loliberto Pablo Macías

Lidy es una Súcubo de bajo rango, rebelde y deforme; Jack, por su parte, es una basura humana, amoral y aprovechada. Ahora están pegados el uno al otro, ¿Qué como acabaron unidos?, Eso no es tan importante, si no saber cómo se van a separar antes de que el cielo o el infierno los alcancen... Conoce su viaje en esta comedia de humor negro.


Humor Humor negro Sólo para mayores de 18.

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Las vidas del Súcubo y el timador


Con el viscoso y asqueroso sonido hubo vida, un cúmulo de aberraciones nacieron, aquel grotesco y anti natural proceso volvió a suceder.

Dentro de aquella espaciosa y húmeda habitación, inundada de un asqueroso olor a sulfuro y aire caliente, dos seres presenciaban ésta atrocidad, estos homúnculos, mientras hablaban sobre el tema.


- "Odio ese ruido"


Se quejó un hombre maduro, de unos aparentes 50 años.

Este "hombre" era fornido y alto; sus cuernos, que brotaban de sus sienes, se torcían abruptamente hacia arriba, similares a los de un toro. Su piel grisácea y ligeramente arrugada junto a su pelo y barba plateada no ocultaban su edad, un hombre maduro en toda regla, incluso sus inclinadas alas empezaban a demostrar que sus mejores años ya habían pasado. Aunque, a pesar de esto, era un hombre temido por cualquiera que conociese al menos un poco del infierno.


- "Solo lo oyes una vez cada siglo, aguántate"


Dijo la mujer que lo acompañaba, ella, con una piel igual de grisácea, lucía un cuerpo voluptuoso y curvilíneo, alas grandes y fuertes, cuernos curvos y un largo y sedoso cabello negro que caía plácidamente hasta la altura de sus caderas, para muchos, una mujer perfecta. Su vestimenta iba a la par de su apariencia, un largo vestido rojo con aberturas en varias partes del cuerpo, mostrando el escote y el ombligo. Sobre su cabeza se hallaba una corona, complementando su apariencia perfecta.


- "Como sea... El proceso de nacimiento ya terminó... ¿Puedo irme ya?"


Vociferó aquel hombre, cada palabra pesaba más que la anterior, arrastrándose y mostrando la realidad del sentimiento de aquel viejo demonio: todo ese día era monótono; nada que no hubiese vivido en otras supervisiones anteriores. Al menos hasta que vio aquella horrida criatura, salida del infierno... literalmente.

- "¡¿Qué es eso?!"


Rugió poseído por el asco, todo su cuerpo se estremeció con tal visión.

- "Aaaaah si... Es la... Catorceava Cambión de este lote, al parecer algo salió mal y nació con una... ligerita deformación"


Explicó la mujer con una risita quebradiza que fallidamente pretendía ocultar un profundo miedo ante la reacción de su jefe.

Aquella criatura, centro de la conversación y semejante a una bebé, lloriqueaba en el viscoso charco de su propio líquido amniótico, batiendo con debilidad los brazos, como si quisiese, para horror del hombre en la habitación, presumir de su recién adquirida vitalidad.

- "Si... Como verás... Sus cuernos son muy grandes... Y -"


Divagó la mujer, su mirada rebotaba por la habitación, evitando a la niña y a su jefe.

- "No tiene alas"


Reclamó el hombre, interrumpiendo a la mujer mientras con los ojos la amenazaba de muerte, atento a cualquier mínima reacción; ésta mirada penetraba el alma de la mujer, quien sucumbió a la presión de su jefe.

- "Si, ya sé"


Chilló, sometiéndose a su jefe.

- "¡Un súcubo sin alas es inútil!, ¡Desecha esa mierda!"


Gritó el hombre lleno de furor, uno podría jurar que el infierno tembló fruto del estruendo.

- "Tranquilo... tranquilo... Parece que vienes del departamento de la ira... Deshacernos de ella es... Poco redituable... Si, como súcubo no sirve, pero piensa bien, ¿Qué tal si la criamos para que haga los trabajos que los otros no quieren hacer?, Hay que sacarle ventajas a la niña"


Propuso la mujer, sosteniendo esa sonrisa exagerada y fingida que había adaptado como defensa. Sin embargo, el pavor que la forzaba a hablar con la voz temblorosa hacía sonar ridícula a quien es una de las figuras más destacadas del infierno.

- "¡No ha habido un solo Cambión defectuoso nunca!, ¡¿Qué carajos pasó ésta vez?!…"

- "Hmmm... Tal vez fue el donador masculino, pero siempre nos aseguramos que ellos estén..."


Dijo la mujer, pero el hombre, imponiéndose, la interrumpió.

- "Ya sé cuál es el examen de donación masculina, no me interesa oírlo, ¿Sabes qué?... Me da igual todo esto, si crees que puedes darle utilidad a esa basura, hazlo. Solo... no dejes que los demás departamentos se enteren, que puta vergüenza"

Dijo este hombre con frustración, después caminó hacia la puerta, dando grandes y pesados pisotones.

