micamoreno98 Micaela M

Blake, un hombre lobo, apasionado y fuerte, queda fascinado con la chica nueva de apariencia pequeña, inocente y dulce, pero distante y misteriosa. Él buscará todas las formas de poder acercársele desde el primer instante en que la vio. ¿La pasión puede convertirse en obsesión? ¿Sus sentimientos serán correspondidos? ¿Es amor o posesión? Una historia donde predomina la oscuridad y profundidad de un retorcido y peligroso romance. Amar nunca fue tan intenso, doloroso y retorcido.


Romance Romance adulto joven Sólo para mayores de 18.

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Capítulo I

BLAKE

Era el primer día de clases, aun así, decidí no ir. Estaba en mi último año después de todo y no pensaba esforzarme en lo más mínimo, ni siquiera era una verdadera universidad, solo era un enorme edificio infestado de criaturas sobrenaturales, como yo.

La Universidad Lumyno era una simple fachada. Sí, te graduabas de la carrera que estés estudiando allí, pero su verdadera esencia era enseñarles a jóvenes sobrenaturales controlar sus impulsos, instintos y dones. Por supuesto, los licántropos estábamos dentro de esa categoría de jóvenes impulsivos, instintivos (y agregaría "con dificultad de controlar la ira"). Aunque intentaran inculcarnos trucos inservibles para controlarnos, no podían cambiar lo que éramos, la forma en que nacimos... monstruos.

Caminaba por el bosque, era otoño así que los arboles estaban vestidos por hojas amarronadas y amarillentas, una buena vista. Podía notar que hacían unos 10 grados, para los humanos era frío, pero mi temperatura nunca bajaba de los 40 grados. Eso era lo único que me gustaba de ser una bestia, nunca sentir frío ni mucho calor, sino estar siempre a la temperatura que me agradaba. Mi camino estaba tranquilo, nada fuera de lo normal, algún que otro animal pasaba cerca de mí y se alejaba al instante al sentir mi presencia, como dije, nada fuera de lo normal.

Me detuve en seco al sentir un olor fuerte, muy poderoso, quién o qué era lo que olí debía ser extremadamente peligroso. No confiaba lo suficiente como para mantener mi forma humana, instintivamente me transformé en el monstruo que tanto odiaba ser, un gigante lobo negro. Por supuesto mi ropa se rompió, pero siempre tenía demás en el depósito del campus, así que no me preocupé por eso. En ese momento, estaba alerta y rastreando el peligro. Un monstruo cazando a otro monstruo, que ironía. Corrí con la mayor velocidad de lo que me permitieron mis garras. El aroma era cada vez más intenso y concentrado, mis colmillos estaban preparados para desgarrar cualquier tipo de piel o pelaje.

Pero lo que vieron mis ojos hizo que todas mis extremidades se detuvieran y relajaran lentamente, el peligro inminente que estaba rastreando era una simple adolescente sentaba debajo de un árbol, leyendo un grueso libro.

Mi respiración se normalizó, mi rabia y defensiva se convirtieron en curiosidad. Esa criatura se veía como una diminuta e inofensiva adolescente, de cabello abundante y negro hasta los hombros, con piel translucida y grandes lentes de marcos finos metálicos. Pero podía sentirse su increíble poder. ¿Vampiro? No, podía escuchar su respiración. ¿Licántropa? Tampoco, no tenía la imponente contextura corporal de una mujer lobo, era demasiado pequeña. Levantó uno de sus delgados dedos y dos enormes libros comenzaron a flotar a su alrededor, moviendo su mano en el aire hacía correr las páginas y las leía con rapidez.

Por supuesto, era una bruja.

