por atrás hubiera ganado —dijo High Tech—. ¿Lo hacemos fácil o difícil?


Los tipos no dudaron en atacar al héroe vestido de negro que sin tanta dificultad esquivó los primeros ataques.


Los lentes que poseía High Tech le otorgaban una perspectiva diferente del mundo; en ellos se visualizaban a tres de los ladrones y una silueta por cada uno que sugería cuáles serían sus siguientes movimientos, como si se adelantara en el tiempo.


Después de unos segundos de esquivar ataques un mensaje apareció justo en el centro “Patrones reconocidos”. Bloqueó un golpe con la mano izquierda mientras que con la otra asentó un golpe en el costado del ladrón quien se dobló por el dolor; esquivó a un segundo miembro del grupo de ladrones girando sobre su derecha, dándole un golpe certero con el codo sobre su espalda.


—Esto es demasiado fácil. Hey, ¿qué no eran cuatro? —entonces una descarga eléctrica golpeó su espalda dejándolo inconsciente.


Detrás de esa descarga se encontraba el líder de aquel grupo de criminales, un hombre alto y corpulento, con el rostro cubierto por un pasamontañas igual que el resto de sus hombres, pero a diferencia de ellos él portaba una especie de rifle particular que en lugar de balas disparaba una gran cantidad de voltios.


—Amigo, creo que perdiste y no hay nadie para ayudarte —volteó hacia sus hombre, que se estaban recuperando—. Levántense y pónganlo en el auto. Tenemos que irnos.



<!-- -->


Recargado un muro. High Tech comenzó a recuperar el conocimiento. Se halló atado de manos y pies y sentado en un piso frío.


«¿Qué pasó?, ¿dónde estoy?, ¿qué es el dubstep?», fueron preguntas que le pasaron en ese momento por la cabeza. Su vista se fue aclarando y pudo ver que los mismos sujetos del robo estaban en el lugar.


—¿Qué diablos están haciendo?


—Despertaste. Pensé que no lo harías —el joven reconoció la voz, era la del sujeto con el arma de electricidad—. Seguro te preguntas qué está pasando. Es una lástima que estuvieras allá, normalmente no hay víctimas, realmente lo siento.


El líder se dio la vuelta y con un gesto los demás se retiraron del lugar. High Tech, reincorporándose, se recargó en el muro mientras aún estaba confundido.


—¡Oye! ¿Para qué las ataduras? —preguntó, alzando los brazos para mostrarlas—. Este tipo de fetiches no son lo mío, pero no te juzgo.


El líder del grupo dejó ver una pequeña sonrisa ante el comentario del héroe atado y salió del lugar.


El chico miró por todo el lugar: había una gran cantidad de congeladores y todos se encontraban abiertos; las llaves de agua corriendo; las puertas y ventanas estaban bien selladas por lo que el lugar comenzaba a inundarse. El brazalete le dio una pequeña vibración en el brazo, en la pantalla se mostraba un mensaje de alerta: “Descenso rápido de temperatura”.


—No me volveré a quejar del verano —expresó High Tech, mientras se zafaba de las ataduras de las piernas. Para cuando logró quitarse las de los brazos el nivel del agua le sobrepasaba la cintura y la temperatura seguía descendiendo.


«Así debió sentirse DiCaprio», pensó.


Logró llegar hasta la puerta, que afortunadamente, pudo abrir ya que el agua helada había malogrado la cerradura.


Una vez fuera de aquella bodega helada, se quedó sentado por un momento y activó el rastreador GPS del brazalete para que su motocicleta pudiera ubicarlo y de esa forma dejar el lugar. En lo que esperaba al vehículo miró a los lados, donde varias cosas del interior de la bodega habían sido arrastradas por el agua, entre ellos una especie de congelador pequeño. High Tech se alejó en la motocicleta con el congelador atado a ella.



<!-- -->


Por la mañana ya estando en su departamento, Rodrigo estaba acostado ocupando tres espacios del sofá. Envuelto en una cobija gruesa, lentamente recuperó su tono claro de piel. Alex sostenía una taza de café con sus manos, sentada en el extremo libre del sofá, la luz del sol que se colaba por la ventana iluminaba su piel bronceada.


Poco a poco Rodrigo fue despertando hasta sentarse correctamente en aquel sofá.


—¿Qué haces acá? —preguntó.


—Te podría preguntar lo mismo, pero me tengo que ir —Alex se levantó con su taza en mano—. Por cierto, te llamaron. Les dije que hoy no estarás muy disponible. Me debes otra.


—Gracias, ¿cómo que otra?