El hombre, al llegar al umbral de la puerta, se giró y anunció antes de irse:

- "Abrahel... Matar a esa... Cosa... Es la mejor opción. Estatus, prestigio, eficiencia... Hay mucho en juego por esa Cambión deforme... Si algo malo pasa... Me aseguraré de que ese monstruo desaparezca y de que todas las consecuencias vayan a ti"


Esa frase, dicha con aparente tranquilidad, era una gran y obvia amenaza.

- "¡Si, Asmodeo!"


Dijo Abrahel con un chillido mientras asentía repetidamente.

Tras eso, Asmodeo, el Rey demonio de la lujuria, se marchó.

Solo hasta que se cercioró que Asmodeo había abandonado el lugar fue que Abrahel se dejó caer al piso con un grito.

- "AAAARGH..."


¿Desesperación?, ¿Frustración?, ¿Presión?, ¿Enojo? Un poco de todo. Abrahel gritó desahogando todo lo que sentía. Después, solo tras sentir la paz volver lentamente a su cuerpo es que volteó a ver a aquella Cambión sin alas, ya había dejado de llorar, estaba dormida.

- "Maldita sea... ¿Por qué tenías que nacer deforme?, ¡¿Qué chingados hago ahora!?"


Gimoteó Abrahel, el trabajo como reina de las súcubos no era fácil, pero tampoco podía correr el riesgo de perderlo. Sin saber qué hacer, Abrahel permaneció dentro de esa habitación un buen rato, pensando en qué hacer con ella.

Pensamiento que perdurará por mucho tiempo...


- "Lidy... ¡Lidy!... ¡LIDY!"


Gritó Abrahel, siguiendo aquella rutina que se lleva repitiendo por años, en este caso, Lidy se encontraba encima de una silla apoyada solo por las patas traseras en perfecto balance, Lidy estaba completamente dormida.

Abrahel presenciaba esto ya no con enojo, si no que con hartazgo.

Lidy despertó zarandeando los brazos estúpidamente y cayendo al piso, rompiendo la silla.


- "Ay, ay, ay, ay... Me dolió..."

Lidy se veía como un súcubo adulto normal, salvo dos grandes excepciones: sus cuernos, enormes y abultados; y sus inexistentes alas. Pero, dejando eso de lado, su pelo corto y rojizo, su piel gris, su baja estatura, su pecho pequeño y sus caderas prominentes eran comunes entre los súcubos jóvenes y de bajo rango, características que podías encontrar en cualquiera de sus hermanas.

- "¿¡Por qué eres así!?, ¡siempre!, ¡SIEMPRE te duermes! Tienes UN SOLO trabajo maldita sea..."


Gritó Abrahel, su voz se desgarraba con la frustración de tratar a diario con un lastre como lo es Lidy.

Aquella Cambión deforme de hace tantos años, ya crecida y convertida en Súcubo era su mayor dolor de cabeza, cosa que, lejos de parecer una simple y banal curiosidad, era un deshonroso mérito tremendo, pues pocos en el infierno tienen la titánica paciencia que Abrahel posee, pero todo tiene un límite, y el de ella en este caso era obviamente Lidibeth, a quien todos llamaban Lidy.

- "Tenía sueño"


Explicó Lidy con una sonrisa de idiota en la cara.

- "Eres una..."


Gruñó Abrahel, apretando con rabia los dientes, pero consiguió controlarse al tomar un sorbo de la copa de vino que llevaba consigo, acto que ya había hecho costumbre cuando visitaba a Lidy.

- "Pero no te enojes tanto, mira, ¿ves esos frascos?, ¡Siguen teniendo reservas!, ¡Ya conseguí que no se vuelvan esmegma!, ¿Me merezco un ascenso o qué?"

Escupió Lidy, golpeando suavemente a Abrahel con el codo.

La expresión de hartazgo de Abrahel no cambió en lo absoluto cuando empujó a Lidy lejos de ella.


- "Ahora solo has demostrado que puedes hacer el mínimo para merecerte el trabajo que ya tienes... Solo tardaste 10 años... Te felicito"

- "¡Gracias!, Si yo siempre he dicho que soy un eslabón importante en el infierno, sin mí y mis dotes de organización el departamento de la lujuria sería un caos. ¡Soy la pieza más importante de este engranaje!"


Afirmó Lidy con mucha alegría y presunción.

- "¿Tú...?"


Dijo la reina de las súcubos intentando no reír mientras tomaba otro sorbo al vino.

- "Exacto, ahora tengo ganas de ir por algo de comer"


Sonrió Lidy y marchó alegremente hacia la puerta.

- "No, si necesitas energía, ahí tienes los contenedores de reservas, tienes el tuyo propio"


La detuvo abrahel sosteniéndola de un cuerno y aventándola a la bodega otra vez.

- "Si, pero sabe a semen"


Se quejó Lidy mientras se levantaba del suelo.