No tenía sentido. Las brujas siempre olían dulce, como a flores, apenas perceptible por lo suaves que eran. Pero ella era completamente lo opuesto. Sí, tenía la apariencia dulce e inocente, pero su esencia era fuerte y amarga, como un café negro sin un gramo de azúcar. No era sólo su aroma, sino también sus ojos. Aunque estaban clavados a esas amarillas e interminables páginas, su expresión era clara, esa mirada estaba vacía. Todas las brujas que conocía de Lumyno eran o dulces o rebeldes, pero ella, ella era como un recipiente vacío que no tenía intenciones de ser llenado.

Observé su vestuario, me sorprendí al ver que era el uniforme de Lumyno. ¿Por qué nunca la había visto? ¿Era nueva? Si era así tenía que tener más de 18 años. Algo más que no tenía sentido, su apariencia no concordaba con su edad. Estaba al tanto de que ingresaban varios alumnos nuevos de primer año, pero no sabía que había una bruja como ingresante.

Sus mejillas estaban levemente enrojecidas, al igual que la punta de su nariz, imaginé que sería por la helada que hacía. Estaba demasiado desabrigada, la falda no le llegaba a las rodillas. Se enfermaría si seguía mucho tiempo afuera.

Esos ojos oscuros y enormes se fijaron en los míos, sorprendiéndome de la rapidez en la que notó mi presencia. Aunque fuera un lobo gigante sabía cómo ocultarme para cazar, nunca antes me habían descubierto tan rápido. Parpadeó dos veces e inclinó la cabeza, interpreté que sentía curiosidad. Eso me sorprendió aún más. ¿Dónde está la expresión de horror que siempre recibía en esa forma? ¿Por qué no estaba gritando? En su rostro no había ni una gota de miedo, solo curiosidad.

No había notado su belleza hasta que sus ojos se habían posado en mí, y el hecho de que no me temiera en lo absoluto me pareció sumamente atractivo.

Volvió a concentrarse en sus libros flotantes y pasó de mí completamente. ¿Quién diablos era esta chica?

⎯No voy a hacerte daño así que ya puedes seguir con tu camino ⎯dijo suavemente sin siquiera mirarme.

Su voz era relajada y aguda, pero su tono era agresivo. Cada segundo que pasaba me confundía aún más. Habló como si pudiera derrumbarme de un soplido. ¿No estaba al tanto de la diferencia de posiciones? ¿Un pequeño conejo amenazando a un enorme lobo? Eso sí que no me lo esperaba.

Suspiró con hartazgo al ver que no respondía a su aviso y volvió a mirarme.

⎯¿Qué quieres? ⎯dijo seriamente.

Algunas piezas de su personalidad estaban encajando, era desafiante, seria y, por estar leyendo sola en el medio del bosque, supuse que también era solitaria. La forma en la que se dirigía a mí no estaba dentro de lo que estaba acostumbrado, no me temía, no le atraía, directamente era una molestia para su lectura. A esas alturas ya tenía en claro que su apariencia era solo un disfraz, no era solo una hermosa chica, era una poderosa y peligrosa bruja. Y lo más retorcido era que eso me gustaba.

Instintivamente comencé a buscar excusas para acercarme a ella, aunque había dejado bastante claro que no me quería a su alrededor, supe que sería algo difícil. Traté de recordar algunas características básicas de las de su especie, aunque ella no era dulce y amable como solían ser algo en común debía tener. Entonces debería contar con la característica más básica e importante de la magia, el respeto y cariño por la naturaleza y los animales. Podía hacerme pasar por un lobo invernal, eran igual de grandes y había muchos en la zona, si me hacía pasar por un verdadero animal tal vez podría acercarme, el problema era si me creería. No tenía más opción que armar mi obra de teatro.

Caminé lentamente hacia ella con la cabeza gacha, para que no sintiera peligro. Pude ver por el rabillo del ojo que levantaba su delgada mano para atacarme, así que rápidamente pisé con todas mis fuerzas una gruesa rama rota que estaba en el suelo, haciendo que atravesara mi pata. Como acto reflejo me quejé, como un perro lastimado. Sentí el ruido de los libros flotantes caer en seco. Se puso de pie y corrió hacia mí, se arrodilló y tomó mi pata con suma delicadeza. Otro descubrimiento, sus manos eran suaves y delicadas.

