nayelis-martinez1627048699 Nayelis Martinez

Los hermanos Min, ambos menores de edad llegan a un viejo orfanato a las afueras de la ciudad. Luego de la muerte de sus padres y vagar desamparados durante años por las calles encuentran la esperanza de iniciar con una nueva familia en un desconocido. ¡Eres un estúpido Min Taehyung! Debiste escuchar a tu hermano cuando se negaba a acceder a la propuesta de un desconocido. ⚠️⚠️⚠️ . Parejas principales ~ KookV / YoonMin . Team versátil🕴️ . Contenido +18 Nota: Si a usted no le gusta nada de lo señalado previamente sáquese, no es mi pedo :v Es mi primera historia seriamente hablando XD soy nueva en esta wea así que tengan paciencia 🙏🏻 (También en Wattpad)


Fanfiction Libros Sólo para mayores de 18.

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Capítulo #1

Narrador omnisciente


8:30 PM

En algún lugar de Corea a las

afueras de Daegu.


Las ruidosas llantas de aquel viejo coche chocando y rebotando contra las rocas y baches de aquella malograda carretera era la única melodía que acompañaba a las tres personas que mantenían total silencio mientras se dirigían a su destino.



Dos jóvenes y un hombre de posiblemente unos 40 años mantenían un poco cómodo silencio desde hace unas 3 horas. Ninguno decía palabra alguna, puesto que no sentían la necesidad de comunicarse en éstos momentos, ya todo lo que debían saber hasta ahora estaba más o menos aclarado, lo demás era cuestión de paciencia. Estaba bien, no habría de desesperarse porque todo tendría su tiempo y a partir de ahora las cosas iban a ir de maravilla ¿no?

—¿Neko?— preguntó el hermano mayor al chiquillo que había caído rendido en las piernas del otro sin darse cuenta unos minutos atrás —Me dejaste solo— murmuró con una pequeña risita apenas audible.

Hace unas horas atrás el menor había prometido mantenerse despierto y grabar en su memoria todo el camino hasta ese lugar, cosa que era imposible desde un inicio porque giraron tantas veces mientras salían de la ciudad que ambos inocentes ya se preguntaban si seguían en el mismo país por lo menos. Sonaba exagerado, pero para dos pobres diablos que solo conocían los mismos barrios toda su vida visitar otra localidad era la gran cosa. Todo es grande cuando no conoces nada.



—No te preocupes... — El que manejaba arrastró sus palabras dando a entender al chico que aún no se grababa su nombre —Taehyung— completó el joven, el otro asintió.

—Cuando lleguemos al orfanato podrán dormir cómodos, cada uno tendrán sus respectivas camas y comerán algo apenas lleguemos, yo también tengo hambre— aseguró.


—Muchas gracias, usted ha sido muy bueno con nosotros señor Jung, le prometo que vamos a portarnos bien y no seremos una pérdida de tiempo.

—De seguro que no— echó una breve mirada a través de espejo retrovisor del auto, y por las arrugas que se formaron en las esquinas de sus ojos el chico supo que le había sonreído —hasta podría adivinar que tú serás uno de los favoritos en el lugar, al señor Jeon le agradan los chicos obedientes como tú.


~Taehyung~



—Oh, eso me hace sentir halagado y algo nervioso— contesté.

Aunque no lo iba a decir en voz alta, estaba más que feliz de que mi vida y la de mi hermano vayan a cambiar de manera radical, tenía el presentimiento de que por fin íbamos a ser adoptados y conoceríamos a personas mayores que nos querrían como sus propios hijos, sabía que no todos eran malos en el mundo. Neko va a leer todos esos libros que siempre quiso ¡Y nos íbamos a bañar! Tomaría duchas y comeríamos alimentos tres veces al día, y si teníamos suerte también postres, el último postre que había probado fue ese trozo de pastel de limón que le robé a aquella pareja que estaba sentada en el pequeño balcón de un restaurante. No fue mi culpa que se pusieran tan empalagosos mientras ese dulce manjar esperaba a ser comido justo en medio de la coqueta mesita redonda. Al final, luego de una intensa carrera por los callejones me había salido con la mía, claro, con un par de golpes cortesía de los empleados del local más unas cuantas palabras ofensivas por ladrón, pero era mejor eso a morir de hambre junto a mi hermano. Recuerdo que ese día detrás de un contenedor de basura sentados en un pedazo de colchoneta celebré junto a él nuestros cumpleaños y navidad por atrasados, porque no teníamos el lujo de hacer fiestas cada día especial al igual que las personas normales.

