dulcedeleche21 Dulce deLeche

Cuento corto erótico con descripciones explícitas de sexo. De camino a casa después del instituto propongo a un chico desconocido tener sexo.


Erótico Sólo para mayores de 18.

#adolescentes #Sexo
Cuento corto
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Cuento erótico


Vuelvo a casa en el metro después de toda la mañana en clase. Va lleno de estudiantes hablando en grupitos de forma ruidosa mientras yo me evado del mundo escuchando música con mis auriculares. Odio los rebaños de chicas que se pavonean maquilladas y vestidas con ropa minúscula enseñando sus tetas y culo para que los chicos guaperas revoloteen alrededor de ellas.


Levanto la vista cuando tres cotorras gritan al unísono mirando en el móvil de una de ellas. Las miro con desprecio cuando en mi campo visual aparece un chico delgado y poca cosa absorto en su móvil. Tiene acné en la cara y no me gusta como viste, con un pantalón de chándal y una camiseta de un equipo de fútbol que pienso que tiene poca personalidad. Lo observo detenidamente un buen rato y a pesar que me llama la atención su soledad, no me gusta y en el momento que decido dejar de observarle, nuestras miradas se cruzan y me quedo fascinada por su mirada profunda.


Bajo mi vista al suelo algo turbada y empiezo a moverme porque he llegado a mi parada, pero me lo pienso mejor y decido seguir en el metro para poder seguir mirando al chico que me tiene intrigada. En casa no me espera nadie, mis padres trabajan y no tengo nada que hacer.


Vuelvo a clavar mi vista en él que ha vuelto a concentrarse en su móvil, tal vez está jugando por la manera que mueve sus dedos. Mi imaginación echa a volar y pienso que se acerca a mi, me rompe la camiseta y me obliga a arrodillarme para follarme la boca con agresividad con una polla inmensa que apenas me cabe en la boca. Empiezo a excitarme y aprieto mis muslos para sentir mi coño ahora que no puedo tocarme. Sigo con mis ensoñaciones y ahora me da la vuelta apoyándome boca abajo sobre una fila de asientos y me penetra sin contemplaciones. Sonrío para misma sin dejar de mirarlo al notar mis bragas mojadas imaginando su polla enorme erecta en su cuerpo escuálido.


Cuando se dispone a bajar del metro me animo y lo sigo sin un objetivo concreto mientras mi curiosidad y mi excitación van aumentando sin saber a dónde se dirige ni cuándo llegará a su casa y lo perderé definitivamente. Le observo el culo y aunque lleve un chándal holgado me imagino un culo fibroso y sin pelos y me relamo los labios. Cuando se para en un semáforo me pongo a su lado y lo miro a la cara, observo de cerca su acné y me fijo en su nariz desproporcionada. Levanta la vista y me mira, curioso.


— Hola —digo yo sin pensar.


El se muestra desconcertado y por un momento pone cara de duda pensando si me conoce de algo. Soy poca cosa, no soy muy alta y no represento ninguna amenaza. Me da una repasada descarada a mi cuerpo viendo mi camiseta negra ancha y mis pantalones tejanos negros con agujeros en las rodillas. Finalmente me mira con ojos de interrogación y me devuelve el saludo. Tiene una voz varonil y mi excitación aumenta un poco más.


Nos quedamos plantados en la calle como dos idiotas sin saber que decir, el semáforo cambia a verde y la gente a nuestro alrededor cruza la calle ajenos a nuestro estúpido silencio. Bajo la vista sin saber que hacer y me quedo mirando su pantalón cuando me vuelve a mí la idea de que debe tener una polla inmensa y sonrío.


— ¿Quieres follar? — oigo como de sale esta pregunta de mi boca sin que haya dado la orden de hacerlo.


La primera que queda impresionada con esa pregunta soy yo, lo miro a la cara asustada y asombrada sin entender como mi subconsciente haya podido tomar el control de mí, pero él parece más tranquilo porque responde haciendo una mueca con la boca y asintiendo levemente como si mi propuesta no tuviera importancia. Me tranquilizo con la seguridad de este chico y sonrío tímidamente.


El semáforo en verde empieza a parpadear señalando que va cambiar y empezamos a caminar rápidamente. Yo miro hacia adelante pero no logro enfocar la vista aun elucubrando como ha sido posible que haya hecho esta propuesta a este desconocido, aunque la verdad es que tengo ganas de echar un polvo.


Caminamos de lado pero él va ligeramente delante de mí y me gusta que él tome el control. Al cabo de varias calles y varios semáforos que caminamos sin dirigirnos la palabra, finalmente me dice:


— Vamos a mi casa que está aquí al lado.


