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Después de lo ocurrido hace 3 meses, La Orden había iniciado la tercera fase de su plan de genocidio. El Gabinete de seguridad del D.U.P jamás pensó que algo así podría ocurrir, sin embargo estaban preparados para lo peor, sus muros no cederán ante nadie, sus jóvenes armados darán la vida por la nación y estarán mas que dispuestos a defenderla sin importar las consecuencias. La Ira de Ares pronto será librada, y una terrible desgracia caerá, que cambiara el mundo entero nuevamente.


Acción Sólo para mayores de 18. © Esta totalmente prohibido la adaptación de mi libro en otras historias y obras, sin mi consentimiento.

#guerra #poderes #futurista #Scifi #post-Apocalipsis #violentos
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Prólogo: Un trato muy justo

En algún lugar de Centroamérica, un pequeño grupo de gatilleros escoltaban un cargamento valioso a una hacienda de un narcotraficante prolífico.

Al carecer de la presencia del D.U.P estos podían hacer lo que se les antojara puesto que los únicos que podrían hacer algo al respecto era un grupo paramilitar llamado Los Franjas Azules.

Conformado por civiles, eran similares al F.D.C, sin embargo estos carecían de mucho poder y de efectivos cómo para iniciar algún conflicto con el Cártel.

Indirectamente participaban en redadas silenciosas para acabar con operaciones entre las sombras.

¿Pero que tiene que ver Declan con esto?.

Fácil, el narcotraficante había hecho un pedido de anti materia, un elemento que Declan necesitaba para cargar una máquina avanzada para extirparle las memorias a Helena.

Su breve travesía lo llevó hasta un pequeño campamento establecido en una jungla espesa a un lado de la costa.

El cielo estaba grisáceo, y parecía oscurecer rápidamente a pesar de que eran apenas las 2 de la tarde.

Declan arribó a la zona y paso desapercibido portando las indumentarias de los narcos.

Una camiseta grisácea sucia, pantalones de mezclilla, unas sandalias de cuero con correas y sin calcetines.

Su rostro lo mantuvo igual, sólo se cubrió con un pasamontañas y unas gafas de aviador.

Llevaba puesto el típico arnés de gatillero y llevaba una UZI.

Husmeo por allí y vio a varios vehículos parqueados cerca de el camión.

Habían varios gatilleros patrullando los exteriores de la zona, mientras que un puñado bastante firme de tiradores estaban relajándose bebiendo alcohol o durmiendo.

Algunos aprovechaban a "Almorzar" pues apenas habían siquiera tomado agua después de tan larga travesía.

Declan se había ganado el respeto y cariño de algunos de sus "Compañeros" incluso le habían apodado cariñosamente "Chele" por su tez blanca.

Se gano no solo el cariño pero también la confianza, lo suficiente como para poder entrar al tráiler y ver que había adentro.

Basto con sólo pedir el permiso de el alto mando a cargo.

Un tal Javier Vázquez.

Habían pinturas, y objetos de hace siglos atrás en un estado perfecto para tanto tiempo.

Un piano de mármol lodoso.

Cargamentos de rifles, droga, ropa pieles de animales.

Lo típico que exigiría un capo de la droga tanto ayer como hoy.

Pero entre tanta basura, encontró un frasco de anti materia resguardado en una caja de vidrio blindado.

Declan tenía curiosidad de quién era ese narcotraficante, y por qué querría algo tan preciado.

Así que decidió arruinarle el jueguito mientras se divertía haciéndolo.

Se tomaron ese día cómo un descanso, Declan conoció un poco mas a sus camaradas.

Y entre tantos conoció a un joven de 17 años, el se encargaba de proveer a los gatilleros, haciéndoles los mandados, yendo y viniendo con cosas.

Declan lo vio sentado en una hamaca con una gorra militar color verde oliva tapándose el rostro y intentando conciliar el sueño.

Se acercó con una vara fina de arbusto y le picó la mejilla en repetidas ocasiones.