- "ES semen, ¿Tienes algún problema con eso?, un súcubo quejándose del sabor del semen... Es risible"


Pero a ella no le daba risa, Lidy estaba empezando a ponerla nerviosa... Otra vez. Abrahel se descubrió a si misma zapateando el pie nerviosamente en un vano intento de controlarse... Otra vez.

Los súcubos suelen ser chicas sumisas y dispuestas a obedecer cualquier petición que salga de la boca de Abrahel, pero Lidy no, viese como se viese, Lidy era un fracaso como súcubo, cosa que siempre alteraba a su madre.

- "Pues no... Pero ya me harté, ¿No me dejas salir un ratito?, solo voy y vengo al departamento de la Gula a comer algo. Igual y hasta veo a uno de esos gordos con los que te gusta acostarte"


Propuso Lidy. Intentando alterar a Abrahel.

Abrahel la vio fijamente.

- "... Bueno... Quítate, ¿No?, Me tapas la entrada"


Dijo Lidy. Tal falta de respeto hacia un demonio con el rango de Abrahel podría ser castigado con severidad, pero ella resistió el enojo apretando la copa que llevaba.

- "¿Estás temblando?, ¿Es algún tipo de Parkinson?, Me preocupas... Ya estás vieja, al fin y al cabo. Descansa un rato..."


Insistió la súcubo con su desesperante voz pretenciosa. La mayor "Virtud" de Lidy era que sabía de qué hilos tirar para molestar a Abrahel.

Pero abrahel, sin embargo, resistió la tentación.

- "Oye, ahora que te veo de cerca... ¿No estás más gorda?"


Hasta que Lidy se metió con su cuerpo...

- "¡Cállate y quédate aquí!"


Gritó Abrahel, la violencia con la que actuó en aquel momento fue tal que reventó la copa de vino al hacer un puño.

- "Ya rompiste otra copa... Al menos ésta vez no me la lanzaste"


Dijo Lidy viendo los cristales rotos junto al charco de vino que se mezclaba lentamente con la sangre de Abrahel, quien comenzó a gruñir, literalmente.

- "Se te sube muy fácil el alcohol, ¿No crees?"


La reina vio fijamente a Lidy, apretó sus dientes y contuvo su enojo... Desbocarse con Lidy era inútil, ni así aprende, por eso Abrahel detenía a todos cuando la iban a golpear, nadie debía rebajarse a hacer actos inútiles.

- "¡Voy por un trapo para ayudarte a limpiar tu desastre!, ¡borrachita!"


Exclamó Lidy, buscando otra vez salir del departamento de la lujuria.

Abrahel empezó a respirar con profundidad para intentar calmarse, estaba temblando tan solo de intentar contener su dolor e ira.

- "No vas a salir... Cállate... Solo quédate aquí y no estorbes a tus hermanos"


Gruñó Abrahel, espaciando sus palabras con una larga inhalación y después con una continua exhalación.

- "Okay Mamá..."


Dijo Lidy, imitando instintivamente a sus hermanaos cuando estos eran regañados; empezó a asustarse al ver qué Abrahel, al hacer un puño que temblaba por la tensión, se estaba enterrando sus largas uñas en la palma de su mano, sangrando aún más de lo que lo hacía antes.

- "Ya te dije que tú no tienes derecho a llamarme así"


Exclamó y abandonó la bodega, dejando un rastro de sangre a su paso.

Lidy se quedó sola en la bodega, como siempre, en su soledad, empezó a hablar sola... como siempre.

- "Perra malnacida... Como si quisiese decirte mamá..."


Lidy miró su entorno de trabajo que era a su vez su cocina, comedor y dormitorio, tras notar la carencia total de cualquier medio de entretenimiento Lidy levantó la silla e intentó arreglarla, pero no pudo, así que se sentó en el piso.

- "Por culpa de esa puta mandona mi silla se rompió... ¡¡¡ME COSTÓ 3 BOTELLAS DE RESERVA!!!, ¡AAARGH!"


Gritó, pateando los restos de la pobre silla. Tomó la pata rota de la silla y golpeó varias cosas. Estuvo así unos segundos hasta que se cansó.

Sentada en el piso, Lidy murmuraba para sí misma...

- "Se cree tan perfecta... Ñi Ñi Ñi, soy la reina, Ñi Ñi Ñi, estoy tetona y tú no, Ñi Ñi Ñi yo no tomo semen de reserva... Maldita perra tetona"


Dijo Lidy, resaltar estos aspectos de Abrahel la llevó a fijarse en ella misma.

- "Puede que ella esté tetona, pero al menos yo no soy una vieja gorda y aguada"

Tras sentirse realizada con una competencia imaginaria creada a partir de mentiras sobre Abrahel, Lidy regresó al tema principal de sus quejas.

- "... Como sea, Abrahel es un parásito, ¡¿Qué hace ella aquí?!, ¡Nada!, ¡Solo se la pasa metiéndose cualquier verga que se cruza mientras le pagan por criticar!, Maldito nepotismo"


Se quejó en voz alta, como era más que obvio, no quería a Abrahel, la odiaba, la aborrecía, deseaba que algo pasase para que muriese de cualquier forma. Incluso deseaba que el cielo invadiese su departamento solo para verla recibir castigo divino, aunque esto pudiese acabar consigo misma, eso daba igual, Abrahel se merecía tal odio y más.

