julieokamoto Julie Okamoto

Cuando la familia Lee está a punto de irse a la quiebra un matrimonio obligado entre su única hija, Soo Min; y el heredero de los Kim, Myung Soo, parece la única solución. Sin embargo unos días antes de la esperada unión la joven desaparece... Pero ese matrimonio debe llevarse a cabo cueste lo que cueste. Y es entonces que entra en juego Sung Jong, el hermano gemelo de Soo Min. Advertencia: contenido homosexual.


Fanfiction Bandas/Cantantes No para niños menores de 13.

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Gemelos

—No, no, no —explotó Soo Min por sexta vez aquel día—. ¿Por qué tengo que ser yo la que se case con ese?

—Porque eres la única chica de la familia. Eso es obvio —replicó Sung Kyu —incluso si Sung Jong es más lindo que tú.

Mi hermana gemela le lanzó una mirada cargada de odio antes de volverse de nuevo hacia nuestra madre, quién escuchaba sus berrinches en silencio, convencida de que al final terminaría cediendo.

Solté un suspiro y me hundí en mi pequeña butaca roja, mi favorita ya que había pertenecido al abuelo. Lo sentía mucho por mi gemela, el ser obligada a casarse en contra de su voluntad sólo porque papá había perdido algunos bonos en el trabajo. Estábamos prácticamente en la ruina y nuestra única salvación era la familia Kim, más específicamente su único hijo: Myung Soo.

Por algún motivo que nadie terminaba de entender ese popular y atractivo chico estaba enamorado de Soo Min, aunque ni siquiera la conocía. Había sido él quien había insistido en eso del matrimonio. Y debido a nuestra situación mis padres no habían podido negarse. Estaban en una encrucijada: soportar la vergüenza social que la ruina nos daría o vender a su única hija. No se lo habían pensado mucho.

Y que nuestro hermano mayor, Sung Kyu, los apoyara no ayudaba mucho.

—No. He dicho que no quiero casarme con él —seguía mi hermana —ni siquiera lo conozco.

—Ya lo conocerás cuando te cases, cariño.

Trataba de consolarla mamá, pero Soo Min nunca había sido fácil de manejar. Pese a nuestra condición de gemelos no podíamos ser más diferentes. Ella era la chica ruda, la fuerte, la rebelde, esa que no aceptaba ordenes de nadie y siempre defendía sus ideales. Yo, por el contrario, era el chico tímido y callado en el que nadie reparaba, el buen hijo, sumiso y obediente.

—¡Qué no voy a casarme!

—Basta ya con eso.

Se escuchó la autoritaria y potente voz de papá, quien entraba en la sala con el primo Hoya, quién estaba de vacaciones con nosotros antes de irse a la universidad.

—Pero... —intentó mi hermana, incapaz de aceptar su destino sin luchar.

—Cállate ya, Soo Min. Mientras vivas bajo mi techo harás lo que te diga.

Soo Min se incorporó, dejando el cálido asiento al lado de mamá y enfrentó a papá.

—Entonces debería irme muy lejos de aquí y así no podrías obligarme a nada.

—Ve a tu habitación y piensa en como le has hablado a tu padre.

—Te odio —gimió Soo Min y salió corriendo rumbo a las escaleras. Me di prisa en ir detrás de ella. No podía ayudarla, pero al menos podía servirle para escuchar sus penas. Sólo para eso servía, para ser un hombro donde llorar.

Soo Min se hallaba en su habitación, con el rostro oculto en la almohada, llorando a mares, sin importarle lo poco femenina que se veía.

Me senté a su lado y comencé a acariciar su cabello con suavidad, sin decir nada. Entre nosotros las palabras muchas veces sobraban. Podíamos comprender a la perfección lo que sentía el otro.

—Papá es... es tan injusto... tan cruel... —gimoteó, levantando un poco el rostro.

—Es papá —murmuré.

Sabía tan bien como ella lo injusto que nuestro padre podía llegar a ser. Sung Kyu tenía un grupo de amigos, un buen día decidieron formar un grupo musical. Sung Kyu era el vocalista. Sus primeras tocadas fueron un éxito, pero cuando llegó el momento de pasar a cosas serias papá dijo no. Sung Kyu debía graduarse en la universidad y ser un hombre de bien. Debía madurar y olvidarse de esos tontos sueños de juventud. Sabía muy bien que mi hermano lo lamentaba, pero así como yo, no había tenido el valor de negarse a una orden de papá.

—Soo Min, ¿por qué no simplemente te casas? He oído buenas cosas sobre ese Myung Soo. Y además te quiere.

—Pero yo a él no —se incorporó y me tomó de las manos —entiendeme, ¿sí? Yo no lo quiero. Y tampoco puedo quererlo.

—¿Por qué?

