yisha_alin Yisha Alin

A Kim Seokjin le gustaba su trabajo como ordenanza en el Instituto de estudio Uidon, pero las cosas se habían empezado a poner un poco extrañas. El ejército se traslado al lugar y soldados armados vagaban por los pasillos. A él le indicaron que se reportara con su supervisor y se sorprendió al saber que había recibido un ascenso. El ascenso de Seokjin se tornó en una pesadilla cuando se encontró a si mismo empujado por un loco doctor que le decía que se había convertido en una parte de un experimento gubernamental. Escapar parecía imposible hasta que un sexy hombre con hermosos ojos azules vino a rescatarlo. Autora: SG Namjin +18


Fantasía Fantasía oscura Sólo para mayores de 21 (adultos).

#elfos #namjoon #experimento #cientificos #seokjin #namjin #mpreg #soldados
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Parte 1

«En un día ordenado mantengo al Doctor alejado.

Y jugando golf.

Con todos sus millones.

Y su nuevo mercedes.

Mientras que vivo en un asqueroso apartamento de un dormitorio y tomo el autobús para trabajar todos los días.

En un día ordenado mantengo al Doc…»

—¿Qué estás haciendo?

Seokjin paró de tararear la pequeña melodía en su cabeza y giró alrededor para encontrar a un guardia armado observándolo. El hombre lucía molesto… y como si hubiera comido piedras para desayunar. Seokjin dio un paso atrás y tocó con sus dedos la etiqueta de su identificación que colgaba alrededor de su cuello. «Oh, no. No de nuevo».

—Soy un ordenanza. Trabajo aquí —dijo

—¿Cuál es tu certificación de seguridad?

Él arqueó una ceja. Cada nivel de seguridad tenía diferentes colores. El brillante anaranjado neón de su etiqueta de identificación alrededor de su cuello decía que tenía la certificación del nivel siete de seguridad. ¿Era el guardia ciego y también idiota?

—Nivel siete —Seokjin respondió.

Realmente odiaba a esos musculosos idiotas que poblaban los pasillos del instituto donde trabajaba, y últimamente parecía que le estaban prestando una particular atención. Si no necesitara el pago para pagar sus facturas, podría haber encontrado otro trabajo meses atrás.

Desafortunadamente, el instituto pagaba mejor que ningún otro lugar en el pequeño pueblo meado de hormigas, que en la actualidad vivía. Si pudiera ahorrar suficiente dinero para moverse a algún lugar más, dejaría ese lugar atrás en una nube de polvo.

—¿Qué estás haciendo?

Seokjin bajó la mirada hacia el carrito lleno con sábanas limpias. ¿En serio? ¿Dónde encontraban a estos tipos? Tenía que haber algún tipo de escuela para idiotas que producían estos imbéciles por centenares; el instituto parecía lleno de ellos. «Qué suerte la nuestra».

Él le dio al guardia una sonrisa forzada. —Estoy restituyendo las provisiones del armario colocando sábanas limpias. Es una parte de mi trabajo.

El guardia levantó algunas sábanas y miró bajo ellas.

Seokjin no sabía qué esperaba encontrar el tipo, pero deseaba que el hombre armado acabara de una vez con ello y así poder volver a su trabajo. Necesitaba terminar de reponer las sábanas antes de poder ir a almorzar.

—Necesito tu nombre —el guardia sacó un bolígrafo y un pequeño pedazo de papel.

Él levantó su etiqueta de identificación. —Uh, Kim Seokjin.

El guardia garabateó algo. A Seokjin no le gustaba la manera en la que el hombre parecía medirlo. Su mirada vagaba de arriba abajo por su cuerpo. Su piel se puso de gallina bajo el espeluznante escrutinio.

—De acuerdo, te puedes ir.

¡Ah, gracias! Seokjin sonrió y empujó su carrito hacia el final del pasillo tan rápido como pudo.

Miro atrás sobre su hombro, estremeciéndose un poco cuando observó que el guardia todavía continuaba mirándolo. Habló sobre un aparato de comunicación en su oído, sin apartar sus ojos de él.

Seokjin se dio media vuelta y se apresuró hacia el final del pasillo. Su respiración estaría atrapada en su garganta hasta que pudiera llegar al armario de provisiones y pudiera esconderse dentro. Jaló su carrito detrás de él y cerró la puerta, luego se echó hacia atrás contra la pared para tomar profundas respiraciones.

«Esto es realmente extraño». Seokjin odiaba a los guardias armados que vagaban por los pasillos.

Parecían siempre que querían acosarlo, incluso si no hacía nada. Tanto era así, que había tratado de estar fuera de sus caminos para evitarlos.

