luis-zil1613766323 Luis Zil

Después de aceptar el gran negocio de su vida, el mercader Mule debe contratar un grupo de mercenarios que lo escolten en una gran travesía. Por desgracia, solo le alcanza el dinero para llevarse a los Perros Mordaza, el peor grupo de la actual generación de héroes. ¿Podrá Mule completar su negocio, o serán sus mismos mercenarios los que lo lleven al fracaso?


Aventura Todo público.

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A la orden, jefazo

Fue al cerrar el trato de su vida que Mule se dio cuenta que necesitaba seguridad para su viaje. Al ser un viejo mercader de poca monta, su mejor opción era contratar a mercenarios: los únicos capaces de protegerlo ante los peligros del exterior. Se dirigió al centro mercenario Helena, único lugar en la ciudad para contratar los servicios de estos guerreros.

Al llegar, se tomó un momento para admirar el edificio: Construido sobre las ruinas de una antigua plaza de armas, el centro Helena constituye el núcleo económico de la ciudad. Por este motivo no escatimaban en poner árboles florales y estatuas de héroes de guerra en la entrada al reluciente edificio.

Sin duda era más lujoso de lo que Mule imaginaba. Ya dentro, el mercader buscaba su camino entre pilares tallados con nombres de ejércitos nacidos de la unión entre mercenarios. Tardó; pero cuando por fin pudo ubicar la mesa de recepción, él hombre se acercó a la elegante mujer ahí parada.

—Buenas tardes, señorita.

—Bienvenido sea usted al centro mercenario de la ciudad Helena. Sede de la Unión Mercenaria y hogar de los mejores guerreros a su disposición. ¿Qué puedo hacer por usted? —dijo la recepcionista con una gran sonrisa.

Mule quedó encantado ante la bella mujer.

—Ejem... me gustaría contratar sus servicios para seguridad en un viaje.

—¡Esplendido! Y qué bien por cierto. Justo hace unos días llegó la legión de los Osos Berserker, comandados por Frederick Piel de Acero.

—¿Habla usted señorita del mismísimo Frederick que arrasa a sus rivales completamente desnudo?

—No hay mejor armadura para él que su mismo vello corporal señor —rio la recepcionista —. Son el grupo adecuado para protegerlo en su viaje, con Frederick nadie se atreverá a acercársele —le dio golpecitos con su codo a modo de juego.

—Me doy cuenta de que serían compañeros ideales. —Mule se llevó las manos a su rubia cabeza —. Quiero escogerlos.

—¡Perfecto!, tome esta hoja. Para poder contratar los servicios de los Osos Platino primero tiene que pagar una tarifa de 10000 monedas de oro, 5000 monedas de oro por día de servicio, 2500 para cubrir armas rotas y suficiente dinero para comprar kilos de...

—¡Señorita, espere! No tengo tanto dinero conmigo.

—No hay problema... en ese caso necesito el nombre de la casa que requiere el servicio.

—Bueno... resulta que no hay ningún noble de por medio. Yo requiero los servicios —dijo nervioso.

La amable sonrisa de la mujer en el mostrador osciló durante una fracción de segundo.

—Ya.

—¿Pasa algo, señorita...?

—A su derecha al fondo, ahí están los servicios económicos —respondió en seco.

Mule supo que la había jodido. Lo mejor era moverse lo más pronto posible.

—Muchas gracias, señorita... hasta luego.

No hubo respuesta.

Fue hacia el corredor: era angosto y oscuro, y por dentro salía una rara neblina. El pasillo estaba húmedo por dentro y con cada paso dentro Mule sentía frío en su pecho y veía menos. Por instinto miró atrás; pero no había nada, así que siguió, incómodo. Luego de una larga caminata pudo salir. Se revisó entero pero no encontró nada raro por delante; aunque por detrás su espalda estaba cubierta de baba, pero por salud mental prefirió no cuestionarse y siguió adelante.

La nueva sala lucía descuidada similar a un bar de mala muerte, con afiches de recompensa de un objeto legendario por doquier, botellas rotas en el piso y olor a juerga.