Distribuí todo mi peso a mis otras tres patas para no perder el equilibrio. Me giré un poco para mirarla, llevándome la sorpresa de mi vida. Esos ojos vacíos se habían llenado de preocupación y compasión observando mi herida. Esa agresividad que emanaba hace segundos atrás había desaparecido, convirtiéndose en calidez. Nunca, ni en mis más locos sueños, imaginé que alguien me miraría de esa manera en mi forma más grotesca. En ese momento, sentí la culpa y la decepción de mí mismo que debí sentir antes de engañarla, puse mi egoísmo primero haciéndola preocuparse por mí, verdaderamente era un monstruo.

⎯Esto te dolerá un poco, pero no tengo opción ⎯dijo con esa suave voz de la cual me estaba siendo adicto.

Agarró la rama y de un tirón la arrancó de mí. Volví a quejarme, pero intenté que no sonara tan fuerte, para no preocuparla aún más. Lanzó el objeto con mi sangre y me cubrió la pata con su fría mano.

Heal ⎯susurró.

Su mano brilló y una leve luz rosada apareció entre medio de nuestro tacto. El dolor desaparecía y la cortadura se cerraba, podía sentir como un gran alivio recorría mi cuerpo, era un tipo de relajación y calidez tan profundo que si estuviera en mi forma humana estaría sonriendo. Pero la placentera sensación se interrumpió bruscamente cuando la escuché aguantar un grito, su respiración era rápida y errática, al verla me horroricé. Su pequeño y pálido rostro estaba tenso, sus cejas fruncidas y tenía los rojizos y ovalados labios apretados con fuerza. Estaba sufriendo, estaba literalmente absorbiendo mi dolor. Interrumpí instantáneamente nuestro contacto, pero ya era tarde, había absorbido todo mi dolor y no había rastro de ninguna herida en mí.

Se abrazó a sí misma, lágrimas resbalaban por sus mejillas, temblaba. No podía entenderlo, lo que para mí era una estilla en un dedo, para ella era una puñalada con una afilada navaja. Tenía tanta decepción e ira conmigo mismo en mi interior, acababa de conocerla y la había lastimado profundamente, por puro egoísmo, sólo por querer llamar su atención, terminé dejándola llorando y temblando arrodillada en el helado suelo. No sabía cómo expresarle cuanto lo sentía, que no era mi intención, nunca me imaginé que acercarme a ella saldría tan mal.

Me coloqué enfrente y me recosté, apoyando la mandíbula en el suelo, mirándola fijamente. Era la forma en que los lobos invernales demostraban arrepentimiento y sumisión, fue lo único que podía hacer para que supiera lo arrepentido que estaba.

Su respiración se tranquilizó, su corazón se desaceleraba, dejó de llorar y relajó sus brazos en sus piernas. Suspiró y posó su mirada en mí. Esperé muchas reacciones, me imaginé muchas maldiciones saliendo de sus labios, pero lo único que no se me ocurrió que haría lo hizo. Sonrió. Sonrió tan dulcemente que tono su rostro se iluminó, mostrando la calidez que era capaz de transmitir.

⎯Tranquilo, ya todo estará bien.

Fue como escuchar dos personas totalmente distintas pero con la misma voz. Su voz suave y agresiva sonó suave... sólo suave, mezclado con la ternura de su sonrisa. Se estiró y acarició mi hocico sin previo aviso, cerré los ojos y disfruté profundamente sus caricias. Era la primera vez que me tocaban tan gentilmente en mi forma animal. Sentí envidia de todos los animales que tenían la suerte de ser acariciados por ella.

⎯Perdón por asustarte.