En ese momento me doy cuenta que aún no habíamos hablado. Intento pensar fríamente y dudo si no sería mejor dar la vuelta y olvidarme de esta calentura, pero al fin llegamos a una portería y simplemente lo sigo hasta subir varios pisos. Le cuesta atinar con la llave en la cerradura y me doy cuenta que está nervioso. Yo también estoy nerviosa pero estoy segura que a mí no se me nota. Vuelvo a mirarlo y ahora con menos luz se le atenúan los granos de acné, la nariz no la veo tan grande y pienso que tal vez no esté tan mal.


Entramos y huele a comida recién hecha, recorremos el pasillo de la casa pasando al lado de la cocina y veo a su madre en los fogones. No había pensado que pudiera haber alguien en su casa. El chico la saluda casi sin detenerse y le dice que ha venido con una amiga y que vamos a su habitación que tenemos que hacer un trabajo y que comerá más tarde. Yo paso con la cabeza gacha sin saludar a su madre pisando los talones al chico.


Cierra la puerta de su habitación detrás de mí con un pestillo y se queda mirándome sin saber que hacer. Yo dejo caer al suelo mi mochila con la carpeta y libros del instituto y miro su habitación cutre y anodina en la que solo destaca una pantalla de ordenador enorme y desproporcionada.


Tengo mi móvil en el bolsillo de mi pantalón, busco la App de música y pongo la que estaba escuchando en el metro.


—¿Te gusta?


Asiente sin muchas ganas, lo miro a la cara de frente sin ninguna expresión en mi cara, esperando que diga algo o que haga algo, pero se queda inmóvil mirándome sin saber que hacer, secándose las palmas de las manos en el pantalón, mi vista vuelve a su entrepierna y vuelvo a pensar en su polla enorme y me entran ganas de verla.


— ¿No serás una tía rara que tiene alguna enfermedad contagiosa? —me suelta a bocajarro.


— No —respondo escuetamente y eso parece que le tranquiliza.


Me doy cuenta que me ha salido un "No" demasiado brusco y busco una manera de arreglarlo, pero no se me ocurre ninguna. Me quedo mirándolo y la atracción inicial que sentía por él se ha desvanecido por su pasividad pero el silencio de la habitación se me hace insoportable y noto mis bragas húmedas de mis imaginaciones en el metro y sin pensarlo dos veces me saco la camiseta por la cabeza. Lo miro de reojo y veo que él también se está desvistiendo así que busco con la mirada en la habitación la silla y me acerco a ella para sentarme y sacarme las Converse. Continuo con el pantalón en absoluto silencio y cuando acabo levanto la vista y veo que él se enreda sacándose su ropa a toda prisa. Me parece muy vulnerable y me dan ganas de abrazarlo. Acerco la silla con esa intención pero él no hace ningún movimiento para abrazarme y desisto. Se queda en calzoncillos, pero aun estando sentado parece que le van grandes y su pene ya se ha hinchado formando un bulto enorme con una mancha de humedad. Sigo curiosa por ver su polla así que agarro su pene sobre sus calzoncillos para averiguar si es tan grande como he imaginado. Él pone una mano sobre mi pecho y amasa una teta con brusquedad sobre el sujetador y me gusta como lo está haciendo.


— Cómemela —dice de repente con voz autoritaria.


— Ves más despacio —me quejo yo sin mirarle.


Sigue amasando el pecho por encima del sujetador y gimo porque me gusta su brusquedad pero quisiera que me lo saque y tome la iniciativa pero sigue estrujando el sujetador y mi teta. Levanto mi cara para que me bese pero creo que no se ha dado cuenta de mi movimiento porque se queda inmóvil mirando hacia abajo. Yo no dejo de palpar con mis manos su pene que me parece bastante grande y sonrío la pensar que no me he equivocado.


— Anda, cómemela —me insiste.


— Cómeme tú el coño y luego ya veremos —le suelto yo porque este chico me está desilusionando.


Se queda inmóvil con la mirada perdida como si se hubiera cortocircuitado, me está aburriendo este chico, pero sigo excitada así que me levanto de la silla y me pongo delante de él y mi pubis queda casi a la altura de su cara. Me bajo las bragas que caen al suelo y me mira el pubis sin decir nada. Avanzo mi cuerpo hacia él y a medida que me voy acercando, él se va echando un poquito más hacia atrás para mantener la distancia, me hace gracia que intente alejarse y acaba estirado en la cama con los pies aun en el suelo y yo sentada a horcajadas sobre sus piernas.


Se me pasa por la cabeza seguir avanzando sobre él para que mi coño quede sobre su cara pero no me atrevo a hacerlo y le pregunto.


— ¿Me vas a comer el coño o qué?


— Es que es muy peludo.


