abda AbdA

Compilación de poemas e incluso relatos breves de tiempos pasados. Comenzar una mudanza desentierra tesoros que había olvidado que existían. Contribuye a realizar una limpieza de uno mismo (y no me refiero a las pelusas que acechan en un rincón), sino a desprenderse de todo lo que no aporta. Pero lo más fantástico es reencontrarse con fragmentos de la vida, recuerdos en mi caso, palabras extrañas para otros. O no tan extrañas pues somos humanos. Palabras que no deseo que se pierdan. Algunos tendrán nombre, otros quizá solo una fecha. Analicemos el pasado y continuemos caminando. AbdA


Poesía Romance Sólo para mayores de 18.

#reflexión #soledad #amor #poesia
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El loco, la alondra y el poema

Érase una vez, pues así empezaban todos los cuentos que conocí de niño, la mayoría me los contaba mi madre antes de acostarme. Bueno, como iba diciendo...

Érase una vez un poema que nació de un dulce amor entre un pajarillo y un hombre. El pajarillo era una linda alondra que volaba libre y el hombre un loco que vagaba solitario.

El poema brotaba todos los días de la boca del loco y acariciaba el aire hasta llegar al corazón de la alondra. Solo que no llegaba nunca hasta él, se encontraba una y otra vez con una coraza que lo cubría por entero. Por más que intentaba colarse por una de las escasas e ínfimas grietas que encontraba no conseguía enternecer su corazón con su abrazo. Volvía cabizbajo al regazo del loco, teniendo éste que consolarlo y darle ánimo para que al día siguiente, justo al amanecer, lo intentara de nuevo, impulsado por la voz del loco.

Una noche de luna nueva regresó dándose por vencido, pero no pudo acurrucarse en el regazo del loco. Estaba ocupado por un nonato poema con aspecto esplendoroso. Al principio lo miró celoso, creía que el nuevo poema le usurparía su puesto y le dejaría olvidado en un polvoriento cuaderno. Cuando el loco le vio y sonrió, nada temió nuestro poema. A partir del día siguiente fueron los dos poemas en busca del corazón de la alondra. No lo consiguieron, ni ese ni los días que le siguieron.

Pasaron los años y ya no eran dos los poemas que salían de la boca del loco camino del corazón de la alondra, eran cientos los que se agolpaban deseosos de ser el primero y atravesar la coraza. Un amanecer en el que el loco a penas si podía hincar una rodilla en tierra (como hacía siempre), debido a los años que pesaban en sus sienes, tomó aire, abrió la boca y un torrente de poemas salieron de ella, dejándolo sin resuello. Cubrieron el corazón y su coraza, fundiendo su superficie y abrazando todos a la vez su tesoro encontrado. Un poema, nuestro poema, el primero en nacer y en intentar esa misión, se mantenía ligeramente apartado. Creía que resultaría aburrido para la alondra, llevando como llevaba, día tras día, tanto tiempo visitándola con idéntica cantinela.

La dulce alondra le miró y acercándoselo con el ala, le pegó a su corazón. No había poemas viejos o nuevos para ella, todos y cada uno eran demostraciones de amor de su querido loco.

Una lágrima cayó de los ojos del loco antes de dar su último suspiro. No le importaba que ya no pudiera disfrutar de la nueva actitud de su amada, se conformaba con saber que volaría libre sin el peso de esa coraza en el corazón.

15 de Junio de 2021 a las 18:44 0 Reporte Insertar Seguir historia
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