u15814535331581453533 Matías Lauro

Gastón sufre la ausencia de su padre. Comienza a investigar a base de la única pista que le deja Matías, un papel con números y letras escritas en completo desorden. Poco a poco irá conociendo la verdad, una verdad que concluye con la existencia de todo el Universo y el secreto bien guardado por la dinastía de los distintos clanes.


Ciencia ficción No para niños menores de 13.

#elementos #dioses #clanes #elegidos
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Decimoséptimo cumpleaños.

El alcohol recorría sus venas, como resultado la borrachera estaba en su auge y aún no era media noche. El cumpleañero se tambaleaba de lado a lado, arrastrando las guirnaldas que decoraban las paredes. Su objetivo era llegar a las escaleras, donde otro espectáculo libraría al verlo intentar subirlas. Justo cuando sus reflejos afectaban al equilibrio, un delgado brazo lo sujetó. Se trataba de su amiga de toda la vida, Catalina Medal. Ella lo asistió el resto de la escalinata para llegar hasta la terraza. Allí volvió a sacudirse, salpicando el suelo con la botella de cerveza que llevaba con él.

—Eres un desastre, siéntate.— dijo ella ayudando a su amigo.

Se sentó, no queriendo obedecer, sino que realmente si no se sentaba terminaría en el suelo de un momento a otro. Levantó su rostro observando al cielo y entre pensamientos se resignaba. Sabía en el fondo, que su padre siempre puso por delante el trabajo y los negocios. De ante mano le había anticipado que no estaría allí para su cumpleaños.

Catalina no resistió demasiado verlo en ese estado. —Trata de comportarte, pones en vergüenza a tu madre.—

Llevando su mirada a la muchacha le respondió entre balbuceos de borracho. —¡Es mi cumpleaños, déjame disfrutarlo a mi manera.—

Ella lo observó nuevamente, como agitaba la botella y se la llevaba a la boca para darle sorbos desproporcionados. —¿Está es tu manera de festejarlo? No lo creo.— dijo arrebatándole la cerveza.

—¿Y tú que sabes? Entrometida...— Gastón se olvidaba de la botella, desplomándose en el suelo. La pared medianera impidió que cayera de espaldas.

Más preocupada, Catalina lo miró fijamente con la mirada triste. —¿Por qué te comportas de esta manera? Tú no eres así.—

A pesar de su estado, el muchacho entendió por la incomodidad que su amiga pasaba y decidió manejar su borrachera. —No le des tanta importancia.— dijo.

Luego de eso guardó silencio, entendiendo que las palabras sobraban y todo lo que decía no lo recordaría al día siguiente. Pero Catalina, realmente quería compartir el momento con él. Sabía de su tristeza y todo lo que esperaba de su gran día. —Estuvo bien la fiesta, por lo menos hasta el momento en el que echaste a todos.— dijo con sarcasmo.

—Ellos se lo buscaron.— contestó sonriendo. —Solamente hablaban sandeces.—

—Lo único que hicieron fue opinar sobre tu padre y se disculparon antes de hacerlo.— Catalina lo estaba regañando con fiereza, incluso más que su propia madre.

Borrando su sonrisa, las siguientes palabras serían serias. —No debieron hacerlo de todas maneras...— perdió su vista en el suelo.

Catalina se puso de pie. —Entonces seguramente ahora te enojarás conmigo.— él le puso atención, esperando a que le diera la reprimenda. —Al igual que los demás, pienso que tu padre no volverá. Hace más de un mes que no sabes nada de él. Tu cumpleaños está a punto de terminar y ni siquiera te ha llamado por teléfono.— dijo soltándole la verdad.

Gastón miró su reloj. —... Faltan dieciséis minutos para que sean las cero horas.— estaba excusando a su padre. —Igual sé que no llamará.— dijo revolviendo sus bolsillos. Sacó un papel arrugado a Catalina le llamó la atención.

—¿Qué es eso?— preguntó agachándose a su lado.

—Es el regalo de mi padre...— respondió seco.

—Entonces ¿Te ha escrito para tu cumpleaños?— preguntó curiosa. —¿Qué dice?—

Haciendo un movimiento torpe e involuntario con el brazo, dejó caer el papel. —Si a esto se le puede llamar carta de cumpleaños.— contestó mostrando completo desinterés.

Catalina tomó rápidamente el papel. Probablemente debido a su estado, Gastón estaba siendo demasiado permisivo y le enseñaba una carta que mantuvo escondida. —Pero... ¿Qué significa esto?— al parecer la escritura era confusa.

—No tengo la menor idea... por eso no he dicho nada.— aseguró él.

—Números... letras... en completo desorden, no son muchos.— sentenció la muchacha.

Eso bastó para que Gastón estallara en carcajadas. —¡Vaya genio!— soltó, como si se tratara de algo obvio.

—No seas estúpido.— replicó ella. —Tiene que tener algún significado. Puede que sea la contraseña de alguna caja de seguridad, donde puede estar tu verdadero regalo.— el análisis de Catalina, no sorprendió a Gastón.

—Mi padre no era de tener esas cosas... en realidad, si lo pienso mejor, creo que no conocía cómo pensaba. Igualmente ignoro completamente que puedan significar esas secuencias de letras y números. Cualquiera podría pensar que fueron escritos al azar.— el cumpleañero se deprimía de sólo pensarlo.

—¡Catalina, es hora de que vayas a tu casa, o tus padres se enojaran conmigo!— el grito provenía de algún lugar de casa, probablemente del piso inferior. Gastón reconoció la voz, era su madre.

