scarlet_x §𝐜𝐚𝐫𝐥𝐞𝐭_𝐗

Una relación entre un lindo chico y una chica fuera de lo común no tiene más remedio que crecer durante el aislamiento. “Nunca prestaba atención en las reuniones virtuales por que esa sonrisa blanca la tenía en las nubes”. Un romance tan tierno como emocionante nace del deseo que tienen por volver a verse hasta consumarse en un bonito y romántico noviazgo. Todo va bien, se aman, lo que él no sabía es que lo que ella más deseaba era complacerlo y consentirlo como se merece. ¿Qué responderías si tu chica te pide intentar algo diferente en la cama? Algo que te incluya a ti debajo y a tu chica encargándose de todo, ¿lo harías? Suena demasiado bueno para ser tan sencillo, ¿no? “Quiero que ahora seas tú quien gima mi nombre, bonito". Advertencias: ▪️Romance erótico heterosexual ▪️Historia Corta @§𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕_𝑿 💋


Erótico Sólo para mayores de 18.

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CAPÍTULO ÚNICO

Solo lo ha visto dos pares de veces en persona y le encantó.

Es atento, gracioso, de sonrisa hipnotizante y…

Tiene un lindo trasero. No pudo evitar mirarlo de más cuando le pasó por delante con ese traje azul cobalto apretando sus firmes piernas. Se relamió y mordió los labios cuando este caminó de vuelta pasándole por un lado sin percatarse de su mirada.

Ella es de una naturaleza curiosa y decidida. Ve el mundo desde un ángulo que nadie más puede y eso es justo lo que a él le encanta de ella. Es perceptiva, intuitiva y simplemente fascinante.

Después del aislamiento hace un año no tuvieron más remedio que continuar conociéndose a través del mensajero del dispositivo, ella no tiene redes sociales pero él es un exuberante optimista. Es una lastima que las habilidades de stalker del chico se desperdicien así, hubiera besado todas y cada una de sus publicaciones en Instagram contra la pequeña pantalla si Coral las tuviera.

Ella adora hablar con él, es divertido, interesante y desesperantemente inteligente cuando le conviene, como cuando quiere mantenerla enganchada. Siempre le funciona. Hace mucho que no lo ve, lo último que recuerda es ese cuerpo de su altura y definidos músculos, su caminar de porte elegante y esa linda sonrisa blanca.

Se compartieron sus gustos, estuvieron conociéndose a fondo por meses en lo que aprendió a amarlo de la forma que le gusta y viceversa, claro que… sin que el otro se diera cuenta. Pero nunca se hubiera imaginado que las cosas tomaran otro rumbo.

La mandíbula se le fue al suelo una tarde al verlo en esa foto de perfil con una sudadera de algodón inocentemente blanca y holgada. Sus ojitos brillaron al descubrir lo delgado y menudo que era en realidad, después de dos años. Ahora no sólo pensaba en apretar ese lindo trasero algún día mientras él estaba encima, no, el problema es que ahora deseaba acariciar esa pequeña cintura que luce mientras ella es quien se coloca en la cima.

Siempre se sonrojó cuando el chico de diecinueve años la alagaba como todo un pretendiente trabajando a su chica, casi se le olvidaba que era casi dos vueltas de la Tierra al Sol más grande que él.

Simplemente eran una pareja de chicos coqueteándose por mensaje como todos los demás, ella abrazaba el teléfono cada vez que a él se le escapaba un cumplido y él sonreía como un idiota de sólo ver sus notificaciones en el panel de su celular. Comenzó a soñar con él de vez en cuando. Situaciones en las que él la abrazaba tomándola con cariño por los hombros y susurrándole caricias al oído, protegiéndola. Incluso pensaba en él completamente consciente antes de dormir, a veces no podía dormir. Se encontró a sí misma sonriendo de la nada, sin ningún motivo aparente, pero es que ella imaginaba. Le gustaba imaginar el momento en que volverían a verse, qué le diría, cómo lo abrazaría y qué sería lo primero que le diría al oído el día que se tengan uno en los brazos del otro. Se preguntó si para ese entonces ya aceptarían lo que hay entre ellos o se seguirían poniendo nerviosos como un par de idiotas sonrojados.

Otras veces se halló a sí misma haciendo cosas estúpidas con tal de llamar su atención, publicar fotos lindas en su estado, vestir la ropa que sabe que le gusta ver en cámara, maquillarse para él o decir lo que sabe que le gusta oír, sentía una corazonada de que él estaría haciendo lo mismo, pero una vez llegaron demasiado lejos.

Reían y bromeaban en un nuevo nivel de confianza juntos por mensaje un día hasta que uno en particular la agarró desprevenida.

En medio de confesiones no muy serias sobre qué habían pensado sobre el otro al conocerse, él dijo creer que ella sería algo así como una engreída con dinero y talvez era cierto que el aspecto económico no era un problema para Coral pero todo le dio vueltas cuando leyó a Thomas a través del celular escribiendo un chiste muy peculiar.

“Bien podrías ser Sugar Mommy”

Una sensación caliente le recorrió el cuerpo.

Estaban jugando, por supuesto. Ambos mandaron infinidad de emoticones riendo después de eso, pero no pudo evitar preguntarse si se había dado cuenta de la connotación con la que ella lo leyó o si Thomas lo dijo con la inocencia por delante.

No sabía que le gustaran ese tipo de cosas o es decir, que Thomas estuviera enterado de que eso existía. Todas esas fotos en playeras y sudaderas dos tallas más grandes que su tonificado cuerpo que se amoldaban a su cintura fueron la gota que derramó un vaso lleno. Thomas también tenía otras fotos en ropa deportiva y muy casual que le tenían babeándole a la pantalla, sus selfies en camisas negras elegantes eran un golpe directo a su débil corazón y suspiros, pero eran esas fotos más despreocupadas, en la intimidad de su habitación con ropa cómoda y particularmente grandes las que se convirtieron en su debilidad.

No podía dejar de imaginárselo tan tierno en más ropa de ese estilo con voz suave pidiéndole alguna cosa. Se siente culpable de no ser como las demás chicas que prefieren ser complacidas por su chico fornido y heroico, a ser del tipo que complace. Pero es que no podía evitarlo.

A partir de ahí empezó a verlo de una forma diferente a como estaría normal verlo.

Con casi veintiún años se esperaría que babee por sus músculos —con los que se lo había imaginado al hablar con él todo este tiempo— y no con acariciar sus tiernos hombros y bajar hasta sus delgados brazos después de haber pasado por su atractivo y bonito cuerpo; sexy de una forma totalmente diferente a la que está acostumbrada.

Su corazón escribía por ella cada vez que él venía pidiéndole ayuda respecto a algún problema que le angustiaba. Entonces se dio cuenta de que esto no sólo era físico.

Le dolió en el alma el día que Thomas le expresó tener problemas con su padre, se escuchaba tan mal y afligido que terminó llorando al teléfono mandando a la mierda la vergüenza de lo horrible que pasaba la cuarentena en el ambiente hostil de su casa. Se le rompió el corazón. Quiso estar ahí a su lado, acariciar su cabello esa noche y limpiar esas rotas lagrimas de sus ojos aunque dijera que era fuerte y es un hombre. Sentía unas insufribles ganas de protegerlo cada vez que lo veía vulnerable como jamás había visto a un chico. Thomas siempre fue un joven trabajador, servicial, productivo y orgulloso del papel que fingía en su familia, el cual defendía a capa y espada.

No había nada de lo qué acusarle, por eso fue aún más duro palpar su frustración y sentirla como su fuera suya. Coral se sintió impotente durante varios días como si estuviera viviendo duelo ajeno, odio a los que le hicieron eso y deseo estar ahí para él. Estaba honrada de ser su confidente y ser receptora de su confianza de esa manera. Era algo que apreciaba y atesoraba con los brazos más hondos de su corazón.

Ahora sus sueños eran diferentes, era ella quien lo abrazaba a él recargándolo en su pecho y besando el puente de su oreja con lentitud endulzándole los oídos. Debía dejar de pensar en él de esa manera y concentrarse en las cosas que lo hacen un hombre decidido y dominante para ella, no delicado y sumiso a su merced.

Era desesperante cada vez que sus esfuerzos se iban al lodo en el instante en que le veía alegre, con esa tierna sonrisa y mirada de enorme pupilas atreves de la pantalla.

Nunca prestaba atención en las reuniones virtuales por que esa sonrisa blanca la tenía en las nubes.

