carbonilla J F

Esta pequeña historia habla de Lisa y Nora, dos compañeras de trabajo que tuvieron el valor de sincerarse con el mundo y afrontar lo que sentían. Comentario de la autora: Por suerte, ninguna de las palabras aquí escritas dista mucho de la realidad, pues fui testigo de la bonita aventura que vivieron sus protagonistas. Este es mi humilde homenaje hacia ellas.


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CAPITULO I

El sonido humano inundala oficina, gente de aquí para allá en constante movimiento, caminando de una mesa a otra, peleando con la fotocopiadora y charlando animadamente. Aunque esun lugar de trabajo, el ambiente parecedistendido y relativamente relajado.

David abre la puerta de entrada con la espalda mientras sujeta una gran y pesada caja de cartón, lleva cargándola un buen rato y no puede evitar jadear. Sigue siendo joven y aún asíes probablemente el mayor de todos ellos, sus canas y la serenidad de su carácter lo evidencian. En ese momento, uno de los empleados lo ve y se acerca apresurado.

- Deja que te ayude - se ofrece Lucas, liberándolo de parte del peso. Avanzan hasta el escritorio de David y dejan el paquete.

Después de diez años trabajando para una gran compañía, algunos de ellos se habían atrevido a dar el paso y crear algo juntos que pudieran llamar suyo. Habían ganado en todos los aspectos y esas buenas sensaciones flotaban en el aire.

-¿Necesitáis ayuda? -Marcos asomala cabeza desde la pequeña cocina que había al fondo de la oficina.

David niega desde su mesa. Es entonces cuando Nora entra por la puerta principal, la joven tiene la cara enrojecida y está agitada.

-¡UF! Creí que no llegaba -jadea.

-Quizás si salieras de casa diez minutos antes, no tendrías que correr- David hace una bola de papel y se la tira amistosamente.

-¿Y perderme hacer la maratón diaria? -Nora sonríe y se dirige a la cocina. Desde el otro lado de la sala algunos de sus compañeros la miran furtivamente, esperando que nadie, excepto ella, capte la sensación que te produce ser observado.

Aunque sencilla, Nora es una mujer notablemente atractiva, con unos ojos verdes que era imposible no recordar y una cara dulce enmarcada por su melena lisa de color chocolate. Todo esto, acompañado de su simpatía y encanto natural, hacían de ella una persona enla que era complicado no fijarse.

- Lisa, ¿quieres un café? -

Lisa levanta la cabeza del papeleo ante el ofrecimiento de su compañera. Todavía no ha tenido un minuto para moverse de la silla. La mira con sus habituales ojos azules y cansados. Asiente agradecida y Nora puede ver un destello de tristeza en su sonrisa. Últimamente era normal verla así, con un halo de pesar que larodeaba constantemente. A veces incluso lograba aparentar alguno más de los treinta años que acababa de cumplir. Lisa era una mujer hermosa, cautivaba por lo enigmático de su carácter. Más retraída y correcta que su compañera, todo el mundo podía ver que era la más inteligente de cualquier habitación.

El teléfono de Lisa comienza a sonar y en vez de descolgar, lo sostiene con su mano mientras mira la pantalla fijamente. Nora llega con una taza de café recién hecha y mira a su compañera que parece atascada.

- ¿No lo vas a coger? -

- Me he ido hace una hora de casa, ¿qué puede necesitar? - Lisa lanza un suspiro.

Nora comprende en ese instante que se refiere a Saúl, su pareja. Conocía a Lisa desde hacía años, trabajaban para la misma empresa. Allí no pasaron de ser simplemente compañeras, pero gracias a la nueva oficina se habían acercado mucho más, descubriendo que conectaban especialmente bien. En estos últimos meses Nora supo de la existencia de Saúl. Lisa le contó que llevaban juntos algo más de tres años. En este último tiempo se había convertido en alguien mucho más celoso y posesivo de lo que solía ser. Sin siquiera pensarlo, Nora le arrebata el teléfono de las manos y descuelga. Lisa hace ademán de levantarse horrorizada, para después taparse la cara con las manos poniendogesto de disgusto.

- ¿Sí? -responde con falsa ingenuidad. -No, obviamente no soy Lisa...está reunida...sí, le diré que te llame -corta la llamada y le devuelve el teléfono a su legitima dueña.

- Gracias...yo...gracias - Lisa no era muy dada a los discursos. Además tampoco sabía qué decir.

- No hay de qué... ¿Quieres que hablemos? -Nora se había convertido en su confidente. Lisa no la atormentaba con cada problema que se presentaba, pero sí la usaba como válvula de escape cuando alguna situación la sobrepasaba.

- A lo mejor más tarde -

- ¿Vendrás esta noche a tomar algo? - pregunta la joven.

Lisa se permite una ligera sonrisa. Sabe que Nora no va a desistir hasta que tengan esa conversación. Asiente y responde así a su pregunta.

Cada jueves la mayor parte de la plantilla se reúne en un bar para charlar sin que el trabajo esté de por medio. Fue una iniciativa de David, apostando por acercarles entre ellos y afianzar el buen ambiente. Parece funcionar.

Lisa advierte que desde su escritorio, tanto David como Marcos la miran de reojo. En el mismo instante en que pone sus ojos en ellos, los chicos retiran la mirada bruscamente, intentando fingir una conversación que no han iniciado. Nora lanza una carcajada, la timidez no entra dentro de su carácter y mucho menos la de los demás.

Cuando parece que la quietud ha vuelto a esa parte de la oficina, el teléfono de Lisa vuelve a sonar, sólo que esta vez sale de la habitación para contestar.

30 de Julio de 2021 a las 11:23 0 Reporte Insertar Seguir historia
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