Killer Love Seguir historia

fer-moure Fer Moure

Deede Hansel ha pasado cuatro años en la cárcel, pagando por todos los errores que cometió. Josh Mcdougall no puede dejar su pasado, mientras atraviesa una gran encrucijada y está en la mira por la falta de profesionalismo. Ahora los dos están luchando contra un enemigo común. ¿Lograrán sobrevivir? O ¿Quién salvará a quien?


Acción No para niños menores de 13.

#desilución #venganza #odio #amor #drama
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Capítulo 1

Cuando finalmente te acostumbras a vivir en un lugar lleno de ruido, suciedad por todas partes y pleitos a todas horas sientes que tienes la necesidad de respirar profundamente y liberar de a poco toda esa rabia y frustración. Este es mi ritual de las mañanas, despertarme antes que todas y con piernas cruzadas en el suelo como si fuera una adolescente, exhalar e inhalar diez veces. Siempre que hago esto siento cómo me tranquilizo un poco y cómo una frescura me acompaña hasta que el maldito carcelero golpea en mi puerta fuertemente. Es ahí cuando toda mi paz se esfuma.

Vaya, vaya, mira a quién tenemos aquí, digo mirando por la pequeña abertura de la puerta de metal de mi celda. Hoy le toca venir a Nick, el más joven de todos. Le sonrió angelicalmente y él sucumbe ante el hechizo de mis ojos plateados.

—Hola... Deede, hoy si que estás radiante —Siempre repite eso cada vez que le toca dar una ronda por mi pasillo.

—Gracias y tu estas cada vez más... fuerte. ¿Estás yendo al gimnasio? —Soy una buena mentirosa y una buena oportunista.

—Por orden del jefe todos debemos mantener nuestro físico. He empezado apenas tres semanas y mira —Levanta su brazo derecho para mostrarme lo fuerte que se está poniendo. Mmm... Ese brazo podría ahorcarme fácilmente pero si utilizo la pistola...

—¡Oye Nick, deja de holgazanear y ponte a trabajar maldita sea! —Ese era su jefe.

Era el típico policía norteamericano: delgado, de estatura media y con una mirada que busca en lo más profundo de las almas. Este tipo seguro puede descubrir los crímenes con sólo mantener la mirada.

—Si jefe —contesta el joven, poniendo los ojos en blancos a sus espalada—. Bueno preciosa, ya sabes, portate bien y no hagas tonterías.

—Claro que si cariño —Lo miro directamente a sus ojos verdes, que siempre me dan ganas de arrancárselos.

Suspira sin apartar la vista —Más tarde veré si te doy una visita. Hasta entonces portate bien.

Esa frase sólo implica algo que no estoy dispuesta a dar. Ni sueñes infeliz. Tenía esa regla de nunca mantener relaciones con los policías... No después de lo que me pasó. Los odio con toda mi alma. Mi madre siempre me decía que me mantenga alejada, que nunca me relacione con ellos porque o terminaría con una bala en la cabeza o me dejarían destrozada.

Eso era algo que jamás me lo perdonaría; caer bajo el encanto de un policía. Y tuve mucha suerte que él no me matara cuando se enteró de mi verdad pero el muy maldito me entregó a la justicia. Ya sabía que en cualquier momento de mi vida terminaría en la cárcel pero no siendo traicionada por la persona que había llegado a amar. Perdí todo cuando entré en este lugar: dinero, amigos, mi madre.

Mi trabajo consistía en extorsionar a políticos y millonarios de San Francisco porque todos ellos tenían deudas con el señor G, mi jefe, y para conservar sus miserables vidas preferirían que les quitáramos sus lujos o incluso algunos le insultaban y siempre terminaban con la bala en la cabeza. Era divertido ver la cara que ponían cuando les decía todo lo que planeaba hacer a sus familias, a sus adoradas amantes... Así que para evitar escándalos y dramas familiares ellos le daban al Señor G una parte de sus fortunas, dejaban que les revise sus cajas de seguridad y llevarme todo lo que me parecía de gran valor.