Recordando ese bonito momento caí rendido minutos más tarde.



[...]



Un movimiento un poco brusco causó que despertara asustado, miré hacia ambos lados tratando de procesar dónde estaba hasta que sentí un pequeño peso en mi hombro izquierdo, era la cabeza de Yoongi.


—Ah— llevé mis manos hasta la larga cabellera de mi hermano para acariciarle un poco


—disculpa por despertarte, ya estamos llegando— miré hacia ambos lados distinguiendo entre las pocas luces en medio de la noche de que estábamos en lo que parecía ser un pueblo algo... ¿apagado? Aunque el señor Jung había dicho que era un lugar mas tranquilo comparado al vivíamos anteriormente no esperaba que fuera tan literal. Algunas casas estaban poco iluminadas y otras mantenían un aspecto tradicional, ¿Hanok? Creo que recuerdo haber escuchado de mi padre esa palabra.

—Sería bueno ir despertando a tu hermano, ya descansará después— asentí y dejé de mirar por las ventanillas para empezar a remover los brazos del pequeño dormilón a mi lado.

—Neko— me separé de él para tomarlo de los hombros y seguir removiendolo con más energía —ya estamos llegando y no te llevaré cargando por todo el lugar.

—Mmh— se frotó los ojos con pesadez —¿dónde estamos hyung?— su voz sonó más ronca debido al tiempo que llevaba dormido —ya estamos llegando, y conociéndote no te querrás perder los detalles del lugar mientras estás dormido— aseguré.

—Si, lo que digas— podría jurar que en ese momento había rodado los ojos a pesar de la poca iluminación —no debiste dejar que me durmiera así— me reprochó con falsa voz acusadora. Ya empezó —Seguro me hubiera grabado todo el camino por si debíamos volver.


—Si claro... Megamente— me burlé, por lo que recibí un pequeño codazo de su parte en mis costillas.


—Hey, no te pases enano— le devolví el codazo con un poco más de fuerza.


—¡Pero tú te burlaste de mí y sabes que no me gusta ese apodo!— se encogió en su asiento fingiendo dolor mientras se acariciaba en el lugar.


—Te he dicho de debes aprender a respetar a tus mayores.

—Llegamos jóvenes— interrumpió el hombre y con el movimiento de nuestros cuerpos inclinándose hacia adelante por un breve momento cuando el auto frenó confirmaron sus palabras.

Ambos no perdimos tiempo y bajamos del auto, claro, luego de intentar abrir las puertas jalando y tocando todo lo que podíamos, pero con una pequeña ayuda del mayor lo pudimos hacer, era vergonzoso pero entendible las veces en las que habíamos tenido la oportunidad de ir en coche, una.

Salí con movimientos un poco apurados y torpes, alzando la mirada para encontrarme con una enorme portón y ancha pared que supuse era por seguridad, algunas luces colgadas en la cima de ésta iluminaban en dirección hacia el suelo cubierto de pasto cerca de donde estábamos. Al mirar hacia atrás pude notar que el lugar estaba es casi escondido entre los árboles, por lo que solo se veían algunas luces en la lejanía que suponía eran del pueblo.
—Hyung— llamó mi menor tomando mi brazo, miré hacia un costado encontrándome con sus ojitos mirándome con algo de temor y los labios levemente estirados —Esos tipos— señaló detrás de mi.


Rayos tragué en seco al mirar algunos hombres con cuerpo de gorilas casi encima de nosotros ¿de dónde rayos salieron? dos de ellos nos escaneaban a cuerpo completo con la mirada y otro más moreno después de echarnos un breve vistazo se dió la vuelta para hablar algo con el señor que nos había traído. Neko ahora estaba pegado como pulguita en mi torso.