Su trabajo como ordenanza en el Instituto de estudio Uidon estaba rápidamente perdiendo su atractivo. Quizás era tiempo de tener que ir buscando un nuevo trabajo, incluso si este pagaba un poco menos. Las cosas estaban solo volviéndose un poco extrañas alrededor de ahí.

Seokjin había estado trabajando en el instituto por un poco más de seis meses, pero en ese tiempo, el número de guardias armados en el sitio parecía haberse duplicado.

Las medidas de seguridad ciertamente eran mayores que antes.

Todo el mundo que venía al instituto tenía que tener una tarjeta de identificación, había varios puntos de controles de seguridad para pasar, cada uno de ellos encabezados por un grupo de guardias armados. Y ahora, parecían moverse libremente en los pasillos.

A él no se le permitía ir a los niveles más bajos del suelo del edificio. Su certificación de seguridad no era suficientemente alta, pero había oído historias de extrañas cosas pasando allí, pruebas militares, experimentación con extraterrestres, incluso manipulación genética.

Seokjin había pensado que las historias eran extravagantes, pero empezaba a pensar que podían ser ciertas. Los militares habían ocupado los niveles inferiores hacía tres meses atrás y las cosas habían estado extremadamente extrañas desde entonces.

Sacudió su cabeza, riéndose de sus locas ideas. El Dr. Lee Doyun había establecido el Instituto de estudio Uidon para hacer el análisis de la genética y sus efectos en el cuerpo humano o alguna mierda sobre eso. A él no le importaba mucho. Su posición ahí no era sobre una excitante carrera, solo era un trabajo.

Rápidamente apiló las sábanas limpias en los estantes, luego rodó su carrito afuera. A propósito, fue en la dirección contraria de donde el guardia estaba parado.

Encontrarse con él dos veces en el mismo día podría ser más de lo que podría manejar. Seokjin tenía una boca suelta y lo sabía. No pensaba que pudiera mantener su boca cerrada si se encaraba con el guardia por segunda vez. Conociendo su suerte, podría recibir un disparo en lugar de una despedida.

Seokjin se apresuró por el pasillo, llevando su carrito de vuelta hacia el área de lavandería, entonces salió a almorzar. Agarró su celular y su bolsa de comida y se dirigió a la cafetería. Esperaba en la fila para agarrar un jugo, entonces buscaría una esquina tranquila para comer su comida.

Hundiendo los audífonos dentro de sus oídos, Seokjin intensificó la música, aislando todos los sonidos a su alrededor. Metió mano a su almuerzo y mientras comía observaba fuera por la ventana. Él trabajaba en el turno de noche, entonces la oscuridad afuera no era una sorpresa.

Lo que lo tenía sorprendido era el nivel de actividad visible a través de las ventanas. Guardias armados corrían alrededor del portón principal. Un coche negro aceleraba por la entrada. El vehículo se detuvo ante la puerta de seguridad, luego se dirigió a través de ella.

Seokjin estiro su cabeza para poder observar. Un guardia abrió la puerta del vehículo y tres hombres de uniforme militar y un par más con trajes de negocios salieron. Hablaron con el guardia brevemente, luego caminaron dentro de las instalaciones.

«De acuerdo, esto es un poco extraño». Seokjin no pensaba que eso era normal, el tener visitantes en la noche. Él prefería ese turno porque el lugar era más tranquilo, la mayoría del personal se había ido a sus casas para la noche. Visitantes a estas horas, especialmente vistiendo uniformes militares y luciendo mucho más intensos, no podía ser algo bueno.

Seokjin volvió a comer. Visitantes o no, tenía trabajo que hacer y solo tenía diez minutos para terminar su almuerzo antes de tener que volver. A pesar de que solo era un ordenanza.

Quienes quieran que esas personas fueran, no significaban nada para él. Alguien tocó su hombro y saltó del susto. Se giró alrededor para encontrarse con su supervisor parado a su lado. Se sacó sus audífonos y esperó.

—Tan pronto como termine su descanso de almuerzo, Sr. Kim, me gustaría verlo en mi oficina.

—Uh, sí señor.

Su corazón empezó a latir de nuevo cuando observó al supervisor alejarse. Estrujó su cerebro, tratando de pensar alguna cosa que pudiera haber hecho para ser llamado ante el gran jefe pero se quedó en blanco. Hacía bien su trabajo. No llegaba tarde. Mayormente porque el último autobús hacia las instalaciones lo dejaba allí media hora antes que su turno empezara.

Los autobuses no empezaban su recorrido nuevamente hasta una hora antes que él saliera del trabajo.