Él podía mirarla con intensidad suficiente para ponerla nerviosa cuando quería, pero Thomas negaba todo siempre que Coral cachaba sus verdaderos ojos brillantes como un pequeño cachorrito perdido. Ama cómo esas mejillas se sonrojan a la par de las suyas.

Le causa un inmenso cariño y ternura verlo agachar la cabeza de vergüenza por no saber la respuesta a algo que le pregunta respecto a su trabajo. Ambos estudiaron administración de empresas y trabajan en el mismo lugar, el mismo departamento y la misma oficina. Están tratando de subir de puesto juntos, pero en el fondo Thomas es un flojo cuando se trata de números. Siempre alega que puede solo y no necesita ayuda de una chica, pero siente el alivio de saber que Coral está ahí aunque le avergüence que se ría de él por hacerse el duro.

Coral siempre está detrás de Thomas apoyándolo en lo que necesita, plazos, pedidos. Es ese pilar que sabe nunca va a moverse y siempre estará ahí para sostenerlo.

A Thomas le encanta y ella lo sabe. Está plenamente consciente de que Coral no es el tipo de chica precisamente sumisa, la forma en como ordena firme a alguien que no hace bien su trabajo en la oficina sin ser jefa le hace recordar que su carácter es lo más atractivo que ella posee. Lo que no tiene contemplado es que no es precisamente el tipo de chica que se queda debajo y que a partir de ahí ya no es sobre su empleo a lo que se está refiriendo.

Él es un chico normal, no que sea blando, tierno e infantil, talvez lo que pasa más bien es que ella es ligeramente más dominante y de carácter más exótico que otras y eso hace que se note más el contraste entre sus personalidades ocultas.

Entre más se conocían, más se enamoraban de la persona que son por dentro porque ni siquiera han podido ver la persona que son por fuera desde que no se han visto hace más de dos años —aunque le consta que su trasero sí que es bonito. Y eso es algo que cruza por la mente de ambos jóvenes—. Lo único que pueden saborear es lo que muestran a la cámara cada una de sus reuniones virtuales con sus jefes.

Aprovechaban cada oportunidad que tenían para conversar sobre su día, contarse trivialidades hasta cansarse y mandarse pequeños reflejos de lo que ambos deseaban pero no se atrevían a decir en voz alta. Más de una vez se quedó dormida escuchando su voz al teléfono. Él hablaba y hablaba de bobadas hasta altas horas de la noche hasta que alcanzaba a oír la respiración tranquila y regular de Coral al otro lado de la línea, le pregunta si ya se durmió y esboza una sonrisa y una risita de felicidad por lo bajo al no obtener respuesta. Ella nunca lo supo pero él siempre se quedaba un rato más escuchando sus respiraciones aterciopeladas al teléfono al compás de los latidos de su corazón, una vez cantó para ella con voz finamente suave y diminuta soló para arrullarla. Y eran sus respiraciones calmas y tranquilas imaginándose lo linda que debe verse tumbada rendida en la cama con el cabello en el rostro echa un ovillo después de tanto trabajo, lo que hacía a su cuerpo caer dormido también.

El día para verse de nuevo después de tres años llegó.

No debían verse todavía, había sido un encargo. Su jefe le pidió llevarle las llaves del almacén hasta su apartamento pero claro que esa sólo fue una excusa para verla por primera vez, se sentía como una primera vez aunque no lo fuera, ilusión y expectación brillando en sus ojos.

Con cubre bocas y una exagerada distancia, la tensión y el nerviosismo se hizo palpable. El pobrecito temblaba frente a su puerta mientras trataba de entregarle unos papeles importantes junto con las llaves. Tartamudeaba y falló completamente en mirarla a los ojos.

—Ten, también me encontré esto en el camino y pensé que te gustaría.

No es cierto, había correteado al buen hombre de las flores por toda la cuadra.

Una gerbera de un intenso amarillo canario, fresca y salpicada de rocío fue extendida hacia ella.

Coral también empezó a temblar. Sus dedos fríos por los nervios se tocaron por unos instantes al tomarla y fue lo más osado que nunca ha hecho. Un toque sutil cargado de intenciones y palabras en su mirada que murieron en el instante en que ambos soltaron un suspiro del sólo mirarse.

Había estado brincando como una niña patética a sus maduros años al asomarse por la ventana desde un quinto piso y ver que su Corola negro había llegado. La mano le tembló al abrir la puerta pero no pudo más que sonreír como una boba detrás del cubre bocas cuando lo vio. Dios mío, es tan bonito. Ya creció, es unos cuantos centímetros más alto que ella ahora pero se ve tan especial balanceándose sobre sus talones con los papeles entre las manos y las llaves tintineando en un dedo.

Luego empezó a reírse. No pudo evitarlo pero hasta Thomas notó que coral estaba arrugado la nariz por su colonia debajo del cubre bocas.

«¿Fue demasiado?»

Aún con la fragancia martillando sus atontados sentidos porque sí fue un poco mucho, Coral no podía más que continuar sonriendo.

Es el chico mejor vestido que ha visto, su chamarra casual y playera negra le dan un look muy sexy y serio pero Coral no puede mirarlo más que con un brillo en sus ojos con adoración por todo lo que ha llegado a representar para ella después de dos años. Esa sonrisa iluminó la sala de su apartamento por días después de que cerrara la puerta, su colonia había impregnado el frente de su sentido olfativo calando profundo hasta que no pudo olvidarlo. Sólo le recordaba a él, incluso se había quedado pegado a sus sillones baratos, flotaba en el aire junto con ella en su ensoñación romántica como si hubiera vuelto a ser una adolescente. Estaba enamorada.

Al principio todo fue de amigos, amigos enamorados entre sí. Al cuarto año, Coral confirmó que él sentía algo por ella.

Ya eran novios en realidad, es decir, era obvio, se trataban como unos excepto por la parte en la que tienen citas y se ven cara a cara como personas normales.

Hubo un tiempo en el que se lo tomaron con calma, feliz de sentirse alagada, en confianza con lo que empezaban a tener.

Hasta que las pequeñas frases cursis subieron de nivel.

Cuando los mensajes de amor discreto y coqueteos comenzaron a ser más sugestivos y calientes, a Thomas no le costó mucho imaginarse sobre ella haciéndola gemir y amando cómo reacciona a sus intenciones. El problema es que aún no sabía que ella babeaba por hacer precisamente lo mismo.

Dios, deseaba tocarla, su mano, su rostro, su hombro, su nariz en toques tiernos, todo, lo que sea. Le gusta cómo lo trata, es linda, madura, protectora, centrada e increíblemente caliente. Tiene sus ventajas haberse enamorado de una chica mayor, claro que tuvo que quitarse el orgullo de la cara primero. Ahora siente que no hay nada de lo que deba de preocuparse a su lado, que tiene todo bajo control y que con ella puede dejar de preocuparse por mantener un perfil insensible y rudo como lo hace con sus amigos.

Fue el día en que estaba cachondo que notó algo muy peculiar en su forma de dirigirse a él. Bien dicen que caliente se pierde la vergüenza y la gente se arma de valor para sacar la verdadera personalidad.

Estaban en pleno sexo telefónico a un nivel mayor de confianza después de cuatro años de tontear y ya habían llegado a tercera base —si es que cuenta el sexo a distancia—, como para gemir al teléfono sin pudor.

Las cosas no fueron como se lo imaginó, era ella quien narraba la acción al auricular demandando que se tocara para ella y gimiera su nombre.

Agh, su voz.

Se vino de sólo de escucharla.

“Las cosas no fueron como se lo imaginó, fueron aún mejor y no lo sabía”.

Iba a arrebatarle las riendas de la noche para ser él quien la calienta a ella pero se sentía tan bien sentirse mimado y sostenido por alguien al menos por una vez en su vida que le gustó ser quien se viene primero para variar y no la chica como en la mayoría de las parejas.

Se enamoró de sus palabras y le calentaron sus órdenes insinuantes. Está de más decir que Coral es jodidamente diferente a otras chicas con las que ha estado y eso le encanta.

Sólo por eso es que se aventura a explorar lo que le espera con ella.

Hay veces que a Coral le da cierta duda sobre cómo va a reaccionar si hace o dice lo que de verdad desea, pero en el momento en el que escuchó su primer gemido, mandó los estereotipos a la mierda y se empeñó en seguirle arrancando suspiros y jadeos a como de lugar.