—Con que éstos son los nuevos... — habló uno de ellos mientras se llevaba las manos a los bolsillos —por lo que veo los Choi al fin van a tener el regalito que estaban esperando hace unos meses— prosiguió el otro con la burla pintada en el rostro.

—Ya cállense y lleven a los nuevos internos con la superiora— cortó el que suponía yo era el que mandaba allí. Es que con solo mirar esa máquina de hombre me sentía como una hormiga.


Recuérdenme no robarle comida a él más adelante.

—¿Tu que miras?— Me preguntó alzando una ceja ya que seguía como bobo mirándole directo al rostro —muévete mocoso— el cara dura hizo un gesto con la cabeza haciéndome entender que ya deberíamos ir entrando por aquel portón negro que ahora se encontraba abierto. —Tae— Neko jaló la manga de lo que quedaba de mi camiseta para llamar mi atención.


—Disculpe— con una pequeña reverencia me di la vuelta y tomé la mano de mi hermano para caminar sintiendo las miradas de esos gorilas en mi nuca.



~Neko~



¿Se podía ahorcar por las las manos? Porque mi hermano me iba a matar mientras caminábamos dentro del lugar —No es necesario que me aprietes tanto— me quejé en voz baja mientras caminábamos por un sendero que conducía hacia ese edificio enorme. —Lo siento— se disculpó el bobo y me soltó.


Aún me encontraba un poco cansado y me dolía la espalda debido a la mala posición en la que había estado dormido hace un rato, pero no estaba en posición de andarme quejando tampoco. Miré con disimulo hacia atrás varias veces para echarle el ojo a esos dos tarados que nos seguían como si fuésemos reclusos, el de pelo rojo en una al parecer notó mi mirada sobre ellos y llevó su mano hacia sus bolsillos traseros para una cosa metálica y alargada ¿Eso es un puñal?


Hice una mueca de asombro y voltee mi rostro hacia adelante para caminar un poco más rápido sin caerme en el intento.


—¿Te pasa algo?— preguntó Hyung —No, nada— corté rápido sin mirarle a la cara ¿En los orfanatos hay hombres que parecen sacados de película de terror con armas?


Con el pensamiento a la cabeza llegamos a un gran edificio de color blanco que tenía pinta de uno de esos hospitales de la ciudad, al mirar bien podía adivinar que tenía dos plantas y también todo estaba rodeado con pasto. Habían plantas de jardín rodeando toda su extensión y uno que otro árbol se distinguían por la luz de los faros. Hacia mucho frío pero ya estaba acostumbrado así que no era problema.


Entramos al silencioso y ordenado lugar cuando los dos dos que nos seguían se nos habían adelantado para abrir la puerta, dejando ver un enorme salón de color salmón con algunas puertas a los costados, otra al frente del mismo tamaño de la que habíamos entrado, unos amplios escalones que llevaban a la segunda planta y una cosa parecida a esas que tenían los hoteles con chicas esperando a recibir clientes, solo que ésta vez había un muchacho aparentemente más jóven que los tarados que nos habían traído hasta acá y algunas otras monjas caminando de aquí para allá. A diferencia de casi todos en el lugar los tres hombres que nos recibieron llevaban ropa casual.

—¿Donde está la superiora? dile que llegaron los nuevos - dijo el tarado de pelo negro.


—¿Acaso somos tan famosos?— murmuré de mala gana ganándome la mirada de todos allí. Yo y mi bocota.


Miré a Tae quien estaba a mi lado pidiéndole auxilio con la mirada pero este le aplicó el sálvate solo, volteando la cabeza haciéndose el desentendido.


—Veamos— el tarado de pelo rojo se acercó a mí con una pequeña sonrisa que se iba desvaneciendo a medida que se inclinaba hacia adelante para quedar a mi altura. —No me caes bien piojo, y dicen que cuando el río suena es porque agua trae— entrecerró sus ojos con su cara a pocos centímetros de la mía. Vaya, es si sabía dar miedo. —No te pases de listo si quieres conservar tu lenguita y tus sucios dientecitos en su lugar— creo que me haré pipí.


Tragué seco. Si anteriormente era pequeño ahora juraría que me veía aún más delante de ese psicópata.