Al escuchar el llamado la muchacha respondió. —Bueno, tengo que irme.— le dijo luego a su amigo. —Te veo mañana en el colegio. No olvides que tenemos que preparar las rifas para el viaje de egresados.— Catalina iba rumbo a las escaleras.

—Espera, necesito pedirte un favor.— dijo él. Ella volteó para escuchar la petición. —No le digas a nadie de la existencia de este papel.—

El rostro de la muchacha rápidamente se deformó por la preocupación. —¿Por qué no? Creo que tu madre al menos debería saber que tu padre te escribió.—

—No es eso. Creo que por ahora, lo mejor es que nadie sepa de esta carta... Nadie ¿Entiendes?— fue demasiado insistente para negarse.

—Está bien. Espero que encuentres pronto el significado de lo que tu padre escribió.— luego de despedirse, Catalina bajó las escaleras.

El mareo de la borrachera seguía presente, por esa misma razón no intentó ponerse de pie. Sin embargo se sentía cansado, tenía ganas de acostarse en su cama. Empezó a cerrar los ojos, justo cuando le pareció escuchar algunos pasos acercándose.

—Tu estado es lamentable.— dijo su hermana menor observándolo desde escasos metros. —No sé que piense mamá, pero si papá estuviese aquí te daría una buena tunda.—

—¡Cierra la puta boca, no estoy de humor!— bufó tratando de no caerse para el costado.

—Siempre es lo mismo contigo...— Brisa se acercó más a él. Hubo algo que llamó su atención. —¿Qué es esto?— preguntó recogiendo el preciado papel del suelo.

—¡Devuélveme eso de inmediato!— Gastón reaccionó violentamente estirando el brazo.

Brisa leyó el contenido y su semblante cambió de repente. —Esta letra es de...— miró nuevamente a su hermano, que se levantaba dificultosamente.

—¡Dije que me lo dieras!— vociferó con más ímpetu.

Brisa ya había descubierto quién era el autor de esa carta o serie sin sentido de letras y números. Corrió escaleras abajo para huir de su hermano que hasta el momento, no había hecho más que reunir broncas. Desafortunadamente para él, la agilidad de la niña de doce años era un obstáculo a su borrachera acumulada. Cayó debido a su torpeza y estado de ebriedad, rodando por las escaleras, se levantó dolorido pero no le importó. Ir tras su hermana era más importante. Pero cuando finalmente llegó a ella, se dio cuenta que Brisa usaba a su madre de escudo.

—Te he permitido demasiado por ser tu cumpleaños. Pero agredir a tu hermana ya es el colmo ¿Qué es lo que te ocurre?— preguntó molesta Paola impidiendo que vaya tras la niña.

—¡Es una chismosa, ella empezó a correr con algo que me ha quitado!— la típica molestia de un hermano mayor. Sin embargo, debido a su estado, el beneficio de la duda era aplicado.

—Se la anda de misterioso escondiendo este tipo de cosas.— dijo Brisa entregándole el papel a su madre.

Reconoció la letra casi en el acto, la expresión de Paola cambió por completo. —¿Por qué ocultas esto? ¿Desde cuando lo tienes?— preguntas que debía contestar para no perder la confianza de su madre.

—La tengo desde el día que le vi por última vez.— contestó. —Le prometí guardarla en secreto, dado que era lo que me pidió. Siento no haber dicho nada.— culminó.

—Entiendo.— con tono sereno, Paola parecía haber comprendido al muchacho. No obstante algo la inquietaba. —¿Y qué son todas estas letras y números?—

Negó con la cabeza. —No tengo idea. Papá me dijo que entendería al cumplir mis diecisiete años, pero al parecer algo falló. Porque sigo sin entender una mierda.—

—¡Tu vocabulario Gastón!— recriminó Paola. Gastón simplemente se inclinó de hombros. —Que tu padre te haya dicho, que entenderías al cumplir los diecisiete años. No significa que el conocimiento iba a parecer en tu cerebro instantáneamente. Probablemente haya querido decir otra cosa. Pero si quieres saber lo qué significa esta escritura, es posible que alguien lo sepa.— el tono de seriedad en las palabras asustaba.

—Mamá ¿Sabes quién puede saber?— temió hacer la pregunta, pero finalmente la hizo.

—Ve con tus tías. Es posible que ellas sepan algo al respecto. Pero sea cual sea el misterio, tendrás que dejarlo para otro momento. Es mejor que te vayas a acostar, mañana tienes clases y la verdad que tu estado es pésimo. Ve a la cama.— ordenó Paola.

Gastón obedeció sin chistar. Su hermana Brisa había quedado en segundo plano, no le preocupó en lo más mínimo cómo se pudiera sentir. Lo que le dijeron a él, ella también lo escuchó y seguramente en su cabeza se sembraban dudas que alimentaban su curiosidad. Para Gastón eso era totalmente indiferente. Pensando en que después de clases iría a ver a sus tías caminó hasta la cama. Donde se desplomó instantáneamente. La almohada cedió hundiendo su rostro, a duras penas lograba respirar. El mareo aún estaba presente. Se volteó boca arriba, observando el techo mientras la densa oscuridad iba moldeando su vista para así percibir el interior de su habitación. Así permaneció unos segundos hasta que finalmente se durmió, esperando que al día siguiente las cosas fueran distintas.

6 de Julio de 2021 a las 15:34 0 Reporte Insertar Seguir historia
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