Esa chica no paraba de confundirme. Le acababa de producir un dolor insoportable ¿y ella es quien pide perdón? ¿Se disculpó por asustarme? No lograba entenderla, pero estaba decidido a hacerlo algún día. Me acerqué y froté mi hocico contra su mejilla, lo más delicado que pude para no volver a lastimarla. Se le escapó una suave risilla y acunó mi gran cráneo entre sus manos, acercó su rostro y frotó su frente contra la mía. Aunque es amenazante y seria, era capaz de demostrar cariño de una forma tan profunda e intimida que cualquier persona que haya conocido antes.

Algo comenzó a sonar interrumpiendo uno de los mejores momentos de mi vida. Ella se alejó y metió su mano en el bolsillo de la falda, sacando su ruidoso celular.

⎯¿Sí? ⎯dijo volviendo a su personalidad inicial, seria y amenazante.

Allí, al ver su rostro serio y vacío, entendí todo lo que había pasado. Ella no fue cariñosa conmigo, Blake Jackson, sino con lo que ella creía que era un inofensivo y herido lobo invernal. La forma en que su tono cambiaba cuando hablaba con una persona y con un animal era totalmente diferente, con los primeros estaba a la defensiva, desconfiaba, no les permitía acercárseles, pero con los segundos abría su corazón, demostrando toda su calidez, los apreciaba hasta el punto que prefería sufrir personalmente sus heridas antes de que lo hagan ellos. Comencé a preguntarme si habría alguna manera en la que pueda acercarme en mi forma humana.

Escuché del otro lado de la llamada una voz femenina y alegre diciéndole que la estaba esperando para ir a desayunar en el campus, preguntándole dónde estaba y por qué no había vuelto al cuarto desde anoche. ¿Era su compañera de cuarto? ¿Tenía una amiga? ¿Estuvo toda la noche leyendo sola en el medio de la nada? Mil preguntas, ni una respuesta.

⎯Estaré ahí en unos segundos ⎯dijo con calma y cortó la llamada sin esperar una respuesta.

Se levantó, sacudió las hojas que se le habían pegado a las piernas (aunque sus marcas permanecieron allí) y fue a buscar sus libros. Cuando se inclinó para tomarlos del suelo logré ver que tenía un colgante con una gran piedra negra en forma de gota. No conocía nada de piedras, lo único que sabía es que tenían propiedades que las brujas siempre utilizaban. ¿Para qué servirá la que ella tenía? Tomó con facilidad los tres grandes libros y volvió hacia mí, me puse de pie mientras se acercaba. Como tenía las manos ocupadas abrazando sus libros, hundió su rostro en el pelaje de mis costillas.

⎯Cuídate ⎯dijo en voz baja.

Sí, definitivamente me había vuelto adicto a su voz.

Telekto ⎯recitó.

En el instante en que dijo esa extraña palabra dejé de sentir su peso en mi costado, la busqué por los alrededores de forma desesperada pero no estaba, simplemente había desaparecido.

Ese día, el primer día de clases, el cual debió ser aburrido y gris, conocí a la chica que daría vuelta mi mundo entero... y ni siquiera sabía su nombre.

ROSE

Después de dejar mis libros en la habitación, caminé hacia las afueras del campus, vagando y esperando a escuchar el llamado de Olympia, mi roomie. Aunque nos conocíamos desde ya hace muchos años fingíamos estar conociéndonos el primer día de clases, como forjando confianza de compañeras de habitación. No queríamos estar diciendo nuestra historia de vida, así era más sencillo.

"¡Rose! ¡Te veo! Estoy en la segunda fila de los bancos, a la derecha".

Escuché su voz en mi cabeza, como era usual. La busqué con la mirada y pude ver su brazo agitarse en el aire entre la multitud de alumnos desayunando. Suspiré y me dirigí hacia su dirección. Le había recalcado que no llamáramos la atención, y eso es lo primero que hace.

