soyfdr Frederick Velasco aminervo Oscar Leonardo

Nunca antes ser el mejor en tu profesión fue un arma de doble filo. Este fue el caso de Víctor y de Alejandro, quienes tuvieron la dura tarea de llevar el caso más dificil de sus carreras, dejandolo todo para poder ganarlo. Lee este cuento y descubre más sobre esta interesante historia.


Cuento Todo público.

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I

La mañana no parecía tener final, sentía que todo a mi alrededor era un completo tormento, pero no lograba entender que el responsable de todo ese caos era yo. Sabes, hoy me pregunto por qué de niño soñaba con ser adulto, vaya que esto de crecer es un completo excremento, adoro esa ingenuidad que tenía, recuerdo que siempre le decía a mis padres “Cuando sea grande quiero ser un gran abogado para defender a los inocentes”, resulta ser que el inocente era yo, nunca aprendí a cómo defenderme de mi mismo. Aquella mañana antes del juicio recuerdo haberle dicho a mi amigo:

—Quisiera ser un niño en este momento y esconderme debajo de mi cama para evitar las consecuencias de mis actos.

—¡Callate! no te das cuenta que nos van a terminar matando a los dos.

—Buen amigo ¿Matar? creo que yo estoy muerto en vida desde hace tiempo, no veo cual sea la diferencia.

—Por favor Víctor, no te pongas melancólico.

—No te das cuenta que es el fin, tanto trabajar, tanto estrés, tantos favores hechos ¿para Qué? dime Alejandro, de que nos sirvió todo eso si terminamos en este agujero.

—... Mejor concéntrate, el juicio empezará dentro de poco.

—¿Cómo esperas que me calme? —Debería estar defendiendo a un inocente, no a un criminal... De niño siempre quise ser abogado, defender y proteger al inocente, llore lágrimas para graduarme con honores e incluso me llegaron a conocer como el mejor abogado... Pero ahora me pregunto ¿cómo es que hemos terminado en esta situación?

—No tienes elección Victor ¿O prefieres morir?

—Ya te lo dije, estoy muerto en vida desde hace mucho.

—¡Grrrr! ¡Tu no tienes nada que perder después de todo! En cambio yo... ¡Tengo una hija que me espera en casa! —Al escuchar el arrebato de mi amigo y colega Alejandro, regrese a la realidad. La esposa de mi amigo murió cuando su hija nació, si él muere, ella quedará sola... Yo por otro lado no tengo a nadie esperándome en casa.

Lo sé, en ocasiones soy un completo desalmado, pero Alejandro tenía la bendita habilidad de ponerme los pies sobre la tierra cuando más lo necesitaba. Luego de sus palabras tome un respiro, me senté en mi escritorio y comencé analizar una vez más el caso del señor Pepe Brancaleone, por si no saben de quien les estoy hablando, diré que era un reconocido “Empresario” de la ciudad de Mérida, muy querido por las personas de clase baja pero temido por las de clase alta, esa fama de ser el patrón de la ciudad no se la había ganado de gratis.

En sus mentes deben haber dos preguntas y sé cuáles son ¿Qué hizo el señor Brancaleone? y ¿Cómo lo termine defendiendo? Realmente no hay mucho que explicar. Pepe como cualquier “Empresario” de su categoría, nunca dejan cabos sueltos cuando hacen sus negocios, sin embargo, ellos también pueden equivocarse, o en este caso sus empleados.

En la noche del miércoles 21 de mayo un chofer de la Hidalgo Motors, compañía de transporte que le pertenece a la familia del señor Brancaleone, se encontraba en un concurrido bar de la ciudad festejando su cumpleaños, las copas le jugaron mal y su lengua se terminó soltando más de la cuenta. Los testigos dicen que el chofer le dijo a varias personas textualmente —”Hoy es mi cumpleaños ¿Y saben que es lo más interesante de mi vida? ser mula de los Brancaleone”— estas palabras asustaron a más de uno, puesto que era un secreto a voces que la Hidalgo Motors era tan solo una fachada, y su verdadero objetivo era el tráfico de drogas.

