juanmi329 Juan Miguel Fernández Candela

Una superviviente nos relata una parte de su día mientras sobrevive en un mundo donde un virus ha convertido a la mayor parte de la población mundial en zombicornios.


Humor No para niños menores de 13.

#terror #comedia
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Zombicornios

Las puertas automáticas se abrieron para mí.

Cuando entré en el supermercado miré a mí alrededor. No encontré ningún indicio de vida.

Fui directa a las estanterías en busca de provisiones.

Llené mi mochila hasta los topes de provisiones. Me la eché de nuevo a la espalda.

Cuando planeaba marcharme del supermercado escuché un gruñido.

Ya tardaban en aparecer

Al final del pasillo había uno de ellos. Me miraba fijamente con unos ojos vacíos. Me mostraba una dentadura podrida. Los rastros de sangre se extendían por su ropa y por su piel pálida. Encima de su cabeza, tenía su rasgo más distintivo: un cuerno de unicornio.

Hace dos meses un virus se esparció por el mundo. Un virus que convertía a las personas en zombis, o en zombicornios, prefiero llamarlos de esta forma, me parece más correcta.

¿Qué de donde salió el virus? Al parecer un grupo de científicos estaban investigando vete tú a saber qué cosa; cuando uno de ellos fue tan capullo que dejó la puerta del laboratorio abierta al marcharse a casa.

Al final pasó lo que tenía que pasar.

El virus escapó y se propagó por el aire. Las primeras personas se contagiaron y se convirtieron en zombicornios. Estos zombicornios les contagiaron el virus a otras personas. Y estas personas que se convirtieron en zombicornios contagiaron a otras personas más.

Se convirtió en un círculo vicioso.

Y así fue como el virus se propagó por todo el mundo.

Con esto ya puedes hacerte una idea de mi situación actual. Ahora, si me lo permites, tengo un zombicornio del que encargarme.

El zombicornio gruñó con fuerza.

Empezó a correr como un desquiciado mientras movía sus brazos de adelante hacia atrás. Inclinó su cabeza de forma que su cuerno apuntó hacia mí.

Saqué mi pistola de mi funda.

Apunté a su cabeza.

Disparé.

El zombicornio sufrió un espasmo y cayó de espaldas al suelo. No volvió a levantarse.

Lo bueno de los zombicornios es que tienen la resistencia de un humano normal y corriente. Con un tiro en la cabeza o en el pecho caen fulminados.

Lo malo es que son extremadamente contagiosos. Estos desgraciados tienen dos formas de contagiarte: la primera es con su cuerno. No hace falta siquiera que te lo claven. Un mínimo rasguñó en un brazo te convierte en uno de ellos.

La segunda forma de contagiarte prefiero no decirla hasta que llegue el momento. Voy a dejarte con la intriga.

Salí del supermercado.

Me dirigí hacia donde había dejado mi coche.

Hoy no es mí día de suerte

Cuatro zombicornios estaban alrededor de mi coche.

-¡Eh, mamones, apartaros de mi coche!-grité.

Los zombicornios se giraron hacia mí. Empezaron a correr para darme caza.

Disparé dos veces. Le di a uno de ellos. Primero en el costado y después en el pecho. Cayó fulminado.

Quise continuar la lluvia de balas. Pero la pistola se quedó sin munición.

Busqué en los bolsillos de mis pantalones. No encontré nada.

Tuve que empezar a correr para que no me pillaran.

Busqué munición en la chaqueta que llevaba; mientras le daba vueltas al supermercado y los zombicornios intentaban alcanzarme con sus cuernos.

Logré encontrar munición en uno de los bolsillos de la chaqueta. Cargué el arma.

Le disparé a uno en el cuello y cayó redondo al suelo. Olvidé mencionar que también son fulminados si son disparados en el cuello.

Al otro me costó más trabajo acabar con él. Me costó tres tiros: uno en el brazo izquierdo, otro en la cadera, y finalmente un último en el pecho.

El último que quedaba hizo su jugada maestra.

Él se paró en seco. Yo salté inmediatamente hacia la derecha.

¿Recuerdas que te dije que los zombicornios pueden contagiarte de dos formas? Ahora mismo vas a ver la segunda.

El zombicornio vomitó. Expulsó por su boca un vomito arcoíris que alcanzó los cinco metros.

Aproveché su momento de vulnerabilidad para finiquitarlo con un golpe en la cabeza.

Solté un suspiro.

Y esto sería todo.

El camino ha sido despejado.

Fui hacia mi coche.

Entré y coloqué la mochila en el asiento del conductor.

Arranqué el coche.

El coche empezó a moverse.

El supermercado fue quedando poco a poco atrás.

Esto fue todo por mi parte.

Ahora solo queda que le desees suerte a esta superviviente.

Deséame suerte para que no se vuelva a repetir el día en el que me entró la regla mientras me estaba persiguiendo un grupo de zombicornios.

Deséame suerte para que no se me acaben las provisiones.

Deséame suerte para tener una higiene mínima y no tener que lavarme durante un mes con toallitas por falta de agua.

Simplemente, quiero que me desees un poco de suerte.

19 de Septiembre de 2021 a las 16:50 2 Reporte Insertar Seguir historia
3
Fin

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pepinanjo 02 pepinanjo 02
Me gusto mucho el concepto de los zombicornios y la portada, te felicito

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