Un intruso entre mis teclas Seguir historia

esconfundida Lyz O.

Luis J. Sáenz es un escritor novato que recién ha publicado su primer libro y está en vías de publicar el segundo, esto gracias a que en su camino se cruzó Sara Zavala (su editora) quien se interesó en su trabajo y de hecho tiene mucha fe en él como autor, pero cuando alguien del pasado regresa a través de su editorial y siente que no puede negarse a la petición de Sara, es momento de tomar decisiones.


Romance Todo público.

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La propuesta

Tic-tac tic-tac tic-tac


Ese maldito sonido que hace que todo pase lentamente y aumenta mi ansiedad, ¿quién sigue teniendo un reloj analógico en una oficina como esta de todas maneras?, siento que no siempre ese sonido me resultó tan desesperante e irritante, pero no quiero recordar desde cuándo comenzó a serlo.


– Junior, disculpa la espera, estaba atendiendo una urgencia de último momento, ya sabes cómo es esto, adelante por favor.

– Si, no hay problema, Sara.

– Te estarás preguntando por qué te llamé.

– Si es sobre la fecha límite, creí que no había problemas con la prórroga, aun no estoy del todo contento con el resultado, así que necesito tiempo para revisar el material.

– Oh, querido, no tiene nada que ver con eso – sonrió despreocupada – cuando prometo algo siempre lo cumplo, me entristece un poco que no confíes en mí.

– No, no es eso para nada, eres una profesional, lo sé, pero pensé que había pasado algo que escapaba de tus manos...

– Tengo más poder del que crees, nada escapa de mis manos – sonrió confiada y abrió su cajón para sacar un cigarro electrónico.

– Bien, debí imaginarlo.


Me relajé un poco sobre mi asiento mientras ella se levantaba y sentaba sobre el escritorio, se tomó un momento para mirarme a los ojos, ahora estábamos más cerca, ella era indiscutiblemente inteligente, guapa y confiable, una presencia que imponía, aún más teniéndola tan cerca, pero estaba algo acostumbrado a su escrutinio. Finalmente le dio una pitada a su cigarro y sonrió de oreja a oreja, giró un poco y tomó un libro de su escritorio, el cual puso frente a mi.


– ¿Has escuchado de este autor?

– Dante Echevarri – murmuré e intenté ocultar mi incomodidad – si... aunque no soy aficionado al terror, así que no he leído nada de él – mentira y verdad, nada publicado, pero si lo había leído, lamentablemente lo conocía.

Devolvió el libro a su escritorio y me miró sin perder esa sonrisa confiada y desconcertante.

– Si sigues así Sara, es imposible que entienda el por qué de esta reunión y no me malentiendas es encantador verte, pero tu silencio no es cooperativo y yo tengo cosas que hacer.

Ella soltó una fuerte risotada – incluso el perspicaz e inteligente Luis J. Sáenz no entiende esta situación.

– Vamos Sara, basta de juegos, a veces realmente se me hace difícil entender en que rayos estás pensando.

– Oh, cariño, vamos, no seas aburrido – se inclinó hacia mi poniendo su mano sobre mi hombro – hablo sobre un trabajo conjunto – me guiñó el ojo.

– No estoy comprendiendo – fruncí el ceño.

– No te hagas el tonto, no te queda – se irguió y dio otra pitada – sé que eres más de los que trabajan solos, pero esta podría ser una oportunidad para ampliar tus horizontes, ustedes tienen estilos diferentes, pero podrían complementarse de alguna manera.

– No lo voy a hacer Sara, ¿de dónde sacaste esa idea?

– Bueno, resulta que Migue, uno de nuestros nuevos editores, es un amigo de él y en una conversación me mencionó que Dante está muy interesado en trabajar contigo, al principio me sorprendió, pero luego de revisar bien su trabajo, pensé que es una idea tan descabellada que podría funcionar.

– Definitivamente no, Sara, no voy a trabajar con ese hombre.

– Pues el directorio lo aprobó, así que tendrás que intentarlo – se paró y me observó desde arriba con una expresión severa – soy tu editora después de todo y no voy a dejar que desperdicies una oportunidad de crecer, si las cosas no funcionan después de un tiempo te dejaré renunciar, mientras tanto no hay manera que lo haga.


La miré incrédulo, no entendía muchas cosas, aunque muchas de esas no tenían nada que ver con Sara, realmente siempre le he tenido una gran confianza como profesional, colega e incluso como amiga, sin embargo ¿cómo había llegado a esta situación?, no tenía idea y difícilmente lo averiguaría en ese momento, pero le debía mucho a mi estimada editora y no podía negarme, bajé la mirada, en parte intimidado por la suya y solté un suspiro resignado.


– Ya veo... supongo que no tengo de otra.

– Siempre tan listo – sonrió y volvió a su asiento – Romina, por favor dile a Migue que Sáenz ha aceptado el trato y que coordine una cita – indicó por el teléfono a su asistente – Bien Junior, siempre es un gusto trabajar contigo – estiró el brazo y estreché su mano.

– Bueno, si eso es todo, con tu permiso – salí de la oficina y me despedí de Romina con la mano.


Tic tac, tic tac, tic tac...


Miré el reloj tras sentir ese molesto sonido,nunca había caído en cuenta que ese lugar era realmente silencioso, pero debí haber sospechado que haberlo notado ese día era una mala señal. Sacudí la cabeza cuando una imagen desagradable apareció en mi mente, era buena hora para ir por algo de comer.

30 de Abril de 2017 a las 18:51 0 Reporte Insertar 2
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