Con manos temblorosas, Seokjin agarró las sobras de su almuerzo y tiró todo en el contenedor de basura. Apagó su celular, guardándolo dentro de su bolsillo y se dirigió hacia la oficina del supervisor. Todo el tiempo rezando que todavía tuviera un trabajo. Él llamó y esperó que le dieran permiso para entrar. El Sr. Yang contestó y Seokjin abrió la puerta y pasó adentro. El hombre estaba sentado detrás de una larga mesa, escribiendo en su ordenador.

Sin esperar una invitación, Seokjin se sentó en una silla de madera frente a él y esperó. Mientras lo hacía, miró alrededor de la habitación. La oficina parecía ser la típica oficina de un supervisor: una larga mesa, un archivador, una estantería con libros y un par de sillas.

La habitación era estéril con ningún objeto personal. A Seokjin nunca le gustó el tipo. «¿Pero qué podía hacer?» El Sr. Yang había estado en las instalaciones por años. El rumor decía que habían construido las instalaciones alrededor del hombre.

El Sr. Yang finalmente lo miró y él se abrazó a sí mismo por la pérdida de su empleo. Sus nervios no lo confortaron mucho cuando el hombre volteó abierto un expediente enfrente de él, y Seokjin reconoció que era su expediente personal.

—Ha estado con nosotros por casi seis meses Sr. Kim, ¿verdad?

—Sí, señor.

—Hmm y durante este tiempo, ¿ha trabajado como un ordenanza?

—Sí, señor.

El hombre cerró su expediente y cruzó sus manos juntas, mirando hacia Seokjin.

—¿Le gusta su trabajo, Sr. Kim?

—Bueno, no es algo que quiera hacer por el resto de mi vida pero supongo que estoy suficientemente feliz con ello por ahora —él sabía que probablemente no era la mejor contestación que pudiera darle a su jefe, pero no iba a mentirle. Imaginaba que el hombre era suficientemente listo para ver derecho a través de él si trataba de hacerlo. Entonces, ¿para qué se molestaba?

—Su supervisor inmediato tiene muy buenas cosas que decir de usted, Sr. Kim. Nunca ha llegado tarde al trabajo, nunca ha tomado ningún día por enfermedad y completa cada tarea por delante del tiempo asignado.

Seokjin retorcía sus manos juntas. Realmente esperaba que todas las cosas que el Sr. Yang decía fueran buenos indicios.

—Uh. Gracias, señor.

—Después de un largo debate, hemos decidido ascenderlo.

—¿Un ascenso? ¿Había un nivel más alto para ser un ordenanza?

—Sí, repórtese al ascensor sur —el Sr. Yang dijo—, un guardia lo escoltará hacia el nivel tres, donde recibirá un completo reporte físico, con las especificaciones para su nueva posición —el hombre le entregó su expediente personal y un pase rojo de seguridad—. ¿Tiene alguna pregunta?

—¿Uh, cuál será mi nuevo trabajo, señor? —Seokjin preguntó, completamente desconcertado. Por un momento estaba seguro que perdería su empleo, y en el siguiente momento había sido ascendido. Hablando acerca de una montaña rusa emocional…

—Eso le será explicado después del entrenamiento, Sr. Kim. Ahora váyase, lo están esperando.

—Sí, señor —Seokjin dejó la oficina de su ex-supervisor y caminó hacia el final del pasillo hacia el ascensor de la zona sur. Por su vida, no podía imaginarse cómo había terminado con un ascenso. Era un ordenanza, no hacía falta ser un genio científico para ser uno. Restablecía los estantes, hacía los recados y limpiaba. No estaba entrenado para nada más.

No estaba seguro de querer ir a la universidad, mayormente porque no sabía exactamente qué quería hacer con su vida. Creció en el sistema de hogares sustitutos, no le dieron un buen modelo de ejemplo para seguir.

Seokjin sabía que había buenos padres sustitutos ahí afuera; pero parecía haber estado en el lugar con unos que no se preocuparon por él más allá del dinero que el país suministraba para su mantenimiento. No fueron malos padres sustitutos, solo que no parecía importarles mucho.

Se fue de esa casa tan pronto como fue capaz legalmente hacerlo.

Después de su graduación de la escuela superior, había vagado por un par de años, trabajando en un empleo por un tiempo antes de moverse hacia el siguiente. Los seis meses que había estado en este trabajo era lo más largo que había estado empleado en un lugar.

En la mente de Seokjin, eso no era material de ‘ascenso’. Habían muchas más personas trabajando ahí con mucha más antigüedad que él. Entonces ¿por qué lo habían seleccionado?