—¡Lo sentimos señor! —interrumpió mi hermano llamando la atención del tarado pelirrojo ahora psicópata. —Es que mi hermanito solo está un poco asustado— le hubiera discutido eso pero ahora era mejor esconderme detrás de su espalda, claro que sí.


—Ya puedes divertirte con el más tarde Hoseok, tienen que llegar vivos— Interrumpió para mi suerte el tarado de pelo negro, —Y enteros— agregó. Seguramente se refería a ese puñal con el cuál ahora el loco jugueteba mientras me miraba. No hacía falta pensar mucho para adivinar a qué me quería rebanar con el objeto.


—¿Y tú Baek que tanto miras? No te mandé a buscar a la jodida superi-

—Cuida tus palabras Chanyeol.


Una señora mayor, de unos 35-40 años apareció en el lugar, al igual que las demás mujeres del lugar ésta llevaba su vestimenta de monja pero con un colgante con una cruz grande de color marrón en su cuello. Mientras caminaba hacia nosotros a pasos firmes me había quedado perplejo al mirar claramente un cigarro entre sus labios, ¿Un cigarro? ¿Una monja fumando? No se suponía que eran como ángeles y tan dulces como el pastel? A mí nadie me engaña, ella no era de fiar. En ese momento Taehyung y yo teníamos una competencia sobre quién quedaba más tieso.

—Lo siento señora— se disculpó el tarado de pelo negro haciendo una rápida reverencia. Quería burlarme pero no era el momento. —Manda a decir Nam, que-


—Largo— cortó la mujer y ambos salieron derechitos perdiéndose por no se dónde. Volteó hacia nosotros ahora poniéndonos atención.


—Vaya vaya, ¿que tenemos aquí? Cuando se acercó lo suficiente a nosostros por respeto salí de la comodidad de ocultarme detrás de mi hermano y terminé junto a el en unos dos pasos. —Ustedes serán muy buenos, muy buenos— repitió mientras se sacaba el cigarro de la boca y se lo daba a ese chico que vimos cuando entramos. —El señor Jung trajo buena mercancía— eso sonó mal...

—¿Cómo te llamas niño?— le preguntó a Taehyung con una gran sonrisa de esas que no te hacen gracia.

—T-ta Taehyung señor— contestó claramente nervioso jugueteando con sus dedos.

—¿Y él?— me miró a mi. —¿Es tu hermano verdad?— extendió una de sus manos para acariciarme el pelo y quitar algunos de los mechones que caían desordenados por mi frente, analizándome cada poro. Miré hacia otro lado incómodo.

—Si señora, es mi hermano menor, se llama Yoongi— apartó su mano de mi pelo. No me gusta que me llame por mi nombre delante de otros.

—Bien, ¿Que edad tienen?

—Diecisiete y catorce— contestó ahora menos nervioso y sin parecer un CD rayado.

—Es todo lo que necesito saber hasta ahora, vengan conmigo— se dió la vuelta para caminar por donde había llegado con las manos cruzadas en la espalda. Ambos caminamos detrás de ella sin rechistar dejando nuevamente solo al otro chico.

Cuando atravesamos el gran salón y salimos juntos a ella por esa otra puerta al parecer habíamos llegado al patio trasero, enorme por cierto, pero menos iluminado que el del frente. Pude notar en seguida que la gran pared en realidad encerraba todo el lugar y habían dos grandes edificios que se podían ver a los laterales del lugar, éstos eran iguales pero un poco más altos que el anterior del cuál habíamos salido hace un momento. Seguimos caminando hasta el centro del lugar por un sendero entre algunos árboles, habían algunos bancos y otras cosas que no pude distinguir bien por la falta de luz y la lejanía, pero ya tendría tiempo de explorar mañana.

—Ya es tarde y todos los demás están durmiendo, así que pasarán directamente a bañarse, cenar algo y luego a sus respectivas habitaciones. Ya mañana los prepararemos para sus actividades y demás— aclaró la mujer mientras caminaba a pasos firmes y nosotros le seguíamos.

—¿Dormiremos juntos? Preguntó Taehyung.

—No— cortó ella, —las habitaciones se dividen por edades, menores de 15 años dormirán de un lado y los mayores en otro, no salidas luego del toque de queda, no gritos, y no desobedecer a los mayores del lugar.— su voz a pesar de estar calmada eran de esas que te transmitían un "no me cuestiones" en todo su esplendor.