Ese mundo lleno de violencia, mentiras, adrenalina, muertes... me hacía llegar al éxtasis con sólo pensar en cumplir las órdenes. Ese mundo me cambió por completo, me enseñó a ser malvada, fría y oportunista. Me burlaba de mis víctimas, les mostraba mi poder y de lo perversa que podía llegar a ser porque esa mafia de G me enloquecía.

Tener sexo con Nick no resulta tan mala idea... Puedes seducirle, sacando tu zorra interior y en plena acción... ¡Le das un buen golpe en la cabeza y le quitas sus llaves y pistola!

No era mala idea pero con una sola arma no podría detener a la gran cantidad de guardias. Porque gente como yo se encontraba en la peor cárcel de San Francisco. Aquí había mujeres asesinas que mataron a sus maridos o sus hijos, ex prostitutas que violaban a sus clientes, ex narcotraficantes y después venían la de mi clase: las mujeres que todo gobierno temía porque sabían que podíamos poner sus ciudades patas arriba y provocar un infierno.

Después de escapar dos veces, me mandaron a una celda subterránea, donde casi penetraba la luz del día, la humedad era demasiada y las ratas se hacían un festín todas las noches. Aquí no éramos muchas, nos encerraban aquí porque los de arriba nos tenían miedo. Sin embargo, a la hora del almuerzo y en la cena era común que se armaran peleas. Convenciendo a Nick, el jefe había aceptado que haría las tres comidas en mi celda porque odiaba al resto y no me gustaba la idea de meterme en una pelea sin tener siquiera un arma para destrozar a mi rival. Porque mi filosofía es no dejar viva a la gente que se atreve a desafiarme.

—Oye, acabas de recibir una llamada de un pariente lejano. Dice que es urgente.

Un tipo con uniforme azul y un rifle en manos está al otro lado de mi celda; abrió la puerta invitándome a salir. ¿Un pariente lejano? No tengo parientes lejanos...

Trato de disimular mi sorpresa y ¿temor? El hombre me sigue por detrás mientras camino hacia el teléfono.

Tomo el viejo aparato y me lo llevé a mi oreja izquierda.

—¿Si?

—Hola... muñequita —Esa voz, grave y muy masculina. Sólo podía ser alguien. Lion. Suspiré—. Escucha Dee, cuando yo te lo indique, tú me dirás "Hola primo Christian" ¿de acuerdo? Estamos tratando de cortar la señal porque ellos nos están escuchando —Sí que eres inteligente, amigo—. Ahora.

—¡Hola primo Christian! —Trato de sonar lo más alegre posible, el guardia que me avisó está apoyado a la par del teléfono mirando hacia al frente pero con todos sus sentidos al máximo.

—Dee el Señor G te necesita para una misión importante así que está preparando todo un operativo para poder sacarte de ese maldito lugar. Sólo te pido que tengas paciencia, no sé por qué el número de guardias aumentó increíblemente en las últimas semanas y por lo que sé todos están sometidos a estrictas rutinas.

—¿Nuestra prima Daisy está embarazada? ¡Esas si que son buenas noticias primo Christian! —Intento alargar el tiempo para recibir la mayor cantidad de información—. Ajá, si, bueno entiendo que estén en una mala situación económica en Rusia pero no puedo ir hasta allá porque... el trabajo no me da tregua y mi jefe me mataría si le llego a pedir vacaciones así que si necesitan dinero sólo saquen de mi cuenta bancaria —Río nerviosamente.

—Muy astuta Dee, muy astuta —Lion siempre se reía de mis mentiras y bromas—. He mandado a uno de los esbirros para que coloquen un par de armas en una caja de electricidad que está muy cerca de la sala de enfermería. Tienes que estar preparada porque cuando G me diga que está todo listo necesitaré de tu ayuda, ¿me entiendes?