Había dos espacios de alimentación, el exterior y el interior, nosotras decidimos ir al exterior, nos gustaba la brisa de la mañana. Aunque estaba nublado y había neblina (sin mencionar que era la primera helada del otoño) el aire seguía siendo puro y fresco, tal como me gustaba. El comedor exterior estaba rodeado por tres edificios unidos entre sí, no tenía idea de cuantos pisos tenían pero imaginaba que era como los de un castillo, porque eso solía ser ese lugar en la antigüedad, uno de los castillos de la Reina Victoria, el cual donó a la directora de la universidad. Supuse que esta reina tenía el conocimiento del propósito de dicha universidad.

⎯¡Dijiste que estarías aquí en unos segundos! Tardaste tres minutos ⎯reprochó frustrada, mientras yo me sentaba frente a ella con la larga mesa de madera de por medio.

⎯Fueron sólo tres minutos Oly ⎯me defendí con tranquilidad y despreocupación, sólo fueron tres minutos.

⎯¿Tengo que explicártelo todo? ⎯sí que estaba frustrada.

Me alcanzó una taza gigante de café y un plato con dos tostadas. La miré levantando una ceja, ella frunció el ceño. Estaba obligándome a comerme las tostadas, porque sabía que odiaba comer en la mañana, prefería tomarme una taza gigante de café, como la que ella me había conseguido. Comencé a beberlo, estaba justo como me gustaba, negro y sin azúcar.

⎯Si dices que llegarás en unos segundos, te consigo el desayuno rápido porque llegarás en unos segundos. Pero si tardas tres minutos, como lo hiciste, el desayuno se enfriará y sabes que no puedo mantenerlo caliente ⎯siempre era extremadamente calculadora y cuidadosa con todo, no me sorprendió que también lo era con respecto a la puntualidad⎯. ¿Dónde está tu abrigo? El pronóstico dice que hacen 10 grados, debes estar congelándote. Agradece que siempre estoy preparada, ten.

Levantó un camperón negro largo, nunca lo había visto, supuse que lo compró cuando nos mudamos a este país. Me lo coloqué sin decir nada.

Olympia era una vampira. Del linaje de los Reed, uno muy antiguo con la sensibilidad de la mente. Podía captar y enviar los flujos que emanaban las mentes, en pocas palabras, telepatía. Aunque esa particularidad nos ha ayudado a sobrevivir todos estos años, la hace sentir culpable por violar la privacidad de las personas. Por eso me enseñó a bloquear los flujos de mi mente a voluntad, es decir, nadie podía tener acceso a ella. Tardé cuatro años en aprender, comenzó a entrenarme cuando tenía seis años, practicamos todos los días hasta que tuve diez, ahí pude lograrlo. Requirió mucha meditación e introspección, algo difícil para una niña.

Prácticamente me crió, se hizo cargo de mí cuando mi aquelarre murió, cuando tenía seis años. No sabía mucho de su pasado antes de cuidarme, sólo que tenía 21 años y los ha tenido desde que la conocía y que tuvo una historia con mi mamá, es lo único que me había dicho y tampoco tuve curiosidad de saber más. Siempre me ha protegido (sobreprotegido) y educado. Aunque cumplió el papel de madre en mi infancia, nunca absorbí su personalidad. Ella era alegre, impulsiva, volátil y, a veces, divertida, yo era todo lo opuesto. Físicamente éramos contrarias también, ella era pelirroja y pecas en su rostro, ojos verdes oscuros, una belleza andante. Yo era normal, cabello negro y ojos oscuros. En lo que coincidíamos era en la altura y corte de cabello (porque por alguna razón siempre se hacía el mismo corte que yo).

Ese año cumpliría 21, al igual que Oly, pero desde ya hacía varios años había dejado de ser mi madre para convertirse en mi amiga, aunque sus hábitos maternales no los había perdido, claramente.