Ni mi hermano ni yo respondimos, ambos no éramos de mucho hablar aunque Taehyung obviamente era más abierto que yo, pero obviamente estábamos en desacuerdo con esa respuesta, porque en ningún momento a pesar de las circunstancias en las que vivíamos no nos habíamos separado para dormir. Ahora empezaba a tener más miedo de lo que podría pasar. —Tranquilo— susurró Tae entrelazando su cálida mano con la mía para tranquilizarme sabiendo lo tenso que me encontraba por esa respuesta.

Doblamos hacia la izquierda por otro sendero que se dividía en dos justo en el centro del lugar, supongo que eran los dormitorios.

Yo no quiero separarme de él, ¿y si le hacen algo? Eso quiere decir que dormiré solo o con con otros desconocidos de mi edad, ¡yo no quiero! ¡Quiero a mi hermano!

La señora abrió sin perder tiempo las puertas del edificio y nos dió espacio para pasar —Yiren— llamó mirando en dirección hacia dos señoritas que estaban entretenidas hablando sentadas el el pie de unos escalones. Una de ellas se acercó de inmediato. —llévalos a darse un baño. cámbiales esos harapos y quémalos, ya sabes dónde está la ropa, dales algo de comer y a la cama. Para el mayor habitación B-48, el menor A-17- sus órdenes fueron claras. La otra chica que se había quedado sentada también se acercó a nosotros mientras la que se llamaba Yiren asentía y despedía a la mayor.

—Si señora, ahora mismo lo hacemos.

—Bien, me voy— dió la vuelta para irse pero a los dos pasos se detuvo como si hubiera olvidado algo y luego se volvió hacia nosotros. —No causen problemas y odezcan. A pesar de que tienen apariencia de selva ustedes no parecen mocosos revoltosos así que no me decepcionen linduras. —me pellizcó suavemente una mejilla mientras le dedicaba una pequeña sonrisa a Tae —nos vemos— finalizó para ahora sí marcharse.

—Bueno, por aquí por favor— la chica... Yiren, según esa mujer la había llamado hizo un ademán con las manos para que la acompañáramos y la otra nos siguió las espaldas.

Ninguno dijo nada todo el camino mientras subíamos los escalones hasta la segunda planta, ni cuando cruzamos unos largos pasillos blancos con puertas de madera con números raros en el medio y algunos cuadros con pinturas de ángeles, animales y paisajes coloridos pero nada de eso me hacía sentir más tranquilo.

—Entren aquí, espero que recuerden estos pasillos bien porque solo hay un baño por planta y son comunes— ambos nos miramos avergonzados.

No quiero que me vean mi traserito

Entramos al baño con azulejos en cerámica de color blanco también. ¿Acaso están obsesionados con el color blanco? pensé mientras miraba el lugar. Varias duchas en fila divididas por un corto muro que supongo era para tener un poco más de intimidad, al otro lado habían algunos cubículos y un espejo al fondo.

—Quítense la ropa por favor— momento de terror... Oh no, nadie a parte de mi hermano me iba a ver mis cositas. Negué con la cabeza sabiendo que mi cara estaba como un tomate ahora y luego miré a mi hermano suplicándole con la mirada que hiciera algo. El suspiró resignado y volteó a ver a las chicas.

—Ehh— llevó una mano hasta su nuca sin saber cómo decirlo de la manera correcta. —¿pueden dejarnos solos? Nunca nos hemos bañado delante de alguien— ¿Alguna vez nos habíamos bañado? Dejando a parte el agua de lluvia cuando no teníamos tiempo para refugiarnos bajo algún techo o las fuentes de agua en las que lavamos nuestras caras cada que teníamos la oportunidad.

La señoritas se miraron como si buscaran la respuesta el los ojos de la contraria por unos segundos hasta que una de ellas asintió no muy convencida. —que sea rápido, no juegos en el baño— ambos asentimos conforme por la respuesta, a diferencia todos los demás caraduras ellas dos se mostraban más sencillas con nosotros.