Pienso que es un imbécil y levanto a la vez los hombros en señal que me da igual. Retiro un poco el calzoncillo y aparece su polla como si tuviera un resorte. Es roja y brillante y efectivamente es tan grande que parece desproporcionada con respecto al cuerpo enclenque del chico. Vuelvo a sonreír y tengo ganas que me agarre por el pelo y me obligue a bajar la cabeza para hacerle una felación. Lo miro y no parece que lo vaya a hacer, así que le cojo la polla con una mano y la muevo de arriba a abajo. Apoyo mi coño sobre uno de sus muslos y lo froto pensando que él pueda masturbarme también pero este chico no piensa en mi. Veo como su polla palpita en mí mano y tensa sus músculos para no correrse y me contento teniéndolo bajo mi control y le miro a la cara.


— ¿Quieres correrte?


Traga saliva pero sigue callado así que muevo mi mano poco a poco arriba a abajo viendo su polla como acepta mi mano. Me encanta ver y sentir su excitación y tener el poder de provocarle de esta manera. Son suficientes unas pocas sacudidas para que se corra aunque la he movido muy poco a poco. Cuando se está corriendo posa su mano sobre la mía para que deje de moverla y me parece lo más íntimo que hemos hecho hasta el momento. Su semen queda sobre su barriga como pequeños lagos blancos.


No se atreve a mirarme a la cara cuando se va recuperando de su orgasmo. Se mueve incómodo por mi peso y mientras él se incorpora me siento a su lado sobre la cama, pero me aburre su silencio y me levanto para curiosear lo que tiene sobre su mesa desordenada en la que no encuentro nada interesante, solamente hojas sueltas de apuntes de clase, libros del instituto y ropa arrugada.


— Estas muy buena —rompe el silencio diciendo esta chorrada, pero me gusta que lo haya dicho. Estoy desnuda excepto por el sujetador, de espaldas a él. Se que no está quitando su vista de mi culo y disfruto en silencio de su mirada. Creo que no tengo mal cuerpo aunque me falte un palmo de altura. Sigo curioseando sobre su escritorio sin tocar nada pero realmente me aburre la poca iniciativa de este chico.


— ¿Ves mucho porno? — le pregunto distraídamente al ver la pantalla de ordenador aunque estoy segura que se conoce todo el porno de internet de memoria.


Tarda en contestar, me giro para mirarle. Lo veo aún con los calzoncillos blancos y pienso que debería darse cuenta de lo mal que le quedan y lo poco sexy que le hace. No aguanta mi mirada y se ve obligado a responderme.


— Si, bastante.


Giro todo mi cuerpo apoyando mi culo y mis dos manos en el canto de la mesa y nos quedamos mirándonos. Tiene su vista fijada en mi cuerpo sin disimular y disfruto que lo haga porque me gusta mostrar mi cuerpo.


Una canción acaba y los segundos que tarda la siguiente en empezar, el silencio se me hace insoportable y le digo:


— ¿Quieres follar?


Como si hubiese estando esperando que lo propusiera se quita de un solo movimiento los calzoncillos moviéndose hacia atrás para estirarse en la cama apoyándose en el cabecero obscenamente con las piernas abiertas. Veo su polla que va hinchándose de nuevo, me quito el sujetador que tiro al suelo despreocupadamente y me acerco a la cama.


— Estas buenísima — vuelve a decir.


— Gracias —le respondo mecánicamente aunque pienso que definitivamente es un idiota.


Cuando estoy en el borde de la cama para subir le digo:


— Ponte un condón.


Su sonrisa bobalicona desaparece y busca ansioso en el cajón de la mesita de noche, aunque me doy cuenta que está disimulando y no tiene condones.


Voy hacia atrás buscando por el suelo mi mochila, me acuclillo y rebusco en un bolsillo donde creo estar segura que tengo uno. Lo encuentro y lo lanzo sobre la cama sin decir nada y se lo va colocando rápidamente a medida que voy subiendo a la cama. Su polla esta tiesa entre sus piernas y sonrío al verla totalmente desproporcionada como había imaginado en el metro.


Me estiro a su lado y me coloco boca arriba invitándolo a que se ponga encima mío, pero vuelve a decirme.


— ¿Ahora me comerás la polla?


No le respondo pensando que este chico no se entera de nada.


Se mueve haciendo un movimiento raro y pienso que tal vez se ha decidido a comerme el coño y va a arreglar su torpeza, pero en lugar de eso se coloca encima de mí. En silencio y ayudándose con la mano me penetra con suavidad. Siento su polla dentro y mi vagina se amolda y la envuelve. Me gusta esta primera sensación, y es la primera vez que me alegro de estar en esta habitación con este chico y me sale un primer gemido, mis manos van a su espalda y me doy cuenta de que es la primera vez que lo acaricio. Saca la mano entre mis piernas mientras noto su pubis sobre el mío y me amasa un pecho, levanto la cara buscando un beso, pero él hunde su cabeza en mi hombro.