—Si primo Christian, tú saca todo el dinero que necesitas, no te preocupes, yo puedo afrontar los gastos. Si, mándale saludos a tía Patty y bendiciones a Daisy. ¡Hasta pronto y llámame cuando el bebé haya nacido! —Cuelgo mientras suspiro de felicidad.

Lion dijo que guardaron un par de armas en una caja de electricidad. Muy astuto. ¿Cómo las sacaría si prácticamente no nos dan permiso para salir más allá de esta sección? A menos que pida cenar afuera y meterme en algún pleito. Mmm... necesitaré la ayuda de Nick. Ya en mi celda me encontraba caminando de un lugar a otro, pensando en cómo llegar a esas armas. Pero no sería nada fácil.

Lion era cinco años más que yo y era de descendencia mexicana. Toda su vida estuvo involucrado en este tipo de mafia, su padre fue su mentor cuando vivían en Puerto Rico pero cuando el FBI lo mató no le quedó otra que escapar y pedir ayuda a G. Él es muy rudo, tiene una fuerza increíble y un historial de muertes que a cualquiera haría sudar. Al principio nos odiábamos porque siempre decía que yo era una tonta que le lamia el culo a G. Sí, al principio realizaba mandados y sacaba información de diversas personas. Pero cuando esos idiotas vieron de lo que estaba hecha y de lo que era capaz, dejé de ser la broma de todos. Desde ahí Lion me tiene bastante respeto y yo a él, ambos nos entendemos perfectamente y liderábamos en las misiones porque dos cerebros siempre trabajan mejor que uno.

Él fue el que planeó mis dos escapadas pero no resultaron del todo exitosas: la primera venía bien, casi había llegado a la reja principal cuando los perros salieron inesperadamente y me atacaron hasta que casi me comen viva. El muy idiota pudo enfermar a los guardias a través de comidas en mal estado, pudo hackear todo el sistema de seguridad pero se olvidó de los malditos perros. Y la segunda fue mucho mejor, recuerdo que era una noche de lluvia cuando un golpe en la puerta de mi celda me despertó de mi sueño y al fijarme en quién era no podía creerlo. Él muy cabrón logró convencer al jefe de que era un carcelero nuevo proveniente de Kansas así que el viejo lo mandó a hacer la última ronda sin siquiera consultar por su documentación. Me sacó por medio de pasadizos oscuros y olvidados. Pero sólo dure cuatro días; tras eso él tuvo que escapar y recién hace unos meses pudo volver después de que mi jefe eliminara a todos los que lo perseguían.


Josh

—Mereces ser feliz, mereces poder vivir tranquilo sin tener ataques de pánico o ansiedad, mereces disfrutar de la vida junto con tu familia, amigos y conmigo —Colocó su pequeña mano sobre mi corazón que latía alocadamente siempre que me tocaba. Estaba muy involucrado con ella, no puedo simplemente dejarla ir porque está en peligro y la muy terca no lo entiende—. Te amo, con tus errores y virtudes. Tú llenas mi vacío...

Vacío.

Vacío.

Me incorporo con fuerza jadeando y con todo mi cuerpo bañado en sudor. El reloj en la pared indica que son las 06 de la mañana y que el día será un infierno. Sofia no se encuentra del otro lado de la cama, seguro está preparándose el desayuno. Con todo el pesar del mundo me levanto y me dirijo al baño. Hace meses que estoy teniendo estos sueños, donde recuerdo todos los buenos momentos que pasé con ella, con mi amor, la que me robó el corazón como nunca antes. Pero fui un tonto porque abrí mi alma a una persona egoísta y delincuente que solo buscaba sacar el mejor provecho de mi posición. Recuerdo cuando se la llevaron, alejándola para siempre de mi lado y sí, yo tomé la decisión.