—Deberías revisar tu computadora, creo que ya terminó lo que tenía que hacer —fue lo último que dijo Alex antes de salir del departamento.


Tardó unos momentos desde que se salió su roomie del departamento para que Rodrigo por fin se levantara del lugar donde había dormido la noche anterior. Lo primero que hizo fue ir a revisar su computadora; era menos potente que las que tenía en “el Cubo”, pero cumplía con su función.


—Los resultados son mejores de lo que esperaba. Habrá que probarlo —dijo, mientras contemplaba en el monitor una larga lista de líneas de código. Hasta el final se leía que en una línea que decía: “val accuracy: 0.9291”.


Realizó un cambio de ropa por algo más casual y salió del departamento para ir a probar la fiabilidad de los resultados obtenidos. Se trataba de una buena actualización para un sistema de inteligencia artificial y en “el Cubo” tenía al mejor candidato para probarla. Ahí fue a donde se dirigió después de haber bajado los escalones del edificio.



<!-- -->


—Hola, ya llegué —ingresó al Cubo y las luces se encendieron. Dentro se sentó a trabajar encendiendo las computadoras.


—¿Cómo estás? —preguntó con voz robótica la I.A.


—Bien, hoy probaremos una actualización para ti —Rodrigo contestó a su inteligencia artificial—. Después veremos qué hacer con ese congelador que traje anoche.


—Descargando actualización… descargando actualización…


—¿Cuánto tiempo falta para completar la descarga?


—Tiempo restante: el necesario.


—Si así eres ahora, no imagino cómo serás después de la actualización —comentó Rodrigo en tono sarcástico.


—Te sigo oyendo. Instalando actualización.


El joven decidió ignorar la actualización por unos momentos mientras transfería los datos recabados la noche anterior de su brazalete a las computadoras. Una vez finalizada la transferencia realizó una búsqueda rápida en internet sobre todo lo que había experimentado unas horas atrás. Varias menciones sobre ellos aparecieron; pero ninguna mencionaba aquella arma particular que lo dejó fuera de combate velozmente.


«¿De dónde obtuvo esa arma?», sus pensamientos fueron interrumpidos por la I.A., que ahora sonaba más humana que hace unos segundos.


—Actualización completa —dijo con su nuevo tono de voz la I.A.


—Excelente —se levantó de la silla y se puso de pie frente al traje de High Tech—. ¿Quieres ir a dar una vuelta?


—¿Es necesario? Igual no me pueden golpear.


—Dar la vuelta como Rodrigo. ¿El congelador ya está funcionando? —preguntó, al tiempo que se dirigía a tomarlo.


—Funcionando para helados, sí. Funcionando para hotdogs, no —bromeó la I.A.


—Parece que esa actualización funciona.


Antes de salir del lugar, Rodrigo cargó la mejorada I.A. en unos audífonos pequeños, poco más grandes que un frijol, completamente inalámbricos. Una vez atravesada la puerta se subió a la motocicleta y comenzó a recorrer las calles de la ciudad, teniendo una caja atada a la parte trasera del vehículo y con la asistencia de los audífonos.


—En la siguiente esquina, gire a la derecha —se escuchó una voz en el oído de Rodrigo.


La motocicleta giró a la derecha al llegar a la esquina, entonces volvió a sonar la misma voz.


—Recalculando… recalculando… —después de oír eso le advirtió a aquella voz que si llegaban a perderse sería culpa de ella.


El vehículo eléctrico se detuvo cerca de una zona de bodegas, el lugar era bastante grande y poco transitado al parecer.


—Ha llegado a su destino —comentó la I.A. dentro del oído del chico.


Rodrigo desató la caja que traía en la parte trasera y siguió de frente hasta una bodega en particular. Una vez alcanzada la entrada de esa bodega se puso de rodillas para colocar la caja en una posición que pasara desapercibida.


—¿Seguro que es la correcta? —preguntó otra vez la voz en su audífono.


—Completamente. Esta bodega y la camioneta de ayer tienen el mismo dueño. Además las cámaras han captado a sujetos de características similares —le respondió a su I.A.—. Activa el temporizador.


—He establecido tu temporizador —contestó la I.A.


—¿Hay alguien dentro de la bodega?


—Los sensores que acabas de colocar no sugieren actividad alguna.


—Entonces es hora de irnos —se alejó de aquella bodega revisando los alrededores por si alguien lo había visto dejar aquel paquete. No hubo ni un alma que lo viera, subió de regreso a su vehículo negro mate y rápidamente abandonó el lugar.


Después de poner el paquete en posición regresaron al cubo para revisar los detalles del plan para detener a los ladrones y un poco para hacer tiempo hasta que ellos llegaran a la bodega, pues aún era temprano y las cámaras mostraban que al anochecer se empezaba a tener actividad.