Lidy, sin embargo, obedeció las órdenes de su jefa y se quedó quieta en la bodega, al percatarse de tal acto involuntario de sumisión sacudió su cabeza y se dio palmadas en el rostro.

- "¿Con que no puedo salir de aquí?, ¡Pues voy a salir de aquí!, ¡Chinga tu madre Abrahel!"


Dijo, y con un enérgico brinco libró a su cuerpo de la sumisión y las costumbres y lo cargó con la rebeldía y valor que había reprimido todos estos años, sentimientos que la impulsaron a explorar lo desconocido. Entonces salió de la bodega, hacia el infierno.

Lejos, muy lejos de ahí, más allá del recóndito existir del infierno, en un entorno más mundano, la vida ocurría con gran normalidad. Coros de mercaderes y vendedores se oían por todo el lugar, ambientando una gran, amplia y diversa colección de tiendas ambulantes y puestos de comida que decoraban aquella calle. Con el paso del tiempo, ésta calle se abarrotaba de personas; esto solo podía significar una cosa: el gremio de mercaderes de la ciudad estaba presente.

Entre ellos caminaba un joven de al menos 25 años que, a pesar de portar la medalla de comerciante, no tenía ningún puesto, solo una caja. Su apariencia era similar a la de cualquier tipo que se creyese en onda en los 80's, con su chamarra de cuero y su pantalón de mezclilla. Era delgado y llevaba el pelo hacia atrás, sujeto con gel.

- "Oye Patty, ¿Cómo llevas el negocio?, espero que bien. Hablando de negocios, ¿Quieres ir a comer algo?, hoy está especialmente lleno de puestos de comida"


Preguntó el Joven al llegar a un puesto de frutas y verduras. Su empatía y preguntas sociales eran automáticas y vacías, carentes de honestidad alguna, puro formalismo.

- "Oh, hola Jack, ahora mismo no puedo, la verdad es que el puesto no va tan bien, parece que las sandías no son muy populares este verano..."


Dijo una chica de unos 17 años, vestida con ropa casual cubierta por un delantal muy simple que acentuaba su figura delgada y larguirucha, habitual de muchas chicas de su edad.

- "¿Quieres que me invente algo?, Podría decir que son sandías exportadas o alguna mamada así"


Le propuso Jack a su amiga con una desagradable sonrisa, característica de aquellos cuya palabra tiene un valor nulo o que incluso está en números negativos.

- "No sé... No me siento cómoda mintiendo, oye, ¿Lo conseguiste?"


Preguntó Patty, cambiando de tema, ella, como era obvio, no es adepta al arte de mentir, característica comprensible en una chica inocente y humilde como lo es ella.


- "Claro que sí, mira este collar, ¿No es maravilloso?, No será Vulgari pero desde luego es una joya... O varias"


Respondió Jack, de la caja que cargaba reveló un collar de diamantes precioso.

- "¡Woooow!, ¡Si lo conseguiste!, Creí que me ibas a quedar mal"


Sonrió la chica, tocando con delicadeza el collar que Jack presumía. Los ojos de Patty se avivaban con el destellante existir de aquellas piedras.

- "Para mi amiga lo mejor, no te voy a decir en cuánto y cómo lo conseguí... Sé que acordamos 6000, Pero te lo dejo en 4000"

- "¿Estás seguro?"


Preguntó ella, él asintió. La chica le entregó un fajo de billetes importante a Jack y este le dio la caja.

- "¿Entonces sí vendrás a mi graduación?"


Patty estaba expectante a la respuesta de Jack.

- "Claro, ¿Crees que te conseguiría ese collar solo por el dinero?, Tienes que verte bien, pero bueno... Hoy no me toca trabajar y no quiero estar más tiempo del necesario en ésta calle..."


Pero antes de que él pudiese irse del mercado Patty habló.

- "Oye... Creo que el jefe está enojado contigo, me dijo que quiere verte en su despacho"

- "¿¡Eh!?, ¿¡Por!?"

- "No sé, yo no le dije nada"


Dijo la chica.

Jack, con un suspiro, se alejó de ese lugar y caminó hacia el despacho del jefe. Pensar en verlo no es agradable... Un hombre mayor, alto y fornido, vestido con un traje y corbata, siempre con sus lentes oscuros puestos, debe sentirse algún gran empresario dirigiendo el gremio comerciante, o al menos eso es lo que piensa Jack. Pero fuese como fuese, Jack había relacionado esa figura con regaños y exigencias que, pese a ser justificados, eran molestos.

Preparándose para cualquier situación incómoda, Jack meditaba cual sería la mejor actitud a tomar, había muchas opciones, ¿Someterse a lo que diga el jefe y pedir perdón?, ¿Intentar ponerse a la defensiva?, Cada opción tenía sus pros y sus contras, cosas de las que arrepentirse o enorgullecerse, riesgos y beneficios.

- "¿Qué pedo Jefito?, ¿Todo al 100?"


Jack decidió la tercera opción... El descaro...

El hombre sentado al fondo de aquella habitación, tras una larga mesa, dijo con voz mordaz:


- "Estás fuera del gremio"

- "¿Huh?, ¿Por?, ¡Siempre pago la cuota!"


Dijo Jack indignado, al parecer también tomó la segunda opción.

- "Primero que nada: Eso no es cierto, llevas 3 semanas sin pagar, y segundo: Ya sé que le pides dinero a Patricia y que ella tuvo que subir sus precios para ayudarte..."


Dijo el jefe, si bien su tono era firme, estaba cargado por un gran pesar y decepción.

- "Aaaaaah... fue solo por eso... No es porque le pedí dinero, eso fue hace dos meses, ahora es porque le conseguí unas joyas, pero no pasa nada, ¿No?, el contrato no dice que no podamos hacer nada de eso y a Patty no le molesta"


Dijo Jack, intentando escaparse del regaño, acción que solo empeoró la situación.

- "Puede que no lo haga, pero estoy hablando de honor, y tú, eres un parásito fracasado y carente de tal cosa"


Declaró el jefe. Jack se quedó paralizado por unos segundos... aunque lo que haya dicho su jefe sea cierto, él no se lo tomó a bien...


- "¿¡Ah sí!?, Porque yo creo que más bien usted es un viejo metiche, ¿Qué vergas le importa que le pida dinero a Patty?, ella decide si me ayuda o no. Si tiene algún problema con eso es que usted es un moralista asqueroso"


Gritó Jack. Golpeó la mesa con tal fuerza que la taza de café del jefe brincó violentamente y cayó sobre él.

- "... Y así me corrieron del trabajo..."


Le dijo Jack a su compañero de habitación. Estando ya en su apartamento, un cuarto maltratado que se consideraba habitable solo porque ellos eran capaces de sobrevivir ahí.

- "Necesitábamos el dinero"


Dijo su compañero, un hombre de pelo largo y negro, vestido con ropa holgada, oscura y maltratada, su piel, sin embargo, era pálida.

- "Tranquilo Sam… conseguí dinero... Y ya me deshice de ese collar tan feo que me diste"

- "Era un regalo para mi madre... Te pedí que lo cuidaras..."


Dijo Sam con un suspiro.

- "Esa cosa te costó 500 varos, yo lo vendí en 4000"


Rio Jack.

- "¿4000?, Valió la pena..."


La tranquila y gutural voz de Sam hacía difícil poder interpretar las emociones a través de ella, pero Jack sabía que eso era felicidad.

- "Entonces... Podemos pagar las cuentas este mes e incluso podemos comprarnos algo bonito"


Dijo Jack abanicándose con el dinero. Para alguien tan vanidoso como él poder hacer eso era un sueño lejano que acababa de cumplir.

- "Comer algo que no sea de microondas sería bonito..."

- "Imagínalo"


Dijo Jack, tomando del hombro a su amigo y señalando al infinito.

- "Comer en un restaurante de clase media, ¿Qué te parece carne?, ¿Cuándo fue la última vez que comiste un buen corte?"

- "Unos meses antes de que me echaran de casa..."


Respondió Sam con su voz apagada, recordando una época más fácil dónde ninguno de ellos dos debía preocuparse por nada más que sus gustos y sus sueños; pero hace un tiempo que Jack y Sam abandonaron esa etapa, ahora no eran más que dos hombres intentando no morir que se sentían realizados con la idea de tener suficiente dinero como para poder pagar sus deudas.

- "Este dinero nos facilitará la vida"

Sonrió Jack de oreja a oreja, viendo ese dinero en toda su plenitud, era hermoso, tan irreal, eran billetes grandes.

- "Pues si..."

Dijo Sam y le arrebató el dinero a Jack con un hábil manotazo y empezó a contarlo.

- "Eh cabrón, eso es mío"


Exclamó Jack con impacto.

- "Voy a manejarlo yo, tú te lo gastarías en cualquier tontería..."

- "Te prometo que ésta vez no me lo voy a gastar... Ya aprendí..."

- "Sé que no has aprendido... pero bueno... solo te lo daré con una condición..."

- "Si vas a decir que juguemos a la Ouija mejor déjate el dinero, no voy a jugar a esa estupidez..."


Dijo Jack dando media vuelta e ignorando la posible propuesta de Sam.

- "¿Por qué no quieres jugar?"


Jack, sin voltear a ver a Sam y continuando con su rutina diaria, comenzó a buscar los ingredientes para un sándwich en su cocina.

- "Porque es una estupidez, esas cosas no existen"

- "Entonces no hay problema en jugar. Una vez y ya, por la experiencia"


Argumentó Sam.

- "Así le dijeron a mi primo y salió adicto al Crack"


Jack intentaba encontrar una respuesta con la cual escapar del compromiso, como hace con cualquier cosa.