Mandarla a la cárcel fue la mejor y peor decisión, al principio me decía que estaba bien porque está donde tiene que estar pero después me vino un gran remordimiento. ¿Estará bien? ¿La maltratarán o la golpearán? Porque en las cárceles de mujeres los guardias suelen aprovecharse de que están sin armas y débiles. Aún recuerdo la última mirada que me dio, con sus ojos plateados brillosos y a punto de llorar, transmitiendome el dolor y la traición que estaba sientiendo.

El señor G, el mayor mafioso de San Francisco, tiene ventaja sobre todos nosotros, asesinando a mis hombres y torturando a sus familias con el mensaje de que lo deje en paz. Por ahora suspendí su búsqueda pero sigo atento de sus movimientos.

Ya en mi trabajo, que por cierto soy comisario del departamento de policías de San Francisco, me encuentro con Samuel, el director del penitenciario de la ciudad.

—Buenos días Samuel —El hombre con cabellera gris me saluda con un simple asentimiento y me sigue— ¿Qué haces por aquí?

—Vengo a entregar los informes del mes —Le indico que se siente en un pequeño sillón que está lejos del murmullo del resto de la oficina—. He aumentado el número de guardias en el subsuelo para que controlen más a las revoltosas. Los pleitos se están agravando y ... —Se queda sin palabras.

—¿Necesitas que mis hombres vayan y las calmen un poco?

—No... En realidad estaba pensando en otra cosa. Ya sabes... —Me presiona con su penetrante mirada pero no capto su mensaje—. Estoy pensando en comenzar La Purga.

Durante cinco segundos me quedo muy quieto. ¿Una purga? Eso es imposible.

—No puedes hacer La Purga. Sabes que te traerían muchos problemas, que todo un país te juzgaría por quitarle la vida a otras personas.

—Me importa una mierda si me juzgan, es frustrante no poder tener bajo control un lugar con un montón de locas.

—Ningún penitenciario es tranquilo, siempre hay problemas y pleitos, es algo natural ya que para los presos es normal vivir en un lugar así. No tienes mi permiso.

Estaba a punto de abandonar el pequeño sillón cuando su mano me agarro del brazo.

—Me estoy volviendo viejo, a punto de jubilarme y no permitiré que unas locas hagan motines en mi penitenciario, no dejaré que sigan quemando las camas, rompiendo las paredes e incluso mandando diez hombres por semanas al hospital. Ellos no merecen ser lastimados por su trabajo.

—Entiendo que quieras cuidar tu penitenciario pero entiende que al igual que tus hombres no merecen ser lastimados ellas no merecen morir. No es política de esta nación. Si quieres puedo mandar a los rudos para que pongan orden y las disciplinen, con eso los problemas terminarían y podrías jubilarte tranquilamente.

—¿Tú de verdad te escuchas? —El odio en su tono es muy evidente—. Aún sigo añorando al antiguo comisario que no temía aplicar la ley ni a ser juzgado. Porque él sí que luchaba por su país.

—Quizás el antiguo comisario disfrutaba torturar a gente inocente por el simple hecho de estar en un penitenciario —Esa confesión le dejó callado—. Déjame ver qué puedo hacer, ya hablaré con Morris para ver qué ideas propone.

De repente levanta la cabeza y dice lo que estaba esperando escuchar desde hace cuatro años.

—Deede Hansel recibió un llamado esta mañana. El número era muy extraño y no pudimos identificar su ubicación pero cuando pasaron el llamado al interno 005 perdimos la conexión. Y eso significa que G está tramando algo.

Así que el maldito la está buscando...

—Aumenta su vigilancia, que tus hombres no la dejen sola en ningún momento. Hablaré con el departamento de informática para ver si pueden recoger datos de esa llamada.

Samuel se levantó del sillón y antes de retirarse me estudió por un rato, escudriñiendo en mi alma. Dios éste hombre me pone nervioso.

—Espero que por una vez hagas lo correcto Josh. Nadie pudo atrapar a G pero todos aquí confían en que actuarás inteligentemente y le pondrás fin a toda su mafia. Duplicaré su custodia mientras te pongas de cabeza a buscar a ese maldito bastardo y a matarle de una vez.

