silvia_mrmm Silvia Martínez

¿Cómo esperas que sea tu vida con 30 años? Camila, una joven periodista alocada de 28 años, está contenta con su vida. Tiene un buen trabajo, vive en un apartamento de Madrid y no tiene que dar ningún tipo de explicación a nadie. La única pega, su suerte con los hombres es peor que pésima. Toda la gente de su alrededor se casa y tiene hijos, lo que la enemista con Cupido. Esa misma suerte también la tiene Fernando, un apuesto y tímido gestor de inversiones. Está a gusto con su estilo de vida, aunque sus compañeros de piso le abandonaron por irse a vivir con su pareja. No es un chico que priorice su estado sentimental, a pesar de la presión de sus religiosos padres y sus amigos. ¿Es posible que Cupido haga alguna de las suyas?


Romance Romance adulto joven Sólo para mayores de 18.

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Capítulo 1: Camila


Cada vez que salgo me encuentro con los mismos chicos imbéciles. Son tipos que se creen que el mundo está a sus pies y que las mujeres deben derretirse ante su presencia. Tengo muy claro que no soy como el resto, lo que no significa que las demás deban hacerlo y tengan que ser marionetas por esa clase de hombres.

Estoy segura de que existe ese tipo de hombre que todas necesitamos a nuestro lado. Por lo menos yo no quiero un neandertal que lo único en lo que se fija es en la firmeza de mis pechos y que tengo el culo puesto en su sitio. Soy consciente de que el paso del tiempo y la naturaleza dejarán huella en mi cuerpo. Tampoco me machaco todos los días a hacer abdominales y dos horas de running, aunque no me gusta estar quieta.

Un sábado por la noche, mi amiga Luci y yo quedamos con un par de amigas de la universidad en Moncloa, para tomarnos unas copas. He de reconocer, que con casi los treinta años que tenía era la única de mi grupo que no ha tenido una relación formal con nadie.

Luci hasta hace poco estuvo saliendo con un compi de clase. Sophie, una loca inglesa enamoradiza, estuvo saliendo con nuestro antiguo profesor de la asignatura de Edición Fotográfica y Diseño. En cuanto a Vero, era la más dulce y tranquila de nuestro grupo.

Tenía muchas ganas de ver a Sophie y Vero, hacía bastante tiempo que no las veía. Al ser verano no pudimos reunirnos hasta ese sábado, ya que las chicas se fueron de vacaciones con sus parejas.

Esperando en la entrada del bar, busqué dentro del WhatsApp el grupo que tenía con las tres. Las escribí ansiosa, llevábamos un largo rato esperándolas. Les encantaba hacerse de rogar, pero no veía necesario una espera tan larga.

Después de 15 minutos de que les escribiera, sin haber recibido ninguna respuesta, animé a Luci a entrar a tomarnos una cerveza. Accedimos al establecimiento más rojas que los tomates. No entendíamos por qué estaban demorando esas dos locas que teníamos por amigas.

—¿Desean tomar algo las señoras?

La pregunta me descolocó por completo ya que habíamos pedido nuestra cerveza y nos la estábamos tomando en ese momento.

—¿Cómo que señoras? —preguntó Luci sorprendida, al igual que yo.

Al ver que se trataba de Vero y Sophie me medio atraganté con mi bebida. He de reconocer que la broma estuvo graciosa. A Luci nunca le hizo gracia que la tratasen de usted, en cierto modo tenía miedo al paso del tiempo.

—¿Se puede saber por qué llegáis tan tarde? —quise saber, en parte estaba molesta por su tardanza, nunca se habían retrasado tanto.

—Tengo que contaros, —dijo sin preámbulos Sophie, pero al ver nuestros vasos añadió—: pero mejor con una cerveza.

—¿Podrías, por primera vez en tu vida, ser directa? —Lanzó la primera daga Luci.

—¿Y tú podrías dejar de ser una maldita impaciente? —Sophie no era de las que se mordía la lengua si le atacaban.

Intercambié una mirada de desesperación con Vero. Levanté la mano de inmediato para que el camarero nos atendiera cuanto antes. Por lo que cuando ya tomó la comanda y nos trajo nuestras consumiciones, Sophie se tomó un largo trago para después contarnos:

—Me caso.

Al escuchar la noticia escupí la cerveza que vertí en mi boca, con la mala suerte de mojar a la pobre Vero.

—Perdón, corazón —me disculpé al instante con mi amiga—. Sophie, podrías haber tenido un poco más de tacto.

—¡Joder! Siempre os estáis quejando, que si no soy directa no soy delicada con lo que digo. No hay quién os entienda.