Aún así, ninguno de los dos tiene idea de que lo que desean en secreto es justo con lo que el otro más sueña, lo que el otro está más dispuesto a dar a manos llenas y a ciegas.

Veinticinco de Julio.

Él vino a su apartamento el primer día que se había declarado por erradicada la enfermedad y pudieron salir, Thomas la sorprendió con lo más bonito que un chico puede decirle a una chica enamorada.

«No tienes ni un poco de idea de cuánto te extrañé, el mundo era un lugar hostil sin tenerte a mi lado, pero ahora que te tengo en mis brazos después de una larga espera… »

El corazón se les salía del pecho ese día. Coral casi había olvidado lo bonito que era él y Thomas no recordaba que Coral fuera tan hermosa.

Se tocaron después de tantos años. Su corazón gritó de alegría al abrazarla por primera vez en su vida. Maldita sea, esto es la bendita gloria. Su brazo se alzó alto en su imaginación por la victoria en el momento en que sus labios se fundieron juntos conociendo el molde que los acunaría de ahí en adelante. Coral huele tan bien, él aprieta su cintura con ambas manos durante el abrazo como si temiera que esto fuera un sueño o que se le escapará cuatro eternos años más de las manos. Ella no suelta su cuello y respira contra su oído, agitada en ruiditos inconformes por no poder tenerlo más cerca. Es que nunca será suficiente después de tanto tiempo en carencia y privación de su cariño.

“¿Así se siente el cielo?”

Ambos son unos cursis exagerados pero su enamoramiento y sus dramáticos corazones acariciándose entre sí lo son aún más al probar el verdadero placer por primera vez. Un simple toque, un pequeñísimo toque bastó para estar seguros que esto es lo correcto, que esto es lo que más desean en este jodido mundo fracturado por el sufrimiento del ser humano. Si van a sufrir en él, están dispuestos a hacerlo juntos por muchos más años porque si aislados había sido un infierno, ¿qué tan malo puede ser ahora que están juntos?

Dos años de noviazgo y ninguno pudo tener suficiente todavía. Ahora viven juntos y ha sido lo más arriesgado que han hecho en su vida después de haber tocado sus dedos ese día al tomar la bella flor amarilla.

Esta sigue escondida en una caja especial, los diminutos pétalos ya perdieron su color, no son más que obleas blancas ámbar que se deshacen al tacto pero son los que le dan todo el significado a lo demás que esconde su caja. Su primera entrada al cine juntos cuando los abrieron de nuevo, las decenas de cartas que Thomas le ha escrito a puño y letra dobladas en avioncitos que le gusta lanzarle a la cara en cuanto las acaba sólo para molestarla o hacerle soltar la cena del el susto. Y rosas, rosas rojas de un intenso olor denso afrodisiaco y seco.

Pero ahora también hay rosas rojas y frescas descansando en agua en el jarrón transparente de su sala de su nueva casa.

[…]

Un moño despeinado sujetaba su cabello en ondas naturales que caían sobre su rostro de veintisiete años ahora y Thomas no podía apartar la mirada de los mechones que escapaban por su recogido derramándose sobre su perfilado rostro. Coral se subió los lentes de armazón oscuro sobre el puente de la nariz con el índice, preguntando qué tanto le veía.

Con las piernas recogidas bajo su cuerpo sobre el sillón, Thomas respondía obediente a todos los recibos que ella le dictaba con carpeta en mano para que los recopilara en su computadora.

—Nada, es sólo que eres muy bonita, amor. Seis años y todavía no lo supero. —Rio después sin disimular la intensa mirada que le había dado.

Thomas continuó recopilando datos con prisa, mantener la empresa que pudieron crear juntos era su nuevo bebé. Independizarse de sus respectivas familias y antiguo empleo había sido un trabajo en equipo con esfuerzo.

Parece como si fuera ayer que estaban sentados en un sillón más viejo que este haciendo la tarea de la carrera juntos. Tener a Coral acostada de lado sobre una de sus piernas fue especial. Le recordaba todo por lo que han tendido que pasar para tratar de volver a la normalidad juntos y crear una vida estable en compañía.

Hace unos años no sabía qué quería de la vida o sus gustos. Ahora está seguro de que quiere pasar todos sus días a lado de esta chuca que le da color a su vida, que le hace intentar cosas nuevas y renueva sus energías.

Coral levantó el mentón entre los mechones espaciados por su cara mirándolo atento al escucharlo detenerse.

—¿Qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó con sincera preocupación.

—Te amo Coral, ¿lo sabes verdad?

Su preocupación se transformó en una sonrisa y un sonrojo que se agachó a esconder entre su pierna. Thomas sólo podía ver su cabecita café encogiéndose sobre sí misma.

—¿Lo sé?

—Ven aquí bebé. —Flexionó su cuerpo sobre su cabeza y la atacó de besos en su cabello, mejillas y manos que usó para defenderse entre risas. —¿Ya lo sabes?

Coral no contestó más que con una sonrisa de mejillas grandes que fue suficiente para transportarlo en el tiempo.

Cuánto no han cambiado después de tantos años…

.

.

.

Ambos sentados en el sillón del antiguo apartamento de Coral, tendrían unos veintidós o menos, Thomas era un niño en comparación a ahora, en comparación a ella.

Su recién novia le estaba ayudando con sus responsabilidades del trabajo. Leían un libro de administración juntos mientras Coral subrayaba lo más importante que podían aplicar en la empresa de sus jefes, recargada sobre el regazo de Thomas.

Misma posición, diferente sentimiento, sentía a sus piernas acalambrarse teniendo el libro y a Coral sobre sus muslos o sólo eran los nervios de tenerla tan cerca. Fue apenas el mes pasado que le pidió ser su novia y todavía se sentía temblar.

Thomas revoloteó por dentro cuando Coral se giró hacia él poniendo una mano particularmente pesada en su muslo para indicarle algo en la pantalla de la computadora sobre el reposabrazos, había cruzado por todo su cuerpo para alcanzarla, estaba prácticamente encima de él. Thomas exhaló largo, Coral levantó la vista con una pequeñísima sonrisa casi imperceptible y luego volvió a lo suyo. Podía notar sus mejillas alzadas aunque no la viera de frente. Oh, no. Ya sabe, ¡ya sabe!

Le estaba poniendo los pelos de punta sentir su presencia tan cerca e imposible de ignorar a su alrededor. Tanto tiempo soñando con un momento así…

No que sean unos mojigatos, ya tuvieron su primera y tradicional vez juntos, es sólo que para él, empezar a subir de tono todavía es un camino largo y bochornoso de cruzar antes de llegar a la base para perder la vergüenza.

Quiso dejar de pensar en esa idea palpitante en su cabeza y pasar por alto el ambiente cargado de algo completamente diferente a otra veces, que les había caído encima.

Fruncía las cejas muy concentrado, Coral sólo quería pasar un mechón de su cabello por detrás de su oreja pero se contuvo y continuó con la siguiente página desviando la mirada. Podía sentirlo rígido a su lado.

Thomas se veía tan lindo mordiendo el lápiz mientras tecleaba sobre el reposabrazos.

Lo estaba mordiendo demasiado duro de hecho.

Su mirada bajaba por su cuerpo mientras estaba distraído. Thomas hizo lo mismo cuando ella se giró hacia la ventana.

Sonrió de imaginársela toda desconcertada después de robarle un beso, Dios, quería besarla.

Habla tan bonito, tiene una voz bien articulada, clara y sonora que puede moldearse en tantos tonos aterciopelados que le tienen embobado bajo cualquier situación.

Desde aquí puede ver a través de sus lentes de lectura por un costado. Coral se ha inclinado más cerca a indicarle con un dedo otro punto importante que podrían comentarle a su jefe. O talvez lo está regañando, no sabe, sólo está seguro de que tiene unos ojos preciosos y ese lunar en la comisura de sus labios…

Se acerca a ella en una inclinación lenta y deja un beso por encima de su armazón. Ella detiene su habla, se endereza y le mira atenta. A la mierda su jefe, quiere saber si puede hacerlo de nuevo.

Para su sorpresa, Coral se quita los lentes, toma su cabeza y la atrae hacia sus labios para dejarle un beso en la nariz como respuesta. Coral no había podido resistirse pero había reunido toda su fuerza de voluntad para no descontrolarse y besarlo como realmente quería. Volvió a colocarse sus lentes y tomó de nuevo el libro dejando a Thomas a cuadros. Regresó su atención a cifras, gráficas y continuó leyendo en voz alta.

