holoceno11701 Jorge B. Mahoney

Lucy es el nombre dado a una primate bípeda, representante del género Australopithecus. (ustralopithecus del latín “australis” o del sur, y “pithekos” del griego simio, que quiere decir Simio austral o del sur) Afarensis es tan solo una de las seis o siete especies de primates que existen. Nota: Afarensis se refiere al lugar donde fueron hallados los restos de Lucy, en una de las regiones étnicas de Etiopía llamada Afar, o “País de los Afar” por Donald Johanson e Yves Coppens y Maurice Taieb, el 24 de noviembre de 1974, a 159 km de Adís Abeba, Etiopía.


Aventura Todo público.

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LUCY IN THE SKY WITH DIAMONDS

Transcurría el año 1974, la ola de calor por aquellos días era abrasadora y la temperatura estaba a punto de superar el pico de los 47ºC esperados para esa mañana. Por si fuera poco, la canción de los Beatles “Lucy in the Sky with Diamonds” —de moda por aquellos días— sonaba repetidamente al punto de que me estaba volviendo loca, por lo que estoy casi segura de que terminarían bautizándome con ese nombre, a mí, una homínido hembra con un nombre humano: "Australopithecus Afarensis "


Aunque mis restos yacen sepultados desde hace más de 3 millones de años, mi etérea esencia, sin embargo, penaba por la cadena de montes de Etiopía. En ocasiones descendía hasta las hermosas colinas de Hadar en procura de alguna buena sombra, otras veces tan solo vagaba sin rumbo por la ardiente depresión de Afar, aguardando la llegada del que descubriría mis restos.


Temía que nunca fueran a dar con ellos, lo confieso, o que el tiempo y la humedad terminaran consumiéndolos y borrándolos para siempre de la faz de la tierra. Me preocupaba porque la noticia y que el enorme caudal de información que pudieran obtener con el análisis de mis fósiles no se pudiera compartir con el resto del mundo: datos genéticos, antropológicos, paleontológicos, geológicos… y otros tales como mis hábitos alimentarios e incluso de lingüística, y que continuaran sepultados durante millones de años más, bajo las abrasadoras arenas del Valle del Rift sin que pudieran ser desenterrados y de utilidad para el futuro venidero.


Si me preguntaran qué pueden hacer con los 52 huesos que encontrarán de mi pequeño esqueleto, ahora que en muy pocas horas, al fin van a ser descubiertos y expuestos a la luz del día, recomiendaría estudiarlos a fondo, confío en que estos hombres de ciencia así lo harán, y si me preguntaran ¿con qué propósito estudiarlos, practicarles eso que los hombres de ciencia llaman dataciones Paleomagnéticos y de Argón/Potasio, o bien realizarles estudios de Tomografía Axial Computarizada? permítanme entonces responder parafraseando aquella interesante conversación del profesor Norman con Lucy —solo para recrear parte de una hermosa escena de la película que lleva su nombre y donde Norman le responde a Lucy—: “para que la información y el conocimiento obtenido pueda ser compartida con otros, esa es la naturaleza de la vida, no hay propósito más elevado, de igual modo como lo hace una célula madre al dividirse en dos células hijas, haciendo una copia exacta de su ADN, para así compartir la información con ellas” ¿Les parece poca cosa?


Sé que muchos estudiosos me consideran la madre de la humanidad, otros en cambio, la abuelita, aunque este último alias me habría gustado más. No obstante, les veo entretenidos, justificando toda clase de argumentos, discrepando entre colegas un poco aquí, otro tanto allá, especulando sobre si caminaba en dos piernas, es decir, que era bípeda… —Bien, debo confesar que esto es verdad, y lo sabrán cuando estudien los huesos de mis extremidades inferiores, o lo que encontrarán de ellas, pues notarán que las tenía arqueadas, como las de los humanos— que tenía apenas un metro de estatura y pesaba 27 kilogramos, que me había resbalado de una rama y terminé cayendo de un árbol desde 12 metros de altura y fracturándome el húmero derecho, pero me pregunto yo: ¿cómo pueden saber eso si toda mi vida fui arbórea y me refugiaba en ellos al mismo tiempo? ¿Por qué no suponer que rodé accidentalmente sobre una colina cuando huía de un tigre dientes de sable o de alguna hiena? Incluso, dirán al mundo que tenía 20 años de edad al morir, aunque algunos afirman que según el examen de mi dentadura tenía solo 12 años al fallecer, además comía hojas, bayas y semillas que recolectaba con mi compañero o bien que estaba embarazada al momento de sufrir el accidente y, por último, que tampoco andaba sola, que hace millones de años caminaba acompañada de mis otros compañeros por las llanuras y bosques de lo que hoy es la desértica región de Afar, en fin… Algunos datos no son tan relevantes como otros, así que mejor dejo a los estudiosos que sigan armando ese rompecabezas hasta dar con la verdad. Me divertiré de lo lindo cuando en un futuro próximo se lleven el gran chasco y realicen excavaciones en Grecia y Bulgaria, ya los veré dando carreras como locos —pero será por su bien— y descubran años más tarde que no ha sido África la cuna de la humanidad.

Por los momentos solo sé que mis restos descansan en buenas manos y reposan guardados en el Museo Nacional de Adís Abeba, capital de Etiopía, en una vitrina blindada. Solo me resta decir:

Donald, Tom, gracias por hallarme.

13 de Junio de 2021 a las 16:39 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Conoce al autor

Jorge B. Mahoney Geólogo. Autor de "RELATOS SOBRE LO INESPERADO", "EL MENSAJERO" "EL FANTASMA DE LAS NIEVES "(en revisión) "TRILOGÍA DEL TIEMPO" (en revisión) "SAGA ÉPICA" (borrador en revisión)

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