Empieza a bombear dentro de mí, primero poco a poco y en un instante va tomando velocidad. Oigo el roce de su cuerpo sobre el mío y sobre la cama en su movimiento y siento su polla enorme que entra y sale de mí. Le agarro el culo que noto duro y lo sigo en su movimiento. Estoy tan excitada que no me doy cuenta que vuelvo a gemir. Está follando muy bien este chico y me provoca tanto placer que subo mis piernas que apoyo en sus muslos para que me penetre más profundo. Sigue bombeando fuerte y sin parar y no controlo mis gemidos.


Busco de nuevo su cara para besarle pero sigue con la cabeza hundida en mi hombro. Su movimiento me causa oleadas de placer y gimo en cada una de ellas aunque él se mantiene en silencio, solo oigo el roce de su movimiento fuerte sobre mí y mis gemidos constantes. Mis manos siguen en su culo y de tanto en tanto van moviéndose por su espalda. No me puedo creer que este chico enclenque tenga tanta fuerza para follar con tanta energía y parece que no se canse. Sigue un buen rato follando como un animal mientras que oleadas de placer siguen llegándome de forma regular y no puedo contener los gemidos.


En cuanto presiona sobre mi coño queriendo entrar más adentro y se queda quieto dentro de mi dando empujones cortos y regulares jadeando fuerte me muevo hacia arriba para que salga rápidamente. Se deja caer a mi lado jadeando y casi me alegro de verlo cansado porque yo también estoy tratando de controlar mi respiración.


Nos quedamos un rato los dos callados mirando hacia el techo hasta que dice:


— Ha estado bien ¿verdad?


— Genial. Ha estado muy bien.


Quisiera ser más comunicativa y decirle que ha estado fenomenal, que folla muy bien y que me ha hecho gozar como hace tiempo que no lo hago con un chico, quisiera decirle que si me acaricia y me habla puedo esperar a que se recupere para volver a follar dentro de un rato. Pero no le digo nada.


— Me mola tu pelo azul — dice después de un pequeño silencio.


Sonrío sin contestarle pensando que este chico es muy torpe con las chicas. Vuelve el silencio entre nosotros hasta que pregunta.


— ¿Puedo hacerte una foto?


— No


Pienso en lo estúpido que es creyendo que soy un trofeo para enseñárselo a los amigos y me parece triste que se desperdicie un chico que folla tan bien.


Me está haciendo enfadar este chico y me levanto para vestirme buscando mi ropa desperdigada.


— Podríamos volver a hacerlo.


— No —vuelvo a decirle y lo miro para que vea que no hay réplica a mi decisión.


Suelta una expresión lacónica casi de pena.


— Y si nos volvemos a ver haré ver que no te conozco —recalco para no darle ninguna opción.


Chasquea la lengua resignado y ni siquiera hace un esfuerzo para intentarlo de nuevo y eso ratifica mi sentencia que es un imbécil que no se esfuerza por nada.


Acabo de vestirme y cuando me cuelgo la mochila al hombro, el chico sigue desnudo en la cama sin moverse.


— ¿Me acompañarás a la puerta por favor? —me río por dentro porque me da la sensación que parezco una señorita cursi.


Se viste con un pantalón de chándal y una camiseta, abre la puerta y sale. Lo sigo y si madre se asoma a nuestra espalda.


— ¿Ya os vais? —El chico sigue caminando por el pasillo haciendo oídos sordos así madre y yo lo sigo sin darme la vuelta.


Me abre la puerta de la casa y salgo diciendo "Adiós" sin levantar mi vista y bajo las escaleras sin esperar si él dice algo más.

24 de Octubre de 2021 a las 13:56 4 Reporte Insertar Seguir historia
2
Fin

Conoce al autor

Dulce deLeche Soy una chica española que escribo para vivir mis fantasías. Me gusta escribir sobre temática erótica explorando el sexo con chicas y chicos. Escribo en primera persona porque me gusta ser yo la que vive las historias que ocupan mi imaginación, explicando y compartiendo mis sentimientos y experiencias. Gracias por leerme.

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Julián Juan Lacasa Julián Juan Lacasa
Muy torpe el chico. Aunque al final lo arregla con el sexo, pero hasta Harpo Marx hablaba más que él. Demasiada paciencia tuvo ella.
October 29, 2021, 22:57

  • Dulce deLeche Dulce deLeche
    Jajaja. Si que es torpe además ni siquiera se ha dado cuenta que la protagonista lo ha usado para su placer. Pero también la protagonista es un poco torpe porque no sabe pedir ni comunicar lo que siente. Solo les ha servido para desfogarse pero al final los dos tienen mucho que aprender. Me alegra ver siempre tus comentarios. 😘 October 30, 2021, 07:39
Master Turgon Master Turgon
Bufff que delicia. Me encantó.
October 26, 2021, 21:08

~