julieokamoto Julie Okamoto

Durante años Cassie amo a Jim sin que este lo supiera, cuando parece que ella se ha resignado, confesando su sentir para poder alejarse y seguir adelante, James decide que no va a perder a su mejor amiga, incluso si debe fingir amor para retenerla.


Romance Romance adulto joven Sólo para mayores de 18.

#]
1
37 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los domingos
tiempo de lectura
AA Compartir

Mal inicio

Esa era la historia de mi vida, tanto como lo era la de la propia Annie. Su relación intermitente con Trevor me estaba volviendo loco. Me destrozaba a pedazos cada vez que terminaban y veía a mi "amiga” llorar desconsoladamente entre mis brazos, preguntándose porque las cosas tenían que ser así. ¿Por qué ese tipo no podía ser igual de cariñoso que yo? Fácil: porque él no amaba a Annie como yo lo hacia. Él no amaba su sonrisa, su altivez, su aire de diva, sus ojos color miel. Él nunca podría amar a esa chica de cabellos oscuros como yo lo hacia.

Y ella, ¿podría amarme a mí?

Esta era la pregunta que Cassie me había hecho. Esta última era mi amiga de la infancia, me conocía de prácticamente toda la vida; y así como Annie se consolaba conmigo cuando ella y Trevor terminaban yo me consolaba con Cassandra cada vez que ellos volvían. Y eso era lo peor, que sus rupturas no duraban demasiado. Que no tardaban nada en buscarse el uno al otro. Que pese a mi propio amor no correspondido y a mi mezquina alegría cada vez que rompían y la morena acudía a mí no podía dejar de lado que Annie a quién amaba era a ese idiota que era incapaz de hacerla feliz.

—No lo sé.

Tuve que admitir ante la atenta mirada de Cassie sobre mí. ¿Cómo podía mirarme de una forma tan intensa con esos ojos azules suyos?

—Lo sabes —me rebatió —y ese es tu principal problema.

—Cállate.

Susurré, agachando la mirada, queriendo ir a ocultarme a mi habitación en vez de quedarme en la pequeña sala del apartamento que compartíamos desde que habíamos entrado a la universidad.

—Sabes que ella nunca te ha mirado como algo más que un amigo. Sabes que para ella nunca habrá nadie que no sea Trevor. Sabes que...

—¡Cállate! —grité, levantándome del sofá y mirando directo a esos labios odiosos que nunca sabían cuando callarse.

Porqué Cassie siempre había sido la voz de la razón en mi cabeza, siempre diciendo cosas que yo no quería escuchar. Siempre a mi lado como si fuese mi consciencia.

La rubia ni siquiera parpadeó, mirándome con algo parecido a la lástima.

—No quiero escuchar más cosas, Cass —gemí —no quiero.

—Entonces baja ya de tu nube —replicó con sequedad.

—No puedo.

—Claro que puedes —siguió y sin más me tomó entre sus brazos, pegando su rostro a mi oído —sólo es cuestión de que quieras.

Querer, pero, ¿sería algo así como querer dejar de amar a Annie? No. Imposible. Desde que la conociera casi ocho meses atrás mi vida sólo giraba en torno a ella. Era mi alma gemela, me entendía como solía creer que sólo Cassie lo hacia.

—No puedo —insistí, separándome.

No era muy fan del contacto físico con ella; de hecho a la única persona que me gustaba tocar era a Annie.

—¿Por qué?

No respondí, volviendo a dejarme caer en el sofá, casi deseando que alguno de sus amigos la llamara para salir, cualquier cosa con tal de que me dejase en paz. Si no pensaba consolarme calladamente era mejor que se fuera.

—No te envidió ni un poco, Jim —dijo mi amiga al cabo de un rato —tu vida es una mierda. Y lo seguirá siendo hasta que entiendas que Annie no es para ti.

—Si no es ella no es nadie —murmuré, sintiendo sus palabras como puñaladas en mi corazón.