- "Si, pero esto no hace daño si lo usas bien, vamos, una vez y ya, Te consigo puesto en mi trabajo y todo"

- "También le dijeron así a mi primo... Y soy capaz de conseguir trabajo en donde quiera"


Dijo y a la par terminó su sándwich, dos panes con un jamón en medio, únicamente eso, tampoco había para más.

- "Como tú digas... pero con tu currículum lleno de fracasos seguro te irá bien"

Jack, en un acto de inteligencia, se tragó su orgullo y aceptó.

- "Una vez y ya, ¿Ok?, Después me conseguirás trabajo"

Señaló Jack a Sam con brusquedad mientras cargaba su sándwich sin ingredientes en la otra mano, tras eso, se marchó a su habitación.

Sam rio triunfante.

Bellísimas estatuas de mármol con tocados dorados adornaban aquel glorioso y estimulante pasillo, los palacios y castillos resultaban groserías comparadas con ese lugar: El salón de héroes del departamento de la lujuria, localización popular en el infierno pero que, sin embargo, se presentaba por primera vez ante una maravillada Lidy que, tras deambular por los amplios y bellos pasillos de su departamento se sintió atraída hacia ese lugar. Para todas las demás Súcubos visitar el salón de héroes sería un acto rutinario, pero para ella era fascinante, ver las figuras de mármol que formaban bellísimas efigies de su especie la asombraba, el infierno era hermoso, sobre todo para aquellos que lo descubren por primera vez. Incluso las estatuas de Abrahel resultaban bellas a ojos de Lidy.

Lidy se acercó a una para tocarla, pero un estruendo la hizo contraerse.

- "Ja ja ja ja, ¿Ya vieron?, Se escapó la rara y descubrió el oro"


Rio un súcubo mientras señalaba a Lidy. Era un Súcubo de bajo rango, similar a Lidy en varios aspectos, pero claro, con alas.

- "¿Mamá no te dijo que no salieras?"


Preguntó otra, estaban empezando a agruparse, al poco tiempo fueron casi una docena de ellas.

- "Que te valga verga"


Le respondió Lidy, después de Abrahel, la otra cosa que más odiaba eran sus hermanos.

- "Verga... oye, ahora que lo pienso "verga" es la que nunca te han metido"

Gritó a lo lejos otra súcubo, eso provocó la risa de todas allí.

- "Un súcubo virgen es como una pluma que no pinta, existen, pero no cumplen con su función, eres inútil"


Dijo otra.

- "¡No soy inútil!, Yo me encargo de la organización, mi trabajo es único y demandante, ustedes cogen gracias a mí..."

- "Nadie quiere tu trabajo"


Dijo un súcubo que surgió de entre la multitud, ésta era distinta a las otras: más alta, con un semblante más serio y maduro, imponía respeto entre sus congéneres, quienes abrían camino para que ella pasara. Se trataba de un súcubo de segundo rango, las supervisoras de sus hermanos más jóvenes y novatos.

- "Nosotras volamos por la noche y encontramos presas para cosechar, tú, en cambio, ordenas y almacenas el fruto de nuestro trabajo. Tú no haces eso porque quieras o porque seas especial, haces eso porque no puedes seguirnos el paso a las demás, no sin alas."


Señaló la Súcubo de segundo rango.


Lidy se quedó callada y las vio con vergüenza y rabia, sabía que era cierto... Pero...


- "Mamá nunca debió dejarla vivir" Gritó una súcubo al fondo del lugar.

- "¿Ah sí?, Pues "mamá" es una perra que-"


Lidy fue interrumpida por una bofetada de su superior.

- "¡Tú no tienes derecho a hablar de ella y menos frente a los héroes!, Deforme engreída... Pero.... ¿sabes qué?, Antes de que nacieras y deshonraras a nuestro departamento, los Súcubos y los Íncubos se turnaban tu trabajo de porquería que nadie quería hacer, al menos te hay que agradecer que libraste a mis hermanos más jóvenes de hacer ese trabajo"


Dejó en claro la mayor, mirando siempre como inferior a Lidy y, cuando acabó de hablar empujó a la deforme al caminar hacia ella, todas las demás Súcubos la siguieron, asegurándose de pisar a Lidy, marchando alegremente encima de ella.

- "Si sigues viva regresa a la bodega, nadie te quiere aquí, Súcubo 230-14"


Dijo la de segundo rango antes de irse girando una esquina.

- "Me llamo Lidy..."


Tosió, mientras se intentaba levantar del piso, aferrándose a su poco orgullo restante. Pero nadie la oyó y, tal como su frase, su cuerpo era completamente inútil, gran parte de sus huesos, si bien no rotos, sí que se habían separado de sus articulaciones, Lidy permaneció en el piso y se quedó callada, tal vez estaba muerta, no sería tan improbable, pero no, ella seguía completamente consciente.

Mientras el dañado Súcubo pensaba en cómo moverse recordó su vida cotidiana, siempre se burlaban de ella cuando las otras entraban a la bodega, pero nunca la habían lastimado tanto... Ni siquiera sabía con qué sentimiento reaccionar, así que Lidy comenzó a reír a carcajadas.


- "Ja Ja Ja Ja... Malditas perras... ¡¿Creen que solo porque no siento mi columna me voy a dejar?!"


Haciendo gala de la gran maleabilidad del cuerpo que los demonios poseen, Lidy reacomodó sus huesos que se habían separado por la marcha de sus hermanas.


Así, Lidy se pudo levantar, muy lastimada, casi incapaz de moverse, pero estaba de pie.

Este hecho la hizo replantearse el regresar a la bodega, había reservas ahí, podría alimentarse para curar su cuerpo, fingir que esto no pasó y volver a su vida común, pero no. Lidy estaba enojada, estaba llena de ira, cada átomo de su existencia hervía con deseos de venganza, entonces lo recordó, donde estaba, el salón de héroes, y lo que su superior le dijo…


- "Así que no puedo hablar de la perra de Abrahel frente a éstas estatuas culeras?... ¡Qué fácil!, Solo hacemos esto y..."


Exclamó Lidy y con un empujón la estatua de Lamia la seductora se fragmentó estruendosamente mientras Lidy sonreía como idiota detrás de sus restos.

- "¿Que pasó señora Lamia?, Puede que Aloqua le ayude a pararse, ahí va"


Preguntó Lidy con un tono burlesco y la efigie de Aloqua la bebedora cayó al suelo.

- "Hmmm... Parece que es contagioso... Abrahel, perra inmunda, sé que quieres ayudar a tu hija, pero espera un poco, tú vas al final"

Habló sola, una por una las estatuas se estrellaron contra el suelo, hasta que de aquel bellísimo lugar solo quedaron pedazos.

Lidy entonces emprendió camino a su bodega, victoriosa tras haber mancillado el legado de su especie. Caminaba relajada, aunque evitando a sus hermanos, pero las consecuencias de su acto llegarían pronto.

- "¿¡¡QUIEN HIZO ESTO!!?"


Se oyó la voz de Abrahel rebotar por cada uno de los pasillos del departamento, aquel bramido era tan poderoso que se podía notar como la garganta de Abrahel se desgarraba un poco con cada vocal.

Tal estruendo fue suficiente como para despertar a Lidy, quien dormía plácidamente junto a los restos de su silla, a la que no había podido reparar.

- "Oh uh"


Lidy dedujo que cosa había causado tal reacción.

En ese instante el altavoz en la bodega se activó y la voz de Abrahel salió de allí:


- "Alguien destruyó TODAS las estatuas del salón de héroes... Hijos míos, saben que los amo muchísimo... Pero esto es... Si alguien tiene información del perpetrador le exijo que venga ante mi si no quiere compartir su castigo"

- "Igual y me pasé..."


Pensó Lidy, sintió como su cuerpo se llenaba de desesperación con cada segundo de seguridad que perdía, era solo cuestión de tiempo para que sus hermanos la acusasen, la ejecución sería poco como castigo para la horrida decepción del departamento, Lidy tenía que hacer algo urgentemente.

- "¿Ya te dije que esto me parece una tontería?"


Clamaba Jack, tan preocupado como avergonzado al ver a Sam tomarse en serio, tal vez demasiado, que iban a jugar a la Ouija. Las 3 de la mañana se acercaban, Sam había despertado a Jack para encontrarse con su apartamento casi en penumbra, iluminado únicamente con el tenue brillo de cinco velas colocadas en forma de estrella en torno a un tablero de Ouija.


Sam, ataviado en una oscura túnica, dijo:


- "Que noche tan maravillosa para abrir una puerta al mundo de los muertos y contactar con el que esté más allá del umbral de lo natural, ante la luz del pentagrama, nos preparamos para-"

- "Acórtalo"


Interrumpió Jack.

- "... Como te gusta echar a perder..."


Suspiró Sam, viendo con desprecio a su "amigo".

Se sentaron a puntos contrarios del tablero y Sam habló por una media hora explicando todo lo necesario de la Ouija.

- "¿Tienes claras las reglas?"


Cuestionó Sam.

- "Tengo que respetar al tieso, no soltar el triangulito este y todo lo haces tú, ¿No?"


Respondió el otro con sueño. Sam, suspirando, tomó esto como una respuesta válida y comenzaron.

La desaparición de Lidy y el caos que encontraron en la bodega aumentó las sospechas de Abrahel, ella era el único demonio que le tendría resentimiento a los héroes de su departamento. Ante la ofensa que ella hizo, Lidy era buscada por todos en el área cercana a la bodega. Lidy sabía esto, los veía buscarla, estaba escondida en los ductos de ventilación del departamento, usando las estanterías de su bodega como escalera y ocultando con destrucción su ruta de escape. Lidy había conseguido que le perdieran el rastro.

el Súcubo gateaba sigilosa por los estrechos tubos, el olor a azufre era insufrible, pero cualquier tortura era poca comparada con lo que le harían por destruir las estatuas.