Pero al ver su expresión desesperada ya había comenzado a sospechar lo que ocurría, el porqué de su rotunda negativa.

Soo Min me miró con gesto suplicante, pero no la ayude. Necesitaba que ella misma lo dijera.

—Amo a otro —murmuró como si sus palabras pudiesen destruir un país entero. Y en cierta forma así era.

—¿Quién es?

—No importa. De todas formas papá nunca lo aprobará porque no tiene dinero.

Soo Min se levantó de la cama, mirando por la ventana de su habitación. Había una expresión de añoranza en su rostro. Sentí mucho dolor por ella, pero no podía hacer nada para ayudarla.

La fecha de la boda estaba decidida. Ese evento se llevaría a cabo aunque mi gemela no lo quisiera. Myung Soo y su familia llegarían al día siguiente.

—Jongie —habló entonces —¿a dónde irías si pudieras irte de aquí?

—No lo sé. Nunca me lo he planteado.

—Yo iría a Francia. O tal vez Italia.

—Sólo sabes hablar coreano —dije, riéndome de sus ocurrencias.

Soo Min, no respondió, seguía absorta en el exterior, con el viento alborotando su cabello.


—Sung Jong.

Sentí como era sacudido y abrí los ojos. Me encontré de frente con Sung Kyu. Parpadeé antes de mirar el reloj en la pared: 3:34 a.m. ¿Por qué me había despertado Sung Kyu?

Me senté, frotándome los ojos.

—Sung Jong, ¿sabes dónde está Soo Min?

Esta era la voz de mamá. No me esperaba que también estuviese ahí.

—¿No está en su habitación? —repliqué, ocultando un bostezo con la mano.

—No está ahí. Ni en la sala, ni en la biblioteca ni en el estudio —éste era Hoya—. No está en ninguna parte de la casa.

—¿Qué?

Yo seguía medio dormido, así que no entendía muy bien lo que estaba pasando.

Mamá soltó un sollozo y abandonó mi habitación corriendo. Miré a Sung Kyu.

—Soo Min se ha ido —explicó y me tendió un trozo de papel —dejó esta nota para ti.

La tomé y, sintiéndome un poco más despierto, la leí:


Mi querido Jongie: me pesa terriblemente tener que irme y dejarte después de toda una vida de estar juntos, pero dadas las circunstancias no había mas remedio. No puedo casarme. No con él. Su dinero nunca será suficiente para entregarle mi vida entera. Lo siento por mamá y Kyu, pero tendrán que aprender a vivir sin lujos. Diles que perdono su egoísmo, así como espero que ellos perdonen el mío, pero el sacrificio que me piden es demasiado grande para mí. Es probable que nunca volvamos a vernos. Lo siento, Jongie. Siempre te querré.

Tuya, Soo Min.


La hoja estaba manchada, imagine lo mucho que había sufrido al escribir esas pocas líneas, pensando en que yo era la única cosa que no quería abandonar en toda esta locura familiar.

Papá enfureció al saberlo. Era de madrugada y todos estábamos reunidos en la sala de nuevo. Se respiraba un ambiente depresivo. La familia se iría a pique. Seríamos el hazmerreír de toda Corea.

—Esa boda debe llevarse a cabo —dijo papá —el honor de la familia depende de ella.

—Eso será imposible sin la novia —murmuró Sung Kyu.

—Por eso la traeremos de vuelta —papá miró a Hoya —te lo encargó, trae a esa descocada de vuelta.

—Puede contar con eso, tío.

Pensé en Francia e Italia, rogando porque Soo Min consiguiera llegar.

—Y, ¿mientras tanto qué?—. Inquirió mamá—. Myung y sus padres llegan mañana. Él querrá ver a su prometida.

Se hizo el silencio de nuevo. Cada cual sumido en sus pensamientos.

Y entonces papá se fijó en mí. En su hijo invisible.

—Sung Jong.

—¿Sí?

Mi voz tembló un poco. Papá solía ignorarme la mayor parte del tiempo, nunca me había mirado tan fijamente como en ese momento.

Papá frunció el ceño y se acercó a mí, llevó una mano a mi mentón y me obligó a levantar el rostro.

—Gemelos —susurró y abandonó violentamente la habitación. Miré a los demás sin comprender, pero todos parecían estar en las mismas circunstancias.

Cinco minutos después regresó papá.

—Encontré la solución.

Mamá se levantó, mirándolo esperanzada y entonces papá colocó una larga peluca castaña en mi cabeza.

—Ellos son gemelos.

Dijo y con eso dejó zanjada la cuestión. Soo Min y yo éramos hermanos gemelos. Sin Soo Min sólo había alguien que podía ocupar su lugar ante los invitados, ante el mundo y obviamente ante su prometido, Kim Myung Soo.


9 de Agosto de 2021 a las 19:37 0 Reporte Insertar Seguir historia
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