verolacassie Verónica Lacassie

En "Retales" he querido publicar micro relatos de auto ficción. Os agradecería, a aquellos que me leáis. que me hagáis llegar vuestros comentarios, que me servirán para mejorar. Cuando una escribe auto ficción, todo parece tan obvio, pero quizás al lector le falta información. Quizás tengo tendencia a "decir" en vez de "mostrar". En todo caso, desde el respeto, agradeceré todas vuestras aportaciones.


Historias de vida Todo público.
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Olvidar para sobrevivir

Allí estaba mi madre, leyendo las esquelas, el ritual de cada mañana, para amenizarme el desayuno. El mismo ritual de mi abuela hace años y yo diciéndome, en ese entonces y ahora, ¿por qué no leerá en silencio? ¿Qué me importa quién se haya muerto? No, parece que ambas siempre han pensado que los muertos se comparten, y además con comentarios sobre cada conocido. En fin, es posible que en unos años yo acabe haciendo lo mismo.

De pronto se sobresalta: ¡Se ha muerto el coronel! ¡Anda, ya! Yo que pensaba que la mala yerba no muere nunca. Nada se ha perdido. Ella acaba de darse cuenta de que es viuda, nunca se divorció, lo que quiere decir que ha heredado del coronel. Ay, mamy, durante veinte años le has contado a todo el mundo que sólo tuviste un marido, mi padre, y que nunca quisiste volver a casarte para no imponerle otra figura paterna a tus hijos. ¡Recuerdo y olvido, cuán liados estáis! Se recuerda lo que se vivió con la perspectiva del presente, pero también con la necesidad de preservarse y meter en el baúl de los recuerdos lo que nos hizo sufrir. De pronto ha cambiado su discurso: Sí tuvo otro marido, nunca se divorció, y va a luchar por recuperar su pensión….

Mi hermano deja claro que él no la ayudará a recuperar nada, no quiere saber nada de ese hombre. Aún recuerda cómo tuvimos que marcharnos de su casa a escondidas, con la ayuda de amigos, mientras él se encontraba “en misión”, posiblemente torturando presos políticos en las cárceles clandestinas en el desierto. Yo, en cambio, pienso que es el karma: él nos odiaba y sería una justa revancha que mi madre recibiera su pensión o sus bienes, por todo lo que nos hizo sufrir. Mi madre olvidó, convenientemente, el calvario que fue vivir con ese hombre seis meses. Fueron diez años de noviazgo, él viniendo a casa todos los días a comer o cenar y, a pesar de no ser nuestro padre ni vivir con nosotros, interfiriendo en todo lo que se relacionaba con nuestra vida.

Mis hermanos recuerdan las veces que, estando con compañeras en la habitación, irrumpió y las echó a la calle, diciendo que no iba a aceptar que le prostituyeran la casa. Yo recuerdo las veces que le oí diciéndole a mi madre que qué iban a hacer si me quedaba embarazada… ¡yo no tenía ni pensaba tener relaciones en ese entonces! Convencía a mi madre para que me obligara a regresar de fiestas a más tardar a medianoche, cuando la fiesta empezaba a animarse.

El noviazgo duró diez años y el matrimonio seis meses. Mi madre no tardó en desilusionarse, probablemente por razones económicas, ya que el coronel, como buen solterón, empezó a contabilizar todo lo que se gastaba en casa, desde los huevos, jamón y yogures, y mi madre estaba acostumbrada a tener todo lo que quería. Había enviudado a los treinta años, con tres niños pequeños, y mis abuelos nos habían dado todo, incluso más de lo necesario. Cuando finalmente se casaron yo ya trabajaba. Era funcionaria internacional, ganaba muy bien mi vida y les daba una mensualidad a mis hermanos para sus caprichos mientras estudiaban, y tenía suficiente aplomo para plantarle cara al coronel. Él esperaba a que mi madre no estuviera en casa para acorralarme en la cocina y decirme que se había casado por piedad, porque éramos unos chupasangres y le daba pena mi abuelo. Yo replicaba que sólo había querido subir en el escalafón social. Años después mi tía me contaría que mi madre le había confesado que decidió separarse porque cuando no lo veía por la noche, lo encontraba en mi habitación mirándome mientras dormía.

Convencí a mi hermano para que la ayudáramos a recuperar la pensión de viudez. El abogado descubrió que había un testamento, en el que él declaraba que sólo había estado casado con mi madre, pero había decidido anular el matrimonio unilateralmente por malos tratos físicos y síquicos de parte de mi madre. ¡Qué ironía! No podemos dejar que se salga con la suya, pensé, que calumnie a mi madre. Como dijo mi amigo Felipe, riéndose cuando se lo conté: ¿qué malos tratos, tu madre no le preparaba suficientes tartas?

El abogado consiguió que la Fuerza Aérea reconociera a mi madre como la única legítima esposa y con derecho a cobrar la jubilación. Seguiremos adelante para recuperar las propiedades que dejó, a una supuesta hermana, de la que mi madre nunca tuvo conocimiento. El trámite no fue difícil, ya que en esa época era ilegal la separación unilateral, por lo que mi madre seguía estando casada. Es la justa revancha, después de tantos años, aunque mi hermano diga que teme que la supuesta hermana sea tan mala clase como él y nos haga daño. ¡Venga ya! Mi hermano menor y yo seguiremos apoyando a mi madre, tampoco se trata de sicarios. No nos habría servido de nada denunciar sus abusos en ese entonces. Estábamos en dictadura y él era coronel. ¡Qué mayor prueba que haber conseguido que un abogado y un juez validaran un testamento falso!

Me viene a la mente lo que dijo Basilio Belliard: “Quien no olvida aún no ha perdonado”. ¡Cuán cierto! Creemos haber olvidado y de pronto hechos inesperados vienen a remover historias que habíamos aparcado durante años. Entiendo a mi madre. Olvidó para sobrevivir, para seguir adelante, pero sus circunstancias actuales la hicieron recordar, de forma selectiva, eso sí. Alguien dijo “Recordar es volver a pasar por el corazón”, aunque nada garantiza que el paso sea benigno y aporte paz en vez de sufrimiento.

6 de Julio de 2021 a las 19:08 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Francisco Rivera Francisco Rivera
Una retrospectiva familiar en caso de segundo maridaje y controversias adultas que se transfieren a los hijos del primer matrimonio. La autora desenvuelve su pluma con acierto y dinamismo. La historia, en su versión, es buena y mejor el despliegue de recursos de quien la concibe como relato breve. Se degusta de un tiro. Recomendable para incipientes escritores que urden temas y narraciones en contextos limitados a una economía -no única- de manejo de personajes.
August 21, 2021, 18:32
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