- "Tendré que irme del departamento... Podría fingir que perdí las alas en una pelea y vivir en el Sheol..."


Pensaba Lidy, estaba nerviosa y su cerebro únicamente pensaba en evitar morir, tenía que alejarse, fuera como fuera.

Las voces de sus hermanos y hermanas iban y venían por los pasillos bajo ella, Lidy intentaba oír que decían, al parecer nadie había deducido su escondite.

Siguió arrastrándose por varios minutos, tal vez horas, entonces, las voces callaron, al parecer Lidy lo había conseguido, debía estar cerca de las puertas del departamento de la Lujuria. Al pasar por una rejilla ella asomó la cabeza, vio aquel yermo gris, lugar neutro entre departamentos donde los demonios sin trabajo y los espíritus impíos vivían: el Sheol.

Lidy salió de la ventilación con un salto, notó las enormes puertas rojas de su propio departamento tras ella. Solo debía recorrer el gran puente que llevaba al centro del infierno para encontrar el mercado del Sheol, un lugar lo suficientemente ajetreado como para no ser encontrada nunca. Pero tenía miedo, bajo el Sheol se encontraba la fosa, lugar al que desterraban los demonios más detestables, perpetradores de actos tan grotescos que hasta los demonios los consideraban monstruos, caer ahí sería peor que la muerte, pero, la muerte también era una mala opción, así que Lidy se dispuso a avanzar. Pero oyó una voz...

- "... ¿Entonces... Hmm... A ver, señor espíritu, quisiera... Saber si el señor Gutiérrez está por ahí... Sí si dígale que perdón por aceptar su herencia y después cortar con su hija..."


Esa voz, tranquila, adormilada incluso, hablaba de cosas sin sentido... No era un Íncubo, esa forma de hablar, esos temas, ni siquiera sonaba como un demonio.


- "¿Señor espíritu?"


Pensó Lidy, unos pocos segundos después los recuerdos llegaron.

Giró desesperadamente intentando buscarla, y en efecto, la encontró, una puerta al mundo humano, abierta por alguien que quisiese contactar con las almas del Sheol.

Su plan había cambiado radicalmente.

- "Poseer un humano... Energía y protección, lejos de Abrahel y... Completamente libre"


Dijo en voz baja, entonces Lidy corrió hacia esa puerta.

Posó su mano en el pomo y...


- "¡Lidy!"


Gritó Abrahel.

La reina de las Súcubos estaba frente al portón de su departamento, pero suficientemente lejos de Lidy como para no alcanzarla a tiempo.


- "¿¡Qué crees que haces!?, ¿¡Cómo carajo llegaste aquí!?"

- "Voy a irme de tu puto departamento de porquería"

- "¿Crees que es buena idea?, ¿Tan estúpida eres?, ¿Qué quieres hacer?, ¿Poseer a un humano y vivir en su cuerpo a perpetuidad?, Eres una niña pendeja, solo vas a hacer que el cielo te exorcice y vengan a preguntar por qué se soltó un súcubo en el mundo humano. Regresa a la bodega, AHORA, no quiero problemas con el cielo, así que te dejaré vivir a cambio de que no cruces esa puerta"


Dijo Abrahel, su comando escondía una pequeña pizca de miedo, Lidy podía sentirlo.

- "Prefiero que el cielo me mate si te van a joder"


Respondió Lidy, giró el pomo y cruzó.

- "¡Puta niña desobediente!"


Gritó Abrahel arrojando su corona con rabia al suelo al ver la puerta desaparecer.

- "Así no es, tienes que empezar preguntando si hay alguien"

- "Está bien... ¿Hay alguien ahí?"


El viento arreció afuera del apartamento a la vez que el puntero se deslizó a "si". Esto impactó ligeramente a Jack, pero se tranquilizó al pensar en que debía ser Sam.

- "¿Puedes decirnos tu nombre?"


Aseveró Sam, las letras señaladas escribían "Lidibeth"

Jack, tal vez involuntariamente, tal vez por miedo, quitó una de sus manos del tablero, las ventanas estallaron, el poderoso vendaval que se había formado afuera azotó las ventanas, rompiéndolas y entrando al apartamento, todo quedó en penumbras y el frío se apoderó del lugar.

Una sombra, invisible en tal oscuridad, pero cuya presencia era innegable brotó del tablero y se precipitó contra el pecho de Jack. Las extremidades entumidas, la respiración detenida, la sensación de frío y el gran dolor punzante, aunque no hubiese experimentado uno, Jack estaba seguro que estaba sufriendo un ataque cardíaco, pero se equivocaba, aquello era más profundo e íntimo, su alma estaba siendo violentada, un demonio intentaba quitarle su control y robarle su cuerpo.

Jack no soportó el dolor, perdió la conciencia y se abalanzó contra el suelo.

3 de Septiembre de 2021 a las 16:03 0 Reporte Insertar Seguir historia
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