"Siendo sincero, así me imaginaba un centro de mercenarios", pensó Mule. Vio que la única persona ahí era un chico bebiendo en una mesa. Se acercó a él

—Hola, disculpe. ¿Usted está a cargo aquí?

—Creo que sí.

—Eh... Mucho gusto. Lo que pasa es que necesito un grupo mercenario que me escolte un largo trayecto y... —Notó que no le estaba escuchando en absoluto —. ¿Aló?

—Escucha, viejo. —el chico se acomodó en su silla —. ¿Cuánto llevas ahora?

—Solo 8000 monedas de oro.

—Vale, 7500 por los que tenemos ya listos.

Mule lo miró con extrañeza.

—Seguro... aquí están.

—Vale, vaya a la posada de la esquina y hable con Juanes, él será su muchacho.

—¿Ya está...? ¿No tengo que firmar un documento o algo?

—¡Váyase!

Aunque presentía que erró, Mule simplemente dio media vuelta y se devolvió por pasillo de los lamentos; al otro lado de la sala entró el recepcionista por la puerta que daba a la calle.

—¡Llegó el almuerzo!—cantó el hombre. —¿Algo interesante mientras no estaba?

—No mucho, simplemente un tonto que pagó 7500 por un grupo.

—Bastante para un grupo de segunda orden. ¿Y a quiénes contrató?

—A los Perros Mordaza.

—Pfff, ¿A esos tontos? Vaya idiota. Nosotros deberíamos pagarle por llevárselos.

—Sí, seguramente se arrepienta. Oye, ¿trajiste mi pollo?

Mule dio paso raudo a la posada. Sean quienes fueran sus mercenarios, tenía que asegurarse de dar una buena impresión. Suficiente había tenido con los del centro Helena como para volver a quedar de tonto.

Frente a la posada, Mule pensaba sobre qué clase de personas estarían bajo su mando. "¿Serán fuertes?, tienen que serlo. ¿Sabrán usar magia?, alguno debe haber... ¿serán vegetarianos?" pensaba el mercader. Expectante, abrió la puerta.

—¡Hola! —Mule recibió una embestida que lo mandó a volar.

Tumbado en el piso intentó recomponerse; pero sentía un gran peso sobre su pecho. Al fijar su mirada vio al joven que lo derribó.

—Lo siento, viejo —se disculpó el chico —. No habría pasado esto si alguien supiera controlar su ira. ¡¿No es cierto, bruja?!

Del orificio donde estaba la puerta salió una señora corpulenta y anciana. Hacía parecer a Mule un mero chiquillo.

—¡Te lo mereces canalla. Tú y tus amigos han estado dos meses sin pagar! Ay tonta de mí que confié en ustedes, pero no más. ¡¿Me escuchaste?!

—Pero si te pedimos disculpas muchas veces. Para nuestra próxima misión sí tendremos éxito, se lo aseguro.

—¡Y una mierda, todo su grupo está expulsado de esta posada!

—Pues bien. ¡Tampoco íbamos a volver, y su comida sabe a ...! —El chico recibió un botellazo que lo devolvió al piso.

Mule en un acto de bondad levantó al tipo y se cercioró de que esté bien.

—Gracias viejo, perdón por ese pequeño acto. Si me disculpa voy por la segunda ronda contra esa vieja.

—Si has estado tanto tiempo en esa posada creo que podrías ayudarme a encontrar a alguien que busco.
—¡Por supuesto!

—Muchas gracias joven. El tipo que busco se llama Juanes.

El chico sonrió maliciosamente.

—Se me hace conocido su nombre. ¿Pertenece a un grupo mercenario?

—Sí, los Perros Mordaza.

­—Mmm, creo que sí lo conozco... ¡Soy yo!

Mule quedó de piedra, pero antes de que pudiera maldecir a la vida fue embestido nuevamente por cuatro personas.

—Y estos son mis chicos—dijo Juanes riendo.

En la entrada de la ciudad, Mule se paró frente al grupo de mercenarios: consistía en dos chicos y tres chicas.