Más allá de ser una sospecha era una realidad, muchas veces las autoridades locales intentaron buscar pistas que confirmarán esas sospechas, pero todos los intentos fueron en vano, nunca se encontró nada comprometedor. Como dice el Derecho, toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero esa noche la suerte de los Brancaleone cambiaría, para la mala fortuna del empleado, en esa velada también se encontraba un funcionario de la PJ (Policía Judicial), el cual escuchó claramente lo que decía el hombre.

El oficial Roldos, se acercó al chofer y fingiendo estar igual de alegre comenzó a interrogarlo de forma persuasiva…

No fue muy difícil que él soltara la información, pues el alcohol en la sangre despertó su sinceridad más pura y reveló mucha información crítica, resulta que Brancaleone tenía a mucha gente comprada, personas muy importantes de alto rango, jefes de policía, agentes de aduana, fiscales, jueces, incluso algunos miembros del ejército, la red de narcotráfico se hizo enorme de un momento a otro, tal fue la sorpresa que el mismo funcionario de la PJ no pudo evitar aterrorizarse ante el descubrimiento.

El chófer terminó siendo arrestado e interrogado más a fondo, naturalmente como chófer no tenía demasiada información con él, pero fue suficiente para allanar todos los establecimientos de Brancaleone, donde terminaron descubriendo delitos como fraude, asesinato, falsificación, prostitución ilegal, secuestro... En fin, el destino de la compañía y de los Brancaleone estaba dictado, atraparon a casi todos los que Brancaleone tenía comprados, parecía que en imperio estaba por caer... O al menos así parecía hasta que un día llegaron a mi casa y me arrastraron a este agujero, por primera vez en mi vida odie ser en mejor abogado, Alejandro terminó corriendo la misma suerte, pero a diferencia de mí, a él lo amenazaron con matar a su hija si se negaba a ayudar en el caso.

—¿Víctor?

—Lo siento...

—¿? —Maldita sea, es verdad que a mi me da igual que me asesinen, pero Alejandro...

—... —Aunque lo mire de manera para nada disimulada, sentí una punzada en el pecho al verlo, su hija seguramente mantiene la esperanza de que su padre regrese con vida... Y aquí estoy haciendo una rabieta poniendo en riesgo su vida.

—Víctor...

—¡!

—... Mi hija también te aprecia mucho... Así que más te vale seguir con vida.

Fue un golpe bajo el que me dio Alejandro al hablarme de Melina, su hija, de nuevo me puso los pies sobre la tierra. El caso estaba complicado, el conductor que delató a los Brancaleone había muerto por “causas renales” un día antes del juicio, esa gente fue capaz de mandarlo a matar mientras estaba recluido en la la comisaría central de la ciudad, a pesar de estar hundiéndose esa familia aún seguía siendo peligrosa. Me sentía aterrado, no se los puedo negar, sabía que si cometía tan solo un error correría con la misma suerte del conductor, no solo yo, también Alejandro y su hija.

Gracias al gran trabajo de investigación que hizo el oficial Marcos Roldos con la información que le dio el chofer, se pudieron atrapar a muchas personas, la gran mayoría de ellas con un gran pasado judicial, pero yo no tenía que defender a ninguna de ellas. Tenía que preocuparme por un único cliente, el señor Pepe Brancaleone, cabe destacar que todas las personas arrestadas desde un primer momento se declararon culpables, y nunca mencionaron el nombre de Pepe. Esto lo dejaba excluido por completo de todo, sin embargo la razón que lo llevó a tener que obligarme para prestarle mis servicios, fue que en una de las bodegas allanadas se encontró alrededor de 100 kilogramos de cocaína provenientes de Colombia, empacados en cajas de envíos en uno de los camiones de la empresa, según el registro de Hidalgo Motors la persona que recibiría esta encomienda era el señor Brancaleone. Tenía que defender a un ahogado, el único testigo estaba muerto, la droga fue encontrada en una bodega de su compañía y para completar los paquetes tenían su nombre. ¿Ahora entienden el tremendo problema en el que estaba?

Mientras seguía analizando los papeles del caso antes de entrar al juicio, llegó a mi mente una milagrosa idea, verificar los controles antinarcóticos que tenía el gobierno nacional en la ciudad, hice un par de llamadas a un amigo de la aduana y otra a mi amiga de la policía antinarcótica. Me di cuenta que el gobierno local había cometido un error, las leyes del país indican que en la aduana se debe hacer una inspección antinarcóticos a todos los contenedores que entran y salen. Resulta ser que este control se dejó de hacer durante una semana, puesto que el único perro que se encargaba de esta tarea había muerto el día 19 de mayo, dos días antes del incidente. ¿Casualidad? no sé… ¿Un milagro? tal vez...