—15 minutos, pongan su ropa en una esquina— señaló hacia una canasta —en aquellas gavetas hay toallas, solo usen una y repito, no pierdan tiempo. ¿Ok?— Asentimos nuevamente.

Antes de irse nos enseñaron cómo abrir y cerrar las duchas, donde estaban unos pedazos de jabones con olores neutros, esponjas y si queríamos hacer nuestras necesidades usáramos alguno de esos cubículos.

Cuando cerraron la puerta ambos nos miramos extrañados. —Todo eso fue raro Hyung— susurré para que no nos escucharan.

—Si— Tae susurró de vuelta pero sonrió —Por lo menos ellas parecen más agradables, pero no perdamos tiempo, tenemos que bañarnos, muero de hambre— empezó a quitarse la ropa.

—Si, pero esos locos me tienen nervioso Hyung, viste esos tres tarados con cara de cara de asesinos y no me digas que una monja con cigarro es normal, nos llamó mercancía. —yo también le imité caminando hasta la ducha.

—Ya deja de cuestionar todo, talvez sea una nueva forma de quemar incienso para rezar.

—No seas estúpido Tae— rodé los ojos y tiré las ropas sucias a la canasta. —¿Desde cuando el incienso se fuma? Tu eres mayor que yo, deberías ser más instrudido.

—Quisiste decir instruído?— se burló y crucé los brazos ofendido pero no dije nada.

Ya ambos desnudos abrimos el paso de agua y ésta cayó fría sobre nuestros cuerpos -¡Brrrr, ay maldición está fría!- ambos empezamos a temblar.

—Escuchamos eso, quedan 5—se escuchó al otro lado de la puerta y al instante dejamos el drama para empezar a lavarnos.


~Taehyung~



Al cabo de unos minutos ya estábamos limpios. Tuve que ayudar a Neko a tallarse con la esponja en algunos lugares donde sus bracitos no alcanzaban, luego lavarle el pelo para luego seguir con el mío, darse una ducha resultaba tan reconfortante para ambos que ya tenía miedo de no volver a hacerlo de nuevo, pero todo estaría bien, porque estábamos a salvo y seríamos amados y aceptados.

—Supongo que ya terminaron— Las mujeres irrumpieron mientras nos secábamos con la toalla, una tenía algunas prendas limpias en la mano y otra unos calzados. Neko se escondió detrás de mí ya que yo era quien tenía la toalla en ese momento


—Vístanse rápido— a cada uno nos pasaron un unos pantalones y camisas de la misma tela suave y color azul oscuro que parecían pijamas, bóxers y esos zapatos bajos que no sabía cómo se llamaban, pero veía a muchos estudiantes usarlos en tiempos frescos para ir al colegio.

Obviamente no nos iban a dar más tiempo de privacidad así que nos cambiamos avergonzados delante de ellas mientras ellas esperaban mirándonos con algo de impaciencia, querían salir de nosotros rápido.



[...]




Debía admitir que nunca me había visto tan bien, y quise llorar al ver lo tierno que se veía mi hermanito con su largo pelo mojadito goteando, esa ropa que le quedaba grande debido a su tamañito y delgadez y sus mejillas rojas por la vergüenza. Aunque ambos estábamos flacuchentos el siempre mantenía su carita rendondita con mejillas regordetas.

—Espero que no se hayan maravillado por por estar solos hoy porque son muchos y se bañan en los mismos horarios.

—Entendido

—Vengan a comer algo.

Las seguimos nuevamente por los pasillos del lugar, hasta un pequeño cuartito en la tercera planta que tenía una mini cocina con una mesa en el centro. La otra chica del cuál no sabía su nombre se movía por aquí y por allá buscando unas cosas, pude ver cómo vertía una cosa blanca y pastosa en dos bowls luego de calentarla en la estufa de dos hornillas.

Yiren nos invitó a tomar asiento en las sillas frente a la mesita, obedecimos sentándonos tan juntos como sardinas en lata a pesar de que sobraba espacio. Las chicas no dijeron nada, solo alzaron los hombros y nos sirvieron en bowls esa cosa pegajosa.