Thomas le cerró el libro.

En el momento en que ella levantó el rostro, él atacó sus labios en un pasional y muy esperado beso tomándola con firmeza de ambas mejillas.

La yema de sus dedos se sintió suave contra su piel, Thomas sabía cómo ser seguro, arrasador en su toque a la vez que se sintió derretir por su sutileza. El primer chasquido retumbó en la solitaria habitación, Thomas ya le había quitado los lentes y juntos empezaron a removerse en el sillón. Los libros cayeron al suelo, Thomas se enderezó tomando la batuta del beso. Quedó más alto que ella poniéndose de rodillas sin dejar de besarla, Coral tuvo que inclinar su cuello levantando su mentón dejando que él la empujara de espaldas al suave sillón y se acomodara entre sus piernas con ese bonito short.

—Ya te habías tardado —susurró Coral contra sus labios enderezando su cuello con una sonrisa.

Thomas se la devolvió con una cómica picardía pero volvió a presionar sus labios juntos en un chasquido. Los besos estaban siendo apenas controlados, no había saliva ni lenguas. El estilo de Thomas puede ser impulsivo pero el maldito sabe controlarse muy bien, en cambio Coral…

Era una mecha corta consumiéndose rápido hasta explotar.

La chica se siente desesperada por dentro de llegar más lejos, tiene el cuerpo de su chico encima y puede sentir su erección creciendo con reservas dentro de sus pantalones, se mantiene tímido. No se deja llevar al máximo, sus besos no dejan de ser insistentes, labio contra labio se muelen juntos torciendo sus cabezas de un costado al otro pero sus cuerpos apenas se frotan juntos. A Coral le encanta el sonido de sus besos pero quiere más.

Thomas le ha leído el pensamiento, o talvez él también quiere más.

—¿Puedo?

Coral asiente en un suspiro tendiéndole el cuello para darle oportunidad a demostrar su punto. Su novia toma su nuca enroscando mechones entre sus dedos volviendo la cabeza a un costado mientras Thomas le deja pequeños besos en el cuello. Es tan tímido al principio, parece que la pasión sólo le sirvió para el arranque. Thomas no está seguro de si puede ir todo el camino hasta llegar, es decir, no que le de miedo el sexo, es diferente a hacerlo por teléfono, e incluso la segunda vez no es un pasillo recto. Teme ofenderla de alguna manera, no complacerla como un hombre debería y terminar siendo demasiado torpe, su primer encuentro no fue como esperaban, sólo que no lo decían y se sentirá un tonto si eso pasa de nuevo.

Su mano vacila bajando por la cintura de Coral. Alcanza el borde de su blusa y juega con él sin dejar de besar sus labios pero su mano se mantiene ahí. No hace nada más.

—¿Quieres quitarla?

¿Que si quiere verla desnuda otra vez? ¡Joder que sí! Pero no quiere que lo vea sonrojarse si se la quita.

Coral le sonríe y se endereza por los codos extendiendo una mano a tocar su mejilla.

—Está bien. —Sus ojos se abrieron con cariño. —Yo lo hago por ti.

Coral se desliza entre sus cuerpos quedando sentada, sus piernas apenas flexionadas enredadas entre ellas. Thomas se mueve hacia atrás también, sentándose sobre sus talones en calcetines mirándola con atención hasta sus ojos. Están muy juntos. Las rodillas de Thomas tocan el muslo interno de Coral.

Esta empieza a desabrochar los primeros tres botones de su camisa blanca, los ojos de Thomas bajan grandes admirando la superficie de sus pechos y sus dos curvaturas bien definidas y apretadas.

«¡Vamos, se un hombre!».

Se remueve en el sillón queriendo acercarse para ser él quien termine de desabrochar los demás botones y besarla de nuevo pero su rodilla queda atrapada entre el muslo flexionado de Coral perdiendo el equilibrio. Su cuerpo cae hacia adelante, su pierna apenas a salido de entre las suyas y de un movimiento alcanza a apoyarla a un costado de la cadera de Coral pero la empuja sin querer con todo su torso, cuello sobre su hombro y ambos vuelven a caer sobre el sillón.

Thomas con una pierna entre las suyas y otra a lado de su cintura.

Coral toma su muslo más cerca y lo recorre hasta arriba con sus delgadas manos de anillos de plata. Luego toma el otro muslo extendiendo sus propias piernas.

—Por qué no mejor me la quitas así.

La pierna rezagada de Thomas pasa sobre la suya y queda al otro lado de su cintura, no quiere sentarse sobre el abdomen de Coral, sigue sosteniendo su peso sobre el empeine de sus pies en calcetines pero cuando Coral lo toma por la cintura a cada lado para darle estabilidad, su cuerpo cede y se derrite derramándose sobre ella.

Coral vuelve a flexionar sus piernas, tiene a Thomas sentado sobre ella, una mano anillada a cada lado de su definida y musculosa cintura.

Puede sentir su miembro totalmente duro sobre su ombligo.

—¿Te gusta más así?

A Coral se le revuelve el estómago y no puede evitar cerrar sus ojos cuando Thomas asiente en pequeño con labios juntos y un pequeño ruidito. Él extiende una mano dudosa en su dirección, pero no toca.

Coral lo toma por la muñeca y la guía hasta posarla sobre el escote al borde de su camisa casi abierta y baja. Siente sus dedos tocar cada centímetro de piel blanda de su pecho hasta llegar al centro.

—¿Quieres continuar tú? —Las preguntas de Coral se han vueltos susurros bajos que acarician sus oídos con aire caliente.

Thomas está muy callado de repente pero por una vez no duda. Lleva sus dedos ágiles a los botones y va desabrochando los últimos con delicadeza. Vuelve a hacerse hacia atrás dejando caer su trasero sobre los muslos flexionados de Coral para observarla de lejos.

Se relame sus abultados labios.

—¿Te gustan? —Coral le da una pequeña sonrisa.

Thomas vuelve a asentir y a extender la mano. Esta vez no pregunta, toca uno de sus pechos por encima del sujetador y Coral agacha el mentón viendo cómo sus dedos tocan curioso la superficie.

—Quiero tocarte —dice por fin, en un arranque de valor para no tartamudear. Muy bien, está decidido, definitivamente irán todo el camino hasta el final. La segunda es la vencida, ¿no?

Coral se siente indefensa ante esa mirada. Es que no sabe describirla, está lejos de ser inocente. Hay un fuego consumiéndose en sus pupilas escondido detrás del batir de sus largas pestañas.

—Hazlo —emite en un susurro airado.

Thomas se inclina hacia adelante deslizando la camisa de Coral por sus hombros y sus pupilas brillan. Así puede saborearlos mejor, ve unos pechos grandes y firmes cubiertos por un sujetador beige que les da una forma redonda y abultada. Su abdomen se divide en músculos igual de definidos pero estilizados como femeninos delimitando su cintura en un once bien marcado hasta esconderse dentro de sus shorts. Su mano baja tocando los bordes y el relieve con las yemas. Ambos suspirando al tacto.

Thomas remueve su parte baja sobre ella.

Sigue tocando y no parece perder ni una pizca de interés. Coral siente lo duro que esta, su mano vuelve a uno de sus muslos y otra sube por su mejilla implorándole con ojos necesitados.

—¿Thomas? Bésame.

Y como si hubiera activado un interruptor, Thomas se unió a ella en un beso que poco a poco fue creciendo creando un bruma densa se deseo entre los dos. Podía tocar sus pechos sobre la tela a ojos cerrados, su palma apretó su cintura con tanta fuerza que Coral soltó un jadeo. Los chasquidos volvieron, las piernas de Thomas temblaban a cada lado de su cintura por la incomodidad, vulnerable y todo pero sus pantalones apretados sintiéndose cada vez más duro no metían. Coral le puso una mano donde más necesitaba.

—¿Quieres que te ayude con esto?

Thomas soltó un jadeo apenas audible contra su rostro. Tenía a su chica acariciando su mejilla y su miembro, se sintió raro estar encima de ella y ronronearle de esa manera inclinándose a su toque pero Coral tenía una forma tan segura de tomarlo y dirigirlo a donde ella quería que su cerebro dejó de pensar con la cabeza de arriba.

—Sí —suspiró a ojos cerrados. —Por favor.

“Por favor”.