Rodrigo, sentado en una de sus sillas, mantenía una conversación casual con su asistente virtual, quien le hablaba desde las bocinas del lugar.


—¿Cuál era la finalidad de la actualización? —preguntó curioso el asistente.


—Tú dime —el humano pronunció un comando—. Novedades de la actualización.


—Aquí están las novedades —el ente virtual prosiguió a listar las mejoras—. Mejora en el lenguaje natural, mejora en el procesamiento de grandes cantidades de datos, mejora el sentido del humor, añade nuevos chistes, corrección de errores.


—Ahí está tu respuesta.


—Corrección de errores, ¿tenía errores antes?


—Todo mundo tiene, hasta esa hermosa actriz de la que todo mundo habla —se movió hasta alcanzar su mesa dedicada al traje.


—¿Más chistes? Ya soy más gracioso que tú.


—Pienso que podrías salir de gira como la primera I.A. comediante —dijo, a la par que revisaba las mangas de su atuendo de héroe—. Serías algo similar a la que escribe guiones de películas.


—¿Recuerdas su primer guión para un cortometraje?


Sunspring*. Nada tenía sentido. No es que las de ahora sean muy coherentes, pero son entretenidas. (*busca esto en YouTube)


La conversación entre ambos se extendió un buen tiempo mientras revisaba todo el traje pensando en que mejoras, tanto de diseño como funcionales podría hacerle. No faltaba mucho para la hora en que el grupo de ladrones llegaría a su bodega


—¿Crees que debo cambiar de alias? —preguntó Rodrigo


—Debiste empezar por ahí —respondió su asistente virtual—. Yo debería tener uno.


—Lo sé, menos mal que aún no salimos en las noticias —se puso a revisar los lentes—. Creo que haré otro par de estos.


—¿Mismos colores?


—Estaba pensando en morado. Sí, este nuevo par será de ese color.



<!-- -->


Una van llegó a la zona de bodegas, de ella descendieron los cuatro mismos sujetos con los que había peleado la noche anterior. Caminaron hasta llegar a la bodega donde previamente se había colocado la caja. Rodrigo, vestido con la gabardina, los lentes y el brazalete observaba a la distancia su llegada sentado en la motocicleta.


—Justo a tiempo —fijó su mirada en el brazalete, en la pantalla se mostraba una representación plana de aquella bodega y unos puntos color rojo mostraban dónde estaban parados los tipos malos—. Es hora de entrar a saludar.


Se trataba de una bodega muy grande y en su interior se encontraban varias columnas metálicas que sostenían el techo; un par de cajas fuertes de gran tamaño sobre unas mesas; varios archiveros cerca de las paredes, con apariencia de no haber sido usados; en el centro, una mesa redonda donde todos estaban reunidos observando lo que parecía ser unos planos.


La caja que estaba escondida cerca de la entrada comenzó a desplegar un vapor helado por los lados. High Tech llegó hasta ella caminando cuidadosamente para no ser detectado y retiró la tapa de la caja; dentro estaba el mini congelador modificado y al abrirlo encontró un tanque de nitrógeno y varias estacas de hielo sólido. Tomó el nitrógeno líquido y congeló los soportes de la entrada. Con un ligero empujón la puerta cayó frente a él, haciendo un gran estruendo.


—¿Listos para el segundo round?


Al escuchar el sonido, tres de los sujetos dejaron su lugar en la mesa y fueron a revisar qué produjo el ruido. Dos de ellos cargaron sus armas mientras el tercero, quien iba detrás, se acercó a las cajas fuertes para tomar una palanca que estaba encima. Con la ventaja de la sorpresa, High Tech sacó las estacas de hielo, listo para usarlas como armas. En sus lentes veía venir a los tres sujetos; sobre ellos apareció un blanco marcando diferentes puntos de sus cuerpos.


El hielo voló por los aires, a gran velocidad, incrustándose en los puntos marcados, haciendo que los que portaban armas las soltaran y cayeran al piso, gritando de dolor; el tercero utilizó la palanca para protegerse de los primeros impactos; su defensa no le sirvió de mucho pues dos estacas golpearon sus manos haciéndolo tirar su arma de metal; otra más dio en su rodilla izquierda y cuando una última estaca volaba por el aire con dirección a su hombro derecho un rayo de electricidad la intercepto destruyéndose en el aire.


—Este tiene que ser el líder —dijo High Tech, al tiempo que se percató que ya no le quedaban más proyectiles—. Demonios, debí traer más.