—¡¿Qué quiere carajo?!—Preguntó.

Éste vio a Declan de cuclillas sonriendo debajo de su pasamontañas.

—¿Qué le divierte?—Preguntó el joven.

—¿Tu eres al que le dicen Iguana?—Preguntó Declan.

—¿Sí?, ¿Qué quiere?—Preguntó Iguana.

—Nada, sólo te estoy molestando, eso es todo—Respondió Declan.

Este se puso se pie y se fue.

Alrededor de las 2 de la madrugada, cuándo todos dormían y apenas dos montaban guardia.

Declan estuvo despierto, vigilando al joven.

Este sabía que algo curioso sucedía con él.

Su forma de vestir, sus expresiones, la forma tan respetuosa con la que el resto lo trataba.

Era mas que obvio.

Se acercó al joven y pateó arena en su rostro, después lo tomó con una mano y lo arrastró por el suelo mientras le tapaba la boca con un trapo lleno de aceite de motor.

Lo tomó del cuello y lo levantó en el aire.

—Dímelo, tu papá es quién hizo este pedido tan excéntrico, ¿No es así?—

Preguntó Declan canteando la cabeza mientras sacaba una estaca de obsidiana de su mano izquierda.

—Ayuda!—Exclamó Iguana en un grito ahogado y penoso.

Grito por ayuda varias veces pero en vano, nadie lo podía oír, pues además de que estaban bastante lejos, sus intentos eran penosos y ridículos.

Declan no pudo evitar reírse y lo soltó.

Iguana corrió a por ayuda pero Declan rápidamente lo tiró al suelo agarrándolo del cuello con su antebrazo y estampándolo contra la tierra.

Se puso en cuclillas y le apuntó con una pistola a la frente, colocándole el helado cañón y presionando con un poco de fuerza.

—El ruido se vera opacado por tu grueso cráneo—Dijo Declan en un tono burlón.—Ahora dime chico de los mandados, ¿Es tu padre quién pidió todo esto?.

—Sí!, Es mi tío!—Exclamó.

—Shh, calladito, que estoy aquí adelante, no tienes por que gritar—Dijo Declan.

Este enfundó la pistola y lo golpeo suavemente en la mejilla.

Iguana tenía marcado el cañón de la pistola en la frente.

Declan antes de irse le pateó arena nuevamente, y esta vez si entró en sus ojos.

—Y una cosa más, si eres listo, no le dirás esto a nadie más—Dijo Declan.

Y claro, lo primero que el chico hizo fue todo lo contrario a lo que Declan le Ordenó.

A la mañana siguiente, unos 20 cañones de rifles, ametralladoras, escopetas, y rifles de caza le apuntaron a unas 6 pulgadas de su rostro.

Éste se puso de pie, y al hacerlo, los gatilleros se hicieron para atrás, tomando distancia.

Iguana yacía de pie entre los tiradores en una pose patética que para el era algo intimidante.

—A ver, intenta tocarme y te juro que te mato—Exclamó el joven.

—Qué te dije que no hicieras idiota...—Murmuró Declan algo fastidiado mientras se pasaba la mano por la cara.

—No puedes hacer nada, somos 30 y tu sólo uno—Dijo Iguana.

—¿Ya notaste tu error?—Preguntó Declan.

Declan se puso de pie, y ni corto ni perezoso se tele transportó justo detrás de todos.

Alzo los brazos hacia arriba y abrió un portal en el cielo, una enorme brecha de la cual aparecieron cuervos, cuervos gigantescos mutados y corrompidos por el virus Moebius.

De apariencias grotescas, tenían expuestos algunos de sus órganos y estaban blindados con protuberancias calcificadas con venas sobresaliendo.

Ojos blancos completamente con las pupilas rojas y dilatadas, y de alas casi desplumadas volaban y atacaban a los guerrilleros violentamente levantándolos en el aire o directamente insertándole los picos en sus cuellos, ojos, bocas o rostro

Declan se involucro en la pelea, tomo con sus manos el capo de un Jeep, y se lo arrojo a una torre de madera en donde se encontraban dos tiradores.