Este era un vacío que tenía a mi disposición, podía alegar que mi cliente era tan solo una víctima de un plan para desprestigiarlo, puesto que él no tenía conocimiento de que esa mercancía se la habían enviado y convenientemente durante el día que arribó la mercancía no se hicieron controles antinarcóticos en la aduana. No había nada que probara alguna conexión entre Pepe Brancaleone y esa droga.

Aún teníamos tiempo antes que iniciará el juicio y la persona que necesitaba no vivía muy lejos, era mi única esperanza para poder tener siquiera un mañana, es increíble como Alejandro me dio una razón para seguir con vida, realmente no me importaba si me mandaban al otro mundo pero... Desde que Alejandro y yo nos hicimos amigos, Melina igualmente se apegó a mi, nunca entendí la razón, pero ella muchas veces mencionaba que podía ver la bondad y fortaleza dentro de mí corazón... Pero ahora me pregunto ¿a dónde se fue esa bondad? Tener que defender a un mafioso no tiene nada de bondadoso, pero si es para poder verla de nuevo y permitir que pueda ver de nuevo a su padre, estoy dispuesto a usar cualquier método sucio para ganar este juicio...

—¿La defensa quiere agregar algo más?

—Si... Llamó a testificar a Kenia Martínez —No le tomó mucho tiempo llegar hasta la corte, vivía a unas 6 manzanas y es la jefa de inspecciones en las aduanas—. Dígame señorita Martínez, según las leyes del país, se debe hacer una inspección a todos los contenedores que entran y salen ¿No es verdad?

—Así es.

—Pero según los informes estos procedimientos dejaron de hacerse en las aduanas del sector norte ¿Porque?

—En ese sector solamente teníamos a un perro encargado de hacer las inspecciones, murió hace tres semanas y no fue hasta hace tres días que fue puesto su suplente.

—Entonces ¿qué pasaba con los contenedores que cruzaban las aduanas?

—Solamente las empresas que tuvieran un comprobante de buena voluntad el cual era proporcionado por la policía, tenían permitido cruzar.

—¿Entonces cómo explican la droga que fue encontrada camuflada en los contenedores de la compañía? —El abogado acusador intervino con una sonrisa, pero la sonrisa que tenía por alguna razón me daba un mal presentimiento, aun así continúe.

—Eso es fácil, según los reportes que tengo en mis manos, los contenedores de la compañía Hidalgo Motors presentaron daños en las compuertas, lo cual indicaba manipulación de los mismos —Milagrosamente el día que allanaron el cargamento, también fue el día que un grupo de personas habían robado mercancía de los contenedores forzando las puertas, esto es todo lo que necesitábamos para sacar libre a Brancaleone... Pero en cuanto vi de nuevo al abogado acusador un escalofrío recorrió mi espalda y mi sangre se congeló... El me estaba sonriendo y se veía tan triunfante, vi a mi amigo y estaba igual de desconcertado y entonces habló.

—Es una increíble defensa la que han expuesto… —Dijo Daniel Vivas—. Sin embargo, en uno de los cargamentos encontraron una carta la cual fue analizada y encontraron rastros de ADN —En ese momento empecé a temblar y por alguna razón las imágenes de Alejandro y su hija Melina cruzaron mi mente—. Dicho ADN pertenece a Pepe Brancaleone ¿Como explican eso?

—... Alejandro... Melina... Perdónenme —Susurre mientras veía a Alejandro.

Que les puedo decir, desde ese momento las desgracias llegaron una por una, Daniel Vivas siempre quiso derrotarme en un juicio, y en esa ocasión vaya que sí lo supo hacer. El arsenal de pruebas que traía bajo la manga terminaron por darle una condena de 28 años de cárcel al señor Brancaleone. Supe que ese era mi fin, en todo el sentido de la palabra.

Una vez finalizado el juicio, Pepe me vio con un profundo odio, su mirada era la firma de mi sentencia de muerte, no quiso cruzar palabra conmigo mientras los guardias lo esposaban. Me sentía derrotado, sin ningún tipo de consuelo, Alejandro se acerco a mi y me dijo:

—Tienes dos opciones, te quedas aquí y te mueres o te vas conmigo y te salvas.