Coral besó sus labios queriendo premiar sus buenos modales. Debe estar bromeando, Thomas no puede ser tan perfecto con esa carita necesitada de mimos pidiendo en silencio que sea ella quien se encargue de todo.

Para cuando Coral ya estaba apretando su cintura con manos autoritarias y guiadoras, Thomas ya tenía dos manos juntas sobre su abdomen para sostenerse, rostro agachado con una repentina timidez por el rumbo que estaba tomando esto. Ver su expresión enfurruñada y la posición tierna a cada lado de su cintura arriba de ella era algo digno de premiar. Un calor le recorrió el interior desde la parte baja de sus shorts siendo presionados por el cuerpo de su chico subiendo por su pecho hasta el corazón.

Decir que esto es diferente se quedaba corto. Hay algo centellando en las pupilas de Coral hoy y a Thomas le da curiosidad descubrir qué. Sus melosas pero firmes preguntas le confunden. Joden su cabeza y le hacen caer a su merced dispuesto y respondiendo a todo con un balbuceante sí.

—¿Puedo llevarte a mi habitación?

Otro asentimiento, está encantado.

Thomas no es un idiota, sabe muy bien de qué forma tan peculiar lo harán allá arriba pero la manera como Coral lo toma con delicadeza para quitarlo de encima y agarra su mano para subir las escaleras, no podían hacerle estar más dispuesto a decirle que sí a todo lo que pida, sea lo que sea.

Bajó las persianas y cerró la puerta dejándolos en una oscuridad superficialmente amarilla por la lámpara a lado de la cama.

Coral fue quien le quitó la playera en la intimidad de su habitación. La misma playera blanca de magas largas que les había hecho terminar en esta situación en primer lugar.

—¿De verdad quieres hacer esto conmigo? —preguntó Coral mirándolo a su altura parados en medio de la habitación. De repente un poquitito insegura. —Sabes que tengo gustos raros.

Thomas levantó una mano y la posó en su mejilla con cariño.

—Si tu eres rara por querer ir “arriba”, yo soy raro por descubrir que me gusta mucho estar “abajo”.

“Arriba” o “abajo” sólo son palabras, ¿no? Claro, son más que posiciones en la cama, es el rol que tendrá la persona en equilibrio con recibir o dar. Si ambos están dispuestos a recibir y dar al mismo tiempo, ¿qué más da?

Como sea. Enamorados y calientes, la posición es la de menos.

Coral lo toma de la mano, Thomas le sonríe con confianza y ambos se llevan al centro de la cama con sus torsos desnudos. El chico sentado sobre sus talones frente a su chica sobre sus propias piernas. No dejan de sonreírse con mejillas calientes. Se miran es expectación, sus respiraciones acelerándose sin límite.

Es Coral quien da el primer paso, se extiende a tocar los músculos de su abdomen con dedos separados. Thomas no es flacucho, su cintura pequeña y definida simplemente la vuelve loca. Son sus hombros anchos los que la hacen ver aún más estrecha. No es excepcionalmente fornido o musculoso, al menos no como lo recuerda. Sus brazos son delgados pero bordeados por musculo en los bíceps y tríceps de un tamaño promedio. Sube por ellos, Thomas se estremece pero no se aleja ni un centímetro, al contrario, pasa un mechón de su cabello castaño por detrás de su oreja y la mira con adoración.

—Adelante. —Coral se lo come con la mirada. —Haz lo que hay dentro de esa cabecita tuya.

La sonrisa de Coral se esfuma en ojos intensos y decididos. Oscuros.

Toma su cuello y Thomas gime en su boca recibiendo su lengua y después sus labios en un beso desesperado, muy al estilo de ella.

Y Coral ya no se siente con la capacidad de soltarlo. Thomas se inclina hacia adelante apoyándose en sus muslos sintiéndose cohibido de repente, es demasiado que le encanta, parece que sus labios son ese veneno que le vuelve tímido de pronto pero no quiere parecer un inexperto, sólo quiere dejarse tomar por ella.

La chica lo atrae más y más por la espalda hasta quedar tumbados en la cama. Coral sobre las almohadas y Thomas sosteniéndose con los brazos a cada lado de su cabeza sintiendo que se queda atrás con los besos. Ella abrió sus piernas indicándole que podía acomodarse en medio pero lo que hizo le sacó un pequeño jadeo. Su novio cerró y extendió sus largas piernas vestidas con sus shorts, se acostó tendido sobre ella abrazando sus rodillas con las suyas y una de ellas la subió flexionándola al costado de sus caderas hasta pegar su entrepierna contra la de ella como si fueran dos piezas embonadas juntas, justo como debe ser.

No se acordaban de que aún tenían la ropa puesta.

El propio Thomas metió las manos entre ellos tratando de sostenerse desabrochando sus prendas. Coral podía alcanzar su rodilla por la cara interna y atraerlo más cerca sobre ella. Movió sus manos por su espalda, bajó y bajó, la hendidura de su columna causándole escalofríos de placer a ambos, hasta los músculos de más abajo. La punta de sus dedos tocó el borde de sus jeans y se deslizaron dentro.

Jodido Dios.

Apretó fuerte, Thomas soltó un pequeño gemido contra sus labios. Un vil y caliente gruñido que terminó en una pequeña nota más aguda de lo que pretendía. Volvió a apretar y a amasar sus redondas nalgas por debajo de la ropa pegando su pelvis contra la suya. Sus manos quitaron su pantalón del camino, Thomas le ayudó a zafarlo por las piernas. Enderezándose en la cama, quitó sus shorts también sintiéndose caliente de sólo ver su ropa interior de un rojo intenso y muy lindo con encajes en los bordes.

—¿Es para mi? —preguntó con ojos grandes.

—Todo es para ti, bonito.

Con ropa fuera, Thomas pudo acariciar mejor toda la extensión de sus piernas mientras volvía a besarla. Coral pudo sentirlo más duro que nunca contra su abdomen cuando este volvió a la posición de antes. Thomas no se sostenía con las manos en una postura alta sobre ella como lo hacen las parejas en las películas. Sus abdómenes duros completamente juntos tendiendo el contacto más íntimo de sus vidas se sintió perfecto. Se sentía la chica más afortunada del mundo escuchando a su novio ronroneando en su oído con labios abiertos, ambos calentándose a fuego lento por los besos que Coral le daba en el cuello y la forma tan dócil como Thomas se dejaba mimar.

Las manos de Coral volvieron atrás como un imán a ese bonito trasero con el que ha soñado por años.

Apretó con las dos manos, si no tuviera la ropa interior, seguramente vería las marcas rojas de sus cinco dedos. Presionaba hacia abajo con toda la intención de pegar sus cuerpos en un vaivén lento, Thomas se sentía delirar de sentir la firmeza y la autoridad con que Coral lo tomaba, como si su cuerpo fuero total y solamente suyo.

Reclamándolo como de su propiedad.

Algo encendiéndose entre ellos.

Entonces Coral no tuvo suficiente con besos, quería la lengua de Thomas contra la suya y saborear sus labios pero Thomas estaba más bien dejándose llevar que fue ella quien tomó su cabeza más cerca. El chico movía sus caderas contra las de ella amando acelerar sus respiraciones en suspiros rápidos.

—Quítatelo.

Thomas detuvo el beso.

Coral no preguntó y tampoco le ayudó a sacárselos. Thomas se hizo hacia atrás enganchando los dedos en su propia ropa interior sintiéndose mandado y aún así se encontró a sí mismo siendo obediente. Los ojos de Coral se pegaron a su miembro admirando la extensión, Thomas se llevó ambas manos a la zona para taparse sin pensarlo.

—No, no. Ven aquí. —Descruzando sus manos, Coral lo miró a los ojos. — Quiero verte.

El chico se sintió abrumado de repente por sus oraciones suaves pero que no daban cabida a otra opción, se quedó mudo. No pudo protestarle y se encontró a sí mismo mostrándose a ella por segunda vez.

—¿Quieres que lo toque?

Dios, ¿por qué tiene que anunciar todo lo que va a hacer? De todos modos sabe que siempre le terminará diciendo que sí.

Es que ella no quiere asustarlo, no sabe que en realidad Coral podría estar haciendo mucho más con él y esto es sólo una pequeña probada con permiso mientras que lo que de verdad desea brota de sus labios.

A ambos les encanta esto, pero todavía no se sienten preparados para apostarlo todo y simplemente ser ellos mismos. Talvez necesiten otra noche, ya lo verán después.

Coral es una chica hermosamente dominante y Thomas un lindo chico dispuesto.