—¿Ah sí? Y dime, ¿esa tonta cabeza tuya no se ha puesto a pensar que podrías estar equivocado? ¿Has considerado siquiera la posibilidad de que haya alguien que si sea para ti, alguien que te amé con la misma fuerza que tú puedes amar?

—Si no es Annie no...

Empecé de nuevo, aferrado a mi amor idealizado y obsesivo, pero esta vez Cassie no me dejó terminar, tomándome del cuello de la camisa y acercándome hasta su rostro.

—Eres un idiota —gruñó —por eso siempre la pasas mal.

—Ya sé.

—Pero además eres tan ciego que me dan ganas de odiarte.

—¿Y qué esperas? —la reté, sin intentar apartarla. Demasiado débil ya para todo. —Nadie te obliga a estar a mi lado.

Cassandra dejó escapar una risa amarga.

—¿Nadie me obliga? Sí, tienes razón. Pero no me alejo de ti por la misma razón que tú no te alejas de Annie.

La mire con los ojos entrecerrados, sin entender del todo de lo que hablaba.

Comencé entonces a negar con la cabeza, llevando mis manos hasta las suyas, queriendo apartarle, pero una vez más fui cortado en seco. Esta vez no con palabras, sino con acciones, con sus labios sobre los míos mucho antes de que pudiera protestar.

Fue un roce suave y dulce. Algo que nunca antes había experimentado. No con las desconocidas con los que solía liarme en los bares la mayor parte del tiempo.

Y aún así no pude decir que me alegraba. Porque no eran los labios de Annie, los únicos que yo quería.

La aparté entonces, alejándome de su lado tan rápido como me fue posible, con el corazón bombeando sangre de forma descontrolada.

Cassie me miró con los ojos tristes, sonriendo a medias.

—He querido hacer eso desde hace años —comentó con suavidad, con un mechón de su cabello dorado cayendo hacia el frente. Mientras la miraba una parte de mi deseaba acercarse y apartarlo de su rostro, pero no lo hice.

—¿Tú...?

—Sí, James —y seguía con la misma expresión, una mezcla entre dulzura y tristeza —estoy enamorada de ti.

No supe como debía reaccionar. Nunca antes había visto a Cassandra como una mujer, menos todavía como algo más que una amiga y desde luego que nunca había notado sus sentimientos.

Sentimientos que no podía corresponder.

—Yo no... —traté —no puedo. Lo siento.

—Lo sé. Y lo entiendo —rió brevemente—. ¿Cómo no iba a entenderte si estamos en el mismo barco? Amando a quién no debemos.

Y entonces una lágrima resbaló por su mejilla.

—Cass...

Sentí como mi ser se estremecía ante esto. Hacia años que no la veía llorar. Desde la muerte de su padre.

—No te preocupes. No ha sido nada —y se limpió el rostro con la muñeca y me dio la espalda. —Debo irme. Ya hace rato que Matt me espera.

La vi inclinarse y recoger su mochila, tomando además una sudadera azul que le quedaba demasiado grande, pero que insistía en usar.

—Cassie.

—No te duermas muy tarde —añadió y se dirigió a la puerta.

—Espera —la seguí, pero sin acercarme demasiado —de verdad lo lamento. Si yo pudiese escoger...

—Lo sé —y me miró, sonriendo de una forma que nunca antes le había visto —como también sé que de ser yo a quién amaras jamás te habría hecho sufrir.

Y sin más se fue, dejándome sin palabras. Con la cabeza dándome vueltas, confundido y mareado. Sin saber muy bien porque lo hacia llevé las yemas de mis dedos a las comisuras de mis labios, acariciando suavemente donde segundos atrás se posaran los de la rubia. En definitiva, estaba peor cada día.

Pero esa, era la historia de mi vida. Y ahora también era la de Cassie.

20 de Septiembre de 2021 a las 06:01 0 Reporte Insertar Seguir historia
1
Leer el siguiente capítulo A la mañana...

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 5 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión