holoceno11701 Jorge B. Mahoney

¿QUÉ MIRAN LOS MOAIS DE LA ISLA DE PASCUA...? ¿Las estrellas?, ¿La luna, Tal vez las estrellas fugaces? Averígualo leyendo este interesante artículo...


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¿QUÉ MIRAN LOS MOAIS?

En días recientes conducía por las afueras del sector donde vivo, y me detuve un momento frente a lo que parecía ser un restaurant que exhibía en su portal de entrada las tímidas copias de dos esculturas con apariencia antropomórfica, las que no por ello dejaban de observarme con mirada torva, pues daban la impresión de que vigilaban el atrio igual que si fuera una pareja de mudos, pero desconfiables cancerberos. Recalco lo de copias, porque notoriamente no eran esculturas originales y, tímidas, puesto que se trataba de dos figuras modestamente moldeadas en cemento y arena. De ninguna manera estas zafias imágenes de mirada mortecina y sin vida, aludían a Cerbero o su hermano Ortro, aquellos cancerberos hijos de Equidna y Tifón, los que cuidaban, uno el hades, y el otro la barraca con los bueyes rojos del gigante Gerión. Sin embargo, al verlas no pude dejar de pensar en los Moáis de la Isla de Pascua (Rapa Nui, en la lengua de sus primeros aborígenes) las singulares e inimitables efigies del panteón de piedra, las de mirada taciturna e imperecedera, siempre esquivas, que vagan sin descanso por la isla.


Pues bien, tanto revuelo se debe porque recordé que en mis tiempos de liceo pasaba largas horas leyendo la vieja enciclopedia UNIVERSITAS que mi viejo me había regalado, donde repetidamente me encontraba en uno que otro tomo con las imágenes de estos enormes torsos de cabeza alargada, que parecían estar emergiendo desde lo más profundo de la tierra. Desde entonces siempre me había preguntado, qué miraban aquellos solemnes y hieráticos bustos esparcidos por la distante isla de Pascua. Por lo tanto, se me ocurrió escribir algunas líneas acerca de estos enigmáticos y formidables colosos de piedra.


Para no profundizar en detalles técnicos, pues el propósito del artículo no es hablar sobre petrología ni explicar la composición mineralógica de las rocas volcánicas, basta con decir que los Moáis fueron tallados en una roca llamada Toba, que no es más que ceniza volcánica compactada. Lo anterior quiere decir, que sus escultores probablemente utilizaron a manera de cincel otras rocas que afloraban en la zona y mucho más duras como el Basalto o la Traquita, todas de origen volcánico también, pero con diferentes grados de composición mineralógica.


De un total aproximado de 1000 Moáis que hay dispersos por todo el perímetro de la isla, cerca de 600 de ellos estaban de pie dando siempre la espalda al mar. No son muchos los que continúan en esa posición, puesto que fueron derribados por sus mismos aborígenes (al parecer, debido a guerras entre las diferentes tribus o clanes que entonces había) Los otros 397, algunos acabados y otros a medio esculpir, yacen dispersos alrededor de las laderas del volcán Rano Raraku, dando la impresión de que fueron abandonados súbitamente, aguardando pacientes para ser trasladados a su destino final. Cabe resaltar como dato curioso, que de todo el universo de Moáis que han sido contados en la isla, únicamente 7 de ellos contemplan el océano.


¿PERO QUÉ MIRAN LOS MOÁIS?

Hay quien asegura que contemplaban la luna, el sol o las estrellas, tal vez las estrellas fugaces, y por qué no, quizá los diferentes eclipses que ocurrieron.

Pero es muy probable que estas moles de piedra hayan sido talladas y transportadas hasta sus actuales emplazamientos por los descendientes de los aborígenes Rapa Nuis, con el propósito de honrar a sus ancestros y antepasados importantes, para que desde su descanso eterno protegieran a sus tribus. Tal vez fue por ello que los orientaron mirando hacia el interior de la isla, viendo hacia su pueblo. No hay que descartar el que alguno de estos Moáis en especial pudiera simbolizar el emblema colectivo de un clan o grupo humano, con atributos y significados diversos, algo así como lo fue el Tótem para algunas tribus indígenas de Norteamérica. Hasta incluso una suerte de talismán o deidad con poderes sobrenaturales.


En cuanto a los 7 Moáis que miran hacia el mar, la tradición oral cuenta que representaban a los siete navegantes exploradores que fueron enviados a la isla de Pascua para que buscaran un lugar adecuado donde vivir, antes de que Hotu Matu’a y su familia —el primer rey de la isla— llegaran y se instalaran en Rapa Nui. (Esto en razón de que los antiguos sabios Maoríes habían augurado que el mítico continente de Hiva sería tragado por el mar) Algunos investigadores creen que simbolizaban a siete tribus inmigrantes que ya habitaban la isla, una de las cuales sobrevivió y terminó mezclándose con el pueblo de Hotu Matu’a. Al parecer nadie tiene la última palabra, pues perfectamente cabría pensar también que estos 7 Moáis en lugar de representar a exploradores que vinieron de otros confines, pudieron personificar una suerte de “sabios” consejeros, los que sabían observar los ciclos del sol y la luna, y según se demoraban o adelantaban las lluvias, advertían a su pueblo cuáles meses del año eran los más prósperos para sembrar o recoger la cosecha. No dejan pues de ser un enigma estos fascinantes colosos tallados en roca volcánica por los antiguos navegantes polinesios, los que llegaron a la lejana isla de Pascua en balsas o canoas rudimentarias.


¿CÓMO TRANSPORTARON LOS RAPA NUIS A SUS MOÁIS?

Todavía hoy sigue siendo un misterio la forma como se las arreglaron los antiguos Rapa Nuis para trasladar semejantes monumentos, algunos de hasta más de 20 toneladas y entre 10 y 20 metros de altura, desde la cantera del volcán Rano Raraku, lugar donde fueron esculpidos, hasta sus emplazamientos actuales, en algunos casos ubicados a 16 y 20 Kilómetros de distancia. Existen varias hipótesis…
Una de ellas dice (a la que yo me sumo puesto que es la que más pareciera tener sentido) que los bloques de piedra, tallados de una vez en la cantera arriba mencionada, fueron deslizados a manera de raíles sobre los troncos de los árboles que iban talando, constancia que comenzó en gran medida a diezmar los que había, hasta que terminaron por deforestar los bosques de la isla en su empeño por tratar de llevar los pesados monolitos hasta su localización definitiva.
Muchos estudiosos del tema piensan que esto no fue así, porque insisten en que nunca hubo árboles en la isla de Pascua, todo lo cual los ha llevado a suponer que utilizaron un mecanismo diferente para mover a sus Moáis, de manera que proponen otro método. Antes de mencionar una segunda hipótesis al respecto, vale la pena adelantar que especialistas de una disciplina muy especializada de la Botánica conocida como Paleopalinología, en la que se estudia la capacidad del polen y las esporas para resistirse a la putrefacción, últimamente han identificado el polen de ciertos materiales y determinado que había árboles de tamaño significativo en tiempos pasados sobre la isla de Pascua.


La segunda hipótesis asegura que estas colosales moles habrían sido transportadas en forma ¡vertical! “caminando”, tirando de ellas mediante un juego de cuerdas, de acuerdo con el arqueólogo Carl Lipo (EE.UU.), los antropólogos Terry Huntar (EE.UU.) y Sergio Rapu, de Rapanui.


Como geólogo se me hace un poco difícil admitir que los ancestrales Rapa Nui hayan realizado la mudanza de sus Moáis de esta forma, “haciéndolos caminar”, hasta lo que son sus actuales ubicaciones, sin que su base resultara severamente deteriorada y consecuentemente todo el monolito repleto de fracturas por todas partes, precisamente tirando de ellos a través de un sistema de tres o cuatro cuerdas y provocando un movimiento de vaivén. (Recordemos que los bloques que extraían de la cantera son de Toba volcánica, y no de granito) Digo esto no porque en la práctica sea imposible efectuar el transporte de esta manera, pues tratándose de una sencilla ley física que compromete un punto de apoyo y tres o más sujeciones, esta ha podido ser comprobada de forma experimental (De hecho el explorador Thor Heyerdahl, con la ayuda de un grupo de varias personas, consiguió mover a un Moái de solo 10 toneladas unos 4 o 5 metros, pero tuvieron que suspender el traslado cuando la base de la estatua comenzó a deshacerse) Decía que se me hace difícil creer que los aborígenes Rapa Nui hayan movido sus Moáis siguiendo esta técnica, porque pareciera ser un procedimiento demasiado ingenioso y académico, además de ser el menos práctico. Tal vez la última ocurrencia después de muchísimos intentos fallidos, como para que los descendientes de aquellos navegantes que llegaron a la isla hace unos 2300 años, no hubieran pensado en una forma más sencilla como lo sería simplemente intentar primero arrastrar los pesados bloques de piedra, algunos de 10 Toneladas y otros de más de 50 Toneladas, como se dijo, sobre troncos de árboles y utilizando la fuerza bruta, (que también se ha intentado, logrando avanzar una mayor distancia en un menor tiempo, comparado con el experimento de la segunda hipótesis) Haciendo una analogía entre ambos métodos, es como si un grupo de neandertales hambrientos, en lugar de intentar derribar una gacela desprevenida con punta de piedras o clavarle sus pértigas, se les hubiera ocurrido algo más complejo y elaborado para darle caza, como trenzar un lazo o tejer un mallado y tratar entonces de capturarla viva… Bueno, en todo caso el segundo método luce demasiado pensado, y no parece lógico.


Semanas antes de que se me ocurriera escribir este post, conversaba con un conocido respecto a qué tan viable pudiera ser la hipótesis de que los Rapa nuis hubieran hecho caminar a sus Moáis de forma vertical. Él me justificaba un argumento diciendo algo parecido a lo siguiente: “lo que sucede es que esa gente de antes era muy entendida, ya venían con conocimientos avanzados sobre astronomía y dominaban las leyes de la física…??? y ¡bla, bla, bla!” Me pareció estar escuchando un sermón como los de cierto tío mío, quien todo el tiempo se sorprendía por las novedades que ventilara cualquiera que hubiese venido del otro lado del gran charco. ¡Por Dios!, casi que el pobre estuvo presente con aquellos aborígenes, viéndolos desarrollar complejos cálculos de geometría analítica, para tratar de solucionar semejante dilema. No se por qué, pero en ese momento recordé a un estimable profesor que me dio la asignatura de Fisicoquímica en la universidad, y quien solía detener la clase por uno o dos minutos mientras permanecía en silencio pensando y mirando hacia el suelo, cuando le hacían aquella clásica y necia pregunta “¡Profesor!, ¿de qué color es el caballo blanco de Bolívar?”. Solo después de haber reflexionado por espacio de un minuto sobre si aquella pregunta habría sido solo para intentar sabotear su clase, o porque en verdad aquél bachiller debía de ser alguien demasiado idiota, acotaba con una de sus observaciones geniales, y que a todos nos hacía reír: “Mire bachiller…, hay que tener criterio” Bueno, tal vez si mi profesor hubiese escuchado a mi amigo dar aquel sermo plebeius, creo que lo habría recorrido con mirada perpleja de arriba hasta abajo.

No tengo la menor duda de que los polinesios de entonces pudieron ser excelentes observadores del sol y de la luna, para efectos de estimar cuál sería el momento propicio para comenzar a sembrar, o incluso, del cielo y las estrellas para orientarse durante la navegación, eso es otra cosa. Pero insisto, me cuesta creer que los primeros pobladores de Pascua (Rapa Nui) venidos de la mítica Hiva, hayan caminado de forma vertical a sus pesados Moáis utilizando cuerdas, sin que todo el monolito se hubiera desintegrado antes de llegar a su destino final.


Hay quienes también afirman que los ancestrales polinesios giraron sobre sí mismo aquellas frágiles estatuas, haciéndolas rodar accidentadamente 15 y 20 Kilómetros de distancia por todo el perímetro de la isla. Incluso algunos más atrevidos aún, piensan que pudieron hacerlos dar tumbos por sus extremos más largos, por aquello de que se ganaba mayor distancia en su recorrido….???

La lógica nos enseña que la forma más sencilla de abordar un problema es imaginando una solución simple. Si nos detuviéramos a pensar por un momento que a cada estatua la hubieran hecho girar sobre sí misma, o peor aún, si la hubieran sujetado por un extremo, levantándola con cuerdas y dejándola caer, y así sucesivamente… pues tratándose cada figura cincelada hecha de un material como la toba volcánica, es casi seguro que nuestros delicados Moáis luego de dar varios tumbos para recorrer distancias de 15 y 20 Kilómetros, se habrían despedazado todos. En el mejor de los casos, aquellos rostros de mirada imperturbable y nariz perfilada hubieran quedado tan irreconocibles, que ningún “cirujano” habría podido hacer nada por ellos.

El astroarqueólogo Erich Von Däniken y seguidores, piensan que los aborígenes Rapa Nui necesitaron de una tecnología muy sofisticada para poder transportar los Moáis hasta su posición actual. Por lo tanto defienden que fueron los extraterrestres los que se encargaron de realizar estos traslados. Yo también hubiera creído lo mismo, pero hace más de 40 años (Con algo de nostalgia traigo a mi memoria el primero de sus libros “Recuerdos del futuro” confieso que entonces me maravilló cuando lo leí a finales de los años 60’s) La libertad de pensamiento y lo de creer o no creer es cosa de cada quien, pero nunca hay que perder de vista los juicios con fundamento y criterio.


Sea como fuere que hubiesen sido estas mudanzas, yo me pregunto, ¿por qué los Rapa Nuis esculpieron primero sus estatuas en la misma cantera y luego las trasladaron hasta el sitio donde fueron colocadas, corriendo el riesgo de que todas llegaran desfiguradas? ¿No habría sido más lógico desprender primero los monolitos de roca de la cantera, luego trasladarlos hasta el lugar escogido, y por último esculpir la estatua en su lugar de descanso final?

15 de Junio de 2021 a las 20:11 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Conoce al autor

Jorge B. Mahoney Geólogo. Autor de "RELATOS SOBRE LO INESPERADO", "EL MENSAJERO" "EL FANTASMA DE LAS NIEVES "(en revisión) "TRILOGÍA DEL TIEMPO" (en revisión) "SAGA ÉPICA" (borrador en revisión)

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