Enfatiza sus palabras con una última mirada penetrante y luego se dirige hacia la salida.


Deede

Ya era hora de la cena y había logrado convencerlos de que quería compartir con las demás. No sé por qué pero por mi celda pasaron varios guardias, todos armados y tratando de hacerme sentir miedo. Por favor, soy Deede Hansel y soy una sobreviviente. Nadie puede conmigo.

Estoy en la fila esperando recibir la bandeja de la cena en el patio de este piso subterráneo cuando una chica, muy delgada y pálida, se tropieza conmigo.

—Lo siento, no era mi intención golpearte.

—No hay problema. ¿Eres nueva?

—Si, llegué a este basural hace una semana y la verdad que me dan ganas de suicidarme.

—Tendrás que acostumbrarte —Recibo mi cena que más que comida parecía engrudo.

La chica nueva me sigue hasta una mesa de madera puesta en el medio del patio.

—¿Cómo te llamas? —Parece de veinte años, muy joven para un lugar como este.

—Mare y para que sepas —Clava sus ojos azules— asesiné a toda la familia de mi novio.—Eso no me lo esperaba. —. Y tu estás aquí porque...

—Porque también asesino personas.

—¿Eres como una sicaria?

—Podría decirse que sí. Sólo que mataba a la gente millonaria.

Levanta sus finas cejas mostrando su asombro.

—Así que por eso el gobierno te metió aquí.

Me rio fríamente. Miro hacia delante, observando cómo las demás comían esta porqueria.

—No fue precisamente el gobierno quien me mandó aquí. Fue el comisario de esta estúpida ciudad.

—¿Josh...? ¿El que es muy joven?

—Sip, él mismo.

—¿Y trabajabas sola, tenías un jefe o algo por el estilo?

—Trabajaba para el señor G ¿te suena? —Se queda con una galleta a medio comer.

—¿El mafioso más buscado por todo un país? ¿Estás loca o qué?

—El señor G me salvó —Miento no entendiendo su asombro—. Él me ofreció trabajo cuando estaba en la ruina total. Me dio protección y un techo donde vivir.

Si él estuviera aquí estaría orgulloso de que su mejor sicario lo alabe. Pero en realidad él sólo me permitió salvar a mi madre. Cuando tenía 15 años, mi padre fue asesinado por uno de sus esbirro porque le debía muchísimo dinero. Él exigía que mi madre le pagara pero no teníamos nada de nada ya que la adicción de mi padre nos llevó a la ruina. Hice un trato con él: me entregaba y me sometería a todo lo que quisiera a cambio de no tocar a mi único familiar vivo. Muy complacido por mi propuesta aceptó y desde ahí mi vida cambió mucho. La noche en que le salvé de morir de un balazo de la policía me dijo que la deuda estaba pagada del todo y que era libre de irme. Pero la adrenalina que sentí me llenaba por completo; cambié en ese instante, algo en mí se apagó por completo y fue reemplazado por sentimientos que jamás sentí. Algo llenaba ese vacío que ni mi madre pudo ocupar.

Mare seguía con esa cara de idiota. Me acerqué más a ella, mirando que los guardias estén a una distancia considerable.

—Necesito de tu ayuda —hablo lo más bajito posible. Ella deja de masticar y enfocó toda su atención en mi—. G está planeando sacarme de este basurero pero ha guardado unas armas en una caja de electricidad que está cerca de la enfermería, necesito tenerlas antes de que la descubran porque en cualquier momento vendrá.

Las demás seguían ajenas a lo nuestro, charlando y comiendo como cerdos. Los guardias estaban muy lejos pero sin quitar su vista, mucho menos de mi. Con una voz que sólo yo podría escuchar, Mare dijo que sí. 

12 de Abril de 2017 a las 19:40 0 Reporte Insertar 2
Continuará… Nuevo capítulo Todos los miércoles.

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