Dio un salto, el cual del impulso y la fuerza ejercida destruyo parte del suelo expulsando tanto a los vehículos que estaban cerca como a los gatilleros.

Cayo encima de un pequeño grupo arrojándolos lejos debido al impacto de la onda expansiva, después empezó a incapacitar uno por uno a los que se le acercaban con armas cuerpo a cuerpo. Sus golpes eran contundentes siendo lo suficientemente fuertes como para expulsarlos lejos y dejarlos con fracturas severas y hasta letales, matando a algunos en el instante.

El camión se encendió, pudo oír el gas salir y el motor arrancando, al ser una pequeña colina empinada con una tierra bastante suelta, le costo bastante al camión intentar huir, Declan les dio falsas esperanzas y se quedo allí masacrando a lo que quedaba de el convoy destruyendo los vehículos, y asesinando a los gatilleros.

Dos jeeps abandonaron el área, en cada uno iban 4, y uno de los dos tenia una ametralladora ligera montada en el techo, el otro era destapado.

Disolvió la bandada de cuervos, ordenándolos replegarse y abandonar el área, estos se fueron a las montañas o muy profundo en la jungla, algo que no era positivo en lo absoluto, pues podían infectar a las criaturas aledañas y provocar graves daños.

Se tele transporto adelante de ellos, a un par de metros, lo suficiente como para que pudieran ver las brazas de sus ojos rojos incandescentes quemar lentamente el pasamontañas, se quito los lentes y alzo los brazos a los costados.

Iguana, quien iba conduciendo el convoy, freno de golpe al verlo adelante, mientras que los otros dos Jeeps siguieron adelante.

De el suelo salieron dos enormes estacas de obsidiana, los Jeeps eventualmente impactaron en ellas de lleno, pues las puntas de ambas iban en dirección fija hacia ellos matando a todos adentro.

Dos escoltas de Iguana se desmontaron de el vehículo y comenzaron a dispararle, pero Declan Declan absorbía los impactos cinéticos de las balas como si nada, y poco a poco se iba cargando de energía, las balas por otro lado simplemente caían al suelo como si nada.

Cuando creía tener la suficiente energía cargada, hizo la forma de una pistola con su mano y apunto en dirección a donde estaban los dos gatilleros disparándole, y entonces bajo el dedo pulgar, y una potente descarga cinética los destruyo por completo, asesinándolos de una forma grotesca desmembrándolos por el exceso de fuerza y llevándose consigo unos 10 metros de puras palmeras y levantando una montaña de tierra y arena.

Se tele transportó adentro del vehículo, y puso si brazo encima de Iguana.

—¿Entonces muchacho, me llevaras donde tu padre?— Pregunto Declan

Iguana estaba sudando, su camisa estaba empapada y el volante estaba húmedo.

El sudor caía a montones desde su frente temblaba como nunca lo había hecho y su rostro pálido solo podía ver hacia adelante.

Declan le dio un coscorrón con el nudillo del dedo de en medio haciéndolo reaccionar un poco.

—Conduce hasta la hacienda— Dijo Declan.

Iguana condujo por calles de tierra, una tormenta se avecinaba por lo que dentro de poco se volverían lodo.

—¿Cómo te llamas?— Pregunto Declan.

—Carlos...— Respondió Iguana.

—¿Carlos Iguana?— Pregunto Declan en un tono sarcástico.

—No, Solo Carlos— Respondió Iguana.

—Ok Solo Carlos, Cuanto tiempo falta— Pregunto Declan mientras colocaba sus pies en el tablero y se acomodaba.

—Unos... 3 kilómetros— Respondió en voz baja, muy baja.

—¿Que?, ¿ahora susurras?— Pregunto Declan. —Habla fuerte!— Exclamo.