—Quiero que lo hagas si eso es lo que te calienta. Sino, no tengo problema con empezar yo.

Coral le respondió con una sonrisa.

Thomas aceptaría lo que fuera pero no se esperó que lo volteara en la cama y fuera ella quien quedara entre sus piernas a su merced. Se arrodilló entre sus muslos, Thomas cerró los ojos de la vergüenza teniendo a Coral tomando su erección con una mano. Nunca lo había hecho. Ya ha estado con chicas antes pero nadie le a mirado así. Como si fuera una indefensa presa.

Coral comenzó con las frotaciones firmes, tomaba su pene con dedicación, como si fuera lo más delicado del mundo pero con toda la intención de hacerlo retorcerse en la cama. No dejaba de mirarlo en ningún momento y Thomas no podía más que encogerse bajo esos intensos ojos que ya habían cambiado su tono al más oscuro.

Rogaría porque lo chupara. Su mano de dedos delgados se sentía muy bien masturbando con esos movimientos arrasadores. Thomas no estaba seguro de si sonaría bien y a ella le gustaría lo que quería decirle. Coral lo vio removerse incómodo en la cama, con algo entre sus labios y suspiros.

—Vamos bonito, ¿qué pasa?

Su voz tembló.

—¿Puedes, puedes meterlo en tu boca? —preguntó con cuidado, un ojo cerrado y la cabeza balanceándose hacia atrás frunciendo sus bonitas facciones.

Coral se enterneció con su petición.

—Lo siento bonito, yo no hago eso.

Esta era otra chica, una controlada por el deseo de tratar a su chico como se merece, pero de una forma muy peculiar.

Lo tomó más fuerte, su miembro de tambaleaba a los lados, Coral jugando con él dejando claro cómo iba a ser esto a partir de ahora.

Siguió frotándolo contra su mano sacando el liquido preseminal de la punta, Thomas soltaba pequeños suspiros bajos manteniendo sus manos lejos de la escena. No se dio cuenta cuando Coral ya había agarrado lubricante de su cajón y lo tenía vertiendo cantidad en su mano. El liquido espeso hizo contacto con su sensible piel. Thomas se estremeció y Coral soltó una sonrisa.

—¿Me dejas a mi complacerte esta vez?

Thomas asintió repetidas veces dejándose hundir por completo en las almohadas.

Quería consentirlo como ninguna otra chica lo ha hecho, cuatro años sin verlo, su adoración por él creció conforme sus suspiros se hacían más irregulares.

—¿Te gusta así o más rápido, amor?

Thomas no sabe si fue la vergüenza o su incapacidad por articular palabras.

—Más… Más rápido, por favor.

Coral hizo lo que le pidió sólo por esta vez. Le encantaba escuchar sus pequeños ruiditos. Su mano resbalaba por su pene de arriba abajo brillante y caliente. Después lo mimaba en toques fugaces desesperándolo por más, muy sensible. Su dedo jugó divertida con la yema delineando una de las venas y volviendo a la cabeza para presionar con cuidado la punta.

Sus cuidadas manos estilizadas en uñas roma de punta francesa bajaron hasta sus testículos blandos y estimuló con cariño, en ningún momento dejando de mirarlo y sonreírle aunque Thomas no podía mirarla a los ojos de la vergüenza. Pero sus pequeños suspiros que empezaban a subir en jadeos no metían. Pronto lo tuvo dócil, inestable y errático bajo su toque.

Su dedo medio perfiló su pene desde la punta del mástil hasta la parte media, la base, los testículos y más abajo.

Thomas soltó un gemidito agudo.

—¿Aquí?

Su dedo tocó su agujero por la superficie.

Thomas dio una pequeña risita combinada con placer a tal sensación de cosquillas y nervios a la par de Coral. No se resistió y tampoco se quejó. La sonrisa de Coral se hizo más grande.

Volvió a verter lubricante y frotó su propio dedo.

La punta tocó el anillo contraído y lo acarició con lentitud inclinándose sobre él.

—¿Alguna vez alguien te ha estimulado por tu próstata? —preguntó en un tono bajo y seductor. —Thomas negó con la cabeza cerrando los ojos. —Talvez descubras que se siente mejor de lo que crees.

Thomas estaba escéptico en realidad, es nuevo y no le da miedo pero es un hombre, una mujer normalmente no le anda metiendo el dedo, pero su mirada le descoloca tanto que prefiere fluir junto con ella. Helos aquí, le dio entrada a una chica que no sabía que podía quemar, tal vez no sea tan malo seguir el camino hasta el final.

Su dedo presionó y Thomas se sintió retorcer por dentro, Coral estaba teniendo mucho cuidado de no lastimarlo, estaba mojada de sólo verlo cerrar los ojos a su placer de esa manera. Sintió un orgullo de estar haciéndolo bien. Su dedo entró por completo, sus paredes le apretaron el anular ya sin poder soltarlo y Coral lo deslizó lento hacia el interior hasta el tope. Su novio gimió tan lindo por ella.

—¿Puedo moverlo?

No quería atentar contra su orgullo, de eso no se trata. Quiere que se sienta cómodo y que simplemente disfrute de dejarse llevar.

Thomas no contestó, su rostro apretado, jamás había recibido nada dentro. Está claro que ninguno está acostumbrado a hacer esto. Coral volvió a ceder, movió la punta de su dedo un poco más adentro hasta presionar su punto, esperando por su reacción y si podía continuar o no. Thomas soltó un pequeño quejido. No le dolió, pero no quiso presionarlo. Repitió el movimiento junto con caricias a su interior con lentitud nada más como un gesto de cuidado a su disposición.

Podía sentir las contracciones de Thomas contra su dedo, no podía abrir los ojos pero sus suspiros ahogados seguían llenando sus oídos. Coral se inclinó sobre su cuerpo y besó su frente empezando a sacar su dedo.

—Está bien —arrulló en un murmullo.

Quería darle un respiro.

—Se sintió increíble —dijo Thomas abriendo sus ojos por fin. Coral se sorprendió esbozando una sonrisa ladina igual a la de él con frente sudorosa. —Sí lo volvería repetir pero no hoy, me quedo atrás.

Coral río contra su cabello dejando otro beso.

—Cuando tú quieras, mi amor.

Bajó por su rostro y conectó sus labios en un beso más paciente ahora, amando tenerlo de nuevo inclinándose al toque. Coral se recostó sobre él a un costado en su pecho, Thomas pudo sentir lo mojada que estaba contra su muslo, aún tenía la ropa interior puesta.

Sus manos bajaron al borde del encaje rojo queriendo deshacerse de él entre besos de una vez por todas pero no podía.

Coral rio de nuevo con esa hermosa y encantadora sonrisa que tiene.

—¿Te ayudo?

Thomas dejó caer su cabeza en la almohada rendido. La chica de cabellos castaños se levantó con rodillas en la cama y sinuosa comenzó a deslizar la prenda por sus largas y delgadas piernas. Le gustó ser del agrado para la vista Thomas, no podía apartar su ojos de ella y eso aún no la quitaba por completo.

—¿Te gusta lo que vez?

—Shhh, no te detengas.

Coral quedó completamente desnuda frente a él, la mano de Thomas levantándose sin poder detenerla. Exhaló de placer en el momento en que Thomas puso su mano debajo y fue directo a meter dos dedos entre sus labios. Sus falanges resbalaron al liquido saliendo empapados y calientes. Esta vez Thomas soltó un sonido de garganta aclarándose fuerte y claro.

—¿Estás así sólo por meterme un dedo? —preguntó su novio. No se estaba burlando, es que esto es divertido. Hay una clase de complicidad entre ellos que ahora aprende a disfrutar.

Coral le arrugó la nariz con gracia.

—Como si te sorprendiera.

—Bueno, no es que me jacte pero me gusta pensar que así es justo como te tenía la noche que te corriste al teléfono. —Los ojos de Thomas brillaron divertidos por lo caliente que estaba siendo esto.

—Ah, ¿atrevido de repente? ¿Tengo que recordarte quién se vino primero? —Fue muy rápida, de pronto ya estaba encima de él con ambas piernas a los lados de sus caderas.

Thomas ignoró lo intimidante que se veían sus intenciones de nueva cuenta.

—¿Cuándo me dejarás ver tus pechos?

Thomas sólo estaba jugando para molestarla pero Coral hablaba muy enserio. Se inclinó a su oído y le habló con voz grave.