—Sophie, tienes que entender que hay temas y temas. Fíjate cómo ha acabado la pobre Vero por tu falta de cautela.

—Cami, debes reconocer que eres muy torpe. —Puntualizó Luci la "cariñosa".

—No te pases, que tú también tienes lo tuyo.

Y como la experta que era Luci evitando lo que no le interesaba, preguntó quién era el afortunado que se llevaba a la joya que era Sophie.

—Por favor, no me matéis —nos suplicó—. Diego me propuso matrimonio el otro día paseando por la playa.

El resto no sé, pero yo al menos me quedé sin habla. Sabía que entre ellos había más que tonteo, sin embargo, no me esperaba ese nivel de compromiso por parte de Diego. Lo que me llevó a preguntarme si no era una locura.

Diego era ni más ni menos que nuestro profesor de la universidad. Era mucho más mayor que nosotras, si no recuerdo mal nos saca unos quince años aproximadamente. El hombre era muy atractivo y majete, pero de ahí a una relación sentimental con él había muchos pasos de por medio.

Yo quería apoyar a mi amiga, pero no estaba muy segura de que esa relación fuera la más adecuada para ella. Entendía que quisiera asentar la cabeza si era lo que deseaba, lo que no que quisiera hacerlo con Diego. No lo veía mal tipo para alguien de su edad.

—¿Qué opinan tus padres?

—Aún no les he dicho nada, sois las primeras en saberlo.

No quería imaginarme la reacción de la adorable Bonnie, la madre de Sophie. Creía que cuando se enterase se desmayaría. Incluso podría estar segura de que la mujer desconocía el romance de su hija con Diego.

Intentando cambiar de tema, pregunté a Vero qué tal le iba con su chico. Llevaba con Hugo cuatro años. Era una pareja de lo más envidiable. Se les notaba desde lejos que se amaban.

—La verdad es que muy bien, no me puedo quejar.

—¿Algo que contarnos, pichona? —insinuó Luci, como si supiera que nos ocultaba algo.

—Bueno, no es ninguna bomba como la de Sophie. Me he mudado a un piso con Hugo, por eso he llegado tarde, estábamos terminando de colocar los últimos muebles.

A medida que iba descubriendo las novedades de mis amigas me quedaba paralizada. No me podía creer lo rápido que estaba pasando el tiempo. Hace nada empezamos la universidad y nos tocó hacer un proyecto de investigación las cuatro juntas, el primero de muchos.

—Luci, ¿has vuelto con Eric?

—No, y tengo muy claro que no quiero saber nada de él, es un tremendo idiota.

Recuerdo muy bien cómo ese imbécil dejó destrozada a una de mis mejores amigas. Luci era de un gran corazón que siempre se fío de Eric.

El muy canalla jugó con ella como si fuera una muñeca de trapo. Se pensaba que nunca le pillaría con sus otras conquistas. Eric se creía el rey del mundo, quien podía hacer lo que le diese la real gana, como herir a una bella persona porque no se sentía satisfecho por acostarse con una sola mujer.

Os juro que siempre que le veía en clase me entraban unas ganas inmensas de patearle su culo bien tonificado. Abracé a mi amiga apenada por ella.

—Ey, ¿quién te ha dicho que esté mal?

—¿Tú también te estás callando algo? —interrogó Sophie con ceja enarcada.

—Bueno, estoy conociendo a un chico.

La noticia de mi amiga me dejó helada. Pensaba que me lo contaría la primera, teniendo en cuenta que éramos compañeras de piso.

De repente empecé a sentirme abrumada por las nuevas noticias de las chicas. No me malentendáis, me alegré por ellas. Sin embargo, comparaba mi suerte con la de ellas. Lo que quiero decir es que todos los chicos con los que tuve algo me salieron ranas.

Abatida por mis sentimientos, me disculpé con las chicas para ir al aseo. Con la mente en otro lado, no me percaté de mi entorno hasta que un despistado se chocó conmigo, o más bien ese chico se chocó con una despistada.

Sin pronunciar ni una sola palabra nuestras miradas chocaron al igual que nuestros cuerpos. Esos ojos avellana verdosos los había visto antes, estaba segura. Continué mi camino mirando hacia atrás, preguntándome quién era ese chico azabache. ­

Nota de Autora:

Bueno, bueno, bueno...

- La primera reunión de Camila con sus amigas de la universidad ha sido de todo menos aburrida.

- Y ese chico con el que se ha chocado le ha parecido familiar a nuestra querida Camila, ¿de qué le conocerá?

¿Creéis que ya Cupido ha empezado a planear una de sus travesuras?

28 de Julio de 2021 a las 13:13 0 Reporte Insertar Seguir historia
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