Él reflexionaba las preguntas hasta que llegó al ascensor sur y se enfrentó a dos guardias armados que estaban allí. Seokjin levantó su mano con el pase rojo que el Sr. Yang le había dado.

—Se supone que debo reportarme al nivel tres.

Uno de los guardias tomó su pase y lo comprobó mientras que el otro se mantuvo de pie ahí, manteniendo sus ojos en Seokjin. Otra vez con una mirada espeluznante. Él escondió sus temblorosas manos detrás de la espalda, tragando el nudo formado en su garganta y tratando de mirar cualquier lugar excepto al guardia

Él pensaba que los hombres en uniforme eran las criaturas más sexys del planeta. Pasaba horas y horas viendo películas de guerra, mirando las revistas de militares y pasando tiempo inclusive donde los militares estaban.

Y luego tenía que volver al trabajo en el instituto. Al principio, Seokjin se había glorificado de todos los hombres musculosos que estaban rodeándolo, luego, poco a poco se había dado cuenta que esos que estaban en el instituto eran completamente idiotas y rápidamente perdió su fascinación.

Si no lo estaban acosando, estaban empujándolo alrededor y haciendo bromas de mal gusto. Seokjin sabía que no era un monstruo musculoso, pero no era exactamente pequeño tampoco. Parado, medía un metro setenta, pesaba alrededor de sesenta y tres kilos, así que era lo suficientemente grande.

—Ve por ese camino —el guardia finalmente terminó de examinar la nueva identificación de Seokjin.

Él levantó la vista, observando cómo el guardia insertaba una llave maestra dentro de una pequeña plataforma de seguridad y escribía un código alfanumérico.

Un momento después, las puertas del ascensor se abrieron para revelar dos guardias más. Seokjin fue introducido ahí. Una ola de ansiedad cercana lo forzó a dar un paso atrás en el ascensor. Esto no valía la pena por ningún trabajo, pensó, pero alguien pulsó el botón y las puertas del elevador se cerraron antes que pudiera moverse. Podían ver el sudor que corría por su sien. Él seguro lo podía sentir.

El viaje en ascensor parecía no terminar nunca, lo que encontró muy extraño. Solo había seis pisos en el edificio entero, tres de ellos en los niveles del sótano. Los militares ocupaban los tres últimos. No debería de haber tomado más de unos pocos minutos para llegar a alguno de ellos.

Finalmente, el ascensor se detuvo. Las puertas se empezaron a abrir. Seokjin observó a dos guardias más armados fuera de las puertas. Tres más esperaban directamente a través de ellos. Uno de los hombres dio un paso adelante.

—¿Kim Seokjin?

—Sí.

—Ven por este camino, por favor.

Él siguió a los guardias, dos más siguiéndolos detrás de ellos. Los pasillos que atravesaban caminando lucían rígidos. Las paredes eran blancas. Las puertas alineadas al corredor eran blancas. Incluso los azulejos en el piso eran blancos. Todo parecía ser voluminosamente blanco.

La única cosa que aliviaba la dura falta de color eran Seokjin y los tres guardias que lo escoltaban.

Espeluznante, pensó y ¿qué implicaría su nuevo trabajo? ¿Por qué podrían necesitar un ordenanza?

—Espera aquí —el guardia dijo mientras abría una puerta y gesticulaba para que él entrara.

Seokjin entró en la habitación, rápidamente mirando alrededor. De nuevo el blanco en todos sitios. Estaba empezando a ver un tema en el esquema de color.

La decoración del cuarto era tan estéril como el pasillo. Una cama de examen situada en el medio de la habitación. Gabinetes con mango de metal corrían a lo largo de una pared. En otra pared tenían un fregadero y una encimera. Más allá solo una simple silla, no había nada más.

Seokjin trató con el armario pero se encontró con que estaba cerrado. Podía ver pequeños frascos de material y bandejas a través del cristal ahumado, pero no podía ver qué eran. Vagó alrededor de la habitación por algunos minutos, a un ritmo que incrementó su nerviosismo.

Cuando la puerta se abrió y un hombre con una bata de doctor entró, él casi saltó de su piel. El hombre tenía un portapapeles y parecía estar leyéndolos y haciendo notas.

—Soy el Dr. Shin. ¿Eres Kim Seokjin? —el hombre preguntó mientras levantaba la mirada.

—Sí.

—Por favor, desvístete y acuéstate en la mesa.

—¿Disculpe? —seguramente no había oído lo que doctor pensaba que había oído.

El hombre onduló su mano hacia él. —Quítate la ropa y acuéstate en la mesa, necesito examinarte.

—¿Por qué?

