katyaenriquez Katya Enríquez

En el futuro, la humanidad casi se extingue por causa de sí misma, lo cual generó una repoblación y que el planeta Tierra sea ahora solo, Mezone. Soy acusada por la creación de una nueva pandemia que consiste en un virus (combinación de todas las enfermedades del mundo) que debe ser destruido, pero, ¿cómo? ¿podré sola? Junto a mi familia y amigos descubriré la solución que no necesariamente es la más esperada por todos. Entonces, ¿qué se puede pensar acerca de ello?


Ciencia ficción Futurista Sólo para mayores de 18. © Katya Enríquez

#romance #fantasía #cienciaficción #reflexión #futuroambiental #Albertvirus #Mezone
5
2.2mil VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los miércoles
tiempo de lectura
AA Compartir

1

Ya había empezado a llover cuando el río dejó de ser lo que captara mi atención.

Estaba sentada a la orilla y realmente me sentía tan agotada, quería dejar de huir, sin embargo, todos en contra mía andaban.

Miré mis manos y me cubrí la cabeza con la capucha de mi sudadera, fue entonces que procedí a meter mis manos en los bolsillos de esta.

Aun hallando la explicación del por qué me seguía la gente de mi ciudad, Eusa, no conseguía entender cómo ellos tenían tanto odio guardado sólo por mí.

Sentía ganas de acercarme cada vez más al río.

Mis mejillas estaban pálidas al igual que mis manos y el resto de mi cuerpo.

Aceché el cielo con el rabillo del ojo y mostraba tonos grises junto con las nubes. Me dio mucha paz.

—Sólo hazlo —decía una parte de mí y la otra le reclamaba—. Déjala en paz.

A mi lado izquierdo se encontraba un árbol torcido cuyas hojas eran de un verde tan sin vida que verlo me deprimía más. Un paso más y lo conseguía.

Me volteé y me dejé caer al agua. Sentía el frío del agua entrando a toda mi ropa.

Cerré los ojos y dejé que la corriente me llevara. Las miradas me aturdían, así que decidí ignorarlas.

Creo que alguien se tiró a nadar para rescatarme y ponerme en tierra arme.

No me interesaba nada de eso, sólo necesitaba acabar con las desdichas de todo el pueblo.

—Dejadla morir —dijo un hombre con acento español. El joven que me sacó del agua me alzó la capucha y sentí su mirada de preocupación.

Seguidamente de revisar mis signos vitales, le dirigió una mirada seca a todos los demás, o eso creía antes de que al despertar me fijara que dejó ver su desagrado a algunos cuantos.

Con el RCP mi cerebro volvió a mandarle a mi cuerpo.

Abrí los ojos y la boca al mismo tiempo y con impulso de brinco me erguí para sacar el agua de mis pulmones que se estaban pudriendo.

—Gracias —dije cansada al joven de camisa amarilla y jeans, que por cierto, se veía como el tipo de hombre con el que me gusta salir.

Me recosté y vi que había parado de llover. Con lentitud me levanté apoyándome en los hombros del chico.

Las miradas de los vecinos y el resto de gente alteraban a mis amigos y al joven que en menos de un minuto me estaba cargando sin que se lo pidiera.

Pasaron 5 minutos para que mi ser dejara de moverse y sentía que mis ojos se iban cerrando poco a poco.



Salté de un brinco de mi cama. Ahogué un grito que fue escuchado por mi amigo —hijo mayor del mejor amigo de mi padre—. Entró en la habitación sin hacer ruido y cerró la puerta.

Prendió la luz y se acercó en silencio a la cama. Se sentó a mi lado y me miró a los ojos con preocupación. Me acerqué a él, observé su mirada cansada y luego su cabello pelirrojo y alborotado. Me tomó de la mano y me dijo mirándome con los ojos entrecerrados por haberse despertado en la madrugada:

—Me quedaré aquí para que no repitas el sueño de nuevo, ¿está bien?

Asentí con tal movimiento que mi cabello se encimo en mi cara y con la mano libre me lo quité de ahí.

En ese momento su teléfono vibró y tenía 18 mensajes de tres conversaciones.

