u15746703411574670341 Ani Martinez Cañavate

David y Ana son una pareja de novios, que salen la noche que se decreta el fin del estado de alarma por el gobierno español. Esa noche se pasarán con las copas con sus amigos, y se saltarán un control de alcoholemia. Estos hechos y sus deudas con el pasado les retendrán 20 años adelante en el tiempo y en un pueblo llamado Novamillos.


Ciencia ficción Viaje en el tiempo Todo público.
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LA SALIDA DEL ESTADO DE ALARMA

Era una tarde, de mediados de mayo, donde David y Ana, una pareja de 26 años, disfrutaban de la salida del estado de alarma decretado por el gobierno en España, desde hacía algo más de un año.

Había botellón en las calles, los jóvenes se agolpaban en pelotones, rodeándose unos a otros, como si no fuera haber un mañana; divirtiéndose con bebida, música y sus conversaciones, la policía llegaba para disuadirlos y despejar la vía pública, o incluso detenerlos a los que oponían resistencia. El día se presentaba gris, gris cielo, gris nublado, pero gris al fin y al cabo, como si presagiara lo oscuro que podría suceder.

David y Ana estaban con cuatro de sus amigos, para cumplir con las normas de reunión que imponían las restricciones de la pandemia, bebiendo unas copas en la terraza de un bar, soñando con un mundo sin mascarillas y donde no imperara el control policíaco, estaban hastiados. Ana hablaba de su malestar durante el confinamiento, los toques de queda y cierres perimetrales, la falta de contacto real con la gente le había producido ansiedad, el médico le había aconsejado clases de relajación, de respiración, de terapia grupal, porque no soportaba estar en casita rodeada por 4 paredes, y solo comunicarse con David y sus amigos a través de :vía redes sociales o video llamadas, necesitaba ver cielo abierto, calle y moverse como era habitual en ella, sentirse encerrada, le había acarreado una crisis de ansiedad como le habían diagnosticado como secuela psicológica de la pandemia. David, en cambio, a pesar de la gravedad de la situación, sonreía mientras relataba su panorama personal sufrido, se lo tomaba medio en broma; era más tranquilo, él llevaba una vida “más casera”, le encantaba desde niño, jugar al ordenador, los videojuegos, sus amigos internautas, llevaba bastante bien el confinamiento y las reducciones de libertad en los que se habían visto inmersos la gente de su edad.
Aún así, se entendían muy bien, uno ingeniero de telemática y ella con grado en criminología, iban cogidos de la mano, de pie frente a la mesa alta de la terraza, Ana no paraba de gesticular, y de hablar frente a sus amigos, en la otra mano llevaba una cerveza, a la que David de vez en cuando, le daba un sorbo, después de acabarse su segundo whisky. Ellos y sus amigos(Eva, Luisa, Ricardo y Carlos). Todos gritaban y saltaban, como los que estaban de botellón, corriendo entre policías fuera, se dejaban contagiar por la energía que circulaba por las calles, cual niños a los que acababan de abrir un parque, y no paran de pasear por todos los columpios y toboganes, la hiperactividad corría por sus venas.

Cuando las chicas, se marcharon a los aseos, David, Ricardo y Carlos se quedaron a solas…. Ricardo le pregunta que como lleva su aventura con su vecina Joaquina, David le responde que eso no tendría que haber pasado, que fue la soledad en el confinamiento, y no duró casi nada, que quería a Ana por encima de todo, solo fue un cruce de cables de su ordenador y el de su vecina, en el que saltaron chispas, pero fue tan solo un error, que no quería que se enterara Ana, porque sufriría mucho, y podía llevar a finalizar su relación.

Ana regresa, sola con su mascarilla, el resto asoman cinco minutos después, había cola, y la distancia social estaba relajada. En la terraza, se tomaron un par de cervezas más. Se hicieron altas horas de la madrugada, ahora que no había que controlar la hora de regreso a casa, y el frío de la noche se apoderó de ellos. Ya habían festejado lo suficiente, David y Ana se refugiaron en su coche opeL astra. No habían cenado apenas, las risas de la reunión con las copas en las manos, se habían transformado en cierta inestabilidad al caminar por parte de David, Ana quiere conducir le dice que no está en condiciones, David no quiere reconocer su estado de embriaguez y no quiere dar un paseo para airearse un rato tomando oxígeno libre de alcohol. Finalmente, David coge las llaves del coche, se pone el cinturón, le pita el claxon a Ana, para que suba de nuevo (había bajado porque no lo veía apto para conducir).

Por si esto fuera poco, los cristales del coche con la neblina dificultaban la visibilidad de la carretera, llevaban luces antiniebla pero el camino se dejaba entre ver con otros faros, los de las farolas incidiendo sobre ellos la humedad de la noche, soltaban fuentes de luces que bien decoraban la ciudad. Pero todo se confundía, las líneas blancas de la calle, se difuminaban, hasta que llegaron a un policía que les daba el alto, y los dirigía con una luz fluorescente a la orilla, mientras esperaban, y antes de bajar la ventanilla para que les pasara el alcoholímetro; otros coches parados que estaban formando una pelea con los agentes, David aprovecha el altercado con los bebidos y los policías para encender las luces, arrancar el opel astra y salir sin pensárselo dos veces, para abandonar el control, por el alcohol que había bebido aquella noche; Ana le increpa que qué hace.

Antes de darse cuenta, discutiendo los dos, aparece un vehículo de la policía detrás suyo, con las sirenas puestas y a toda velocidad.

23 de Junio de 2021 a las 16:04 0 Reporte Insertar Seguir historia
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