—Cuando te oiga gemir mi nombre, bonito. —Thomas hubiera deseado que estuviera bromeando. Volvieron a verse a los ojos, Coral ya completamente encima de él pero cuidando de no darle mucho contacto contra su miembro.

Esto definitivamente no es lo mismo a otras las chicas que lo han montado. Thomas se retuerce tratando de voltearla sobre la cama pero Coral lo detiene por los hombros y se sienta por completo sobre él.

—No cierres los ojos, quiero que me mires y me digas lo mucho que te gusta que sea yo la que tiene el control para variar.

Thomas no contesta, aprieta los labios. Su miembro se ancla a su humedad sin penetrarla como le hubiera gustado. Coral se mece hacia adelante en un movimiento certero y ambos gimen juntos, Thomas sin poder callarse a sí mismo y Coral con una sonrisa de dientes blancos en satisfacción.

—Ya no eres tan atrevido, ¿o sí?

Le gusta esto, ver cómo se encoge y lo agarra desprevenido sin poder negarle nada. A Thomas le encanta pero se lo guarda mordiendo sus labios.

—Vamos bebé. —Se inclina sobre su rostro moviendo sus caderas en un compás lento y torturador que le jode la cabeza. —Si lo quieres, sólo pídelo.

—Esto no me gusta. —Llevándose un brazo a cubrir sus ojos, emite un quejido que salió más bien como un pequeño gemido para nada grave.

—¿Ah sí? Quítame de encima entonces.

—Lo haré.

Coral le quita el brazo de la cara emitiendo una orden clara y fulgurante, retando.

—Quiero ver que lo hagas.

Thomas forcejea con ella de frustración, su pene palpita mojado por lo excitados que están ambos, al límite. Coral no parece ni inmutarse sintiendo su miembro duro debajo. Tiene que quitarla, pero no tiene las fuerzas y no se refiere a las físicas. Ella deja de moverse a propósito.

Coral puede palpar su enojo y lucha interna. Se queda callado y su cabeza cae en la almohada soltando sus brazos en un suspiro rendido.

—Por favor, muévete.

Thomas ya no le quita el lugar. La deja ser y usarlo como más le gustará ambos, no puede seguirse engañando. Descubrirá lo que de verdad le gusta junto con ella.

Coral besa el involuntario puchero que ha formado.

—Te amo Thomas, eres lo mejor que me ha pasado. ¿Lo sabías?

El chico le devuelve un sonrisa constipada pero totalmente de acuerdo de corresponderle sólo que no puede contestarle en este momento. Está frustrado, por su pene, su humedad, queriendo tocarla sin poder porque sabe que no lo va a dejar, está indefenso a voluntad bajo esa forma tan fácil que tiene su novia de moldearlo a su antojo odiando esa hermosa sonrisa que hace de él lo que quiere.

Levanta el torso y atrae sus labios jalándola a la cama en un beso castigador, lleno de reclamos que jamás se atrevería a decirle en voz alta. «¿Por qué me has jodido la cabeza?» «¿Por qué me dejas en el medio de todo lo que necesitas?» «¿Y por qué yo también te amo tanto?»

Muerde su labio inferior, luego presiona con fuerza y vuelve a jalar. Mete su lengua en saliva en un beso intenso cargado con un poco de todo. Amor, desesperación por empezar esto de una vez, cariño, recelo y confusión. Cosas que está de más decir. Thomas le dio todo. Atrapa sus labios entre jadeos tomándola por el cuello, maltratando sus labios y respirando el mismo aire que ella deja salir.

Coral gime contra su boca en calor, aturdida y abrumada por todos los sentimientos de ese beso. Y Thomas se deja caer en el cama.

Listo, que haga de él lo que quiera. Pero que quede claro que pase lo que pase, él aún puede sorprenderla y complacerla como se debe cuando quiera. Ya puede morir en paz.

Coral tarda mucho en reaccionar, cuando lo hace, tiene a su novio retorciendo los brazos sobre su cabeza, esperando. Con una sonrisa triunfante.

—Voy a borrarte esa estúpida sonrisa de la cara. Eso es jugar sucio.

Coral vuelve a mecerse para placer de ambos.

—Lo dice la que me metió un dedo por el ano.

—Y lo volvería a hacer si no fueras tan sensible y miedoso. Quién lo diría.

Sus cuerpos se balancean juntos soltando jadeos. Sólo contacto superficial. Su miembro resbala por todo el camino mojado entre sus nalgas.

Lo de sensible no lo niega, no sabe cómo debe sentirse al descubrir otra zona erógena de su cuerpo.

—¿Miedoso? ¿Quién no se ha quitado toda la ropa?

Coral le levanta una ceja con una sonrisa, no está dispuesta a ceder.

—Ya sabes qué tienes qué hacer para tener el placer de verlos.

—¿Y qué pasa si te lo quito sin tu “permiso” de una vez? —Thomas estaba jugando de nuevo. Jugando con fuego.

Coral se levanta de su regazo y toma su pene para alinearlo bien. La punta se atora dentro, ella lo mira a los ojos y abulta sus labios en una expresión calculadora de cejas alzadas.

—Tú y yo sabemos que no lo vas a hacer. —Se sostiene bien con dos manos en su pecho.

—Eres insu… aahg, mierda.

—Qué grosero.

Coral había bajado por completo, empalándose con su miembro hasta dentro.

Thomas tapó su boca, emitiendo un gemido ahogado que brotó desde su garganta.

Empezó a balancearse de adelante hacia atrás. Su miembro prácticamente se había deslizado dentro como mantequilla. Estaba resbaloso y muy inestable, el sonido húmedo llenó la habitación cuando Coral aumentó el ritmo a su antojo.

—Vamos bonito, no me hagas castigarte.

La palabra retumbó en su cabeza, no debió calentarse tanto al escucharla. Sintió su miembro ser apretado con los movimientos.

Thomas no hizo caso, quería darle a Coral un incentivo aunque fuera masoquista o tal vez simplemente quería hacerla enojar para ver de lo que es capaz.

Coral saltó sobre su miembro, después otra, una y otra vez. Se deleitaba de ver sus pechos rebotando tan cerca de su rostro pero no se atrevió a tocarlos, sólo podía babear con sus manos picando por querer apretarlos y amasarlos a su antojo.

Su espalda se inclinó hacia atrás, formando una sexy curva en su femenina espalda, la mano de Coral viajó por detrás de su propio cuerpo, tocó sus nalgas rozando el miembro que entraba y salía de ella. Bajó más, alcanzó a tocar sus testículos, sus propios pechos sin dejar de bambolearse y su abdomen estirado hacia atrás. Thomas no dejaba de jadear.

—Flexiona las piernas.

Thomas lo hizo de inmediato levantando a su novia con ellas.

Coral se apoyó en una de sus rodillas para darse equilibrio, su otra mano tocó el inicio de la curvatura de las nalgas de su chico.

Un dedo, hizo falta sólo un dedo. Thomas abrió sus grandes ojos chocolate.

Penetró su ano con un sólo dedo entre sus saltos insistentes sobre su miembro. Y dobló.

—No, ¡espera, espera! —Su cuerpo lo traicionó como nunca antes. —¡Ahg! ¡Carajo! No me hagas esto.

—¿Estás seguro?

Sus caderas se movían contra su dedo y Coral lo notó, la había levantado aún más con la fuerza de sus piernas para que su novia pudiera acceder mejor y talvez fue vergonzoso pero la vista ya se le había nublado como para importarle.

Los gemidos de su novio fueron música para sus oídos. No se tentó el corazón esta vez, estaba decidida a hacerlo disfrutar algo que jamás había sentido.

—Eso es, mi amor. —No paraba de saltar sobre sus piernas penetrándose a sí misma ni sacaba su dedo. Incorporó un segundo.

Thomas se retorció debajo de ella.

Su lengua no podía articular más que maldiciones bajas entre suspiros y jadeos que se tornaron en gemidos calientes que llevaron a su novia al limite del deleite con una gran sonrisa de dientes blancos.