—3 Kilómetros, 3 o 5 Kilómetros— Respondió Carlos. —Creo que son 4—

—O son 3, o son 4, se conciso— Dijo Declan.

— Son 4 — Respondió Carlos con un tono nervioso.

—Son 4 — Dijo Declan imitándolo de una forma burlesca. —Imbécil— Murmuro.

Carlos en el fondo quería matar a Declan, sentía una cólera excesiva, Declan podía sentir su odio hacia el, por lo que decidió seguir explotando eso y llevándolo a el limite por puro deleite.

Dejo que manejara por la noche mientras el Dormía, Sabia que si intentaba apuñalarlo la cuchilla ni siquiera le provocaría un raspón, mucho menos una bala por lo que no se preocupaba en lo absoluto.

Despertó unos metros de la hacienda, pudo oír como Iguana se comunicaba por radio con alguien.

—Si me delatas ocurrirá lo mismo con todos en ese pueblucho...— Dijo Declan mientras se regresaba a dormir.

Iguana entonces se alejo la radio y dejo hablando solo a quien le contesto por un par de minutos.

—Solo bromeaba— Respondió Carlos en un tono preocupado el cual logro camuflar con una risa falsa.

Llegaron a la aduana, Declan tomo una gorra del tablero y se tapo el rostro con ella.

Dos gatilleros equipados con arneses y chalecos Flak, se acercaron y pidieron bajar los vidrios.

—¿Todo bien Iguana?— Pregunto un gatillero. —Te escuchabas algo agitado por radio—

—Si, es solo que atacaron el Convoy— Respondió Carlos. —Solo nosotros dos sobrevivimos.

—¿Quienes?— Pregunto el sujeto nuevamente.

Carlos no respondió, solo tartamudeaba sin decir nada.

— Fue un motín, el pobre chico vio morir a muchos, esta en Shock— Dijo Declan. —Ahora déjame dormir de una puta vez—

Dejaron pasar al convoy, sin embargo la hacienda no estaba allí, si no que restaban un par de kilómetros más por una ruta de espesa jungla.

Habían casitas hechas de madera con techos de láminas oxidadas.

Por lo general habían pequeñas comunidades en el camino, y algunos asesinos a sueldo del cártel vigilaban las calles.

Ellos eran la Ley allí, y lo que ellos decían, se cumplía ya sea para bien o para mal...

—¿No dijiste que eran 4 Kilómetros?—Preguntó Declan en un tono perezoso.

—Sí, ¿pero que quieres que te diga?, me pones tenso—Exclamó Carlos.

—¿Tenso?—Preguntó Declan.

Éste se levanto de golpe y tomó la pistola que tenía Carlos a un costado del respaldar del asiento y entonces procedió a colocarle el cañón en la cabeza.

—Deberias estar tenso al saber qué te podría matar ahora mismo y no habría ninguna diferencia en mi plan— Exclamó Declan.

Carlos entonces se asustó tanto que perdió la compostura y se hecho a llorar soltando el volante.

—Toma firme el maldito timón o pintare el parabrisas con tu cerebro—Dijo Declan en un tono bastante sereno.

Carlos tomó el volante con tanta fuerza que arrugó la funda de cuero.

—Y por favor deja de lloriquear, das pena—Murmuró Declan mientras regresaba a dormir.

Éste tiró la pistola al portavasos.

—Ni siquiera había una bala en la recámara—Dijo en un tono burlón.

Llegaron a la hacienda, tenía un muro de concreto largo que la rodeaba y con la parte superior techada con tejas.

La entrada era un arco grande, y el caminó hacía la casa era empedrado.

La guerrilla del narcotraficante lo recibió, Carlos habló y los dejaron entrar.

La guerrilla torpemente se creyó el cuentito de la emboscada, dejandolos pasar, pues al menos traían el cargamento intacto.

Carlos lo dejó mal parqueado adelante de un helipuerto y se bajaron.

Declan se estiró bastante, también se tronó los huesos de su cuerpo.