Prendió su teléfono y se iluminó la pantalla. El fondo de su pantalla de bloqueo era una foto que nos tomamos hace unos meses atrás en la playa, en ese preciso instante en que se tomó la foto él me estaba cargando de caballito y ambos sonreíamos a la cámara.

Observé un microsegundo su celular y aparté la mirada. Me zafé de su mano y me paré para apagar la luz.

Me dirigía a mi cama cuando de repente se escucharon sonidos proviniendo de la planta baja.

Mi amigo dejó en la cómoda su teléfono y se acercó a la puerta. Se pegó mucho a mí que me aparté un poco para no sentirme incómoda. Los dos escuchamos con cuidado lo que hacía ruido afuera.

—¿Dónde está? —gritaba un hombre.

—Te lo he dicho muchas veces y no tengo miedo de repetirlo ­—dijo mi padre muy temple—. No tengo idea de qué me estás hablando.

—Mira —la voz del mejor amigo de mi padre temblaba—, probablemente te has equivocado de dirección. Yo sé que ya no hay nadie con las cualidades que nos estás describiendo.

Se escuchó un cuchillo ingresar en el pecho de alguien.

Chillé y mi amigo me cubrió con su mano cálida mi boca.

Se oyeron pasos del hombre alejarse y aporrear la puerta de la casa.

El Sr. Smith cerró con seguro la puerta de la casa y suspiró.

Mi amigo y yo salimos corriendo a la planta baja tomados de la mano.

Vi a mi padre sangrar y fui por una venda para colocársela porque no me gustaba ver la sangre.

—Te están buscando —soltó mi padre.

­—Y ustedes no dejarán que me lleven.

Terminada la acción de cubrir la herida el Sr. Smith nos dijo que irían al hospital subterráneo donde trabajaban todos aquellos que me deseaban el bien. Bajaron por el sótano y cerré la puerta para que no los siguiera.

­—Son las 4 de la mañana ­—susurró D. Se acercó a mí y me abrazó.

­—Se supone que tengo clase a las 9:00 de la mañana verde. Qué horror. Tengo mínimo 2 horas y media para descansar. A menos que avise que no podré conectarme.

­—Te sientes bien para la clase ­—me preguntó. Negué con la cabeza.

­—Le pediré de favor a Kolland que me diga todo lo que hicieron. Me disculparé ahora.

­—Diamond Cristal.

­—Dígame señorita. ­­

—Avisa a mis superiores que no me podré conectarme hoy. ­

—De acuerdo. Listo.

­—Gracias. Ya te puedes ir.

­—Voy a soñar con Chris Evans ­—bufó consigo misma y se fue.

­—Me iré a dormir ­—le avisé a mi amigo para que me soltara.

De ahí sólo recuerdo que todo estaba a oscuras y mi cuarto estaba así.

Mi amigo estaba durmiendo cuando me levanté a las 2 de la tarde.

Él avisó a su trabajo que no iría por problemas personales. Lo desperté y lo único que recibí fue un cállate.

Me duché y al ponerme mi vestido amarillo y el collar de mi madre.

Me dije: ­—Eres fuerte, leal y amorosa. Sin embargo, eres una Alcatraz y ellos nunca agachan la retaguardia.

Salí secando mi cabello y una persona ya esperaba el baño.

­—Buenos días dulzura ­—era John. El hermano menor de Derek, mi amigo.

—Pasa —dije con mi ropa en mis manos.

Mi pijama la dejé donde siempre, en mi estante de ropa ubicada a mi izquierda. Sin darme cuenta Derek apareció con unos pants negros, el cabello revuelto, una camisa blanca y sus típicos lentes negros. Me impacté tanto que di un pequeño salto.

—No hagas eso —le reclamé—. Por cierto, tu hermano menor sigue siendo un puerco.

Estiró los brazos y los bajó de la nada. Su hermano tocó la puerta.

—Oigan —nos llamó—, ya hice el desayuno. Bajen a comer. Vacilé un momento y lo seguí.

Después de comer encendimos la televisión y estaban pasando las noticias en el canal Eusa comenta:

Cada vez son más las personas que mueren cada día por el virus traído por la segunda luna verde de hace tres años. Son más los síntomas que ahora se presentan en los pacientes.