Bien, la cosa pegajosa blanca era avena, no es como si esperara pizza o algo por el estilo así que por lo tanto comimos callados. Sentir como cada cucharada bajaba calentita hasta mi estómago y sentirme lleno fue una de las mejores sensaciones que tuve en mucho tiempo. Aunque era algo incómodo comer con dos pares de ojos mirándonos fijamente, las manos entrelazadas con mi hermano por debajo de la mesa y el placer de comer hacían las cosas más pasables.

—Gracias por la comida— hice una pequeña reverencia al terminar y apreté la mano de Neko para que me imitara.

—Bien, ahora cada quien a su cuarto, Miki,el mayor al B-48 como dijo la superiora, yo me encargo de el menor.

—Tae— Neko reaccionó rápido pegándose a mí como pulguita cada vez que tenía miedo, era entendible pero era peor desobedecer.

—Estarás bien pulguita— levanté su cabeza obligándolo a mirarme a los ojos —mañana nos vamos a juntar de nuevo, sabías que ésto iba a pasar, la señora lo dijo hace rato, pero ahora se un hombre valiente y ve a tu cuarto, recuerda rezar antes de dormir.

El asintió pegando su cabeza de nuevo en mi pecho y correspondí como pude con un abrazo y un beso breve en su ahora limpia cabellera.

—Ve, o me voy burlar de ti por cobarde— reí.

—Eso nunca— se separó de mí para ir al lado de la otra chica, no dijo más nada ni me dejó ver su rostro de nuevo. Así era Yoongi, era la cosita más tierna del mundo pero nunca lloraba delante de nadie cuando estaba triste o asustado, todo lo cuestionaba, era un orgulloso de primera y raras veces se abría con otros. A veces nos metíamos en problemas cuando se molestaba y se le escapaban algunas maldiciones hacia los adultos o enojaba cuando lo llamaba pulguita o Megamente y me quería golpear pero solo inflaba sus cachetes rojo de rabia.

Cuando ya los habíamos perdido de vista mi corazón se quería romper en dos, pero debía ser realista y aceptar que no íbamos a estar todo el tiempo dependiendo del otro, eso no es sano. Caminé detrás de la chica por donde habíamos llegado para doblar por otro lugar más largo que no conocía hasta llegar a una puerta con un B-48 pintado en el centro, Miki sacó una llave con curvas raras y a abrió la oscura habitación dejando que entre un poco de luz proveniente del pasillo. Solo pude divisar un camarote de madera dos plazas a un costado y una mesita pequeña del otro lado. Por suerte había una ventana que dejaba entrar la luz de la luna y aire fresco a allí. Entré a pasos lentos y luego de una breve indicación de cuál era mi lugar escuché el ruido de la puerta al cerrarse detrás de mi.

Suspiré bajito y empecé a caminar hasta el camarote para acostarme de una buena vez, pero sentí un escalofrío recorrer toda mi espina dorsal al escuchar unos leves ronquidos provenientes de la parte superior de éste. Bendito susto.

—Debe estar durmiendo alguien— murmuré lo obvio. Alcé la cabeza para confirmar notando el bulto enrollado entre sábanas que subía y bajaba lentamente por su respiración.

—Bien Min Taehyung, solo cállate y duérmete, mañana será un día largo pronto verás a tu hermano— me tumbé despacio en el suave colchón y utilicé mis manos como almohada, pero no pude evitar pensar un buen rato en todo lo que había pasado esta noche. En cómo estaría mi pequeño hermano ahora mismo, las palabras raras de esos mayores y lo que nos depararía el futuro. Recé un poco y luego bostecé dejando que el cansancio me ganara. Mañana serían buenos días.

Oh, no podrías haber estado más equivocado Taehyung...

Porque a pesar de todo no me había detenido a pensar en que ya las personas no hacían caridad porque sí, todo tiene su precio, yo lo conocería y pagaría las consecuencias por ser tan confiado.



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Es todo very loco por ahora XD
A medida que vaya siguiendo la historia ya irán entendiendo y les iré dejando las fichas con los personajes.



Como es mi primer fic acepto cualquier crítica y corrección, espero ir mejorando está joyita con el tiempo :3


Bye 🕴️

4 de Septiembre de 2021 a las 02:16 0 Reporte Insertar Seguir historia
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