Comenzó a beber de un vaso con popote, sangre. Nunca me molestó, siempre supe que nuestras alimentaciones eran distintas. Pero en ese momento sí me molestaba, porque no era sangre de personas, sino animal. Aunque pidió en repetidas ocasiones poder alimentarse fuera del campus no se lo permitieron, si queríamos estudiar allí no podía cazar, debía beber la sangre que proveía la universidad. Por esa razón estuve a punto de no asistir allí, pero ella insistió, sólo estaba ahí para complacerla. Había hecho tanto por mí que se lo debía.

⎯¿Vas a decirme que estuviste desde anoche? ⎯preguntó ansiosa.

Aunque era sobreprotectora conmigo me daba la libertad que necesitaba, sabía que podía protegerme a mí misma, sólo que le gustaba hacerlo ella, ya se le había hecho un hábito. Pero eso no quitaba el hecho de que seguía preocupándose cuando me iba sola por demasiado tiempo.

⎯Estuve leyendo ⎯respondí antes de seguir bebiendo del café.

⎯¿Sola? Prometiste intentar hacer amigos.

Otra vez con lo mismo. "No soy la única persona buena en el mundo", "si algún día algo me pasa", "la soledad no es propia de los mortales", bla bla bla. Ya conocía todos sus discursos sobre la comunidad, amistad y sororidad con el otro, y no estaba de humor para sus lecciones de vida.

⎯No, esta mañana hice un amigo.

Abrió de par en par sus saltones ojos verdes. Esa sorpresa era de esperarse, no recordaba haber pronunciado esas palabras antes en mi vida.

⎯¡Te dije que esta universidad era para ti! ¿Quién es? ¿Está aquí? Necesito conocerlo. ¿Es atractivo? ⎯dijo sobresaltada y mirando para todas las direcciones.

⎯Es un lobo invernal, no creo que puedas comunicarte con él.

Lanzó un quejido y cruzó los brazos.

⎯Tú y tus animales ⎯dijo frustrada⎯. ¿Quieres mostrármelo? Hace décadas no veo a uno ⎯se sinceró.

Asentí. Terminé el café antes de que se enfriara y posé la taza en la mesa. Cerré los ojos y respiré profundamente, abriendo las puertas de mi mente. Dejé escapar los fluidos de mi mente a ese recuerdo, mi encuentro con el herido lobo, y le di acceso. Nos quedamos en silencio, viendo ambas las imágenes, escuchando los sonidos, y sintiendo el encuentro físico. Avancé con los recuerdos hasta que llegué a desayunar. Oly absorbió su mente de la mía y volví a cerrar las puertas para evitar cualquier acceso extraño.

Era algo normal, de vez en cuando la dejaba entrar en mis recuerdos, a veces para saber si estábamos siendo seguidas o sólo para ahorrarme el tener que relatar todo un suceso. Aunque el flujo de comunicación entre nosotras solía tenerlo abierto, por si algo pasaba podíamos contactarnos si no nos encontrábamos demasiado lejos la una de la otra.

Volví a abrir los ojos, viendo la cara de Oly expresando seriedad y desconfianza. No me extrañó, solía hacer ese tipo de expresiones sin motivo aparente, tampoco me interesaba el porqué. Me llevé una tostada a la boca, ya estaba fría pero seguía siendo crocante así que estaba comestible. Ella se mantuvo con esa cara mirando a todas las personas a nuestro alrededor, como si estuviese buscando algo en sus mentes.

⎯Los lobos invernales son blancos y dorados, nunca negros Rose ⎯dijo seriamente.

⎯¿Ahora conoces a todas las especies animales del planeta junto con sus variaciones de pelaje? ⎯respondí irónicamente ante su comentario.

Dejó de mover sus ojos frenéticamente y los fijó en un lugar en concreto, frunciendo el ceño y manteniendo la mirada amenazante.

⎯Que cariñoso era ese lobo ¿no? ⎯dijo mirando a algún lugar de nuestra derecha, parecía un asesino serial con la presa en la vista.