Los doctores y científicos siguen buscando una solución para que acaben con él y a pesar de todos los intentos el virus es muy inteligente que se resiste a todos los medicamentos y procedimientos legales para exterminar a los virus y bacterias actuales.

La reportera Marcia Paz parecía muy seria.

Derek apagó la televisión cuando vio que estaba atónita del miedo.

—Es suficiente por hoy. John lava los platos mientras yo limpio la mesa y tú Kate recoge todo.

Cada uno terminó su tarea y yo seguía impactada por las noticias matutinas. Escuché una voz hablarme y decirme que debía matar a los hermanos.

No le hice caso y luego me sentí débil. Mis manos y cuerpo se palidecieron y me recosté en el sofá de la sala. Mi cabello se ponía blanco y se iba el tinte café natural. Me comenzaron a salir moretones, mis labios se agrietaban y se ponían morados, estaba perdiendo la vista.

John pasó por aquí y alertó a Derek. Derek fue por mi inyección de Estial, el medicamento que me mantenía sana y me lo puso.

Poco a poco recuperaba la respiración y todos los efectos colaterales se esfumaban.

Tocaron la puerta del sótano y John fue a abrirla.

Eran mi padre, el Sr. Smith y la joven enamorada del amigo de mi padre, la señorita Lucía Kingdom West (a quien conocía de hacía años).

Derek habló rápido con ellos y yo seguía acostada pensando en cuándo todo esto iba a terminar.

Los intentos por encontrar una cura contra esta enfermedad, para los demás era imposible, sin embargo, para los que estaban de mi lado no porque ellos gracias a que mi madre tenía a este virus experimentaban con ella a su voluntad para hallarla.

Lo más que encontraron fue cómo controlarlo fue suficiente porque yo nací con él.

Mis padres estaban felices al saber de mí y recuerdo que estaba muy avanzada su enfermedad de mi madre que después de parirme falleció dejándole claro a mi padre que yo era clave del éxito para acabar con todo esto, sólo que aún no era tiempo.

Mi padre se consoló con la ilusión de que todo esto mejorara algún día.

Yo ya era mayor de edad, sin embargo, no podía salir a la calle porque se supone que el virus se propaga con el tacto y por el aire.

Anhelaba saber cómo es afuera y mi padre y mi madrastra Melanie Yarcot quien también es científica y trabaja para encontrar una solución a esto, me sacaban a dar pequeños paseos bajo su tutela cada vez que se puede y me llevan a la playa o a un centro comercial.

—Wilson Mitzu —era mi madrastra, aquella que era amiga de mi madre y que nunca hizo ningún intento por acabar con el matrimonio de su amiga sabiendo que sentía amor por su marido.

Ella es muy atractiva, no tiene inmensas curvas cómo las modelos normales, su cabello es negro pintado con mechas azules y moradas, su cara es simétricamente bonita, sus ojos son azules y sobre todo es muy buena persona con el alma de un ángel.

—¿Qué ocurre?, querida —dijo mi padre.

—Necesitamos que vuelvan al laboratorio. Creemos que Paty encontró una anomalía en el patógeno. Buenos días, chicos. También, se requiere a nuestra hija.

Me levanté y me acerqué con mi padre.

Le dije vamos y Derek nos acompañó.

John se quedó solo jugando a ese juego de carreras de autos y bebiendo agua.



La sensación de estar bajo tierra era de esas que cuando te venían encima te sentías como si estuvieras en un lugar húmedo y cálido a la vez.

Llegamos a la puerta del laboratorio.

Mi padre colocó su ojo para desbloquearla y un código muy fácil de recordar: 095536 porque es la fecha de mi nacimiento, día 9 de la luna morada n° 55 del año 36 d.A.H. (muy especial para mí).

Entramos y yo no pude contener las ganas y la emoción de ver todo lo que estaba alrededor nuestro.

Mesas y sillas con mezclas de sustancias probablemente tóxicas, tubos de ensayo, molcajetes, herramientas, entre otros elementos científicos.

Nos detuvimos en la sala de prueba en donde realizaban las investigaciones para hallar la cura del virus.

Había una silla que estaba conectada a un montón de cables que terminaban en una computadora de lectura cerebral, el casco era plateado y muy fino.

La silla se veía cómoda.