Mule se dio cuenta que no llevaban armas ni equipaje, y que apenas superaban los veinte años. También pensó que ciertamente no parecían la gran cosa; pero, por el hecho de ser mercenarios debían tener alguna particularidad. Se aclaró la garganta y les pidió que se presentaran.

Juanes fue el primero.

—Como te decía camino aquí, yo soy el supremo gran líder de los Perros Mordaza: Juanes la bestia de combate, miembro cabeza del perro —. Era un joven moreno, delgado y carente de músculo.

—Yo soy Arrowa, arquera líquida y ojos del perro —. Ella tenía una larga y negra cabellera. "El jefe no deja de mirar mis ojos rasgados, seguro creerá que me cuesta tirar con ellos", pensó.

—Aquí Thorton, músculos del perro —. Apretó innecesariamente sus músculos. Él era la masa de músculos del grupo, y también el mayor de ellos.

—Hey. Se te olvidó mencionar tu habilidad —señaló Juanes.

La más baja del grupo dio una voltereta delante.

— Yo soy Cerroja: ladrona con la marca del retorno seguro y chica camaleón. —Cerroja presentaba un hermoso pelo anaranjado, similar al color de sus ojos y piel bien cuidada.

—¡Cerroja! Se supone que tienes que ser una parte del perro —recriminó Juanes.

—¡¿Y qué parte crees que iba a juego conmigo, la cola?!

Para Mule ella parecía más una princesa que una ladrona.

—Filosa —dijo la última integrante. Ella tenía piel blanquecina y vestía un traje completamente negro. A simple vista parecía una bruja.

"Ni siquiera lo intentó", pensó Mule.

Con el grupo presentado, Juanes aseguró que nada en el mundo evitaría que ellos cumplieran su misión de llevarlo seguro adondequiera fuese.

Las expectativas de Mule bajaron considerablemente. Sujetó bien su larga mochila, y caminó dejándolos detrás. Los perros se miraron entre sí y levantaron sus pulgares en señal de victoria, yendo tras él.

—Qué te pareció, jefecito. A que somos impresionantes —dijo Cerroja.

—No molestes niña, no tengo ganas de hablar. Gasté casi todas mis monedas en ustedes, así que más les cumplir bien.

—Seguro, jefazo —se sumó Juanes —, no te preocupes, somos mercenarios. Si hay algo que hacemos perfectamente es buscar pelea.

­—Eso es lo contrario que quiero que hagan...

Filosa tomó el hombro de Mule.

—¿Qué hay de usted, señor Mule? Como nuestro empleador debería darnos algunos detalles. Lo único que sabemos de usted es que es mercader. Y por el hecho de no andar en carreta imagino que no es los exitosos, por no decirle mercader de segunda.

—¡Oye!, no tenías que ser tan grosera. Supongo compartirles información es importante para que me protejan. La verdad es que ahora mismo no viajo como mercader, sino como expedicioncita, supongo...

De la nada, la tierra se abrió frente al grupo y de ella emergió una criatura gigante con una docena de tentáculos. La criatura medía cerca de 10 metros y contaba con extremidades capaces de destruir rocas.

—¡Un calamar de tierra! —gritó Mule aterrado.

Juanes advirtió al jefe que retrocediera, pues era el momento de que los perros sacaran sus colmillos. De su cuello brilló un colgante con una gema marrón.

—Poder bestial, actívate. —Se materializó en el cuerpo de Juanes una armadura de cuerpo completo: grebas reforzadas y elásticas, hombreras con pinchos, hombros con pinchos y brazos terminados en garras de acero y un yelmo con gigantes cuernos de cabra.

Juanes se lanzó a la carga. El calamar de tierra dio un latigazo al piso pero el chico bestia se sirvió de este para saltar hacia la cabeza del monstruo.

—¡Toma esto! —. Juanes atacó con un zarpazo, pero su garra se destruyó. El calamar lo azotó contra el suelo, noqueándolo.

Thorton fue el siguiente al mando.

—Cerroja, ataquemos juntos. Arrowa, cúbrenos. —Ellas asintieron.