El líder de aquel grupo no se había separado de la mesa, solo permaneció apuntando con ella al joven latino; al parecer cargaba ese rifle todo el tiempo. High Tech caminó lentamente acercándose a la mesa. Sus lentes mostraban tres sombras diferentes, cada una como un posible ataque del rifle; en la parte inferior de ellos se podía leer “Nivel de precisión bajo. Falta de datos”. El hombre con el arma volvió a sentarse, tranquilamente, al ver que sus lacayos comenzaron a levantarse. Se aproximaron por detrás a High Tech para tener su revancha.


Los tres sujetos comenzaron una pelea contra High Tech. El héroe golpeó a uno de ellos en la mandíbula haciéndolo retroceder; utilizó el brazo para sujetar del cuello al tipo más cercano, con la intención de inmovilizarlo. El tercer hombre lanzó todo su cuerpo sobre él, haciéndolo caer, y después se le fue a los golpes; High Tech pudo esquivar sus ataques, contraatacó con un par de fuertes puñetazos y logró quitárselo de encima.


Uno de los ladrones quedó en pie. Era mejor que el resto de sus compañeros. High Tech se levantó y, cansado, lo encaró. Con ágiles golpes al vientre logró que el héroe se doblara de dolor.


La tecnología seguía dándole a High Tech la ventaja. Lanzó una patada contra la pierna del ladrón, herida previamente por la estaca de hielo. El villano cedió, cayendo de rodillas, y con un fuerte puñetazo en la cara, terminó la pelea".


—Pudiste ayudar a estos sujetos —High Tech señaló a los tipos que yacían en el piso.


—Me sorprende que sigas vivo. Por favor, toma asiento —amablemente le dijo el líder.


—Ya era hora, estoy algo cansado después de golpear a estos tipos.


—Mi nombre es Robert —dijo el criminal, e hizo un gesto que invitaba a responder a su invitado.


—¿En serio esperas que te responda? —recorrió con los ojos el lugar—. Okey, señor Robert. ¿Por qué estamos hablando justo ahora?


—¿Qué crees que somos? —hizo una pausa antes de continuar hablando—. Seguro crees que somos gente que roba porque es la forma más fácil de ser rico.


—De hecho sí. ¿De dónde sacaste esa arma?


—No es asunto tuyo —Robert examinó su rifle—. Al fin, está lista.


—¿Lista? ¿De qué hablas, hombre?


—Nada, te tenía hablando para que cargara a su máxima potencia el rifle —volvió a apuntar al chico, levantándose de la silla—. Te daré una oportunidad de irte y olvidar todo esto.


—No lo creo —High Tech lanzó la mesa a un costado, saltando de la silla—. Considera esto tu respuesta —tiró un golpe con dirección a la cabeza de Robert.


Con un rápido movimiento, el líder esquivó el golpe, colocándose detrás de High Tech.


—Desperdiciaste tu oportunidad —disparó el arma eléctrica justo en la espalda de su oponente, quien cayó al piso por la fuerza de la descarga.


Con su oponente derribado, Robert caminó hacia él para rematar. Pero High Tech no se rendiría tan fácil; aún sin levantarse, tiró una patada a la pierna derecha de Robert, haciéndolo caer. Luego se arrastró buscando refugio detrás de uno de los archiveros y miró la información que mostraba el brazalete sobre un modelo similar de rifle.


«Okey, ¿cómo le quito esa arma?», dijo el héroe, sujetándose la barbilla para pensar. «Tengo una idea».


Se asomó por un costado del archivero cuando varios disparos eléctricos comenzaron a impactar cerca de donde se escondía.


—Vamos, sal de ahí —gritó su contrincante, apuntando su arma.


«Si lo coloco frente a la puerta y hago explotar el congelador, quizás la explosión haga que suelte el arma», planeó High Tech.


Se preparó para salir corriendo y evitó los disparos, aprovechando los pilares para cubrirse.


—Tus amigos te deben decir ojo de halcón —bromeó para molestar a su atacante.


Estando a unos pasos del congelador, saltó, tomando el congelador, pero quedó completamente expuesto.


—Ya nos divertimos —advirtió el líder—. Pero hasta aquí llegaste —disparó el arma al momento en que High Tech arrojó el congelador frente al disparo.


La fuerte explosión que generó el congelador hizo volar el rifle lejos de su portador, y High Tech aprovechó ese momento para tirar al piso a Robert. Ahora sin esa extraña arma, en sus lentes se pudo leer un mensaje distinto al de su primer encuentro: “Patrón encontrado”.


Aquel hombre corpulento no permaneció mucho tiempo en el piso y se levantó para atacar con sus puños, High Tech esquivó cada uno de ellos, como si de una escena de Matrix se tratara. Terminó la pelea dándole una patada en la pierna y un golpe que lo regresó al piso.