Un par de guerrilleros se subieron al contenedor y desmontaron las cosas hasta unos vehículos de paila.

Declan se apresuró a tomar el frasco de Antimateria y lo llevo en la caja.

—Llévame con tu padre—Dijo Declan.

—Ya te dije que no es mi padre—Respondió Carlos.

—Tu padre, tu tío, tu abuelo, lo que sea, llévame con él narcotraficante ese—Dijo Declan.

Caminaron por la villa, era grande, habían varias casas, todas eran de algunos trabajadores que vivían y cuidaban de la villa.

En la entrada había una preciosa fuente blanca, de ahí el nombre.

—Allá esta la casa, es la de tres pisos con los balcones—Dijo Carlos.

—¿Bueno?—Preguntó Declan—¡Soy tu invitado, ve tu primero!.—

Avanzaron hasta llegar a la gran casa, subieron por las escaleras exteriores hechas de hormigón, y llegaron hasta la entrada a la oficina del don.

Carlos iba a tocar la puerta, pero Declan lo apartó y entró sin mas.

Sentado en un escritorio estaba Don Luis Dubón.

Tenía fácilmente unos 40 años, era delgado, y llevaba un traje limpio de color Cafe con unos zapatos de cuero formales del mismo color.

Fumaba un gran puro traído desde algún Oasis, pues su marca era de allí.

Los guardaespaldas vestidos con camisetas Polo de color azul, aprehendieron a Declan tomándolo de el brazo.

Pero cuándo intentaron reducirlo, no consiguieron nada, por mas fuerza que pusieran.

—¿Que pasa?, ¿Quién es usted?—Preguntó Don Luis.

—Mi nombre es Iván De Roma, trabajo para usted—Dijo Declan.


Don Luis no se tragó la mentira, algo que Declan hizo a propósito específicamente para eso.

—¿Ajá?—Preguntó Don Luis.


—Yo y su hijo, le proponemos una oferta—Dijo Declan.


Don Luis vio a Declan de manera sospechosa, desconfiando de él.


El Señor Don Luis tenía a su disposición una Revolver .44 en su escritorio, cerca de donde tenía sus plumas, sellos, documentos, etc.

—¿Qué me ofrece?—Preguntó Don Luis.


—Un cheque de 300 créditos por éste frasco extra de Antimateria!.—


Era obvio que algo no cuadraba para El señor Don Luis, por qué otro frasco, dónde lo encontró, a quién se lo robó, por qué le vendería un frasco extra.

Jamás vio a ese hombre, sus ojos eran anormales, su complexión era demasiado esculpida, sobresalía de tantos esbirros que trabajaban para él.

Esas manchas brillantes que en un principió pensó que era pintura brillante pero que al verlas mas de cerca notó que no era ninguna pintura, o mancha.

Su forma tan extraña al hablar, cómo si relatara algo.

Pero lo qué remató sus dudas, fue la sonrisa, esa sonrisa tan confiada, la sonrisa tan ególatra que jamás vio en su vida.

¿Quién era ese hombre y con cuántos mas estaba acompañado?, fue la abrumadora duda que se le vino a la cabeza.

—Acepto— Respondió Don Luis.


Les hizo señas con los ojos a sus dos guardaespaldas los cuáles se prepararon para lo peor.

Carlos por otra parte, temía por la vida de su padre por encima de la suya, se armó de valor y se decidió a hacer lo que sea necesario para ayudar a su viejo tan querido a escapar a salvo.


Don Luis buscó entre sus cosas el revólver, el cuál siempre mantenía cargado, en todo momento, pues era la persona mas paranoica y desconfiada que jamás había existido.


Apuntó disimuladamente entre la mesa, y insinuó dónde podría salir la bala.


Una vez listo, jaló del gatillo atravesando la madera y pegándole a Declan en el abdomen.


La bala rebotó, el impacto a penas le hizo daño.


Los guardaespaldas abrieron fuego a quemarropa intentando matarlo pero las balas solo dañaban los trapos que llevaba puesto.