—Esto es para tu beneficio, Sr. Kim —el Dr. Shin dijo y caminó hacia la encimera—. Necesito poder evaluar tu nivel de salud.

—Estaba perfectamente saludable siendo un ordenanza antes —Seokjin contestó—. Debería estar perfectamente sano siendo un ordenanza ahora.

—¿Ordenanza? —el hombre se echo a reír—. ¿Quién te dijo que ibas a ser un ordenanza?

—Mi supervisor, el Sr. Yang. Dijo que había sido ascendido.

—Oh, esto es divertido —el hombre se echó a reír de nuevo—. No pienso que haya oído esto antes. Tendré que recordarlo. Mis colegas podrían encontrar esto muy entretenido. Ahora, desvístete y sube a la mesa, muchacho. Necesito completar mi examen.

Él empezó a retroceder hacia la puerta. —No lo haré, creo que prefiero pasar del ascenso y volver a mi otro trabajo.

—Me temo que eso no va a ser posible, Sr. Kim, ya has sido elegido.

—¿Elegido para qué? —Seokjin preguntó y dio un par de pasos más hacia la puerta. Estaba empezando a pensar que alguien estaba jugándole una gran broma. O eso, o este tipo estaba loco.

—Todo a su tiempo, querido muchacho —el Dr. Shin dio unas palmaditas a la mesa de examen—. Ahora, quítate la ropa.

Seokjin negó con su cabeza, de ninguna manera, no había forma de que hiciera eso. El doctor, tan loco como una cabra, estaba echando un vistazo a su parte inferior. «Ni por todo el oro del mundo». Él agarró el picaporte de la puerta y la abrió. Se giró para correr y se golpeó con una sólida pared de dura carne.

A Seokjin le tomó solo un momento el levantar la vista y ver la cara de un guardia antes que el hombre lo levantara y lo colocara en la mesa de examen. Él trató de escapar, luchando, golpeando y mordiendo pero unas fuertes manos lo agarraron, manteniéndolo abajo hasta que el doctor envolvió restricciones alrededor de sus brazos y piernas.

Una vez que estuvo asegurado en la mesa, el doctor tomó un pequeño frasco de líquido claro de la encimera. Se dio la vuelta, moviendo la cabeza mientras pegaba una jeringa en el tapón de goma de la botella y tiraba hacia atrás el émbolo para llenar el tubo.

Seokjin observaba, con los ojos abiertos y sin palabras cuando el doctor limpió un lugar en su brazo con un algodón mojado en alcohol, entonces insertó la aguja y el líquido ingresó a su brazo.

—Esto podía haber sido mucho más fácil para ti Seokjin —el hombre dijo—. Solo tenías que cooperar. Ahora tenemos que hacer esto de la manera más difícil.

Él trató de protestar, pero su lengua empezó a sentirse rara, como pesada, y se mantenía pegada en lo alto de su boca. Su cabeza empezó a sentirse mareada, tan mareada que no podía levantarla. Cuando el guardia lo liberó de sus restricciones y empezó a cortar sus ropas, Seokjin trató de detenerlo, pero sus brazos no se movían. Nada trabajaba.

Después de eso, las cosas parecían borrosas, sabía que algunas personas entraron y se fueron, sabía que inyectaron una jeringa en su brazo un buen número de veces más. Pensó que tomaron sangre en algún punto pero no tenía la fuerza para levantar su cabeza para ver.

Todo lo que Seokjin podía hacer era estar acostado ahí, mientras la gente hacía cosas en él: insertaban sondas, sacaban fluidos corporales, le daban inyecciones y lo examinaban desde la cabeza a los pies por dentro y por fuera. Se sintió invadido, atacado, pero no podía hacer nada para quejarse.

Alguien empujó su cabello negro atrás de su frente, Seokjin levantó la vista para encontrar que el doctor se inclinaba sobre él. Se quejó de miedo. El hombre estaba sonriéndole como si estuviera orgulloso o algo por el estilo.

—Lo has hecho muy bien, Seokjin —el Dr. Shin dijo—. Voy a darte algo para ayudarte a dormir y luego te llevarán a tu habitación a descansar. Voy a revisarte en un par de horas.

Él trató de mover su cabeza, gimiendo cuando sintió un pequeño pinchazo de la aguja entrando en su brazo de nuevo. En unos instantes, sus ojos empezaron a pesarle y solamente quería dormir. Vio dos guardias caminar dentro de la habitación justo antes que perdiera la habilidad de mantener sus ojos abiertos.


Yisha

6 de Septiembre de 2021 a las 21:46 0 Reporte Insertar Seguir historia
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