Los dos corrieron a toda marcha: Thorton dio un gran salto y desde el aire sacó una gema morada, invocando una hacha de doble filo.

—Hacha volcagelada. ¡Desata el poder invernal!

Cayó en picado cortando un tentáculo, creando una gran explosión de hielo.

—Ahora con el poder del hielo no podrá regenerar las extremidades que corte... —Dio un vistazo al cráter formado: estaba todo congelado, incluyendo su cuerpo —¡Arrowa, ayuda!

—¡Resiste!

Arrowa sacó su gema azul, materializando un arco recurvo. Absorbiendo la humedad de los alrededores, creó una flecha de agua. Arrowa disparó al cuerpo del monstruo, con una velocidad y precisión insuperables; pero con la potencia de una bola de papel. Avergonzada, dijo que debería haber cargado un poco más su ataque, pidiendo que la esperen un poco.

El calamar barrió el suelo, dejando a Thorton fuera de combate. La siguiente era Cerroja, quien frenó en seco.

—Ni loca me enfrento a eso sola. Nos vemos de vuelta chicos. —Cerroja activó su gema roja y e instantáneamente desapareció del campo de batalla.

—Bueno. Creo que podemos dar por terminada la misión, un gusto haberlo conocido, señor Mule —se despidió Filosa.

—¡¿Tú no intentarás nada?!

El calamar se acercó a los tres restantes, con otro latigazo atacó a Mule, solo destrozando su mochila. Con sus ventosas tomó un paquete y lo desenvolvió, revelando un cetro dorado con una gema negra incrustada en la punta.

—¡El cetro Okruus! ¡No puedo perderlo... no puedo perder mi sueño! —Mule corrió en contra del calamar pese a la advertencia de Filosa, quien observó fijamente el objeto. El calamar apretó sus demás tentáculos formando una gran masa y lanzó un golpe masivo.

Al ver su muerte inminente, Mule cerró los ojos, dejando ocurrir el impacto. Lo último que escuchó fue un estallido.

Pasados unos segundos abrió lentamente sus ojos: no estaba muerto. Frente suyo estaba Juanes, quien lo había escudado con su espalda.

—Jefazo, le dije que era momento de sacar nuestros colmillos... No se exceda —habló con dificultad. Sujetó con fuerza los tentáculos y clavó sus pies al suelo —. ¡Arrowa, acábalo!

Ella había reunido suficiente agua de los alrededores, formando una gran masa líquida en su mano. La convirtió en una flecha compacta. La arquera se puso en pose y disparó un torrente perforador, destruyendo el cuerpo del monstruo.

El potente disparó hizo que la extremidad que llevaba el cetro lo soltará. Mule vio como caía el objeto, siendo incapaz de llegar a tiempo para salvarlo. Sin embargo, cayó en las manos de Filosa.

—Señor Mule, este cetro es muy peculiar, si sabe lo que me refiero.

—Eso creo. Pero por ahora déjenme agradecerles.

—Hablaremos seriamente más tarde. Tomé. —Entregó el cetro al mercader.

Mule dio un vistazo a lo que fue el campo de batalla, de alguna manera lograron ganar a un monstruo. "Puede que me haya equivocado con ellos", pensó. Sujetó fuertemente el cetro y agradeció sinceramente a los chicos.

—¡Lo hicimos! —gritó Arrowa —. Juanes, ¡de verdad lo hicimos!

—Sí... lo hicimos. —se levantó con dificultad —. Despertemos a Thor... No se va a creer que ganamos.

—Jeje, muy bien chicos. ¡Me han impresionado! —Mule soltó una pequeña sonrisa abrazando el cetro—. ¡Es hora seguir!

—No tan rápido, señor Mule —dijo Filosa —. Todavía tenemos que volver a buscar a Cerroja.

Mule se llevó la palma al rostro. Sabía que sería un gran reto convivir con aquellos mercenarios; pero en el fondo no le molestaba tanto.

25 de Julio de 2021 a las 02:36 0 Reporte Insertar Seguir historia
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