⎯Todos los animales son cariñosos y agradecidos. Lo ayudé con su herida y me lo agradeció. Si estuvieras más tiempo con ellos sabrías lo maravillosos que son ⎯respondí con tranquilidad y seguí comiendo.

Movió los labios casi a la velocidad de la luz, pero no salió ningún sonido. Eso significaba que estaba hablando con alguien a gran velocidad para que yo no la escuche. Por un segundo prensé en preguntarle con quién y por qué no quería que la escuchase, pero deduje que estaba coordinando con algún otro vampiro para tener sexo, como solía hacer cada vez que llegábamos a un nuevo país.

BLAKE

Estaba de brazos cruzados apoyado de espalda contra la pared del gimnasio, esperando a la pelirroja.

Me sentía nervioso, no porque le tuviera miedo, los chupa-sangre eran débiles comparados con nosotros, pero sí temía lo que le llegara a decir a ella. Las había estado mirando a las dos desayunando y charlando, me impresionó con la familiaridad en la que se hablaban, aunque estaba cruzando el campus podía escucharlas con claridad, por fin otra cosa que me agradaba de mis habilidades, podía escuchar su voz aunque estuviera lejos. Seguía siendo seria y distante con la pelirroja, pero no estaba a la defensiva o agresiva como cuando me vio. Era obvio que se conocían desde antes, imposible que esa piel fría hubiese entrado en confianza con ella en un día.

Al principio ninguna notó que las estaba observando y escuchando, así pude recolectar dos datos sobre ella. Le gustaba el café negro sin azúcar (irónicamente ella olía así) y su nombre; Rose. Era un nombre común, pero en ella sonaba como el nombre más hermoso que existía. Sus movimientos eran precisos y delicados, como sostenía la taza, como comía sin prácticamente hacer ningún sonido y no dejando caer ni una sola miga, su forma correcta de sentarse, parecía una princesa en medio de una cena real, un delicado cisne en medio del lago. Había tenido una educación estricta y extraña para comer, aunque su forma de hablar no era para nada educada.

Rose

No paraba de repetir su nombre en mi cabeza.

Pero la hermosa escena fue violentamente interrumpida cuando la pelirroja me descubrió. Había aguantado la respiración, rogando que no le dijera. Sorprendentemente no se lo dijo, sólo me observó con desconfianza. Luego dijo que nos encontráramos en el gimnasio a una velocidad en la que sabía que yo entendería. Tenía la peor suerte del mundo, su mejor amiga tenía que poder leer las mentes. Las incontables formas en las que planeaba acercármele se habían ido a la basura, era cuestión de tiempo para que supiera la verdad y no volviera a siquiera mirarme.

Rose

⎯Dios, escucharte me hace sentir sucia.

Escuché decir a una voz femenina a mi izquierda. Me exalté y alejé, era la pelirroja, había aparecido de la nada. Aún llevaba puesto el uniforme, de pie mirándome seriedad.

⎯Deja de llamarme pelirroja, soy Oly.

⎯Y tú deja de meterte en mi mente ⎯le advertí.

Sabía que no debía provocarla, ella tenía el control de la situación, pero "control" no solía estar en mi vocabulario.

⎯Créeme, lo último que quiero es escuchar son los pensamientos obsesivos de un lobo hacia mi Rose, pero los tuyos son irritantemente ruidosos ⎯dijo poniendo una mano en su cabeza, como si le doliera después de escuchar gritos incesantes.

⎯¿Tú Rose?

¿No era su amiga? ¿Era su novia? Intensos sentimientos comenzaron a invadirme.

⎯¡No! ¡No soy su pareja! Jesucristo, cálmate ⎯exclamó extrañada por la intensidad mis pensamientos⎯. Si quieres que te ayude a acercarte a Rose tendrás que empezar a controlar esos sentimientos, sino saldrá corriendo apenas te sienta llegar.

Espera ¿qué?

4 de Julio de 2021 a las 04:46 0 Reporte Insertar Seguir historia
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