Me sentí amenazada al ver a Mirs sentado, él tiene mi edad y siempre que me ve parece que desea mi muerte, pero así es su cara.

A veces pensaba que él estaba enamorado de alguien y por eso ayudaba mucho a las investigaciones, dada la situación vi que mostraba una cara molesta o de celos a Derek y a mí me veía con ternura, es ahí que supe que sentía celos hacia él y no entendía por qué.

—Catherine —me llamó Billy. El científico que ayudaba de más a mi padre.

—Sí, dígame.

—Necesitamos que te sientes ahí —señaló la silla. Me senté en ella y me puse el casco.

Me relajé y traté de no pensar en nada.

Me empecé a sentir en agonía y quería llorar, y resistí a que me ganaran mis impulsos emocionales.

Oí un es todo y corriendo hacia Derek me aferré a él. Observé la pantalla. Decía:

Análisis completo.

Resultados: El sujeto demuestra que la enfermedad le causa desequilibrio emocional que se puede curar con salidas de su casa para evitar que se agobie y las voces internas le siguen insistiendo en que mate a John y a Derek. Otro resultado es que sigue teniendo la misma pesadilla y alguien debe de dormir junto a ella. Seguidamente es bien debido saber que no debe de ver sangre ajena porque puede causarle más problemas. Por último, el medicamento está dejando de surtir efecto y es importante atender esta necesidad.

Anomalía: Mientras duerme el virus se hace más débil al igual que cuando pasa tiempo con la persona de la que se enamoró desde hace tiempo. En situaciones de riesgo o estrés el patógeno se vuelve controlador de ella y esto causa ciertos impulsos.

—Persona de la que se enamoró —repitió mi padre.

—Qué suerte tengo —pronunció Mirs.

—No creo que se trate de ti —habló Lucía—. Yo creo que siente eso por Derek.

Mis mejillas se enrojecían.

­—De quien se trate —dijo Melanie—. Debe permanecer más tiempo con ella y si no se sabe, debemos de ponerle el dispositivo para que mida su movimiento neuronal y saber quién es. Pásame tu brazo.

Le di mi brazo y me inyectó el dispositivo. Después del silencio regrese con Derek a la casa.

Él no decía nada, tal vez porque sentía nervios de la situación o no sé, pero algo lo tenía inquieto.

Una vez en la casa dejamos la puerta del sótano sin seguro y me fui a mi habitación. Derek me siguió. Cerró la puerta para que nadie nos oyese.

—¿Es normal que sienta que es un delito amarla?

—¿De qué hablas?

—Estoy enamorado de una chica menor que yo.

—Diferencia de cuántos años.

—8.

—Hmm... ¿Qué piensas hacer?

—Decirle la verdad. Tengo miedo de perderla.

—No la vas a perder. Si te sinceras con ella se quedará contigo.

—Entonces. ¿No te voy a perder? —me quedé en silencio porque no lo sabía.

—No, tú siempre serás mi amigo.

—Siempre he entendido por qué mi hermano y Mirs me tratan mal sin ti. Tienen celos de que sea tu amigo. Saben que te amo mucho.

—Ahora entiendo por qué Mirs te mira feo, Derek. De John ya lo sabía y de ti me medio sorprende.

30 de Julio de 2021 a las 22:41 5 Reporte Insertar Seguir historia
6
Leer el siguiente capítulo 2

Comenta algo

Publica!
HR Horacio Rios
Linda la historia me encanta nos seguimos y te sigo

HR Horacio Rios
Linda la historia me encanta nos seguimos y te sigo
Paula Dreame Paula Dreame
Muy interesante historia! Tienes alguna red social a la que pueda contactarte?
September 22, 2021, 17:54

  • Katya Enríquez Katya Enríquez
    Sí, en mi perfil tengo agregado mi cuenta de Twitter, mi Facebook y link a mi Instagram. ¡Saludos! September 22, 2021, 17:58
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 16 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión

Mezone
Mezone

En un universo diferente, el Planeta Tierra ha cambiado por mucho. Las guerras, la corrupción, el calentamiento global y muchas otras actividades humanas la llevaron a su destrucción paulatina. Ahora, no solo las plantas, el clima y el suelo evolucionaron, sino también las personas. Leer más sobre Mezone.