—No te levantes. Ya fue suficiente —dijo High Tech, jadeante.


A los pocos minutos un par de patrullas arribaron al lugar, donde el grupo de ladrones yacía atado. El héroe, cansado y adolorido, los esperaba con una sonrisa.


—Se tardaron un poco. Oficial, estos son los que han estado robando las heladerías —señaló con la cabeza al grupo atado.


Un oficial de piel morena, seguramente latino, se acercó a él mientras el resto entraba a la bodega para sacar a los ladrones.


—¿Cómo estás seguro? —le respondió el oficial.


—Todo está en el archivo que le envié hace unos minutos —mencionó High Tech.


—Entonces has sido tú el que nos ha estado ayudando —volteó a ver cómo sus compañeros uniformados metían a las patrullas a los delincuentes—. Gracias.


—No hay problema —se apartó del oficial—. Buena noche.


—Oye, ¿cómo debo llamarte?


El héroe dio una mirada al nombre que apareció en su brazalete, volteó a ver al oficial y se despidió cordialmente. Los policías lo vieron irse en su motocicleta a toda velocidad, esta vez sin hacer uso del ruido artificial para el motor, mientras acordonaban la bodega.



<!-- -->


Al día siguiente, sentados en la sala, Alex y Rodrigo tenían una conversación mientras la televisión sonaba como ruido de fondo.


—Yo no fui quien renunció a su empleo bien pagado... —le decía la joven con rasgos asiáticos a su mejor amigo. Rodrigo le hizo una mueca burlona en respuesta.


—“Un nuevo vigilante ha aparecido, ahora en nuestra ciudad…” —se escuchó a una reportera decir en la televisión.


Muy emocionado, Rodrigo le dio unos pequeños golpes a su amiga para que prestara atención al reportaje.


—¡Tienes que ver esto!


En la pantalla del televisor se observaba a la reportera entrevistar al mismo oficial de policía con el que Rodrigo habló en la noche. En la parte inferior de la pantalla se leía un banner con el siguiente texto: "Los bandidos helados son detenidos."


—Los continuos robos a las heladerías parecen haber llegado a su fin. Cuatro individuos a los que se les adjudica la responsabilidad por estos robos han sido detenidos hace unas horas —comentó la reportera—. A mi lado se encuentra un oficial que fue parte del arresto de estos sujetos. ¿Qué nos puede comentar al respecto? —colocó el micrófono cerca del oficial para que pudiera hablar


—Así es, la detención de estos individuos fue posible gracias a la ayuda de un nuevo héroe o vigilante que se hace llamar “Nex-S” —contestó el policía.


Alex le lanzó un cojín en la cara a su amigo.


—¡¿Por qué no me dijiste?! —dijo molesta.


—¿Qué te pasa? —Rodrigo se puso el cojín sobre las piernas.


—Pudiste empezar tu historia diciendo: al fin me decidí a presentarme al mundo.


—¿Qué tiene de malo?


—Nada, solo que te hubiera puesto más atención si empezabas con eso.


—Lo ves, no tiene nada de malo... espera, ¿no me estabas poniendo atención?


—Dije “más” —la chica hizo un gesto con los dedos de ambas manos.


Rodrigo le regresó el cojín del mismo modo que ella se lo dio a él.


—¿No te pasó otra cosa de la que no me hayas contado? —preguntó Alex, quitándose el cojín del rostro.


—No lo creo. Vayamos a comer, quizá me acuerde de algo —Rodrigo apagó el televisor.


—Vamos a ir por pizza, ¿verdad? —Alex le dijo en tono irónico mientras bajaban las escaleras del edificio.


—¿Por qué crees que iremos? —contestó Rodrigo.


—Vamos cada dos sábados. Esa chica no volverá a estar ahí.


—Una pequeña probabilidad siempre hay.



<!-- -->


Unos minutos después de que ambos salieran, la puerta del departamento se abrió. Una figura femenina entró en él.


—Casi olvido mi celular —dijo Alex, mientras se acercaba a la mesa del comedor para tomar su teléfono.


Justo cuando tomó el equipo con la mano, todas las luces del departamento se encendieron fugazmente.


—Qué extraño —se limitó a decir, y salió de ahí, cerrando la puerta detrás de ella.


CONTINUARÁ...


CRÉDITOS

Escrito por: Felipe Enríquez

Todos los personajes creados por: Felipe Enríquez

Portada por: Felipe Enríquez

22 de Septiembre de 2021 a las 22:21 0 Reporte Insertar Seguir historia
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