El rostro de su chico se descompuso con la boca abierta cuando Coral arremetió contra su próstata con ambos dedos. El brazo se le estaba acalambrando y aún así no le dada descanso. Thomas se quedaba sin aire y sin corazón sintiéndolo salirse de su pecho por las sensaciones. Le hubiera gustado decir que sus ruidos de placer eran guturales gruñidos como poquito antes pero no eran más que gemidos controladamente agudos. No como una chica pero si lo suficientemente diferentes y desvergonzados como para calentar a Coral y empujarla al orgasmo lentamente. Quería escucharlo más y más, no tenía suficiente. Ella misma se sentía al borde estimulándose sola con su pene dentro de ella. No le importo para nada que su chico estuviera demasiado ido como para cooperar moviendo sus caderas. Thomas ya no sabia si movía su cuerpo para penetrar a su novia o para sentir sus dedos más profundo. Coral no podía estar más encantada, acallaba sus propios gemidos para escuchar mejor los de él. Fue un placer sentir lo bien que lo estaba haciendo, ver sus gestos, la forma en la que apretaba las sabanas con ambas manos o se tapaba la cara mordiendo su brazo, no tuvo precio.

—¿Se siente bien bebé? —insistió. Era casi una afirmación, Thomas asintió. —No, bonito. Dímelo, dime lo bien que lo hago.

La sensación de que estaba haciendo un buen trabajo y que la premiara con esas palabras era una necesidad.

Thomas abrió los ojos agitado, el cabello de ambos balanceándose por la fuerza de las penetraciones rápidas.

—¿No vas a contestarme? —Otra vez esa voz juguetona en un tono más grave que su usual suavidad.

Coral sacó sus dedos con un sonido húmedo y no le dio oportunidad a defenderse.

—¡Maldita sea! ¡Sí, por Dios! Pero no te detengas, ya casi. —Coral esbozó una sonrisa regresando sus dedos a su lugar. Thomas suspiró de alivio al tenerlos de nuevo dentro. —Eres increíble.

—Grita mi nombre entonces —susurró contra sus labios abiertos.

Thomas se sintió inseguro de lo ridículo que sonaría si lo hacía, pero vio sus pechos aún cubiertos y a su chica escurriendo sin obtener un orgasmo todavía.

Coral curvó sus dedos dentro aumentando la velocidad, más interesada en el movimiento de sus dedos que el de sus propias caderas.

Salió de él, de rodillas a la cama, se colocó en una posición baja y le dio una pequeña lamida a la punta de su pene como una gatita con los ojos conectados a los suyos. Thomas arqueó la espalda. Posterior a eso, tenía una mano penetrando su ano y otra masturbando su pene. Ambas manos sincronizadas en movimientos certeros, seguros y arrasadores. Las sensaciones fueron demasiadas, sus ojos se fueron a la parte posterior de su cabeza gimiendo y maldiciendo y ya no pudo más.

—Ya casi amor, sigue así.

Con manos extendidas le pidió que se acercara. Haciendo un puchero intencional, alcanzó el broche del sujetador por detrás de su espalda y lo desancló.

—Suéltalo —detuvo la mano en su miembro con jadeos. —Ponlo dentro de ti. —Si iba a venirse, sería dentro de ella, para que sepa lo jodido y caliente que él se sintió.

Sus suspiros febriles eran su debilidad. Sacó sus dedos, volvió a subirse sobre él muy ingenua con tal de complacerlo. Apoyó las dos manos en su pecho, muy cerca una de la otra y sus nalgas se movieron sobre su pene sintiendo las penetraciones profundas, Thomas pudo escucharla gemir como una bella chica bien tratada lo hace. Quitó su sujetador por completo y amasó sus pechos con las dos manos. La carne blanda y blanca sobresalía entre sus dedos, dejó marcas rojas mientras que Coral las dejaba en por todo su pecho apretando fuerte con sus uñas roma.

Los gemidos de Coral se hicieron más agudos, las embestidas subieron de velocidad a unas arrasadoras, tensas y espasmódicas. Thomas vio cómo su niña quien lo había tratado como un rey en la cama, cerraba sus ojitos y agachaba la cabeza sintiendo el último tramo de lo que faltaba para que su orgasmo la golpeara. Y se lo concedió.

Su pene estaba caliente dentro de ella. Ambos se balancearon juntos en gemidos y gruñidos tan graves como agudos, sus cabellos sobre su rostro sudoroso, músculos tensos sin dejar de amasar sus pechos como sabe que le encanta. Los movía de arriba abajo desde la base hasta el pezón abarcándolos todos y apretándolos uno contra otro. Coral puso sus manos sobre las suyas y juntos apretaron dejando sus cabezas caer hacia atrás sintiendo su pene llegar varias veces hasta el fondo. Thomas de ir y venir.

—¡Ahg! Coral, preciosa. Eres increíble, mi amor.

Coral se vino en un gemido agudo y largo lleno de aire desagarrando su garganta junto con su novio sintiendo su corrida soltarse en su interior en un orgasmo tendido y explicito que se extendió por varios segundos en la estela de sus espasmos en sensibilidad.

Coral no podía calmarse aún, cayó rendida y exhausta sobre su pecho con el rostro escondido entre su cuello. Ambos con pechos aún corriendo.

—Te amo Coral. Eres la mejor novia del mundo, ¿lo sabías?

—Recuérdame pedirte que me digas Mommy la próxima vez, eso fue caliente. —Sacó el aire de sus pulmones. —Sin duda el mejor sexo que he tenido.

Thomas sonreía en el silencio, era amor, orgullo, fascinación y una insufrible adoración mutua.

—Me duele el culo.

Ambos se descompusieron en risas y bufidos alegres.

—Ups.

Y Thomas pudo sentir los latidos de su corazón contra su propio pecho, la humedad entre sus cuerpos por el desastre y su hermosa sonrisa satisfecha escondida sobre cuello.

.

.

.

Su velada bien recordada se erguía firme en su mente casi como si hubiera sido un buen sueño.

Lo era, así como también es su realidad.

Thomas aún tenía a Coral recostada de lado con la cabeza sobre su pierna mientras él seguía tecleando en su computadora.

No paraba de sonreír aunque soltara un suspiro de cansancio por su espalda que le estaba matando.

—¿Estás bien? —Coral volvió a levantar su cabecita con atención y luego imitó su expresión. —¿Por qué tan feliz? Los expedientes te están cayendo bien?

Volvió la vista a los datos que le dictaba.

—Oh sí, ya somos buenos amigos, el chico “Control de Calidad” es agradable. Dice que soy una persona de “calidad invaluable” —canturrea y le presume con un chiste bobo. —¿Qué tal eso, eh? ¿Me dejas salir a tomarme unos tragos con él este Sábado?

—Cuando tu quieras amor —concedió enterneciéndose por él como si fuera un niño hiperactivo.

Ambos han cambiado tanto y aún así Coral tuvo a su interior renovándose alegre por sus ocurrencias, esas que no se han apagado después de tantos años juntos. Se sienten orgullosos de que han logrado ser mejores y que ya no son los mismos chicos inexpertos que antes…

—Hazte para allá. —Coral se quitó de encima enderezándose desconcertada. Thomas tomó su computadora sobre sus piernas flexionadas y se inclinó recostándose en su regazo con la cabeza en su pierna sin preguntar, la espalda al sillón.

Coral relajó su expresión mirándolo con ojos adoradores por sobre su cabeza con esa encantadora sonrisa sin que se diera cuenta. Thomas jaló su mano por encima de su hombro y la colocó en su propia cabeza logrando hacer que su novia le acariciara sus rizados cabellos como quería para poder seguir trabajando.

… aunque algunas cosas no cambian.

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@§𝒄𝒂𝒓𝒍𝒆𝒕_𝑿 💋

10 de Septiembre de 2021 a las 21:20 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

Conoce al autor

§𝐜𝐚𝐫𝐥𝐞𝐭_𝐗 ♠️♥️🤍¡Bienvenidxs!♠️♥️🤍 Mis géneros son principalmente el drama, lo erótico y el suspenso entre mis ships favoritos: kookv y yoonmin. También hay otras cositas varias aptas para todo público, echa un vistazo. ... ❝𝑷𝒐𝒓𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒍 𝒆𝒔𝒄𝒓𝒊𝒃𝒊𝒓 𝒔𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒂𝒍 𝒍𝒆𝒆𝒓 𝒚 𝒗𝒊𝒗𝒊𝒓 𝒏𝒐 𝒑𝒖𝒆𝒅𝒐❞

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Dulce deLeche Dulce deLeche
Me ha encantado!!! Muy caliente y muy erótico, que te atrapa y no puedes dejar de leer. Me encanta que ella sea la dominante, y eso que he llegado de casualidad, creo que si hubieras escogido un título y una portada más acorde hubiera sido más fácil encontrarlo. 😘
September 12, 2021, 09:43
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