—¿Irnos? Pero qué locura estás diciendo, no importa si nos vamos de la ciudad, esta gente tiene contactos en todo el país.

—Exacto, ellos solo son poderosos aquí, pero fuera del país no tienen tanto poder.

—¿Estás demente? Cuando noten nuestra ausencia van a buscar la forma de alertar a toda migración para que no nos dejen salir.

—¿Quién dijo que nos vamos a ir legalmente?

—No me digas que estás pensando en pasar la frontera pagando un coyote.

—Dime Víctor ¿Tienes una mejor idea?

Alejandro era un hombre que siempre tenía un plan de emergencia para todo, no tenía opción, terminé aceptando la propuesta de mi querido amigo.

Salimos a toda prisa de la corte, no queríamos que los escoltas o mejor dicho los matones de los Brancaleone nos secuestraran de nuevo. Alejandro lo tenía todo planificado, en ese momento me alegro mucho saber que me tenía tan poca fe. Fuimos hasta su casa, y al llegar me sugirió:

—Quédate en el auto, solo entraré por Melina y unas maletas.

—Pero también tengo que buscar mis cosas.

—Víctor, no hay tiempo para eso, Juaquin nos está esperando en la salida de la ciudad.

—¿Joaquin? el mismo que sacaste de la cárcel hace unos meses por estar contrabandeando.

—Sí, ese mismo.

Tome un respiro, sabía que ese hombre era peligroso, pero al menos él no trabajaba para los Brancaleone. Alejandro se bajó del auto, apenas abrió la puerta de la casa Melina salió a recibirlo, tenía días sin verlo, luego ella cruzó la calle para subirse en el auto, pude sentir su alegría, y esa fue la última vez que la vi sonreír…

Mientras yo admiraba la felicidad de Melina, Alejandro salía de su casa con dos grandes mochilas, sin darme cuenta de la nada llegaron al frente de la casa dos hombres en una moto, al mismo estilo de las películas lo acribillaron a balas. No pude ver más porque bajé mi cabeza e intenté proteger con mi cuerpo a Melina, pensaba que los siguientes seríamos nosotros.

Aunque suene mal, tuvimos suerte, esos matones no se dieron cuenta que estábamos en el auto y apenas descargaron sus armas se fueron del lugar. Yo sabía que tenía que salir huyendo de ahí, Melina estaba fría del susto y de inmediato preguntó con una voz desgarradora:

—¿Y mi papá?

—Tu papá está escondido, quédate ahí agachada, tenemos que salir de aquí.

—No podemos dejar a mi papá.

—Los malos nos están buscando, él nos alcanza más tarde.

No sé qué hubiesen dicho ustedes, pero yo no tenía el valor para decirle que su padre estaba muerto. Sin pensarlo mucho encendí el auto y salí de ese lugar, no quise ver el cuerpo de mi amigo, quería recordarlo de otra manera, así que no me pregunten como quedo.

Sabía que Juaquin tenía unas oficinas en el kilómetro 10 en las afueras de la ciudad, conduje hasta allí con un profundo miedo, seguía impactado por lo que había pasado, en el camino Melina no dejaba de preguntar por su padre y comenzaba a sospechar lo peor.

—Víctor, te he dicho que eres una gran persona, y sé que me dirás la verdad ¿Qué pasó con mi papá?

—Mi amor, tu papá no puede ir con nosotros.

Los ojos de Melina se llenaron de lágrimas, ella supo lo que trataba de decirle. Me sentí impotente en ese momento, ella se acurruco en el asiento del copiloto y comenzó a llorar, podía sentir su dolor, había quedado huérfana por completo.

El resto de la historia ustedes ya la conocen, llegamos a la oficina de Juaquin, nos recibió lamentando la noticia, luego nos embarcamos con ustedes escondidos en ese trailer hasta la frontera y ahí comenzó nuestra travesía por el desierto. Esa es mi historia del por que estoy cruzando la frontera, así que ahora estamos aquí, con las esperanzas rotas y en espera de poder tener siquiera un mañana.

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1
Fin

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Frederick Velasco Bienvenido a mi Trinchera del Pensamiento, aquí encontraras entradas aleatorias con mis opiniones.

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