Después de haber vaciado 3 cartuchos de 9mm y un tambor de 6 balas de .44.

Declan seguía en pie.


Carlos yacía tirado en la alfombra tapándose los oídos y gritando.


Declan se sacudió el hombro izquierdo de forma irónica mientras sonreía.


Se cambió al instante por sus indumentarias.


Se quitó sus dos máscaras y reveló su aterrador rostro.


—Es una pena, yo sí estaba dispuesto a hacer el trato—Dijo Declan.

Este hizo una breve pausa.


—Después de todo, era un trato bastante justo...—.

Éste procedió a reírse maliciosamente.




Lo que sucede a continuación es una explosión en la oficina, una nube de sangre y de miembros cercenados son disparados con una fuerza increíble, la madera, pedazos de escritorio, tela, libros, paginas de los libros, cientos de objetos salieron volando con tal fuerza que mataron a varios miembros que se encontraban a la distancia, pues servían como proyectiles letales.



No quedo nada, de Don Luis, ni una pizca de su presencia, Parte del techo y todo el muro fue prácticamente pulverizado por completo.





Los dos guardaespaldas y Carlos estaban llenos de polvo y tosían sin cesar.




La alarma se encendió, los guerrilleros a disposición se trasladaron a la zona de el percance lo mas pronto posible.


Declan dio un salto destruyendo ya de por si lo que quedaba de la oficina y expulsando a los 3 sujetos que estaban adentro.




Carlos cayo encima de unos sacos de harina, mientras que uno de los guardaespaldas cayo encima de un vehículo.


El tercer sujeto la tuvo mal, pues fue empalado en un portabanderas que se encontraba posado a la par de una ventana.




Se pudieron oír disparos, a la distancia, cenizas comenzaron a caer en las calles, como si un volcán hubiese hecho erupción.



Carlos perdió la consciencia por un buen tiempo, cuando la logro recuperar, se despertó adolorido, ya había caído bastante ceniza en toda la villa, los automóviles estaban cubiertos en su totalidad al igual que los cadáveres que ahora se encontraban dispersos por todos lados, en su mayoría de guerrilleros.




Rayos de color rojo ardiente impactaban en los techos de las casas, y rara vez en las calles.



Carlos se incorporo lo mas rápido que pudo, y avanzo lentamente, cojeando.




Tosia sin cesar, las cenizas lentamente entraban a sus vías respiratorias.





El cielo estaba rojo, completamente, podía ver jinetes en llamas galopando por el cielo con albardas, lanzas, y mandobles.




Un jinete alto los lideraba, su caballo era en realidad un unicornio en llamas, y su armadura era puntiaguda, similar a un caballero gótico.




Los jinetes espectrales diezmaban la villa con ondas de flamas calcinantes que destruían todo con una tempestad poderosa.




Declan se suspendía en el aire, rayos eran atraídos a su cuerpo, pero no le hacían nada.



Vehículos, eacombros tanto grandes como pequeños, cadáveres y demás cosas flotaban a su alrededor girando en torno a él.




Este juntaba sus pies y alzaba los brazos viendo al cielo.





Las nubes formaron una especie de huracán, una enorme brecha de alzaba.




Una esfera de energía se formaba en sus manos, era candente, se podía sentir como quemaba la piel.




Carlos corrió todo lo que sus piernas destruidas le permitieron hasta salir de la villa.




A la distancia vio a Declan por breves momentos, cuándo entonces ocurrió.





Un destello cegador le nubló la visión, acto seguido un estruendo estrepitoso lo dejó sordo temporalmente, después salió expulsado por la Onda expansiva.




Las palmeras se sacudieron, los mares fueron relegados, la tierra se levanto, las montañas colapsaron, los volcanes se activaron.



Un enorme cráter quedó en el centro, y lo que antes fue una enorme hacienda, era ahora un lago todavía mas grande...









25 de Agosto de 2021 a las 06:28 0 Reporte Insertar Seguir historia
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